sábado, 18 de mayo de 2013

Educación en una Escuela de Sabiduría


Fragmento del Capítulo 1 del libro ““Guía de asesoramiento astrológico” (Astrología y Psicoterapia), del Dr. Bernard Rosenblum (médico psiquiatra y astrólogo, New York). Ediciones Kier, Argentina.

En realidad, cuando un cliente está “dispuesto”, sale en busca de un astrólogo calificado, eso señala buena disposición a educarse con las enseñanzas  de una psicología arquetípica, con una “escuela de la sabiduría”, por decirlo así. El cliente – que ahora podríamos denominar mejor como “el estudiante” – se sensibiliza ante la naturaleza de las fuerzas y los principios universales y cómo se manifiestan en su psique y en su vida.

¿En qué sitio de nuestra cultura, de nuestras Universidades, o de nuestras psicoterapias, se nos enseña – como ocurre en la astrología – sobre las dolorosas, pero necesarias, experiencias de crecimiento simbolizadas por el planeta Saturno, al igual que sus útiles funciones de enfoque y concentración? ¿En qué otro sitio aprendemos sobre la contrastante energía del planeta Júpiter, con sus ofrecimientos de comodidad, abundancia, entusiasmo y aventura, así como el hecho de que hasta esta energía expansiva puede ser perjudicial si no se equilibra con el resto de nuestras necesidades? ¿Y en qué otro sitio aprendemos sobre los diferentes tipos de transformación expresados por Urano, Neptuno y Plutón? ¿O que todos tenemos las mismas cualidades, necesidades y oportunidades esenciales (simbolizadas por las casas y los signos) pero con diferentes énfasis y pautas, y que una de las tareas de nuestra vida es la de equilibrar y armonizar estas energías, aunque a veces sean polos opuestos?

El hecho de que aprendamos sobre la significación de los planetas, signos, casas, aspectos y ciclos nos enseña acerca de la naturaleza de la condición humana. La astrología tiene en cuenta la variedad de temperamentos individuales dentro de la ley universal como ningún otro sistema lo hace. Los diferentes esquemas de la psique, como los describieran Freud, Jung y Reich, son potentes y válidos; los astrólogos deberían entenderlos cabalmente para ampliar su vision y su trabajo, especialmente respecto de la represión, del inconsciente y de la liberación de fuerzas inconscientes. Lo que el horóscopo procura, y los grandes maestros en psicología no, es un cuadro inmediato e integral de las pautas y texturas de la personalidad individual y, a través de ello, una visión equilibrada y a largo plazo de cómo trabajar con ese individuo.

Como cualquier otro instrumento para el adelanto del desarrollo psicológico y espiritual de las personas  - incluída la psicoterapia -, la astrología carece, a veces, de una óptima eficacia.

Las razones del fracaso actual de la astrología en manifestarse en un nivel coherentemente alto son muchas, y algunas de ellas no son bien comprendidas:

  • En nuestra cultura no se aprecia seriamente la importancia de los conceptos astrológicos, lo cual llega incluso a afectar a muchas personas que precisamente buscan una guía en la astrología.
  • Muchos astrólogos están, en la actualidad, insuficientemente instruídos sobre los procedimientos y técnicas puramente astrólogicos que usan en su trabajo.
  • Los astrólogos, en su mayoría, tienen poca o ninguna instrucción sobre los conceptos y las técnicas de consejo, y escaso conocimiento de algunas teorías básicas de la psicoterapia.
  • Los problemas emocionales y psicológicos no resueltos por parte del astrólogo inhiben a veces su eficacia en su relación con el cliente.
  • Sean o no conscientes de ello, los clientes abrigan a menudo temor y falta de aptitud para examinar sinceramente el significado de lo que un astrólogo competente está describiendo realmente.
Lo irónico es que parecidas dificultades se experimentan en el mundo de la psicoterapia, salvo que los psicoterapeutas y su labor reciben más alta consideración en nuestro mundo actual, en el que la medicina y la ciencia estadística reinan supremas.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Establecer marcos de referencia más amplios para las cartas individuales

Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar

Ningún individuo existe en el vacío. Está relacionado con otros individuos, con grupos de diversas clases, con grandes colectividades de hombres organizados en sociedades, naciones, agrupaciones culturales y religiosas. Es uno con la humanidad, está enraizado con ella. Es un átomo de conciencia en el vasto océano de la inteligencia, de donde nacen las irradiaciones de luz que se transforman en toda una grandiosa cohorte de estrellas, cuando las olas de este océano vienen a romper en las playas de nuestro mundo de espacio y tiempo. ¿Cómo podría estar el destino del individuo separado de la gran trama de los destinos universales? ¿Cómo podría el fugaz momento de su primer saludo al universo -su llanto al nacer- permanecer aislado de los ciclos universales que, sin tregua, se suceden en el tiempo? Al igual que cada fuerza y cada masa se interrelacionan con las otras fuerzas y las otras masas, así también la individualidad de un hombre se interrelaciona con las demás unidades individuales de conciencia. No puede haber separación, ni siquiera donde haya aislamiento temporal.

Quizá contemplamos las formas coloreadas del tapiz del ser y admiramos los diminutos hilos rizados que componen estas formas, pero no somos capaces de ver que estos hilos son unidades concretas entretejidas, enlazadas en la trama del universo.

El astrólogo de mente filosófica ha reconocido siempre estas verdades y muchos han buscado la manera de descubrir métodos para concretarlas en la práctica astrológica. En la actualidad se presta bastante atención a la comparación de cartas pertenecientes a personas de la misma familia o que pretenden unir sus vidas con fines privados o públicos. Se estudia la «herencia astrológica» para intentar demostrar cómo las cartas natales de hijos, padres y antecesores más lejanos presentan unos patrones similares, y el campo que se ha abierto con tales estudios es amplio y está aún casi sin explorar. Quizá sea posible de esta forma aislar ciertos factores que sirvan para definir las características típicas de una familia; especialmente en familias que presentan una constante histórica de marcada individualidad a través de varias generaciones de personalidades importantes. El estudio de familias reales o aristocráticas, en las que ciertos rasgos culturales se conservan durante un tiempo (por ejemplo, la familia Bach), revelaría, sin duda, un gran número de factores importantes. Nos preguntamos si los astrólogos chinos habrán realizado un estudio de este tipo con la familia de Confucio, descendientes por línea directa de aquél que aún permanece vivo tras más de setenta generaciones.

Otro campo de estudio abarca las correlaciones entre las cartas natales de personas que han sido socios o compañeros, o que se han sucedido el uno al otro en alguna empresa pública de gran envergadura. Se han analizado las cartas de aquellos que firmaron la Declaración de Independencia y de los presidentes americanos, obteniéndose algunos datos interesantes. Al estudiante de astrología le resulta más familiar y más práctica la comparación de cartas entre personas que van a contraer matrimonio o que van a asociarse de cara a negocios comunes. Todo astrólogo ha tenido que responder alguna vez a la pregunta de algún amigo o cliente sobre si tal y cuál persona harían una «buena pareja». Para ello no sólo se deben analizar ciertos elementos de la carta natal, sino también contar con la valiosa ayuda de una carta horaria y, a ser posible, de un estudio del patrón celeste para el día del primer encuentro o del primer contacto personal significativo.

Los factores a considerar ante el planteamiento de un matrimonio o una sociedad pueden reunirse en una pregunta al consultante: ¿Cuál es el propósito de su relación? Algunas veces es dificil contestar a esta pregunta, especialmente cuando se trata de amor y matrimonio. Pero la respuesta puede ser muy reveladora, si es sincera, ya que siempre es un factor necesario para el juicio astrológico.

