domingo, 22 de abril de 2012

Elegir el Camino Correcto


Texto de Alice Bailey


¿Qué criterio puede aplicar el hombre para saber cuál de las distintas actividades a emprender es la correcta? En otras palabras, ¿existe un algo revelador que permite al hombre, inequívocamente, elegir la correcta actividad y seguir el camino correcto? La pregunta no se refiere a la elección entre el sendero del esfuerzo espiritual y el camino del hombre mundano, sino a la correcta acción cuando lo enfrenta la elección.

Sin duda, el hombre durante su progreso enfrenta diferenciaciones cada vez más sutiles. La cruda discriminación entre el bien y el mal, que preocupa al alma infantil, es seguida por las diferenciaciones más sutiles de lo correcto o más correcto, elevado o más elevado, y los valores morales o espirituales, deben enfrentarse con la percepción espiritual más meticulosa. En la tensión, en los afanes de la vida y en la constante presión sobre cada uno de quienes constituyen su grupo, la complejidad del problema llega a ser muy grande.

Al resolver estos problemas, ciertas amplias discriminaciones pueden preceder a las más sutiles y cuando se toman estas decisiones, entonces las más sutiles pueden reemplazarlas. La elección entre la acción egoísta y la altruista es la más fácil a seguir al elegir entre lo correcto y lo incorrecto, y fácilmente es determinada por el alma honesta. Una elección que involucra la discriminación entre el beneficio individual y la responsabilidad grupal, elimina rápidamente otros factores, y esto resulta fácil para el hombre que se hace cargo de su debida responsabilidad. Observen las palabras “debida responsabilidad”. Estamos considerando al hombre normal y sensato y no al fanático, excesivamente escrupuloso y morboso. Luego viene la diferencia entre lo conveniente, implicando los factores de las relaciones comerciales y financieras del plano físico, conducente a una consideración del máximo bien para todos. Después de haber llegado a cierta posición, debido a este triple proceso eliminativo, surgen casos donde aún hay que hacer una elección, donde ni el sentido común ni la lógica ayudan, ni tampoco la razón discriminadora. Sólo está presente el deseo de hacer lo correcto; la intención es actuar en la forma más elevada posible y tomar la línea de acción que produzca el máximo bien para el grupo, independientemente de toda consideración personal. Sin embargo, no se percibe la luz en el sendero a seguir; tampoco se reconoce la puerta que se debe atravesar, permaneciendo el hombre en un estado de constante indecisión. ¿Qué debe hacerse entonces? Una de estas dos cosas:

Primero: El aspirante puede seguir su inclinación y elegir esa línea de acción que le parece más inteligente y mejor. Esto involucra la creencia en la actuación de la ley del karma y también una demostración de esa firme decisión, que es la mejor forma en que su personalidad puede aprender a ajustarse a las decisiones de su propia alma. También implica la capacidad de seguir adelante sobre la base de la decisión tomada, y así atenerse a los resultados, sin malos presentimientos ni vanas lamentaciones.

Segundo: Basado en un sentido interno de orientación, el aspirante puede esperar, sabiendo que a su debido tiempo comprobará, al cerrar todas las puertas menos una, cuál es el camino a seguir. Existe sólo una puerte abierta por la que él pueda pasar. Es necesaria la intuición para reconocerla. En el primer caso se pueden cometer errores y, por medio de éstos, el hombre aprende y se enriquece; en el segundo son imposibles los errores y sólo puede emprenderse la correcta acción.

Es evidente que todo se reduce a una comprensión de nuestro lugar en la escala de la evolución. Sólo el hombre altamente evolucionado puede conocer los momentos y las temporadas, y discernir adecuadamente la diferencia sutil entre una tendencia síquica y la intuición.

Al considerar estas dos formas de llegar a una decisión final, el hombre, que emplea su sentido común y toma una línea de acción basada en el empleo de la mente concreta, no debe practicar el método superior de esperar a que se abra una puerta. Espera demasiadas cosas en el lugar en que se encuentra. Debe aprender a resolver sus problemas por la acertada decisión y el correcto empleo de la mente. Progresará mediante dicho método, pues las raíces del conocimiento intuitivo están arraigadas hondamente en el alma y, por consiguiente, debe establecer contacto con el alma antes de poder actuar la intuición. Sólo se dará una sugerencia: la intuición concierne siempre a la actividad grupal y no a los pequeños asuntos personales. Si usted está centrado en la personalidad debe reconocerlo y regir sus acciones con las facultades de que dispone. Si sabe que actúa como alma y se sumerge en el interés de los demás y no está obstaculizado por el deseo egoísta, entonces cumple con la obligación que le corresponde, se hará cargo de su responsabilidad, lleva a cabo su trabajo grupal y se le abre el camino mientras desempeña la tarea que tiene por delante y cumple con su deber más inmediato. Del deber cumplido esmeradamente, surgirán esos deberes mayores que llamamos trabajo mundial; de llevar la carta de la responsabilidad de la familia se fortalecerán nuestros hombros y nos permitirá soportar las del grupo mayor. ¿Cuál es, entonces, el criterio?

Para el aspirante  de grado superior, repito, la elección de la forma de actuar depende del sensato uso de la mente inferior (concreta), el empleo de un sólido sentido común y el olvido del bienestar egoísta y la ambición personal. Esto conduce al cumplimiento del deber. El discípulo (*) debe llevar a cabo, necesaria y automáticamente, todo lo antedicho y además utilizar la intuición, que le revelará el momento en que puede hacerse cargo de las responsabilidades grupales más amplias, simultáneamente con las del grupo menor. Reflexionen sobre esto: la intuición no revela la forma en que puede formentarse la ambición, ni cómo satisfacerse el deseo del progreso egoísta.

(*) ¿Qué es un discípulo?
Es quien trata de aprender un nuevo ritmo, entrar en un nuevo campo de experiencia y seguir los pasos de esa humanidad avanzada que antes que él ha hollado el sendero que conduce de la oscuridad a la luz y de lo irreal a lo real. Ha saboreado las alegrías de la vida en el mundo de la ilusión y ha aprendido que son impotentes para satisfacerlo y retenerlo. Ahora se encuentra en una etapa de transición entre los nuevos y los viejos estados del ser. Vibra entre la condición de la percepción del alma y la percepción de la forma. por lo tanto, ve “doble”.
Su percepción espiritual aumenta lenta y firmemente a medida que el cerebro se va capacitando para  recibir iluminación del alma, por intermedio de la mente. Al desarrollarse la intuición, el radio de percepción aumenta y se abren nuevos campos de conocimiento.
El primer campo de conocimiento que recibe iluminación puede describirse como aquel que abarca la totalidad de las formas que se encuentran en los tres mundos del esfuerzo humano –etérico, astral y mental-. El discípulo en cierne se hace consciente de su naturaleza inferior a través de este proceso, y comienza a darse cuenta de la amplitud de su aprisionamiento y (como lo expresa Patanjali) de “las modificaciones de la versátil naturaleza psíquica”. Le son revelados los impedimentos para la realización y los obstáculos para el progreso, y su problema se convierte en específico. Con frecuencia llega a la posición en que se encontró Arjuna, enfrentado con enemigos en su propio hogar, confundido respecto a su deber, desanimado al tratar de equilibrarse entre los pares de opuestos.
A medida que lucha y persevera, supera los problemas y controla sus deseos y pensamientos, se revela el segundo campo de conocimiento –conocimiento del yo en el cuerpo espiritual- y la percepción de esa fuente de energía espiritual, impulso motivador que reside detrás de la manifestación inferior. El sendero es descubierto y el aspirante lucha por avanzar hacia la luz cada vez más clara.
Cuando se estabiliza el conocimiento del yo y la conciencia de lo que ese yo percibe, oye, conoce y hace contacto, el discípulo encuentra al Maestro; se pone en contacto con su grupo de discípulos y comprende el plan del trabajo inmediato que le corresponde desarrollar gradualmente en el plano físico. Así disminuye la actividad de la naturaleza inferior y el hombre entra poco a poco en contacto conciente con su Maestro y su grupo. Pero esto ocurre después de “encender la lámpara” –alineamiento de lo inferior con lo superior y descenso de iluminación al cerebro-.
Es esencial que estos puntos sean comprendidos y estudiados por todos los aspirantes para poder dar los pasos necesarios y desarrollar la deseada percepción. Cada peldaño del camino debe ser preparado por el hombre mismo, y ningún camino corto o fácil conduce de la oscuridad a la luz.


jueves, 12 de abril de 2012

La Práctica de la Astrología y la Síntesis Horoscópica


Texto de  Stephen Arroyo.