Si el propósito del consultante fuera simplemente «ser feliz», se podría tomar a ciertas interrelaciones entre las dos cartas como índice de que el propósito puede lograrse fácilmente, siempre que las cartas natales de ambos, las progresiones, los tránsitos y las indicaciones horarias coincidan a su vez sobre este punto. Pero también puede que el consultante busque una unión de carácter más excitante, creativo o regenerativo. Quizás el mismo consultante lo establezca así; o quizá sea el astrólogo quien perciba que, bajo unas afirmaciones o metas más convencionales, hay un propósito más profundo. En este caso se debe buscar otra clase de relación astrológica entre las dos cartas, una relación que no excluya el conflicto, la crisis o la oposición entre puntos de vista complementarios. Una relación personal fácil y tranquila puede ser sinónimo de adormecimiento espiritual, y si el individuo busca una más plena realización como alma y mente creativa, ¿no debería advertírsele de los posibles resultados deuna relación en que aparecen ciertos elementos contrarios a su propósito, aunque favorecerían una unión de tipo más banal?

Con esto queremos indicar que la astrología debe siempre incluir el factor del propósito individual, así como la función dentro del conjunto total. Una carta natal es en esencia una «declaración de propósito», el propósito de Dios, podríamos decir, al crear las condiciones del nacimiento y al alma que va a encontrarse con ellas. También es la declaración de cuál debería ser la meta del individuo en la vida de acuerdo con la Idea creativa de la Mente universal. En el caso de la carta horaria, ésta es una declaración de la solución, expresada simbólicamente, que la inteligencia universal da como respuesta a la necesidad vital de un individuo, siempre en términos de su propósito esencial.

Cuando el astrólogo va a aconsejar a su cliente sobre una asociación de cualquier clase, basándose en una comparación de  cartas natales, debe analizar en primer lugar cuál es el propósito del destino individual del cliente, o sea, su carta natal. Debería, además, averiguar hasta qué punto el cliente comprende su propósito básico, y cuáles son sus pretensiones conscientes en el caso particular de que se trate. Aconsejar astrológicamente, no significa mirar una o dos cartas y transmitir lo que uno ve, así sin más. Significa ayudar al cliente a comprender cómo puede alcanzar el verdadero propósito de su destino. Y la forma de hacerlo no es siempre a través de la felicidad convencional.

domingo, 21 de abril de 2013

Los Aspectos Planetarios como Fases de una Relación


Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar 

Para la mayoría de las personas resulta bastante difícil pensar en términos de «tiempo que avanza» y «conexión entre varias cosas». Después de muchos siglos de civilización en que se ha propugnado una aproximación intelectual a la vida, nos hemos acostumbrado a pensar en entidades separadas y permanentes, emplazadas en lugares distintos y muy definidos en un espacio estático. Estas entidades podrían cambiar de apariencia, pero en el pasado les hemos atribuido una integridad abstracta, una identidad inalterable. Ya fuesen jóvenes, maduras o seniles, ya se encontrasen en relativa soledad o implicados en profundas relaciones con otras entidades, se les ha dado un nombre preciso y hemos creído que siempre serán lo mismo.

Esta forma «clásica» de comprensión mental de la vida y de los hombres ha ido cambiando gradualmente en el presente siglo. Y la presión de dicho cambio está obligando a los astrólogos a reorientar y reinterpretar sus propias ideas esenciales y sus símbolos. Los libros de astrología suelen hablar generalmente de Júpiter y de Saturno -y de todos los demás elementos- como si fueran unas entidades determinadas que significan siempre lo mismo sin importar el contexto en que se encuentran. Es común en la enseñanza de la astrología considerar que las cuadraturas, los trígonos, las oposiciones, etc., tienen un significado general inmutable. De hecho, también los planetas y los aspectos han estado divididos durante siglos en dos categorías: los «buenos» y los «malos», los benéficos y los maléficos.

Obviamente, así se simplifican mucho las cosas. Se presenta frente a nosotros un claro panorama, un universo en blanco y negro, donde el bien y el mal luchan sin cesar para controlar las entidades separadas, que, individualmente, se salvan o se pierden, son glorificadas o destruidas. El pensamiento contemporáneo supone un desafio frente a esta filosofía de la vida «a la antigua» y a su individualismo atomista. Ahora se ve al universo como un conjunto cuyas partes están conectadas entre sí y dependen unas de otras, un organismo de alcance cósmico. Y la realidad fundamental de este universo no es la entidad separada que va hacia su propia salvación o condenación, sino la relación entre todas las partes que componen el conjunto cósmico.

En términos astrológicos esto significa que la interrelación de todos los cuerpos celestes dentro del sistema solar (y en todo el espacio en general) es lo que cuenta verdaderamente, y que cualquiera de esos cuerpos puede tener, bajo especiales condiciones de relación, prácticamente cualquier significado, incluso el totalmente opuesto al aceptado tradicionalmente. De igual forma, el individuo humano más elevado puede, bajo la presión de una serie de relaciones especiales, llegar a ser muy destructivo en sus acciones. Esto se define diciendo que todo tiende a convertirse en su opuesto. Afirmación que resulta demasiado simplista, ya que una «entidad» no se convierte en lo opuesto de lo que es, sino que una «relación» puede invertir su polaridad, por ejemplo, el amor se convierte en odio, la pasión sensual se torna devoción mística, etc.

Es sobre la base de tal comprensión de la vida y de la interrelación universal donde la nueva astrología formula de nuevo el concepto de los aspectos planetarios. No considera a la ya mencionada cuadratura de Júpiter y Saturno como «algo en sí misma», sino, más bien, como una fase de la relación cíclica de  Júpiter y Saturno. El hecho de que ambos planetas estén a 90 grados de distancia el uno del otro no dice lo suficiente como para considerarlo significativo. Lo que sí es significativo es que un ciclo especifico de la relación entre Júpiter y Saturno ha llegado a una fase especifica de su desarrollo.

En mi obra "El Ciclo de las Lunaciones" expongo que una «cuadratura creciente» y una «cuadratura decreciente» tienen distintos significados; esto es, si Júpiter (el planeta más rápido) está a 10° Leo y Saturno a 10° Escorpio la cuadratura que forman es una cuadratura decreciente (similar a la cuadratura del «último cuarto» o cuarto menguante del ciclo entre la Luna y el Sol, el ciclo de las lunaciones); pero si el planeta más lento, Saturno, se encuentra a 10° Leo y Júpiter está a 10° Escorpio, entonces su cuadratura es creciente (del primer cuarto). En otras palabras, el ciclo de relación entre Júpiter y Saturno comienza con su conjunción y termina en su oposición. Cualquier fase de este ciclo, esto es, cualquier aspecto formado por Júpiter y Saturno durante el período que va de una conjunción a otra, debe considerarse dentro del marco de referencia del ciclo completo.

Posteriormente, en un estudio más amplio, deberían considerarse también dentro del marco de referencia general del vasto ciclo de interrelaciones planetarias donde se incluyen todos los componentes del sistema solar.

Es evidente que esto proporciona a la teoría astrológica un carácter más complejo que el que aparece en la mayoría de los libros de texto. Al igual que la física de Einstein, es mucho más compleja que la de Newton. Si deseamos tratar de los sucesos físicos obvios para nuestros sentidos, las leyes de Newton funcionan satisfactoriamente; y la astrología clásica, que trabajaba con unos significados definidos para cada posición y aspecto planetario, también funcionaba bien en relación con el tipo de sociedad en que vivían las personas del siglo XVII.

Pero hoy nos enfrentamos con un mundo diferente, un mundo de energía atómica y de vastas metrópolis, de carteles y comercio, con relaciones sociales y personales tan complejas y fluidas que gran número de individuos se ven atrapados en dificultades sociales y en condicionamientos psicológicos ante los cuales las viejas técnicas nada pueden hacer. Para esta clase de mundo es para lo que necesitamos a la astrología, tal como los físicos necesitaron una nueva álgebra y una nueva física para controlar las transformaciones y las desintegraciones atómicas, incluso a pesar de que los conceptos clásicos de física y astrología siguen siendo de mucha utilidad en lo que respecta a situaciones y problemas típicos.

Aspectos “buenos” y “malos”

Entre los conceptos tradicionales de esta astrología que necesita una revisión y una nueva interpretación está la idea típica de que aspectos tales como las cuadraturas y las oposiciones son «malos», mientras que los trígonos y los sextiles son «buenos».