Para comprender y practicar la astrología de la mejor manera posible, tenemos que poseer una clara filosofía y un sentido más claro de nuestra finalidad. Si no poseemos eso, entonces, evidentemente es muy difícil diferenciar entre ideas, teorías y técnicas. Entonces no tenemos base y, con facilidad, nos hacen salir por innumerables tangentes.

En primer lugar, tengo que recalcar que no puede sustituírse la captación intuitiva del mapa integral, lo cual equivale a decir, una captación intuitiva de la persona integral. Esto sólo puede desarrollarse con el tiempo, a partir de muchísima experiencia con muchísimas personas y mapas. Sin importar cuántos métodos o mediciones usemos, esta captación intuitiva de la totalidad de un mapa y de una persona sólo podrá provenir del tiempo y de la experiencia. Algunas personas nacen con la aptitud para desarrollar de modo comparativamente rápido esa capacidad; eso no lo negaré. Otras personas necesitan muchos años de práctica consciente y desarrollo personal antes de que (a menudo, muy repentinamente) se asiente una visión totalizadora. Pero, sin importar qué clase de persona seamos, ningún escogido enfoque analítico sobre aislados y específicos factores del mapa podrá reemplazar ni igualar una comprensión de la totalidad de la naturaleza y la pauta energética de un individuo. Y esta comprensión total por lo común puede ocurrir solamente en persona con un cliente, a menos que uno tenga muchísimas dotes psíquicas. Y aunque tuviéramos suficientes dotes psíquicas como para sintonizarnos con una persona  la que nunca vimos, tan sólo a través del mapa (como en las “lecturas” que, a vuelta de correo, muchos efectúan), para hacer eso habrá que poner en juego una tremenda cantidad de energía psíquica. Observen esto: no digo que sea imposible lograr a distancia esta comprensión total y sintética de una persona en su mapa. Sin embargo, digo que es mucho más difícil, mucho más agotador, mucho más peligroso y, con frecuencia, más engañoso e inexacto; y poquísimas personas pueden realmente hacerlo bien y con coherente precisión. Muchas personas dedicadas a la astrología son, al menos, poseedoras de cierta sensibilidad psíquica, pero, ¿por qué agotarse? ¿Qué estamos tratando de conseguir? ¿Por qué no tener físicamente presente a la persona, siempre que sea posible, para que ella pueda aportar la energía necesaria mediante un diálogo genuino y minucioso?

Mientras amontonemos un análisis sobre otro, tratando de conjeturar toda clase de minúsculos pormenores de la vida, y descuidemos la facultad intuitiva, no podremos sintetizar. Más valioso sería –y más útil- prestar atención a las raíces y a la savia del árbol de la vida, que pasarnos todo el tiempo tratando de contar y clasificar cada hoja de ese árbol, el cual es un trabajo que nunca podrá terminarse. Pero si comprendemos respecto de ese árbol sus energías fundamentales, sus necesidades nutritivas, la corriente de su savia y la estructura de sus raíces, entonces, sus hojas se cuidarán solas; las hojas estarán sanas si las raíces y la savia están sanas.

Por eso recalco siempre los cuatro elementos, que constituyen las energías de la vida, la savia del árbol. Pero la mente humana es tal que puede reunir una cantidad infinita de lindas triquiñuelas para entretenerse y permitir que la mente se felicite por ser tan perspicaz. Sin embargo, la perspicacia nada tiene que ver con la comprensión ni con el hecho de ver el gran cuadro de la vida. En el nivel arquetípico, adviertan cómo Geminis es siempre opuesto a Sagitario: la perspicacia sin contexto, contrastada con sistemas que examinen en gran escala el significado y la creencia. Si tan sólo utilizamos la perspicacia y el análisis, y la disección mental de un mapa, desde luego los métodos, hechos, correlaciones y seudo-hechos resultantes no tienen fin, como todos lo podemos apreciar por la proliferación caótica y sin dirección de “nuevas técnicas” astrológicas en años recientes. Pero proseguir con ese enfoque limitado jamás conducirá por sí solo a una comprensión ni siquiera a descubrimientos útiles.

Mientras prosigamos atribuyéndole a la astrología más de lo debido, no podremos sintetizar. Mientras sigamos atribuyéndole a la astrología un alcance más vasto de su aplicación que el que ella puede útilmente cumplir, inducimos malos entendidos, desorientamos a nuestros clientes prometiéndoles más de lo que podemos cumplir y prestamos un mal servicio a la grandeza y la potencialidad verdaderas de la astrología. Si en el mapa lo buscamos todo, no podremos sintetizar jamás. Si tratamos de explicarlo todo a través de pormenores astrológicos, olvidamos mirar la vida misma en procura de revelación e inspiración. Sencillamente, tenemos que reconocer que la astrología tiene sus límites, como cualquier herramienta, cualquier invento, cualquier sistema de pensamiento.

Con cuanta asiduidad seguiremos en nuestra interpretación el camino equivocado si no contamos con la constante prueba de la realidad, consistente en relacionar repetidamente los símbolos con las intenciones, los sentimientos, las necesidades, los temores y los ideales del individuo; en otras palabras, con la vida interior y la experiencia interior de la persona. Si carecemos de esta comprobación de la realidad, efectuaremos toda clase de conjeturas sobre la vida, los valores y las preferencias de la persona, que resultarán erróneas.

Al tratar de captar la totalidad de una persona con la herramienta astrológica, es preciso concentrarse en los temas mayores del mapa porque reflejan los temas mayores de la vida de la persona. A la hora de lograr una evaluación significativa de los principales problemas de la vida de la persona, el hecho de que en un mapa se pongan demasiados factores hace más difícil discernir entre los temas importantes y los pormenores periféricos. Puesto que, a través del mapa natal podemos racionalizarlo casi todo, y cuanto más es esto así, más puntos, métodos y planetas menores usamos, mi opinión es que deberíamos usar una mínima proporción de factores mayores y confiables a fin de ver con claridad a un cliente y su situación. De lo contrario, proyectaremos confusión sobre el cliente, y no orden.

Los astrólogos que usan demasiados factores celestes hallarán cada vez más difícil discernir entre lo que es importante y lo que no lo es, Las personas no acuden a los astrólogos para hallar confusión o recoger un millón de pormenores y especulaciones insignificantes; acuden para encontrar en sus vidas un poco de claridad y dirección. Aunque quisieran que les efectuáramos predicciones, ese es el modo que esas personas tienen de pedir claridad.

Tal como con un microscopio, todos los profesionales de la astrología usan variadas lentes. Según el campo especial de estudio que el individuo tenga, o sea, según lo que tenga que ver, elige ciertas lentes sobre otras, lo cual equivale a decir que se inclina hacia diferentes métodos y sistemas. De allí que a todos los diversos métodos, procedimientos, enfoques, técnicas y puntos de vista podríamos considerarlos meramente como diferentes lentes del macroscopio astrológico. Todos usamos ciertas lentes, y si encontramos que una lente nos ayuda sustancialmente a ver el nivel de realidad que queremos  ver, entonces, sin duda, empezamos a valorizarla y seguimos usándola.

Me parece que los principios fundamentalísimos de la astrología son lentes extremadamente pulidas, finísimas: los signos, los planetas, los significados primarios de las casas, los aspectos mayores, etc. Miles de astrólogos usaron estos factores quién sabe durante cuánto tiempo. Y, mediante observación, comprobación y equivocación, pulieron reiteradamente esas lentes hasta que podemos confiar en la claridad y agudeza que esas lentes pueden revelar.

Un astrólogo debería, en consecuencia, pulir una lente continuamente durante muchos años antes de pasar a otra. Usemos un sistema solo y quedémonos con él por un tiempo; usemos sólo lo fundamental; usemos un solo sistema de casas por largo tiempo, a menos que empiece a parecernos malo para nuestro trabajo, en cuyo caso deberíamos cambiarlo y usar entonces el nuevo sistema durante largo tiempo. Pero tenemos que pulir esa lente, porque  la astrología es un modo de ver, y por esa razón depende tanto de cada profesional y de la personalidad y del nivel de consciencia de éste.