Tal creencia no tiene sentido alguno en la clase de astrología que consideramos en este libro, ya que las cuadraturas son fases tan normales y necesarias en la relación cíclica entre dos planetas en movimiento, como lo puedan ser los trígonos o los sextiles. Lo malo, tal como lo entiende la persona media, deja de serlo cuando se puede demostrar que es tan normal y tan necesario como lo bueno.

Decimos que la enfermedad, el cáncer, son malos, y la afirmación es válida porque el cáncer no es normal ni necesario. Pero si decimos que la descomposición de la comida en sustancias químicas es un proceso maligno porque convierte a la zanahoria o al hígado de ternera en una pulpa amorfa; o si decimos que el reemplazo de células muertas por otras vivas, que se realiza en nuestro cuerpo, es «malo», tales afirmaciones no tienen validez alguna. Cada fase de la vida orgánica normal, cada función y cada proceso que sea parte integrante de una vida natural y saludable, tanto fisiológica como psicológicamente, debe ser bien recibido. No es ni bueno ni malo. Simplemente es un componente necesario de las actividades de la vida o de la personalidad. En cada organismo existe un equilibrio entre los procesos anabólicos (de formación) y catabólicos (de destrucción), pero llamar buenos a los primeros y malos a los segundos no tiene sentido. El desarrollo exagerado de cualquiera de los dos resulta perjudicial para la vida orgánica normal, para la salud del cuerpo y del alma.

Es cierto que el aumento progresivo de las actividades catabólicas con la edad conduce eventualmente a la muerte, pero decir que la muerte natural es mala carece de validez. Desde el punto de vista de la humanidad en conjunto, la muerte de seres humanos es una condición necesaria para el crecimiento evolutivo, teniendo en cuenta el nivel psicomental de la actual conciencia humana media. El carácter de un individuo y los límites de su posible desarrollo suelen estar bien precisados entre los veinte y los treinta años. Si se mantuvieran fijos durante siglos podría llegar a ser incluso una tragedia para la humanidad.

El proceso de la muerte representa para la humanidad lo que los procesos catabólicos de limpieza periódica de células muertas significa para un organismo sano. Se ha dicho que todas las células de nuestro cuerpo se renuevan completamente cada siete años. De forma parecida, toda una generación de seres humanos dura teóricamente un período de unos setenta años. El reemplazo catabólico de una generación por otra no es ni bueno ni malo; es la ley del desarrollo y crecimiento de la colectividad humana. Y si pensamos en términos de un individualismo de tipo espiritual, la entrada en el cuerpo y la posterior salida (nacimiento y muerte) son simples fases normales y necesarias del desarrollo cíclico del espíritu reencarnado.

Las calificaciones como bueno o malo no tienen sentido alguno cuando se aplican a cualquier fase de un proceso cíclico; y, desde un punto de vista trascendente y universal, cualquier acontecimiento puede verse como una fase necesaria dentro de un proceso más amplio. Una pulmonía puede señalarse como maligna porque no constituye una fase normal de nuestra vida corporal, las guerras y las purgas políticas son malas porque no son fases normales de la vida social de una comunidad particular.

No obstante, considerados dentro del marco del progreso espiritual de un alma (encarnación tras encarnación) o de la humanidad en conjunto, estos sucesos destructivos pueden aparecer
tan necesarios y beneficiosos como la forzada expulsión de las sustancias que no pueden ser asimiladas por el cuerpo.

Es tan sólo cuando aislamos el suceso personal o social de la historia completa del individuo o de la nación, y las cuadraturas, semicuadraturas y oposiciones del ciclo de relación planetaria, que estos sucesos y aspectos, considerados en sí mismos, parecen malignos y desafortunados.

Tal proceder destruye la integridad y el sentido del proceso vital. La vida y la personalidad se caracterizan por su capacidad de constante ajuste a las nuevas necesidades internas y situaciones externas. Decir que la cuadratura y la oposición son malos aspectos es negar esta posibilidad de reajuste, porque el reajuste necesita de la acción rápida cuando se enfrenta con una cuadratura que supone una situación o posibilidad nueva, y momentos de pausa (oposición) en que la conciencia es capaz de evaluar, objetiva y desapasionadamente, el propósito y el sentido de la acción. Durante las fases de la relación representadas por las cuadraturas puede haber mucho roce en las maniobras y entre los dos polos de la relación puede generarse demasiada precipitación o miedo; pero exponer la posibilidad de tales resultados negativos no es describir el sentido esencial de la cuadratura, es mostrar cómo un espíritu individual sin experiencia o un grupo social inmaduro pueden malinterpretar y desaprovechar la oportunidad especial de crecimiento que representa la cuadratura.

La imparcialidad me obliga a admitir que, siendo la mayoría de los individuos y de las naciones los torpes artífices de su propio destino, la cuadratura tiene, casi siempre, resultados negativos. Pero ¿se puede desechar la mecánica de un automóvil de la marca Chrysler simplemente porque un mal conductor haga chirriar toda la maquinaria a cada cambio de marchas? ¿Acaso se puede decir que está mal parar para consultar la dirección en un mapa, sólo porque algún conductor distraido se haya parado a mirar el mapa en mitad de una curva y haya provocado un accidente?

De todo lo anterior se deduce que cualquier aspecto planetario puede tomarse de dos formas. Desde el punto de vista del tiempo, es una fase del ciclo de relación entre dos planetas en movimiento, y para captar todo su sentido hay que tenerlo en cuenta en relación con el ciclo completo y, particularmente, con el comienzo del ciclo, la conjunción de los dos planetas. Es por esto que los astrólogos a menudo han dado mucha importancia al emplazamiento zodiacal de la Luna Nueva anterior al nacimiento; remitiendo la relación entre el Sol y la Luna en el momento del nacimiento (su aspecto), al comienzo del ciclo de lunación de que forma parte.

Desde el punto de vista del espacio, un aspecto entre dos planetas es tan sólo un ángulo del patrón planetario que aparece en el cielo en el nacimiento. Al igual que la forma de una nariz adquiere sentido estético según su contribución al carácter particular de una cara hermosa, aún cuando, como nariz, tiene por sí misma un sentido propio; asimismo, el aspecto no puede comprenderse ni interpretarse correctamente a menos que se tome como una parte del cuadro que representa la carta.

En el primer caso, la distinción entre aspectos buenos y malos no tiene sentido, porque ambos son fases necesarias y normales del proceso de vida y crecimiento, fases que, gradual y periódicamente, se suceden unas a otras. En el segundo, se puede establecer una analogía con los espacios blancos y negros de una fotografía, con las luces y las sombras de una obra de Rembrandt. ¿Tendría sentido decir que los espacios negros son malos y los blancos son buenos? La forma es el resultado de la juxtaposición e interacción de ambos. Y sin forma no puede haber una relación ni un sentido.


viernes, 29 de marzo de 2013

¿Cuál es el tema principal de la Astrología?


Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar.


El tema principal de la Astrología es la persona humana individual, considerada como un organismo íntegro que incluye actividades físicas, psíquicas, mentales, sociales y espirituales, de muchas clases y a varios niveles.

Los términos cuerpo, mente, sentimientos, alma, definen muy superficialmente estos diversos tipos o categorías. Todas estas actividades son actividades «humanas» porque a pesar de que algunas puedan parecer muy similares a las que aparecen en los otros reinos de la vida (animal, vegetal, etc.) están sin embargo subordinadas a un patrón y a un propósito característicos del reino humano y son exclusivas de éste. Puede que el hombre digiera sus alimentos como otros mamíferos, pero, al ser consciente de su proceso digestivo y poder intervenir en él –para bien o para mal- la digestión en los hombres es «humana».

El campo de la interpretación astrológica se extiende a cualquier grupo de personas humanas, relativamente permanente, o a cualquier situación dentro del flujo de la experiencia humana.

Grupos o series de fenómenos naturales -como por ejemplo los relativos al clima- también pueden analizarse y su desarrollo se puede interpretar por medio de cartas astrológicas, pero esencialmente, sólo en la medida en que son parte de la experiencia colectiva de los seres humanos.