Lo que queremos es calidad, no cantidad. Tenemos que dominar, en primer lugar, un modo de ver las cosas, y una vez que hayamos hecho eso, entonces no sólo sabremos qué podremos hacer sino también cuáles son sus límites. Tenemos que conocer para qué son adecuadas nuestras herramientas, nuestras lentes, y sobre qué clases de análisis, sobre qué clases de conocimiento y sobre qué niveles de la realidad se enfocan. En otras palabras, es útil y aconsejable definir los parámetros y el alcance dentro de los cuales nuestras lentes particulares son más eficaces y se enfocan con más nitidez y claridad. Definir esto nos ayuda a discernir y ayuda a nuestro cliente a saber si somos la clase de consultor que aquél quiere ver.

Repito: especialmente en los primeros años de estudios astrológicos, me parece que lo mejor –y sé que algunos de ustedes, que son maestros, han descubierto esto- es usar la cantidad mínima de factores mayores confiables necesarios para que nos permitan ver con claridad a un cliente y su situación. Y luego… seguir a partir de allí.

Concentrarse en lo que es importante en la naturaleza y la vida de la persona, y en qué clase de persona es ésta. Este es el camino hacia la “síntesis horoscópica”. El mapa natal está realmente sintetizado y plenamente comprendido dentro de cada individuo y dentro de la textura de su vida. Aunque evacuemos una consulta por teléfono de larga distancia, obtengamos primero algunos antecedentes. Preguntemos a la persona qué es lo que quiere, qué la confunde, qué opciones ve y qué decisiones mayores exigen su atención.

¡Si los astrólogos se concentran en lo trivial, en realidad están trivializando la astrología!


domingo, 1 de abril de 2012

El Mundo del Futuro y la Persona del Mañana


Fragmentos del libro “El Camino del Ser”, de Carl R. Rogers (Ediciones Kairós Psicología, de Editorial Troquel). Este libro fue escrito en 1980.


En la actualidad existen muchos avances que alteran por completo nuestra concepción del potencial del individuo, que cambian nuestra percepción de la “realidad”, que modifican nuestra forma de ser y de comportarnos, que alteran nuestros sistemas de creencias. Me gustaría enumerar, sin entrar en detalles, algunas de dichas direcciones, muchas de las cuales les serán familiares mientras que otras les parecerán extrañas.

En primer lugar, algunos de los avances que amplían nuestra visión del potencial de la persona. (Las categorías que utilizo, en gran parte se sobreponen, pero las separo por conveniencia mental.)

Existe un creciente interés en todas las formas de la meditación, es decir, el reconocimiento y uso de las fuentes de energía interna.

Existe un creciente respeto por la intuición y su uso como instrumento poderoso.

Multitud de personas han experimentado estados alterados de la conciencia, en muchos casos con la ayuda de drogas, pero en creciente número por medio de disciplinas psicológicas. Nuestra capacidad en este sentido abre nuevos mundos.

La investigación en biofeedback muestra que nuestra mente no-consciente es capaz de aprender en pocos momentos, sin que se le enseñe, a controlar la actividad en una sola célula. Con una imagen visual de la acción de algunos de sus grupos de músculos, una persona normal puede cambiar la acción de un grupo de músculos controlado por una célula en la médula espinal (Brown, 1980). Las inferencias de su potencial son portentosas.

Los fenónemos paranormales tales como la telepatía, la precognición y la clarividencia han sido sometidos a suficientes pruebas como para ser aceptados por la ciencia. Además, existen pruebas de que la mayoría de la gente es capaz de descubrir o desarrollar dichas habilidades por cuenta propia.

Estamos aprendiendo que con frecuencia podemos curar o aliviar muchas de nuestras enfermedades con el uso intencionado de nuestra mente consciente y no-consciente. El concepto totalitario de salud está ampliando nuestra comprensión de las capacidades internas de la persona.

Existe un interés creciente en los poderes espirituales y trascendentales del individuo.

Los más destacados científicos que estudian el cerebro comparten la opinión de que existe una potente mente, con una enorme capacidad de acción inteligente, cuya existencia es independiente de la estructura del cerebro (Brown, 1980).

Es posible que la evolución nos conduzca a un supraconsciente y una supermente, con un poder inmensamente superior al de la mente y consciente que poseemos en la actualidad (Brown, 1980).

Examinemos ahora otros avances que alteran nuestra percepción de la realidad. Algunos de ellos están relacionados con la ciencia.

Existe una convergencia entre la física teórica y el misticismo, en especial el oriental: el reconocimiento de que el universo en su conjunto, incluídos los seres humanos, es “una danza cósmica”. Desde este punto de vista, la materia, el tiempo y el espacio desaparecen como conceptos significativos; sólo existen oscilaciones. Este cambio de visión de nuestro mundo conceptual es revolucionario.

La teoría holográfica de la función del cerebro, desarrollada por el neurocientífico de Stanford, Karl Pribram, no sólo revoluciona nuestro concepto  de la operación del cerebro, sino que sugiere que el cerebro es capaz de crear nuestra “realidad”.

Las nuevas epistemologías y filosofías de la ciencia consideran nuestro concepto lineal actual de causa y efecto como una insignificante muestra de los muchos modos de saber. En la ciencia biológica en particular, ahora se considera que las relaciones recíprobas de causa y efecto constituyen las únicas bases de una ciencia racional. Los nuevos métodos científicos revolucionarán nuestra forma de estudiar y percibir el mundo, especialmente el biológico y humano.

Fuera del mundo de la ciencia, también percibimos la realidad por nuevos caminos. Esto es particularmente cierto en lo que hace referencia a la muerte y al morir. Tenemos una aceptación mucho mayor de la muerte como realidad y estamos aprendiendo muchísimo sobre el proceso de morir como culminación del de vivir.

Otros avances están relacionados con la forma en que se realiza el cambio en el individuo. Una buena parte del material de este libro se ocupa de dichos cambios, pero los enumeraré a continuación:

El movimiento feminista es tan sólo un ejemplo de los varios tipos de actividades acrecentadoras del concienciamiento. Otros ejemplos los constituyen el movimiento de los homosexuales y el de los negros, que están cambiando la conducta de la gente, llamando poderosamente la atención a los prejuicios, suposiciones y estereotipos que nos han dado forma.

“Enfocar”, o ser plenamente consciente del momento de una experiencia antes negada, en psicoterapia provoca un cambio psicológico y fisiológico, que produce como resultado un cambio de la conducta.

Existe una nueva comprensión de que la persona es un proceso, en lugar de un conjunto inamovible de hábitos. Esto evoca modos alterados de conducta, incrementa las opciones.

Hay cada vez una mayor tendencia al uso de la psicoterapia individual y un creciente número de pruebas de que dicha experiencia provoca un cambio en el sí-mismo y en la conducta.

Hay multitud de gente que ha experimentado cambios personales y colectivos duraderos, en diversas experiencias de grupos intensivos.

La tendencia a adoptar actitudes más humanas en la educación produce efectos fundamentales en el aprendizaje y en otros aspectos de la conducta.

Otro grupo de tendencias modernas está relacionado con cambios en nuestros sistemas de creencias. A continuación menciono algunas de ellas:

Hay una insistencia creciente en la libertad individual de elección y una correspondiente resistencia a la conformidad y a la aceptación de la autoridad.

Existe una creciente oposición, acompañada del consiguiente desagrado, a las grandes instituciones, las corporaciones y las burocracias, así como un enorme interés y esfuerzos para organizarse en forma reducida, de cooperativas y pequeños grupos.

Se cree cada vez menos en la ciencia reduccionista y crece el interés por la sabiduría antigua de las culturas primitivas e incluso por las “ciencias” de antaño.

EL SIGNIFICADO DE ESTAS TENDENCIAS

¿Cuál es el sentido, o significado, de todas estas tendencias en la vida moderna?

Tomadas en su conjunto, estas tendencias transforman fundamentalmente nuestro concepto de la persona y del mundo que ésta percibe. La persona cuenta con un potencial hasta ahora inimaginado. Su inteligencia no-consciente está dotada de una capacidad vastísima. Puede controlar muchas funciones corporales, curar enfermedades y crear nuevas realidades. Es capaz de penetrar en el futuro, ver en la distancia y comunicar pensamientos directamente. Está dotada de un nuevo concienciamiento de sí misma como proceso de cambio. Esta persona vive en un universo nuevo, del que han desparecido todos los conceptos familiares como el tiempo, espacio, objeto, materia, causa y efecto, quedando sólo vibraciones de energía.