El propósito básico de la astrología es brindar un poco de orden al aparente caos de la experiencia humana. Y así ayudar al individuo o al grupo a conseguir un mayor grado de integración, salud y juicio. Constituir un acercamiento más consciente a la vida humana y una comprensión más profunda de las características estructurales y del comportamiento cíclico de todos los organismos. Es grande su importancia ya que el hombre tiene el privilegio y la obligación espiritual de hallar el «Camino de la Consciencia».

Sin embargo, la astrología no ofrece ningún atajo, por ser la integración de cualquier conjunto orgánico un proceso gradual que depende, por una parte, de la intensidad del sentimiento de «orden» y de la realización del «centro» en las diferentes partes del conjunto y, por la otra, de la apropiada disposición del Principio espiritual, conectado con este organismo en evolución, para animar e iluminar los esfuerzos de éste hacia una completa y armónica organización.

Además, cada factor de la carta astrológica puede contribuir a la integración o a la desintegración personal.

La carta natal presenta de una forma especial los datos informativos que los psicólogos y los médicos usan en sus terapias. El carácter de esta presentación, sin embargo, arroja una luz nueva sobre las partes componentes, funciones, estímulos y potenciales de la persona individual. Mediante el uso de esta nueva luz, una persona que comprende bien su valor y la forma de manejarla, puede ser más objetivo respecto a sí mismo. Puede plantear gráficamente el curso de su desarrollo orgánico, elaborar la curva de sus poderes vivificantes, y verse a si mismo reducido a la esencia. Bajo la confusión de su experiencia diaria, llega a entrever un patrón de orden. Todas sus tendencias conflictivas se revelan como componentes complementarios de su personalidad integral. Se ve a sí mismo completo, en estructura y función.

Lo que ve, sin embargo, no es una imagen o retrato gráfico. Es tan sólo un símbolo. La carta natal es sólo un símbolo: el «nombre» de la persona. Pero si aprende a deletrear este «nombre», el individuo puede descubrir -si es sabio- cómo esforzarse, a su manera, hacia una integración real y demostrada día tras día. El astrólogo-psicólogo sólo puede señalarle el camino. Sólo el individuo puede pronunciar el «nombre», símbolo de la conciencia íntegra de uno mismo. Lo pronuncia viviendo plenamente lo que él es, dentro del amplio marco de la sociedad y la humanidad.

El pronóstico viene como consecuencia de un desarrollo ordenado. Si en el universo existe un orden, entonces se puede predecir cuál va a ser la fase que seguirá a la presente. Si la predicción fuera una ilusión no habría ciencia, ni generalización, ni ley. Al ser la astrología una ciencia, debe, por tanto, incluir la predicción.

La astronomía es un sistema para predecir los fenómenos celestes. La astrología, sin embargo, no trata sobre la determinación de los fenómenos celestes, sino sobre su interpretación en términos de carácter y conducta humanas. Cuando a un planeta se le da un determinado significado en astrología, este significado está condicionado por los aspectos astronómicos en el sistema solar y por lo que representa en relación a la persona humana (o a la situación que afecta al individuo). Cualquier significado planetario presupone la existencia de personas completas como marco de referencia para tal significado. La astrología trata de la totalidad de la naturaleza humana, según se expresa en un individuo.

Ningún significado o juicio astrológico se expresa plenamente si no tiene en consideración al ser humano completo. Decir que dos planetas estarán en conjunción en un determinado momento, es astronomía. Añadir que la vida de un hombre, nacido en un determinado momento y lugar, experimentará una crisis en una fecha que puede averiguarse, es una afirmación astrológica. En esta afirmación el punto de partida es «la vida de un hombre». Cualquier predicción que no tome a esta entidad, «la vida de un hombre», como base o marco de referencia es, como mínimo, incompleta. En la mayoría de los casos es desorientadora, en algunos, realmente destructiva. Sólo tiene valor en relación al individuo completo y a lo que contribuye al desarrollo de esta persona, a un nivel u otro.

La astrología no predice «sucesos» sino sólo fases en el desarrollo de una persona. Cada individuo se desarrolla en unas líneas que en primer lugar son «genéricas», esto es, que son el resultado del simple hecho de que es un ser humano, miembro de este género, homo sapiens, en una época concreta de la evolución de la humanidad. Estas líneas de desarrollo determinan el patrón general del área de vida de cada hombre. Asimismo cada hombre posee unas características bio-psicológicas que determinan su estructura genérica. A este respecto la naturaleza humana, las razas y los individuos producen muchas clases de variaciones. Un hombre es en primer lugar humano, luego blanco, luego americano, californiano, de ascendencia anglofrancesa, metodista, demócrata, etc.; finalmente es un individuo nacido a una determinada hora en lugar específico.

El libre albedrío es la medida de la capacidad del hombre de ser y actuar como un individuo. El destino es la medida de su dependencia de las normas colectivas y genéricas como estructuras determinantes.

La astrología trata en primer término de la naturaleza humana en un sentido genérico. Es por esto que, al ser el cliente un ser humano, experimentará de una forma más o menos aproximada el orden conocido de fases del desarrollo humano, y esto le da al astrólogo una base para la predicción. Pero ningún astrólogo deberla quedarse aquí. Debería llegar a definir y comprender la «ecuación individual» de su cliente; la forma en la que el cliente reacciona o puede esperarse que reaccione como individuo ante los básicos puntos clave de su vida.

Esto sólo puede hacerse considerando la carta natal y su desarrollo en el tiempo como un conjunto. El individuo es el hombre completo, la persona integral. Y nadie puede determinar por adelantado las acciones y reacciones de una persona integral que ha llegado a individualizarse verdaderamente, ya que dicha persona ha llegado a ser libre, dentro de los límites de sus estructuras genéricas.

La astrología puede definir los límites, pero sólo puede sugerir la libertad. Cada momento de la vida de un individuo es una mezcla de ambos factores.


domingo, 10 de marzo de 2013

La Gran Cuadratura y el Rectángulo Místico


Texto perteneciente al libro "Dinámica y Análisis de los Aspectos", de Bil Tierney 


LA GRAN CUADRATURA

La Gran Cuadratura se forma técnicamente cuando dos oposiciones se cuadran, creando una amplia configuración de cuadratura en la carta. Desde un punto de vista ideal, los cuatros planetas se ubicarán en la misma cualidad (modalidad). No es un esquema común en astrología, aunque no es tan raro como el Gran Sextil. A menudo se la considera una configuración difícil, puede ser muy restrictiva y autolimitadora para aquel individuo que muestra poca capacidad de autodisciplina y moderación. Deberá luchar bajo condiciones frustrantes, de su propia hechura, que lo forzarán a saber dirigir adecuadamente sus energías vitales, en caso contrario, correrá el riesgo de dispersarse y perder fuerzas (en especial con la Gran Cuadratura Mutable). A medida que se concentre en cómo utilizar mejor su poderoso campo de energías, irá descubriendo su reserva de fuerza interior.

Si esta configuración se administra mal, la vida parecerá llena de inarmonías internas y de tensiones que crearán situaciones externas cargadas de responsabilidades y de aprietos. Dado que una Gran Cuadratura está compuesta por cuatro de las mismas, creará un sentimiento interior de fricción, esfuerzo, y presión. La convergencia dinámica de fuerzas generadas puede brindar la cantidad necesaria de combustible psicológico requerido para sentirse monopolizado por un estilo de vida de propósito definido. Como sea que la Gran Cuadratura está compuesta también por dos oposiciones, permite desarrollar una percepción mayor de las relaciones sociales. Estas oposiciones ofrecen la perspectiva, el equilibrio, y la estabilidad necesaria para llegar a una armonía interna. O pueden crear conflictos en las relaciones que provoquen antagonismo y desavenencias, trayéndonos energías negativas a través de las acciones ajenas. Mucho dependerá de las decisiones del individuo y de la forma en que resuelva este complejo dilema. La Gran Cuadratura ejercerá una gran influencia en un sentido o en el otro. Sugiere la presencia de complicadas y cruciales lecciones kármicas que responderán a la cualidad (modalidad) y a las Casas que ocupen los planetas implicados.

LA GRAN CUADRATURA CARDINAL

Esta configuración parece operar más fácilmente cuando el individuo se ocupa de asuntos de naturaleza enérgica, vigorosa y activa. La tensión de las cuatro cuadraturas incrementa el temperamento de por sí impaciente y dogmático de esta cualidad. Llevarán al individuo a iniciar acciones precipitadas, aunque poco cautas. La agitación lo empujará a estar siempre activo, pero el exceso de energía no lo dejará terminar lo que haya comenzado impulsivamente. Iniciará los proyectos con un grado de empuje e impulso superiores a la media, pero carecerá de la constancia necesaria para concluir lo empezado. Las dos oposiciones indican que los demás le obligarán a que sea más controlado, confiable y consistente. Aunque opte por resistir abiertamente las presiones para disciplinarlo y haga lo que desea, rara vez tiene una idea definida y funcional de lo que quiere.

Las oposiciones cardinales nos previenen que la cooperación y la consideración hacia los demás son determinantes para que se puedan cumplir con éxito nuestros objetivos. Primero debe aprender a compartir gustosamente las actividades de los demás y a cultivar la sociabilidad, luego lo ayudarán a lograr sus metas. Aprendiendo a controlar su tremenda reserva de energías y a utilizar su sentido común en lo que emprenda, podrá evitar las trampas usuales de esta Gran Cuadratura (que son la impetuosidad, las acciones temerarias, la elección equivocada del momento, la confianza exagerada en sí mismo y las confrontaciones directas con los demás. También puede indicar una propensión a los accidentes debido a la impulsividad, especialmente si Marte y/o Urano forman parte de la configuración. En general, mostrará una sobredosis de empuje, impulso y agresividad. La ambición para triunfar es muy fuerte, así como la vena competitiva que le asegurará el éxito en el campo al que se dedique con tesón. Si no recapacita sobre sus impulsos naturales creará con facilidad desorden y un ambiente de nerviosismo. Será una encarnación significativa llena de crisis y de relaciones cambiantes que le exigirá acciones rápidas y decisivas. A nivel físico, la vida será extenuante.

Aunque a menudo se verá frustrado por los obstáculos que bloquean su acción directa en la expresión de sus necesidades conscientes, el individuo aprenderá con el tiempo a aplicar su temperamento emprendedor y obcecado con mayor persistencia para sortear un objetivo significativo por vez. Esto le exigirá reprimir su hiperactividad natural y aprender a ir más despacio. Las lecciones importantes de la Gran Cuadratura Cardinal son: el desarrollo de la paciencia, la serenidad interior, el aguante, la firmeza y el aprendizaje de cómo organizar mejor el tiempo y la energía. Sin estas cualidades, esta persona tiende a precipitarse en nuevas actividades antes de que los proyectos presentes puedan florecer por completo. Debido a la falta de planeamiento, no puede alcanzar sus logros. Cuando actúa muy prematuramente o con demasiada urgencia, sus acciones no producen resultados satisfactorios. Tiene mucha energía para quemar pero, sin centrarse, sólo provocará destellos de corta duración que morirán con rapidez.  

LA GRAN CUADRATURA FIJA

Esta configuración podría considerarse como la más exasperante y difícil cruz que se pueda soportar, ya que señala actitudes en nuestra conciencia que han sido durante varias encarnaciones puntos conflictivos repetitivos. Ahora se manifestarán como problemas muy enraizados y difíciles de erradicar que exigirán toda nuestra concentración. La Gran Cuadratura Fija tiende a usar sus poderosas energías en el terreno de la voluntad y del deseo, creando ilustraciones interiores que suelen producir crisis emocionales. Las cuatro cuadraturas intensifican el poder de la voluntad y la inflexible fijeza de esta cualidad. La tendencia es a comprimir los sentimientos y a fortificar la voluntad hasta tal punto que las presiones se internalizan en los niveles más profundos de la psique, resultando de ello bloqueos o inhibiciones. Los sentimientos se pueden cristalizar. Necesitará flexibilidad emocional para no volverse demasiado arraigado a sus hábitos.

Las dos oposiciones reflejan conflictos centrados en la posesividad y en la firme resistencia al compromiso o a compartir con los demás. El individuo deberá aprender a ser menos obcecado y absolutista en sus exigencias si desea que las relaciones funcionen de manera mutuamente satisfactoria. Aunque la Gran Cuadratura Fija sugiere una poderosa fuerza interna, una terrible determinación y una habilidad planificadora maestra, también indica rigidez y un temperamento demasiado rutinario como para realizar los ajustes necesarios. Será desafiado para que realice los cambios indispensables, se adapte a los demás, y busque activamente nuevas alternativas de autoexpresión. A diferencia de la Gran Cuadratura Cardinal, que tiene dificultades para motivarse a terminar los proyectos que inicia con tanta premura, la Gran Cuadratura Fija también reúne muchas actividades pero se esfuerza desesperadamente por dominarlo todo al mismo tiempo, puede abusar de su resistencia fenomenal y de su tenaz persistencia. No quiere perder el control de sus intereses personales y rara vez permitirá que los demás se hagan cargo de sus asuntos. Si Marte, Urano, o Plutón forman parte de esta configuración, se enfatizarán la intolerancia, el comportamiento dictatorial y la obsesión por el poder (especialmente en los asuntos de las Casas implicadas).

Ésta es la Gran Cuadratura del extremismo, la energía que genera puede expresarse a través de la mayor devoción y motivación, o la peor crueldad y degradación. En esta encarnación, el individuo se siente presionado constantemente para  purificar su potente naturaleza sentimental y para limpiarse de todos los prolongados resentimientos, hostilidades, celos y odios ulcerados que cobija en su interior. Las desarmonías emocionales interiores que confronta pueden con facilidad volver sus congestionadas energías hacia el cuerpo físico, manifestándose como problemas de salud psicosomáticos que implican la acumulación de toxinas que no serán fácilmente eliminadas. Usualmente, las partes del cuerpo que corresponden a los cuatro signos fijos serán las más vulnerables. Las enfermedades que se originan en las tensiones de la Gran Cuadratura Fija serán probablemente de naturaleza crónica o incurable, ya que los factores tensionales que hallamos aquí están muy enraizados y son muy difíciles de alterar. Los síntomas problemáticos pueden volverse crónicos. La vida le enseñará inevitablemente cómo suavizar su voluntad y cómo abrir su corazón a un nivel de amor más universal. Una vez que se dedica con seriedad a un servicio espiritual y elevado con un sentido consciente de altruismo, podrá romper la cristalización destructiva de esta configuración. Al aceptar la vida en sus propios términos con un sentido de compasión y comprensión en vez de forzarla a satisfacer sus propias exigencias irresponsables, se convertirá en un factor estabilizador para muchos.  

LA GRAN CUADRATURA MUTABLE

Esta inquieta configuración parece operar mejor en los campos de la expresión mental. Sin embargo, la tensión creada por las cuatro cuadraturas a menudo se manifiesta como un gran nerviosismo y una inquietud extrema, aunque también realza la percepción del individuo y el vigor mental. El principal problema de esta Gran Cuadratura es su inclinación a tener una gama de intereses demasiado vasta como para que el individuo pueda contenerlos en sí mismo con éxito y controlarlos. Aunque sabe de todo y es una compañía estimulante, será probablemente inconsistente y poco metódico en la ejecución de sus planes. La Gran Cuadratura Mutable provoca frustraciones debido a su variabilidad, escaso poder de concentración, indecisión, sugestibilidad negativa, y una tendencia a ceder a las presiones externas en vez de resistir o aceptar el desafío. Este individuo es propenso a la ultra adaptación, ajustándose a situaciones que no lo benefician y, aunque busque el significado inteligente y el propósito, rara vez se disciplina lo suficiente como para aplicar el conocimiento que reúne al azar.