A mi juicio, estas tendencias constituyen una “masa crítica” que producirá cambios sociales drásticos. Para desarrollar la bomba atómica, aumentaron gradualmente la temperatura y otras condiciones, hasta alcanzar cierta masa. Al llegar a esta masa crítica, se produce un proceso de explosión expansivo. Estas tendencias son de un género semejante, con la diferencia de que tienen lugar en las personas y en los sistemas sociales.

Otra analogía científica la constituye el “cambio de paradigma”. Nuestra visión científica del mundo, en cualquier momento dado, encaja en una pauta general. También es cierto que hay sucesos y fenómenos que no se ajustan a dicha pauta, que se dejan de lado hasta que se acumulan y resulta imposible ignorarlos. Entonces un Copérnico o un Einstein nos ofrecen una pauta enteramente nueva, una nueva visión del mundo. No se trata de una modificación del antiguo paradigma, sino de algo que lo incorpora. Es una nueva conceptualización. No se puede pasar gradualmente de la antigua a la nueva, hay que adoptar la una o la otra, he ahí el cambio de paradigma. Se ha hecho hincapié en que en el mundo de la ciencia, la mayoría de los científicos viejos mueren creyendo en el paradigma antiguo, mientras que la nueva generación se desarrolla y vive a gusto con el nuevo.

Lo que afirmo es que las numerosas tendencias convergentes que he mencionado constituyen un cambio de paradigma. Procuraremos, por supuesto, seguir viviendo en nuestro mundo familiar, al igual que lo hicieron en un mundo plano, hasta mucho después de saber que era redondo. Pero cuando vayamos digiriendo estas nuevas formas de conceptualizar la persona y el mundo, convirtiéndolas gradualmente en la base de nuestro pensamiento y de nuestras vidas, la transformación será inevitable. Ilya Prigogine (1980), químico belga ganador del premio Nobel en 1977, que ha contribuído considerablemente a los nuevos conceptos de la ciencia, dice, hablando en nombre de los científicos: “Vemos un nuevo mundo a nuestro alrededor. Tenemos la impresión de que somos la aurora de un nuevo período, con toda la emoción, la esperanza y el riesgo inherentes a todo nuevo principio”.

LA PERSONA DEL MAÑANA

¿Quién será capaz de vivir en ese mundo tan extraño? Creo que serán los que tengan una mente y un espíritu joven, que generalmente significa que también tienen un cuerpo joven. Nuestra juventud, al crecer en un mundo donde imperan las tendencias que he descrito, en su mayoría se convierten en nuevas personas, preparadas para vivir en el mundo del mañana y a ellos se unirán las personas mayores que hayan absorbido los conceptos de transformación.

Evidentemente, esto no ocurrirá con todos los jóvenes. Tengo entendido que muchos jóvenes en la actualidad, sólo se interesan por el trabajo y la seguridad, no están dispuestos a arriesgarse ni a innovar, son meros conservadores a la caza del “número uno”. Posiblemente sea cierto, pero éste no es el caso de los jóvenes con que yo entro en contacto. Sin embargo, estoy convencido de que si bien algunos seguirán viviendo en el mundo actual, muchos otros lo harán en el nuevo del mañana.

¿Cuál será su procedencia? Mi observación me indica que ya existen. ¿Dónde se encuentran? Me los encuentro entre los ejecutivos de las corporaciones, que han abandonado la lucha competitiva de su clase, el aliciente de los grandes salarios y las posibilidades de la bolsa, para practicar una nueva vida más simple; entre los jóvenes de pantalón tejano que desafían la mayor parte de los valores de la cultura actual, para hallar nuevas formas de vida; entre sacerdotes, monjas y religiosos que han dejado atrás los dogmas de sus institutiones, para vivir de un modo más significativo; entre las mujeres que se alzan vigorosamente por encima de las limitaciones que la sociedad les ha impuesto; entre negros, chicanos y otros grupos minoritarios, que abandonan la pasividad de muchas generaciones para afirmarse en una vida positiva; entre los que han participado en grupos de encuentro, que hallan lugar para los sentimientos, además de los pensamientos, en su vida; entre escolares marginados creativos que aspiran a metas más altas que las permitidas en sus estériles escuelas. También me doy cuenta de que vislumbré esta nueva persona, durante mis muchos años como psicoterapeuta, en los clientes que elegían para sí mismos un estilo de vida más libre, más rico y más autodirigido. Éstos son algunos de los lugares donde he encontrado personas capaces de vivir en este mundo transformado.

LAS CUALIDADES DE LA PERSONA DEL MAÑANA

En mi experiencia, estos individuos tienen algunas características en común. Puede que nadie posea la totalidad de estas cualidades, pero estoy convencido de que la habilidad de vivir en este mundo totalmente revolucionado del mañana se manifiesta por ciertas características. Mencionaré brevemente algunas de ellas, en la forma en que las he visto y experimentado:

  • Sinceridad. Estas personas son sinceras para con el mundo, tanto en el interior como el exterior. Se abren a la experiencia, a nuevas formas de ver, nuevos modos de ser, nuevas ideas y nuevos conceptos.
  • Deseo de autenticidad. Encuentro que estas personas valoran la comunicación como medio para expresar las cosas como son. Rechazan la hipocresía, el engaño y los dobles sentidos propios de nuestra cultura. Son abiertos, por ejemplo, en sus relaciones sexuales, en lugar de llevar una doble vida o actividades secretas.
  • Escepticismo en cuanto a la ciencia y a la tecnología. Sienten una profunda desconfianza de la ciencia y tecnología actual, utilizada para conquistar el mundo de la naturaleza y controlar a sus habitantes. Por otra parte, cuando la ciencia – como por ejemplo en el caso del biofeedback – se usa para enriquecer el autoconcienciamiento y el control de la persona por sí misma, son ardientes entusiastas de la misma.
  • Aspiración a la totalidad. Estas personas no gustan de vivir en un mundo de compartimientos: cuerpo y mente, salud y enfermedad, intelecto y sentimientos, ciencia y sentido común, individual y colectivo, cuerdo y loco, trabajo y diversión. Aspiran a alcanzar una totalidad en la vida, con pensamientos, sentimientos, energía física, energía psíquica, energía curativa, todo ello integrado en la experiencia.
  • El deseo de intimidad. Buscan nuevas formas de acercamiento, de intimidad, de fines compartidos. Desean hallar nuevas formas de comunicación en la comunidad, tanto verbal como no-verbal, sentimental como intelectual.
  • Personas-proceso. Son claramente conscientes de que lo que es cierto en la vida es el cambio, de que forman siempre parte de un proceso, siempre cambiando. Aceptan gustosos esta forma de ser arriesgada y se enfrentan al camino del cambio con vitalidad.
  • Cariño. Estas personas son cariñosas, dispuestas a ayudar a los demás si la necesidad es real. Su cariño es tierno, sutil, ni moralista ni propenso al juicio. Los que “prestan ayuda” profesionalmente les parecen sospechosos.
  • Actitud hacia la naturaleza. Sienten afinidad y cariño por los elementos de la naturaleza. su actitud es ecológica y el relacionarse con las fuerzas de la naturaleza les produce placer, en lugar de querer conquistarlas.
  • Antiinstitucionales. Estos individuos sienten antipatía por las instituciones altamente estructuradas, inflexibles y burocráticas. Creen que las instituciones deberían estar al servicio de la gente, no a la inversa.
  • La autoridad interna. Creen en su propia experiencia y desconfían fundamentalmente de la autoridad externa. Elaboran sus propios juicios morales, llegando a desobedecer abiertamente las leyes que les parecen injustas.
  • Las cosas materiales carecen de importancia. A estos individuos les son fundamentalmente indiferentes las comodidades y premios materiales. Ni el dinero ni los símbolos materiales de poder constituyen su objetivo. Pueden vivir en la abundancia, pero también pueden prescindir de ella.
  • El anhelo de lo espiritual. Las personas del mañana son inquiridoras. Intentan hallarle un significado y un sentido a la vida, más allá del individuo. Algunas se abocan a ciertos cultos, pero en su mayoría examinan todos los medios por los que la humanidad ha hallado valores y fuerzas que se extienden más allá del individuo. Quieren vivir con paz interna. Sus héroes son personajes espirituales como Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Teilhard de Chardin. Algunas veces, en estados alterados de consciencia, experimentan la unidad y armonía del universo.
Estas son algunas de las características que veo en la persona del mañana. Soy perfectamente consciente de que son pocas las personas que posean todas estas características y sé que lo que describo es una pequeña minoría del conjunto de la población.