Las dos oposiciones denotan que el individuo necesita integrar más profundamente su sentido de análisis lógico y su habilidad racional (mente concreta) con su potencial de fe y sus conceptos teóricos o creencias (mente abstracta) a fin de comunicar con éxito su potencial. Su tendencia es a oscilar, vacilar  y permanecer inseguro acerca de cuáles son sus necesidades en las relaciones. Esto puede crear en sus uniones una inestabilidad añadida o una falta de confiabilidad, que entonces creará conflictos. La Gran Cuadratura Mutable no presenta un impulso directo por activar las energías a la manera dinámica de la Gran Cuadratura Cardinal. Ni despliega el acercamiento firme y consolidador hacia el poder y el control que posee la organizada Gran Cuadratura Fija. Sin embargo, puede sensibilizar al individuo para responder con un grado de conciencia más refinado, aunque a menudo la persona se sentirá preocupada o aprensiva acerca de las diversas facetas del conflicto que no pueda resolver mentalmente.

Esto puede producir una gran tensión nerviosa que agotará y consumirá su vitalidad (particularmente con Mercurio, Marte, Saturno y los planetas de la Octava Superior ocupando los signos de Géminis y Piscis, ya que los signos de aire y agua no se estabilizan ni centran con facilidad).

Las tensiones deteriorarán o perjudicarán el uso de sus facultades intelectuales hasta que haga un esfuerzo activo y consciente por enderezar y profundizar su mentalidad. Esto significará aplicar una discriminación mayor y juicio a los asuntos que se relacionan con los planetas implicados. Para evitar dar inacabables giros mentales o carecer de dirección, deberá aprender a controlar la expresión de su mente. Dado que la paz de la mente es difícil de conseguir, se beneficiaría si practicase la meditación, la contemplación y el autoanálisis reflexivo. Para mí, esta Gran Cuadratura es como un molino de viento en medio de un huracán. Aunque produce variedad y mucho talento (a veces incluso una sobrecarga de habilidades mentales y capacidades), esta persona rara vez se centra en algo con la intensidad suficiente como para dominar las técnicas o desarrollar un estilo de expresión definido y personal. Quizás la mayor desventaja de este tipo de Gran Cuadratura sea su falta de convicción y de empuje para superar las condiciones externas limitadoras. En vez de ello, se adapta a cualquier situación existente, aunque sea negativa o poco dinámica. Las enfermedades pueden expresarse a través del sistema respiratorio (el que está íntimamente ligado con el proceso mental), del nervioso y también de la mente.

Los síntomas vienen y se van, no son crónicos y permanentes como en el caso de la Gran Cuadratura Fija, ni agudos y críticos como en la Gran Cuadratura Cardinal. Esta Gran Cuadratura elimina las tensiones a través del esfuerzo creativo en el campo educativo y de la comunicación.  

LA GRAN CUADRATURA DISOCIADA

Si al menos uno de los planetas de la Gran Cuadratura se ubica en un signo de cualidad (modalidad) diferente, la configuración será Disociada. En ese caso, no se forman cuatro cuadraturas naturales, ni una de las oposiciones estará formada por opuestos polares. Así es como una de las oposiciones presentará un tono de quincuncio. El planeta fuera de signo creará un aspecto de trígono a uno de los planetas más un aspecto de sextil al otro planeta. Las sub-influencias del trígono y del sextil pueden ayudar a disipar el nivel de frustración (psicológico, no circunstancial) con una actitud más flexible y creativa en la expresión de los factores tensiónales indicados, o dispersará más la conciencia de manera que el individuo evitará la confrontación directa y forzosa tal cual exigen las cuadraturas.

El quincuncio impedirá que las tensiones se definan con nitidez, las presiones normales de la Gran Cuadratura irán perdiendo la intensidad necesaria para desarrollar una percepción plena de cómo confrontar y resolver estos asuntos. Pero considerando la naturaleza ajustable del quincuncio, la fluidez y la inspiración del trígono y la flexibilidad del sextil, una Gran Cuadratura Disociada Fija ayudará a minimizar la rigidez y la resistencia al cambio. Operará con más facilidad que la normal, Por otra parte, estas influencias en el caso de la Gran Cuadratura Disociada Mutable operarán en contra de los intereses del individuo, por razones obvias. Al igual que el Gran Trígono, la Gran Cuadratura puede  considerarse como una configuración cerrada, con gran capacidad para la autorrepresión. En este caso, puede acentuar la inquietud general de esta configuración (mientras que la autorrepresión del Gran Trígono se siente más protectora). Por lo tanto, cualquier planeta exterior que se halle en trígono, sextil, o incluso quintil a uno de los cuatro planetas de la Gran Cuadratura, puede convertirse en una fuente de alivio, ayudando al individuo a canalizar constructivamente esas energías. Si varios planetas poseen ese tipo de aspectos, observe la naturaleza del que se encuentre en orbe más exacto (y especialmente si también rige un ángulo de la carta y/o aspecta a más de uno de los planetas de la Gran Cuadratura).

El planeta que ayudó al devoto humanitario Albert Schweitzer a transmutar la tensión de su Gran Cuadratura Fija fue Venus, (que representa el amor, el espíritu misionero, la inspiración, la benevolencia, y el carisma), regente de su Ascendente Libra dándole humanidad y preocupación por la sociedad (sugiriendo acciones personales y esfuerzos en beneficio de los demás).

LA GRAN CUADRATURA QUE INVOLUCRA A LOS ANGULOS

Cuando la Gran Cuadratura está formada por tres planetas en diferentes puntos de la carta más el Ascendente, señala a un individuo que experimentará dificultades enormes para afianzar su identidad personal en el medio ambiente. Las crisis mayores lo presionarán fuertemente para confrontar y alterar sus conceptos de autoimagen. La mayor diferencia entre esta versión de la Gran Cuadratura y la normal, es que en este caso está implicado un ángulo y no un planeta. Aunque el ASC y el MC pueden ser tan importantes en su influencia como un planeta, no representan impulsos dinámicos que requieran ser expresados. En vez de ello, y según el signo en que se ubiquen, estos ángulos describirán nuestra actitud en relación con las condiciones externas que debamos confrontar. En otras palabras, los ángulos no emiten energía, pero son más receptivos a las fuerzas generadas fuera de nuestro campo de conciencia. En este caso, los impulsos de los tres planetas interactúan con un gran nivel de tensión y se filtran a través del ASC, según la expresión indicada por el signo ascendente. Lo mismo ocurre con el MC cuando se relaciona con la Gran Cuadratura. Este tipo de Gran Cuadratura posee una dirección y un foco, de los que carece la versión normal. Debido a ese interés por lo externo, las tensiones provocadas por tal configuración se liberarán a través de diversas actividades, a menudo según las características indicadas por el signo ASC. No quiere decir que sean manejados mejor, sino que son menos propensos a la autorrepresión interna. Las poderosas energías de la Gran Cuadratura indican que la presencia del individuo es sentida con intensidad por los demás, para bien o para mal. Este tipo de Gran Cuadratura es más objetiva que la formada solamente por planetas (dado que el ASC es parte del eje ASC/DESC, sugiriendo una percepción externa).

Cuando el MC es uno de los cuatro puntos vitales de la Gran Cuadratura, señala a un individuo con un poderoso potencial para el campo de la profesión, del status quo social, de las ambiciones públicas y del control mundano. Trabajará dinámicamente para lograr sus objetivos de manera demasiado agresiva y obcecada (Gran Cuadratura Cardinal), buscando el poder, manipulando o dominando (Gran Cuadratura Fija), o de forma errática, inconsistente y poco práctica (Gran Cuadratura Mutable). Sin embargo, el MC como punto focal de la Gran Cuadratura da al individuo la capacidad de canalizar sus impulsos urgentes hacia los desafíos mundanos. Expresada positivamente, esta configuración indicará un potencial para conseguir grandes logros una vez que el individuo ha sido capaz de superar sus desventajas iniciales. En general, estos dos tipos de Grandes Cuadraturas modificadas sugieren una habilidad mayor para exteriorizar las agudas tensiones de una manera menos difusa y dispersa.

Me parece que cualquier Gran Cuadratura es una configuración que necesita orientarse hacia metas u objetivos mayores: todo proyecto social que permita al individuo salir del estrecho marco de sus intereses, si éste desea beneficiarse de esa enorme carga de energía. Estas configuraciones necesitan actividades apropiadas para mostrar su grandeza.

EL RECTANGULO MISTICO

Aunque esta interesante configuración no se relaciona con la Gran Cuadratura, representa otro esquema potencialmente tenso y cerrado. El Rectángulo Místico relaciona idealmente dos juegos de oposiciones que hacen trígono y sextil entre sí. Visualmente forma una especie de rectángulo grande. Esta configuración fue observada posiblemente por primera vez por Dane Rudhyar en su libro The Astrology of Personality y simboliza el «misticismo práctico», dado que relaciona a dos oposiciones potencialmente iluminadoras y perceptivas que pueden alcanzar un resultado ideal o inspirado (debido a la influencia del trígono) a través de la utilización inteligente y original de esas energías (influencia del sextil). Sin embargo, dependerá del nivel en que el individuo experimente las oposiciones (ya que el aspecto de oposición puede expresar también desarmonía, desequilibrio, fuerzas separativas y tensión irreconciliable). Normalmente, los desafíos planteados por las dos oposiciones son confrontados con más efectividad de lo esperado debido a las influencias integradoras de los trígonos y de los sextiles. El conflicto y la desavenencia poseerán cualidades estimulantes y alentadoras que ayudarán a encontrar soluciones. Tales oposiciones son menos propensas a verse paralizadas por demoras o situaciones de estancamiento. Las perspectivas conseguidas aquí podrán ser utilizadas para crecer. Cuando esta configuración es expresada positivamente, los intentos por actuar de forma productiva en las relaciones serán evaluados más objetivamente y su ejecución será más equilibrada si se sirve de la percepción y la intuición.
  
EL RECTANGULO ANTAGONICO

Esta configuración relaciona dos juegos de oposiciones que a su vez hacen aspecto de semicuadratura y sesquicuadratura entre sí. Charles Jayne le ha dado el nombre a este aspecto múltiple. A diferencia del antes mencionado Rectángulo Místico, el Rectángulo Antagónico sugiere que las oposiciones se ven más presionadas a buscar una reconciliación debido a ciertas tensiones sutiles e indirectas. La voluntad se aplicará con más empeño al logro de la armonía y del equilibrio.

Considerando la naturaleza de las semicuadraturas y de las sesquicuadraturas, estas influencias pueden acrecentar el antagonismo y la carencia de compromiso con los demás, haciendo que este aspecto sea muy difícil de controlar. Pero, normalmente, el estímulo de los aspectos menores lleva a estas oposiciones a actuar con más energía de la habitual. Cuando es bien administrado, el factor adicional de tensión puede brindar a esta configuración una dosis extra de fuerza y motivación. Naturalmente, ambas configuraciones rectangulares pueden presentarse en su forma disociada. En mi propia carta, tengo un Rectángulo Místico Disociado (además de un Gran Trígono y una T-Cuadrada Disociados), y francamente, mi vida interior me ha exigido que haga muchos ajustes sutiles (aunque intensos) que pocos individuos realizan. Siempre estoy trabajando en mí mismo de una forma u otra, generalmente necesito relajarme por completo y asimilar los frutos de mis esfuerzos de manera placentera sin sentir ansiedad por corregirme todavía más. Aunque en mi carta hay otros factores que refuerzan esta orientación, imagino que las configuraciones disociadas muestran la necesidad de hacer ajustes aunque no se actuará de manera obvia, sean cuales fueren las circunstancias externas. Para quienes tienen interés, les sugiero que busquen ejemplos de Rectángulo Místico Disociado y Rectángulo Antagónico Disociado para ver qué influencias entran en juego, al menos en el nivel psicológico de percepción. Luego intenten la interpretación. Aunque estas configuraciones disociadas son demasiado sutiles en la práctica para tenerlas en cuenta, intentar su interpretación será un buen ejercicio mental que reforzará su comprensión de los principios.


domingo, 17 de febrero de 2013

Los Principios detrás de los Aspectos



Fragmento del Capítulo 1 del libro "Dinámica y análisis de los aspectos", de Bil Tierney

El análisis correcto de los aspectos es crucial para interpretar cualquier carta natal. Los aspectos tejen una trama de ener­gías, poderosa y cargada de intenciones, que conectan las muchas partes del horóscopo. Delinean un montaje comple­jo y único de campos de fuerza concebido para estimular la individualización de cada psique humana en desarrollo. 

Aunque los aspectos son muy importantes, muy pocos estu­diantes de astrología parecen captar con claridad los princi­pios fundamentales, que constituyen la base de los aspectos frecuentemente usados para delinear una carta natal. Por ejemplo, la astrología contemporánea considera a la conjun­ción como un aspecto que enfatiza la auto-motivación y la ex­presión directa de los impulsos subjetivos, pero olvida que es un aspecto ligado también con la disminución de la objetivi­dad y con una percepción limitada de los otros. ¿Por qué mo­tivo? ¿Es el sextil, como lo establece la tradición, un trígono "más débil" y por lo tanto, su influencia menos "favorable"? ¿O posee sus propias cualidades específicas? ¿Y qué sucede con la cuadratura que evoca un sentido de esfuerzo y frustra­ción? ¿Por qué su nivel de tensión se manifiesta como una amenaza para nuestra seguridad y status quo vital? Por otra parte, ¿por qué los trígonos canalizan fácilmente la energía hacia actividades creativas, personalmente gratificantes, con relativa naturalidad, confianza y espontaneidad? ¿Y por qué las oposiciones a menudo indican la necesidad de llegar a un compromiso con quienes nos confrontamos?

En principio, debemos comprender que los aspectos, los signos, y las casas en conjunto comparten un denominador común: todos entrañan mediciones del arco a partir de un punto de partida dentro del círculo de 360 grados. Las diferentes mediciones del arco a partir del equinoccio vernal crean el círculo anual o ciclo de los signos del zodíaco en la astrología tropical. Las diferentes mediciones del arco a partir del punto Ascendente crean el círculo diurno o ciclo de las casas mundanas. De igual manera, los aspectos describen diversas mediciones del arco entre dos planetas en un momento dado en su ciclo sinódico, comenzando por la conjunción. Dejando de lado, los signos, las casas, o los aspectos, el significado astrológico se deriva de la naturaleza de los ángulos que dividen cada uno de esos círculos. Por ejemplo: el significado arquetípico de un arco de 60 grados puede expresarse a través de un signo (Géminis o Acuario), una casa (la III ó la XI), o por el aspecto de sextil... ya que idealmente todos se encuentran a 60 grados de sus respectivos puntos de partida. La suposición teórica hecha aquí es que los aspectos son un ejemplo de otro nivel de manifestación de los principios básicos de vida creativa, también definidos por los signos y las casas. En otras palabras, la naturaleza inherente de un aspecto también debería reflejarse en algún nivel en su correspondiente signo y casa. Y en un sentido abstracto, el correspondiente planeta regente del signo también debería guardar una correlación con el aspecto en consideración (ya que un signo y su regente natural representan el mismo principio básico). 

Por lo tanto, al igual que los signos y las casas, los aspectos pueden considerarse como fases definidas y significativas de una relación, que sigue una secuencia ordenada dentro de una experiencia cíclica global.

Cuando se analizan desde esta perspectiva, los aspectos no se ven como "buenos" o "malos". Más que indicar "afortunados" versus "desafortunados", señalan simplemente cómo y dónde se potencian las oportunidades que pueden abrirnos a una dimensión de percepción más plena e intensa. 

Debo admitir que los astrólogos reconocen que ciertas fases como la oposición y la cuadratura denotan definidos puntos disparadores de tensión dentro del ciclo. En esas fases específicas del ciclo se suele experimentar cantidades observables de fuerza, presión, fricción, ansiedad, y resistencia. Sin embargo, su función primaria es marcar un pico psicológico crítico en la conciencia, y señalar dónde somos más aptos para sobrellevar las crisis naturales y necesarias del desarrollo. 

Estas fases de aspectos críticos son adecuadas para avanzar en nuestra auto-comprensión, pero siempre desde nuestro propio nivel de entendimiento (que se establece por nuestra habilidad para utilizar inteligentemente nuestro libre albedrío). 