Lo interesante es que las personas dotadas de dichas características se sentirán perfectamente a gusto en un mundo consistente sólo de energía de vibración, sin base sólida, un mundo de proceso y cambio en el que la mente, en su sentido más amplio, es al mismo tiempo consciente y creadora de la nueva realidad. Ellos lograrán hacer cambiar el paradigma.

A pesar de la oposición que habrá ante la aparición de esta nueva persona, estoy cada vez más convencido de que estas personas del mañana, no sólo sobrevivirán, sino que constituirán un fermento importantísimo en nuestra cultura.

La razón de mi optimismo se basa en el desarrollo y aparición persistentes de todos los cambios en las perspectivas científicas, sociales y personales. La física teórica no volverá a ser encajonada en ninguno de los antiguos compartimientos. El biofeedback sólo puede progresar, no retroceder, y continuar desplegando poderes insospechados de nuestra inteligencia interior y no-consciente. En otras palabras, la presion crecerá hasta forzar un cambio de paradigma.

Las personas del mañana son precisamente las que están capacitadas para comprender y absorber el cambio de paradigma. Serán las que lograrán vivir en este nuevo mundo, cuyo contorno todavía es sólo difusamente visible. Pero si no estalla el planeta, ese nuevo mundo llegará inexorablemente, transformando nuestra cultura.

Este nuevo mundo será más humano y más humanitario. Explorará y desarrollará la riqueza y capacidad de la mente y del espíritu humano. Producirá individuos más integrados en la totalidad. Será un mundo que premiará a la persona individual, el mayor de nuestros recursos. Será un mundo más natural, con un nuevo amor y respeto por la naturaleza. desarrollará una ciencia más humana, basada en conceptos de menor rigidez. El objeto de su tecnología será el de enriquecer las personas y la naturaleza, en lugar de explotarlas. Desencadenará creatividad, cuando los individuos pasen a ser conscientes de su poder, su capacidad y su libertad.

Las fuerzas del cambio en los campos científico, social y cultural arremeten con ímpetu; y acabarán por envolvernos en este nuevo mundo, el mundo del mañana, que he procurado esbozar. En el centro de este nuevo mundo estarán las personas, las personas del mañana de las que hemos hablado.

Ésta es la perspectiva personalizada del futuro. Podemos elegirla, pero tanto si lo hacemos como si no, parece que hasta cierto punto avanza inexorablemente hacia el cambio de nuestra cultura. Y los cambios serán favorables a la humanidad.


jueves, 29 de marzo de 2012

Las Cuatro Fuentes de Poder

Un texto para la reflexión, perteneciente al libro “El Camino del Poder”, de Lena Stevens y José Stevens, (Ediciones Gaia, Colección Gaia Perenne).


En cualquier momento puedes acceder a muchas de las fuentes de poder que te rodean. Podemos agruparlas en estas cuatro categorías:  inspiración, simplicidad, intercambio y concepción. Descubrirás que cualquier persona, proyecto o negocio con poder y éxito accede con regularidad a estos cuatro recursos.

Inspiración

El significado que damos a la palabra “inspiración” es “elevar y hacer accesible”. Elevarse y acceder a nuevos niveles de conciencia es una de las actividades más importantes para los chamanes, que dedican buena parte de su tiempo a ascender por encima de la confusión, del caos, de la disfuncion y de la falta de poder para descubrir la claridad, la comprensión, el conocimiento y el poder. Naturalmente, ellos deben elevarse primero para poder ayudar a otros a acceder a los poderes superiores.

Las fuentes de poder incluídas bajo el epígrafe inspiración son las siguientes: belleza, verdad, coraje, humor, potencial, completitud y cambio.

La falta de inspiración  puede causar depresión, letargo, falta de motivación y de visión, y, por supuesto, un sentimiento de impotencia que constituye una sentencia de muerte para cualquier posibilidad de logro. La imposibilidad de elevarse para acceder a la sabiduría y al poder hace que nos estanquemos en el cenagal de los problemas sin resolver.

Simplicidad

Ser simples significa “estar libres de complejidad y engaño”. En el mundo chamánico, cuanto más simple es algo, más poderoso. Simplicidad significa ir directo al grano en cada sunto, dejar de lado lo no esencial y prestar atención a la calidad de la información más que a su cantidad.

Las fuentes de poder incluídas en el grupo de la simplicidad son: silencio, enfoque, claridad, inocencia, presencia, decisión y, curiosamente, muerte, porque morir por algo implica que no estás apegado a ello y que no te lo llevas contigo.

La falta de simplicidad tiende a producir caos, confusión y ambivalencia. Cuando algo se complica demasiado, ya se trate de planes, objetivos, metodologías o procesos, el resultado, más que una ganancia, es una pérdida de poder.

Intercambio

Intercambiar significa “dar y tomar recíprocamente, comerciar, hacer trueques o canjear”. Todos estos procesos están orientados hacia la acción y exigen mantenerse en contacto con el mundo. Los chamanes valoran el intercambio porque sin él no puede haber aprendizaje, enseñanza ni acceso al poder que está disponible por doquier en nuestro entorno. No puedes conseguir poder ni ejercitarlo sin que se produzca algún tipo de intercambio.

Algunas fuentes de poder importantes dentro de esta categoría son: el servicio, las configuraciones de trabajo adecuadas o grupos de poder, y todo tipo de relaciones, desde las parejas hasta los acuerdos profesor-alumno, las amistades protectoras e incluso las enemistades. El área de las relaciones incluye los aspectos siguientes: atención, reconocimiento, generosidad, confianza, vulnerabilidad, amor y expresión.

Una falta de intercambio en tu vida puede llevarte a un lugar oscuro, solitario y sin poder, caracterizado por la desesperación, la inercia y la retirada.

Concepción

Los chamanes nos enseñan que, cuando somos concebidos, se produce una explosión, un cegador destello de luz que se convierte en el fundamento, en el depósito básico de poder con el que hemos de trabajar para desarrollarnos y llegar a ser personas plenamente maduras.

Así, hablando en términos chamánicos, algunas personas empiezan con más poder y otras con menos, dependiendo de las circunstancias que rodean cada concepción.

La cualidad de la concepción de cualquier cosa – un ser humano, un proyecto, un negocio o una comunidad – determina la cantidad de poder que esa cosa generará. Las fuentes de poder incluídas en esta categoría son: nacimiento, origen, imaginación e idea.


domingo, 25 de marzo de 2012

Las Metáforas


Sumando reflexiones que ayudan a comprender la vida, comparto el siguiente  fragmento perteneciente al libro "La Medicina del Alma", de Eric Rolf. 

La clave del idioma creativo es que se compone de todas las imágenes o símbolos que tienen algún sentido para ti y que suelen venir a través de lo que aparentan ser, simplemente, memorias. Cuando uno quiere saber algo, la vida responde a sus preguntas; le responde a través de esa forma creativa que conocemos como metáfora. La respuesta que buscas está en la metáfora de la memoria completa que te ha venido a través de ese símbolo o imagen.

Cuando alguien nos habla, lo importante no son las palabras, sino lo que está detrás, que es lo que realmente nos quiere decir, conciente o inconcientemente. Las palabras que escuchamos son una metáfora del significado profundo que está detrás. Cuando la vida nos habla a través de las circunstancias físicas, lo importante no son los hechos, sino la metáfora que representan.

Todo lo visible tiene más sentido como metáfora que como realidad física; todo lo que ves o tocas y todas las cosas que te ocurren tienen un significado profundo por encima de la realidad aparente.

Este hecho, desde el punto de vista social o científico actual, es completamente absurdo y carece de base alguna; no obstante, la experiencia me ha demostrado una y otra vez que detrás de cada hecho físico, ya sea un acontecimiento aparentemente fortuito o una enfermedad, hay un significado que le da sentido en un marco más amplio, un marco que incluye toda la vida de la persona: el valor del hecho está en la metáfora que representa.

No menciono esto para que me creas, lo digo para que lo pruebes; no se trata de fe, sino de tu propia experiencia. No sólo en términos de enfermedad, sino en términos de vida hay muchas cosas que juzgamos que no van bien. Nos parece que nuestra vida no funciona porque no le encontramos sentido; el sentido no está en los hechos, sino en lo que representan. Darle sentido a la vida no significa quitarle misterio;  siempre lo hay, sólo que transforma su naturaleza.