Los aspectos tensos no son intrínsecamente "malos" o "maléficos" en su intento por enfatizar los puntos donde necesitamos volvernos más conscientes de nosotros mismos y de los demás, y más responsables por la calidad de nuestras propias acciones y reacciones. Así que los llamados "difíciles" son los aspectos que más problemas resuelven y resultan esenciales para que nuestra personalidad total emerja por completo. Aunque un tanto difíciles de manejar, estas tensiones nos urgen a resolver los asuntos problemáticos de nuestra vida, en vez de ignorarlos o evitarlos. Y nuestra personalidad crece dramáticamente debido al desafío de estos aspectos. 

Los aspectos relativamente "fáciles", como el sextil y el trígono, nos proveen de algo más: la confianza y el aliento necesarios para un crecimiento sostenido sin esfuerzos o lucha, debido a la creatividad, la inteligencia, la visión, y la sabiduría que encierran. Pero irónicamente, carecen del dinamismo necesario requerido para utilizar con más eficiencia nuestros recursos humanos. Debemos hacer un esfuerzo consciente y constante para valernos de las ventajas de tales aspectos con un mayor sentido del compromiso y de la aseveración. Por el contrario, tienden a infundir una renuncia general a enfrentar cualquier tipo de desafíos y obstáculos. 

A partir de esta actitud examinaremos a los aspectos mayores y menores.

El ciclo de los aspectos puede dividirse en dos hemiciclos. La primera mitad del ciclo, a la que los astrólogos humanistas suelen llamar hemiciclo creciente, inicialmente comienza con la conjunción de los dos planetas en cuestión. Culmina con la oposición. La naturaleza del aspecto de conjunción ejempli­fica mejor el tema primordial de este hemiciclo. Hablando en general, todos los aspectos crecientes están asociados con procesos formativos básicos que urgen al individuo a cons­truir una estructura de auto-imagen personal o identidad egoica. Estos aspectos le ayudan a desarrollar un sentido subjetivo de auto-percepción. Es urgido a ganar experiencia vital a través de actividades que se relacionan consigo mismo, permitiéndole, en primer término y sobre todo, reco­nocerse como una entidad separada y distinta de los demás. Un tanto inconsciente, la liberación automática de energías dirigida hacia las necesidades exclusivamente individuales caracteriza la orientación de este hemiciclo. Se acentúa la auto-preservación. El tema dominante de este hemiciclo se relaciona con la voluntad del individuo de impresionar sobre el medio ambiente general según sus propios términos. Los aspectos crecientes lo impelen a obrar siguiendo sus impulsos inmediatos sin reflexionar acerca de las consecuencias pro­bables de sus actos y sobre cómo afectarán a los demás. 

Por lo que vemos, este hemiciclo tiende a operar de manera bási­camente instintiva y espontánea. Es en la fase de cuadratura creciente de este hemiciclo cuando el individuo comienza a desarrollar una percepción naciente de que sus necesidades personales tienden a entrar en conflicto con el flujo externo de los acontecimientos, y que debe modificar ciertas cosas en pos de un todo mayor. Normalmente, ese desafío elemental para cambiar y adaptarse a la presión del medio ambiente es encarado con una resistencia ciega y defensiva, y con una gran incertidumbre.

La segunda mitad del ciclo, es denominada el hemiciclo men­guante, comienza con la oposición de los dos planetas, y con­tinúa hasta que el ciclo vuelve a repetirse una vez más en una nueva conjunción (debido a que se trata de un ciclo sinódi­co). La naturaleza del aspecto de oposición ejemplifica me­jor el tema principal de este hemiciclo. En líneas generales, todos los aspectos menguantes están asociados con procesos básicos evaluativos, concernidos con el equilibrio entre el in­dividuo y las necesidades sociales. En este caso, el individuo debe reorientar sus objetivos personales según la percepción que haya desarrollado de un todo social coordinado. Mien­tras que esta nueva perspectiva se cumple más enfáticamente en la oposición, el individuo ya es estimulado a trabajar tras esa finalidad en la fase menguante del quincuncio. Uno aprende progresivamente, a través del hemiciclo menguan­te, a despersonalizar las necesidades y los deseos si interfie­ren con los derechos de los demás. El individuo aquí puede contactar más fácilmente con el principal propósito, oculto detrás de sus impulsos y motivaciones hacia la autoexpre­sión. Y mientras se va centrando más consistentemente en intereses interpersonales o inclusivos, también se vuelve más capaz de responder a la vida con mayor objetividad y ampli­tud de miras. 

En el hemiciclo menguante, usaremos la expe­riencia adquirida inicialmente en el hemiciclo creciente. Los aspectos menguantes nos desafían a compartir, a interactuar, y a integrar conscientemente nuestros objetivos con otros de un nivel de intercambio más impersonal. Podremos desarro­llar un sentido mayor de la responsabilidad por nuestras pro­pias acciones en un mundo a su vez más global. Constructiva­mente, este hemiciclo nos estimula a liberar en nuestra comunidad valiosas directivas de vida basadas en un concep­to más ideal de lo que significa la totalidad y la unificación.

La preocupación por sí mismo y los impulsos instintivos ca­racterizan al hemiciclo creciente, y la auto-reflexión y la deli­beración al hemiciclo menguante. Una vez traspuesta la oposición, las fases de los aspectos se vuelven más complejas, menos regidas por nuestra voluntad, y se nos aparecen como más dependientes del destino que los aspectos del hemiciclo creciente (que aceptan normalmente un mayor grado de vo­luntad personal). Los aspectos menguantes nos permiten crecer a través de una percepción de la dualidad, del contras­te, y de la diversidad, habitualmente se experimentan más o menudo a través de agentes externos que de fuerzas internas. Si la perspectiva adquirida en la fase de oposición ha fracasa­do en la estimulación del nivel perceptivo pretendido, enton­ces los aspectos menguantes "difíciles" generarán una mala adaptación, desencanto, y enajenamiento en la esfera social.

Sin embargo estos aspectos, los "fáciles" de este hemiciclo, pueden ser utilizados constructivamente para apremiar al individuo a reformar o reconstruir elementos dentro de su medio ambiente. Los aspectos menguantes, cuando se utiliza su lado mejor, nos incitan a cultivar los valores humanos, puntos de vista tolerantes, una visión social amplia, y a tener aspiraciones altruistas.

Todo aspecto implica siempre a un planeta que se mueve más rápido y a uno que es más lento. Observe que no se trata de la velocidad del planeta en el momento del nacimiento, sino su ciclo orbital natural el que determina su velocidad de movimiento en este contexto (lo que explicaría la cuestión de los planetas retrógrados). 

En mi opinión, el planeta de movimiento más lento delinea el objetivo principal de un aspecto en cualquier fase de su ciclo. Este planeta representa el aspecto 0 grado o punto «base». El planeta más rápido se alejará o se acercará al planeta más lento. Para mí indica que el planeta más rápido debe movilizarse a sí mismo en un esfuerzo por probar sus propias necesidades básicas, según las experiencias determinadas por los principios de vida dominantes simbolizados por el planeta más lento. El planeta más lento se convierte en el agente que condiciona el desarrollo necesario del planeta más rápido. 

Por ejemplo: en todos los aspectos Venus-Urano, es Urano el que estimula los impulsos sociales de Venus, y a menudo de una forma que evoca un alto grado de peculiaridad, excitación, magnetismo emocional, experimentación,  y un nivel de intuición, en los asuntos personales, muy superior a la norma. Generalmente es más fácil identificarse con el principio venusino, ya que representa un impulso más consciente, y personalmente más desarrollado. Por lo tanto, Urano actúa como un estímulo evolutivo para Venus, regulando la orientación psicológica del planeta y guiándolo a través de experiencias que otorgarán al individuo una capacidad de respuesta emocional expandida, aunque inestable. La manera como nosotros manejemos esta combinación de fuerzas determinará si tales aspectos se vuelven destructores, caóticos, inquietantes, y separadores  o si se manifiestan como iluminadores, perspicaces, y emocionalmente liberadores. 

En general, considero al planeta más lento como la clave para determinar qué cosas debe asimilar el planeta más rápido para su propia evolución.