Si realmente aceptas que la vida es amistosa sólo te dará regalos. La vida siempre te está apoyando aún cuando parece que no lo hace, pues te trae regalos en todo momento; cada objeto trae su metáfora y la respuesta a tus preguntas está en lo que tienes justo delante, está allí donde se dirige tu atención en cada instante. Cada experiencia que vives tiene su mensaje: puedes almacenarla en el inmenso paquete de lo cotidiano y sin sentido o puedes encontrar su significado por encima de lo aparente.

No se trata de obsesionarte y empezar a buscar las metáforas de todas y cada una de las cosas que suceden en tu vida, esto sería una nueva locura que te separaría del presente. Se trata de relajarse, escuchar, aceptar y disfrutar lo que la vida nos trae a cada momento. Imagina que estás haciendo la compra en un supermercado; aunque hay montones de productos en las estanterías y eres incapaz de asimilar todos los mensajes que contienen, no te vuelves loco, pues sólo un producto te llama la atención cada vez. Lo mismo ocurre con los mensajes de la vida: una sola cosa te llama la atención a cada instante; síguela, entrégate totalmente a ella. Haz como el niño que en la orilla de la playa encuentra una caracola. En ese momento, es lo más maravilloso que existe en el universo: se la acerca al oído y escucha el sonido del mar, entregado totalmente, con toda su atención enfocada en la caracola.

Escucha y si aparece alguna metáfora, está bien y si no, también; quizás te des cuenta más tarde. En el momento en que se produce ese darse cuenta, lo acompaña una sensación corporal de saber que es así, que no hay duda. No es simplemente una interpretación de una casualidad.  Hay una sensación de certeza, porque las piezas encajan perfectamente y sientes algo en tu cuerpo que dice “Sí”, como una especie de revelación.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El Enfrentamiento con las Cuestiones Ultimas


Fragmento del libro “Los dioses del cambio”(El dolor, las crisis y los tránsitos de Urano, Neptuno y Plutón), de Howard Sasportas. 


Ya hemos hablado de cómo algunos de nuestros impulsos infantiles dan origen a la angustia y  al empleo de mecanismos de defensa que la sofoquen (ver en este blog el post  “El tesoro escondido”).

Sin embargo, los pensadores existencialistas creen que lo que nos hace sentir incómodos no son sólo los impulsos inaceptables, y nos hablan de ciertas “cuestiones últimas” – hechos básicos de la vida que tenemos que afrontar en virtud de nuestra misma existencia – que también provocan angustia y, por lo tanto, ponen en acción los mecanismos de defensa. Los tránsitos de Plutón pueden despojarnos también de estas defensas y pedirnos que encaremos directamente las cuestiones últimas de la vida.

¿Cuáles son estas cuestiones últimas, estos “datos” ineludibles de la existencia? En su libro “Existential Psychoterapy” (Psicoterapia Existencial), Irvin Yalom las enumera agrupándolas en cuatro categorías principales: la muerte, la libertad, el aislamiento y la falta de sentido.

Las consideraremos una por una.

Cualquier cosa que nace habrá de morir un día. Ahora estamos vivos, pero un día dejaremos de existir y aunque no hay escapatoria de la muerte, nos construímos defensas de todas clases para no enfrentarnos a este hecho. El cristianismo sugiere una vida después de la muerte, los filósofos esotéricos creen en la reencarnación y en la inmortalidad esencial del alma. Estos conceptos bien pueden ser verdad, pero muchos existencialistas afirmarían que tales creencias son maneras de eludir el reconocimiento del carácter definitivo de la muerte. Una parte de nosotros tiene conciencia de la inevitabilidad de la muerte, pero hay otra que está aterrorizada ante la perspectiva del no ser y que desea seguir existiendo. Para calmar nuestra angustia de muerte, nos buscamos maneras de “inmortalizarnos”. La idea de hacerse famoso y de vivir eternamente en la memoria de la gente ayuda a aliviar la angustia que provoca en el ego el carácter finito de la existencia. Escribir libros o crear obras de arte que nos sobrevivan es también satisfactorio para la parte de nosotros que está ávida de inmortalidad. Tener hijos es otra manera simbólica de asegurar la continuidad de nuestra existencia: aunque nos muramos, una parte de nosotros seguirá viviendo cuando hayamos desaparecido. Sin embargo, un tránsito de Plutón puede obligarnos a encarar la muerte, ya sea confrontándonos con la inevitabilidad de la propia o con la muerte de alguien próximo a nosotros.

De acuerdo con la teoría existencialista, otra cuestión principal es la libertad. Somos los únicos responsables de lo que hacemos y el estado de nuestra vida es el resultado de las decisiones que hemos tomado, conciente o inconcientemente. Sólo nosotros somos responsables de nuestros actos. Si nuestra vida no es como nos gustaría que fuera, no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos. Podríamos haber elegido otras cosas; podríamos haberlas hecho de otra manera. Nadie más que nosotros es responsable. El hecho de que seamos responsables de nuestra propia vida es aterrador, porque ¿qué pasa si nos equivocamos en nuestras opciones? En su libro “Escape from freedom” (El miedo a la libertad), Erich Fromm postula que algunas personas preferirían vivir en un estado totalitario que tomara todas las decisiones en nombre de ellas, antes que soportar continuamente la angustia de tomar decisiones. Intentamos coaccionar a otros para que las tomen por nosotros. Atribuímos la responsabilidad final de nuestra vida al destino, a los dioses, a nuestro inconciente o a cualquier cosa… salvo a nosotros mismos. Bajo la influencia de los tránsitos de Plutón es probable que tengamos que afrontar el hecho de que a nadie más que a nosotros mismos podemos hacer responsable de las decisiones que tomamos en la vida.

Otro dato básico de la existencia que nos llena de temor es el hecho de que por más intimidad que tengamos con otras personas, siguen existiendo algunas brechas infranqueables. Nadie puede jamás conocernos del todo, ni nosotros podemos conocer completamente a otra persona. Nacemos solos y morimos solos. Intentamos defendernos de la sensación de nuestro aislamiento existencial buscando el amor y las relaciones y, en especial, las uniones simbióticas en que nos fundimos o mezclamos con otra persona.  Existimos solos y sin embargo anhelamos ser parte de algo mayor. Bajo la influencia de un tránsito de Plutón puede sucedernos que perdamos a personas que pensábamos que jamás nos abandonarían y, como resultado de ello, que tengamos que afrontar nuestra soledad básica en la vida.

Finalmente, está la cuestión del sinsentido. La mayoría de los existencialistas creen que no hay verdades definitivas, que el universo no tiene ningún significado, a no ser el que nosotros le atribuyamos. “La única verdad absoluta es que no hay nada absoluto”. Si tal es el caso, ¿por qué estamos aquí y cómo debemos vivir? Aunque pueda no haber verdades preexistentes, en cuanto seres humanos necesitamos algún significado que dé propósito y dirección a nuestra vida. Necesitamos algo por lo cual vivir, líneas referenciales que nos permitan trazarnos un derrotero en la vida. Los tránsitos de Plutón pueden hacernos descubrir que la forma en que hemos dado sentido a nuestra vida ya no nos sirve: un sistema de creencias, una religión, una filosofía o un conjunto de ideales puede desmoronársenos por completo. Es probable que tengamos que afrontar la posibilidad de que el universo no tenga ningún significado preestablecido o que nos veamos forzados a reevaluar y redefinir la forma en que damos sentido y orientación a nuestra existencia.


domingo, 11 de marzo de 2012

Problemas claves de la Astrología actual



El siguiente es un texto de Stephen Arroyo.


Los astrólogos son consejeros de facto, puesto que casi todos sus clientes quieren ser aconsejados o que por lo menos se les brinde otra perspectiva, aunque esos clientes proclamen que “meramente sienten curiosidad”. Por tanto, los astrólogos tienen muchas ocasiones para aconsejar, pero si no saben qué hacer al respecto, pierden estas oportunidades para usar la que juzgo es la herramienta más valiosa de todas para comprender los problemas de la gente y darle a ésta un sentido de orden y direcciónen la vida: eso es la astrología.

En la astrología tenemos un mapa de todo el territorio psíquico del individuo, pautas permanentes y tendencias corrientes. Es importante que los astrólogos no abusen de la confianza que la gente tiene en ellos, incluso la de aquellos que declaran no tener confianza en la astrología.

Pienso que a veces los astrólogos tienen en sus mentes demasiada instrucción o demasiados criterios y eso les impide concentrarse en tratar de comprender a las personas y sus respuestas. Por ejemplo, jamás tendremos la idea o el tema principal de la vida de alguien si nos fijamos demasiado en los pormenores insignificantes de un mapa. Ustedes tienen que dejar que el mapa se abra y esté abierto para ustedes, y dejar que la persona se abra a ustedes y ustedes tienen que estar abiertos a la realidad de esa persona, aunque esa realidad no “encaje” siempre en las preconcebidas teorías astrológicas que ustedes tengan.

Los consejeros, psicólogos, psiquiatras y otros terapeutas, en su mayoría y por su educación, hacen excesivo hincapié en el análisis prolijísimo, hacen excesivo hincapié en la perspicacia. La aptitud de muchas de esas personas para reaccionar simplemente desde el nivel visceral a menudo se ha perjudicado. No digo que muchos consejeros y terapeutas no sean realmente buenos; muchos de ellos son excelentes y muy eficaces.  Mis principales críticas a la psicología moderna se dirigen más bien hacia la instrucción y la teoría que domina en esa disciplina que hacia las personas que en ella participan. Empero, en la psicología moderna falta claramente una teoría veraz y válida sobre el funcionamiento psicológico y la naturaleza de la psiquis misma. Por supuesto, la astrología es, precisamente, la teoría que tan desesperadamente se necesita. Si practicamos el asesoramiento o la terapia, no teniendo un sistema válido que nos permita comprender, entonces sólo estamos conjeturando y andando a tientas en la oscuridad, siempre.

También creo que los astrólogos, igual que los psicólogos, deben guardarse de estar demasiado orientados hacia los problemas. Si nos especializamos en identificar y rotular “problemas”, que por definición abarcan tensión, estamos acrecentando el nivel de tensión del cliente. Es mucho mejor usar el mapa para concentrarse en la pauta de toda una vida y estimular a la gente a que en ella encuentre un significado: una referencia más amplia para las situaciones y conflictos de la propia vida. Esta clase de enfoque totalizador, holístico, tiene un efecto mucho más terapéutico que las sesiones interminables que se encuentran en la rotulación y la disección de los componentes de la psiquis de la persona.

“Clasificar las motivaciones” involucradas en diversas luchas íntimas, interiores, es precisamente uno de los máximos usos de la astrología. Especialmente, en el ámbito de la motivación, la astrología es una herramienta tan fuerte y poderosa. Ningún otro método, ninguna otra técnica, ninguna otra teoría puede entrar en contacto con ese ámbito. Hay toda clase de pruebas: pruebas de inventario de la personalidad, pruebas motivacionales, de aptitud vocacional; disponemos de todas ellas pero ninguna llega tan rápidamente al meollo de la motivación individual. Y si empezamos a comprender la motivación, llegamos a las raíces de la naturaleza psíquica de la persona: llegamos a ver detrás de qué están realmente, qué quieren en realidad, o hacia qué son impulsadas. Y muy a menudo eso es inconsciente, pero la astrología lo muestra claramente.

En consecuencia, el tipo y la calidad de la motivación es, con frecuencia, accesible a la intelección de un astrólogo experimentado, de un modo que ni siquiera lo es para los consejeros experimentados que no cuentan con la ayuda de un sistema cósmico como es la astrología. Y la calidad de la experiencia humana en general puede aclararse mejor a través de la astrología que de cualquier otro método que yo conozca. Y muy frecuentemente podremos alcanzar esa claridad sin usar un millón de técnicas abstractas diferentes: basta mirar el énfasis de los signos básicos y los elementos dominantes, y allí tendremos tanto para trabajar con lo que a la mente la hace vacilar.

Si nos ocupamos de las energías básicas y, de esta manera, de las motivaciones básicas de la persona, podremos hacer otro tanto; muy a menudo, podremos efectuar una eficaz sesión de consejo con sólo remitirnos a las posiciones de los signos y a los elementos de los planetas. Muy a menudo, los problemas de alguien se relacionan principalmente con el signo del Sol, por ejemplo, esa persona nunca aceptó enteramente esa parte de su naturaleza. Por ejemplo, si alguien nació con Saturno en oposición al Sol o algo parecido, tal vez jamás se aceptó relmente. Y quizás se beneficie muchísimo con un diálogo útil que aclare sus necesidades de identidad y las motivaciones de su ego. Por supuesto, esto no sería una “lectura amplia”, pero podría ser extremadamente adecuada en algunos casos. Aquí hablo de lo que es eficaz en los intercambios de uno-con-otro, mantenidos con los clientes.

Debo aclarar que mi principal propósito al formular tantas afirmaciones críticas sobre las teorías y las pretensiones psicológicas circulantes no es humillarlas como un alegre ejercicio de negarlo todo. Lo que en gran medida trato es de ayudarnos a todos los que estamos en el campo de la astrología a tener más confianza en lo que hacemos. Creo que una práctica astrológica puede ser mucho más valiosa que la mayoría de las clases de prácticas psicológicas, y son muchos los que, entre el público en general, están de acuerdo con esto. En consecuencia, si no sólo nos damos cuenta de nuestros defectos y necesidades para mejorar nuestras actitudes y nuestro enfoque sino también de las limitaciones de las demás profesiones que sirven de ayuda, tal vez empecemos a valorizar más nuestros propios servicios y aptitudes. Y tal vez estemos todos un poco menos a la defensiva.

Muchos terapeutas y consejeros experimentados admitirán que su función es, a menudo, dar solamente a las personas el derecho a tener las sensaciones que sienten y ¡a ser lo que ellas son!  Con frecuencia, nada saben y nada hacen, pero, porque son una autoridad en la sociedad, pueden limitarse a decir: “Está muy bien sentirse así”. Y la otra persona a menudo se sorprende al oír eso. Por ejemplo, personas que tienen fuertes cuadraturas de Saturno con planetas personales, quizá nunca recibieron permiso para ser lo que son. Muchos terapeutas también admitirán que su terapia realmente consiste, con frecuencia, en juegos de suposiciones, partidas en falso, puntos muertos, y que, de hecho, andan a tientas en la oscuridad. En la actualidad, haya una enorme brecha en la teoría de la psicología y la psicoterapia; virtualmente, no conocen las diferencias, sintonías y motivaciones individuales, y esta brecha es llenada luego por la gimnasia y la especulación intelectuales. A causa de que siempre se necesita alguna teoría predominante al prestar asesoramiento o terapia de alguna índole, y porque muchos profesionales no pueden aceptar la validez de la astrología –que es una verdadera ciencia de la singularidad individual- queda un vacío que tironea en toda clase de especulaciones. Esa es una razón de por qué cada pocos minutos se populariza un nuevo método o una nueva teoría de carácter psicológico que rápidamente cuenta con un enorme número de seguidores y, a los pocos años, resulta ser un fiasco. Numerosos estudios demostraron que los sistemas terapéuticos son, en su mayoría, mucho más eficaces, en sus escasos primeros años, y luego su eficacia parece declinar.

En un artículo titulado “Recientes descubrimientos norteamericanos en psiquiatría”, publicado en el Manual Norteamericano de Psiquiatría, George Mora expresaba lo siguiente: “Advertimos que cada vez se reconoce más el hecho de que los resultados psicoterapeúticos son notablemente parecidos, independientemente del sistema teórico seguido por cada terapeuta, y que la personalidad del terapeuta es más importante que la adhesión de éste a una particular escuela de pensamiento.”

¿Creen ustedes que esto sería cierto si los terapeutas trabajaran con una verdadera ciencia de la psiquis, dotada de una inherente fuerza curativa, sintonizada con el mismo cosmos? Esta cita es idéntica a lo que Jung declaró hace muchos años: que la personalidad del médico, del terapeuta o del consejero es la dueña del impacto curativo sobre su cliente. Tal vez sólo alrededor de un tercio de cualquier grupo de consejeros o terapeutas (incluídos astrólogos) tiene mucha aptitud real para relacionarse eficazmente con las personas. O quizás, sólo una tercera parte de las personas que acuden a ver  consejeros o terapeutas sean capaces de ser ayudadas por cualquier medio. ¡Y para que los astrólogos no se ufanen de estos hechos, debo decir que un examen de los clientes de los astrólogos bien puede revelar resultados parecidos!  La diferencia entre cómo el astrólogo usa la astrología y cómo el psicólogo o el psiquiatra usa alguna teoría es, según creo, que la astrología misma tiene un poder curativo inherente si se la puede comunicar eficazmente al cliente. En otras palabras, el astrólogo tiene que ser capaz de salirse del camino, de hacer que su ego salga del diálogo curativo, a fin de permitir que afluya la real eficacia de la astrología: la aptitud de volver a sintonizar la consciencia de la persona con la verdadera naturaleza de ésta.



jueves, 16 de febrero de 2012

La Teoría de las Estructuras Disipadoras



Seguimos compartiendo fragmentos pertenecientes a libros de astrología de excelentes autores. Esta vez,  reflexiones de “Los dioses del cambio” (El dolor, las crisis y los tránsitos de Urano, Neptuno y Plutón), cuyo autor es Howard Sasportas.

En 1977 se concedió el Premio Nobel de química al científico belga Ilya Prigogine, por su teoría de las estructuras disipadoras, un trabajo que demostraba científicamente lo que muy bien sabían ya los antiguos chinos: que la tensión y la crisis desempeñan un papel decisivo en el proceso de transformación. Igual que wei-chi, la expresión china que significa “crisis”, los resultados obtenidos por Prigogine respaldan la idea de que los trastornos y las conmociones que sufrimos en la vida son también oportunidades para que suceda algo nuevo.

Prigogine estaba estudiando lo que en física se llama “sistemas abiertos”, que son los sistemas que participan en algún tipo de intercambio continuo de energía con el ambiente. Se caracterizan por una cierta dosis de fluctuación, es decir, son vulnerables y accesibles a diferentes tipos de energías que penetran en ellos. También las obras humanas, como los pueblos, las ciudades, los grupos y las organizaciones, son sistemas abiertos. Una ciudad, por ejemplo, no es algo aislado y excluído del resto de la vida: sus industrias utilizan la energía y las materias primas de las áreas circundantes y las devuelven al medio transformadas. Como también los seres humanos podemos ser modificados por nuestra interacción con el entorno y por los contenidos inconcientes de nuestra psique cuando invaden la conciencia, nuestro yo también es un sistema abierto y, por lo tanto, está sujeto a las leyes de la teoría de Prigogine.

De acuerdo con ella, siempre que las fluctuaciones y perturbaciones que ingresan en un sistema abierto se mantengan dentro de cierto límite, las propiedades de autorregulación del sistema permiten que éste mantenga en términos generales su función y su identidad. En otras palabras, el sistema puede hacer frente a cierta cantidad de alteración y perturbación sin desbaratarse por completo. De modo similar, hay perturbaciones internas o externas inevitables que pueden estremecer periódicamente nuestra vida, pero siempre que no sean demasiado grandes, la naturaleza homeostática del yo nos permite adaptarnos a tales fluctuaciones sin tener que alterar demasiado lo que nos está sucediendo en la vida. Hacemos unos cuantos ajustes menores y seguimos siendo en gran medida los mismos.

Sin embargo, si las fluctuaciones y perturbaciones que ingresan en un sistema abierto se incrementan más allá de cierto límite, empujan al sistema a un estado de “caos creativo”. Lo que había allí antes y que hasta ese momento había funcionado ya no puede seguir de la misma manera. El sistema se ve forzado a asimilar o a adaptarse a una influencia perturbadora demasiado grande para que pueda sobrevivir en su antiguo formato y se produce una crisis: para que el sistema pueda funcionar de la manera que sea, se ha de establecer un nuevo orden de cosas. Dicho con otras palabras, la ruptura del sistema hace que a éste le sea posible avanzar hacia una forma completamente diferente de organizarse. Tal es la naturaleza dinámica del crecimiento y la naturaleza de la transformación.

De modo similar, cuando en la vida todo nos va como una seda, en realidad no hay razón para cambiar. Generalmente, sólo cuando las cosas empiezan a irnos mal, cuando sufrimos reveses graves en importantes esferas de la vida, o cuando las circunstancias se nos hacen intolerablemente difíciles, tediosas o caóticas, empezamos a pensar seriamente en introducir cambios. O bien las estructuras existentes en nuestra vida se desploman totalmente, lo cual hace que ya no podamos mantener nuestro funcionamiento habitual: una relación con la que hemos estado estrechamente identificados se deshace, se nos muere la pareja o un hijo, perdemos a uno de nuestros padres, nos despiden en el trabajo, nos fallan nuestras creencias más queridas o nos enfrentamos con una enfermedad que nos pone en peligro de muerte. Aunque no todas las personas se ven afectadas en la misma medida o de la misma manera, generalmente este tipo de perturbaciones nos imponen transformaciones importantes en nuestro sistema de vida. Seguir del mismo modo que antes se vuelve difícil o imposible; la conmoción plantea o exige un proceso de reconsideración y una nueva evaluación de nuestra vida, nuestras actitudes, nuestros motivos y nuestros valores.

La relación entre la teoría de las estructuras disipadoras y los posibles efectos de los tránsitos de (o de las progresiones en que están en juego) Urano, Neptuno y Plutón es obvia. He dicho ya que Saturno está asociado con la forma, el límite y la estructura, y que Urano, Neptuno y Plutón son, en este aspecto, los enemigos de Saturno. Son “principios de desestructuración”, que socavan las estructuras existentes de modo que algo nuevo pueda ocupar su lugar. En cierto sentido, Saturno representa el principio homeostático del yo, el deseo de mantener y preservar lo que es. Por contraste, Urano, Neptuno y Plutón (cada uno a su manera) aportan fluctuaciones y perturbaciones críticas: nos desintegran para que podamos avanzar hacia una nueva manera de ser.

A veces, las perturbaciones que provocan estos planetas son desagradables: enfermedad, depresión, etc. Pero también pueden ser de naturaleza positiva: casarse, enamorarse, comprar una casa, obtener nuevos conocimientos que modifican nuestra visión de la vida, un éxito repentino, el logro de un ascenso o incluso un premio en la lotería. Estos acontecimientos, exteriormente positivos, provocan tanta tensión en el orden establecido de nuestra vida como los sucesos exteriormente negativos. No importa cuál sea exactamente la naturaleza de las fluctuaciones que nos perturban ni cómo las provocan Urano, Neptuno y Plutón; todos los tipos de cambios, conflictos, paradojas, tensiones y traumas que generan requieren alguna especie de cambio.

Cambiar no es fácil. En cuanto seres humanos y criaturas del hábito, orientamos gran parte de nuestra energía a tratar de evitar el dolor y las crisis. A la mayoría de nosotros no nos gusta la idea de perder nada a lo cual estamos apegados. Especialmente, no nos gusta perder aquello de lo cual proviene nuestro sentimiento de identidad, de ser nosotros mismos: relaciones, trabajo, ingresos, ideales o principios. Es tan difícil renunciar a las partes desgastadas de nuestra estructura psíquica (como antiguas pautas, imágenes negativas de nosotros mismos o lo que el análisis transaccional llama “guiones”), que quizás no nos hayan servido nunca de mucho, como a las posesiones o a las personas que son importantes en nuestra vida.

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Los que estamos en mitad del desafío y el trastorno vinculados con Urano, Neptuno y Plutón podemos finalmente llegar a una etapa en la que aceptamos la crisis y los cambios que traen consigo los tránsitos de estos planetas. El escritor y psicoanalista James Hillman diría que, cuando se ha alcanzado esta etapa, nuestros sentimientos han conseguido por fin verterse libremente en nuestro destino, reconciliándonos con un acontecimiento mediante lo que él llama “esa unión del amor con la necesidad”. Una vez aceptada la crisis, con la aceptación puede llegar, en su momento, el reconocimiento de que aquello por lo que hemos tenido que pasar ha sido una parte necesaria de nuestro crecimiento y del despliegue de nuestras potencialidades. La amargura de las lágrimas se convierte en la sal de la sabiduría.

La aceptación permite que actúe la magia que sana. Con esto no quiero decir que llegar a este punto sea fácil ni que se dé de la noche a la mañana. No es nada fácil confiar en los artilugios de Urano, Neptuno o Plutón, ni reconocer que el dolor, el fracaso,la perturbación y el cambio, que cuando nos agobian parecen más bien una maldición, puedan tener algo valioso para ofrecernos. Pero el dolor, el conflicto y la tensión son, de todos modos, “transformaciones que pugnan por producirse”. Al negarlos nos defraudamos: nos negamos la transformación. El proceso de transformación se inicia cuando los aceptamos.