domingo, 29 de agosto de 2010

Acerca de los Arquetipos

Texto perteneciente al libro "La Astrología y la Psique Moderna", de  Dane Rudhyar. De excelente claridad para comprender el concepto de "arquetipo" aplicado a la Astrología y a la interpretación de la carta natal.


Jung emplea constantemente el término “arquetipo”, y el modo en que lo define es de gran significación para el astrólogo que procura evaluar el significado psicológico apropiado de una carta natal, un “arquetipo” de un género especial.


En la filosofía de Jung, los arquetipos son puntos focales o campos de fuerza en el inconciente colectivo; o sea, son imágenes que determinan y controlan las actividades más fundamentales de lo que hemos llamado “humanidad común del hombre”. Expresan las respuestas más primordiales y más comunes de todos los seres humanos a unas pocas situaciones básicas; y aparecen como imágenes simbólicas en nuestros sueños, lo mismo que en todos los mitos o concepciones religiosas. Estas imágenes religiosas tienen enorme poder. Pueden dominar en vastas colectividades, teniendo como resultado la conversión religiosa o conduciendo a crímenes racionalmente inexplicables. Tienen tanto un lado oscuro como uno luminoso.

Cuando quien sueña lo hace sobre una misteriosa figura maternal dotada de atributos cósmicos o cuando el pintor inspirado pinta semejante figura, la imagen que se suscita no es realmente la creación del que sueña o del artista, como individuo. La imagen ya está latente en su inconciente, como el modelo de hoja de roble está latente en la bellota. Así, el arquetipo tiene un género de ser objetivo en un reino inconciente de potencialidad.

Ciertamente, Jung aclara que “el inconciente es la madre de la conciencia”. Los ocultistas también han hablado, en gran medida con el mismo significado, del reino de la “luz astral” que es creadora en sus aspectos superiores, y refleja en sus regiones inferiores. También han usado las expresiones “Anima Mundi” (el Alma del Mundo) y las “Vírgenes de la Luz”, relacionando estas últimas con los signos del Zodíaco considerados como expresiones simbólicas de las grandes “Jerarquías Creadoras”, que son las constructoras del universo y del hombre genérico. Estas Jerarquías se ven como mediadoras colectivas, o Huestes espirituales, a través de las cuales opera el Anima Mundi; Jung habla también de los arquetipos del inconciente como “órganos del alma”.

Sin embargo, estos “órganos del alma” son concentrados de la experiencia común de miríadas de generaciones de seres humanos. Son inherentes al género humano como los instintos son inherentes a los animales, lo mismo que a los hombres. Los instintos y los arquetipos son de la misma naturaleza. Y, si se entiende esto, también vemos cómo, en las cosmologías esotéricas o “gnósticas”, a las antedichas Huestes creadoras se las considera como concentrados de la experiencia espiritual de vastas colectividades de seres que vivieron a través de universos o sistemas solares anteriores y alcanzaron la inmortalidad en ellos.

El significado simbólico del mapa natal de un individuo, levantado para el momento y el lugar exactos del nacimiento, en realidad y en lo que concierne a su valor psicológico, es un arquetipo en su inconciente. Tal vez sea el más potente de los arquetipos, cuando se lo saque a la luz de la conciencia, en la medida en que pueda determinar la conducta íntegra del individuo, su actitud íntegra referida a acontecimientos futuros y su destino como un todo. El mapa natal es un símbolo de poder extraordinario, y este símbolo, porque se basa en la experiencia primordial de la humanidad respecto al cielo –una realización prodigiosa de orden trascendente en medio de una vida de caos terrestre-, abre la puerta a la capacidad del hombre “para encontrar su lugar en la gran corriente de la vida” en términos de un modelo arquetípico de orden.

El primer punto que hay que subrayar es que la principal función de la astrología, considerada en el sentido psicológico, es ayudar (en las palabras de Jung) “a reconocer al propio yo por lo que uno ES por naturaleza, en contraste con lo que a uno le gustaría ser”. El mapa natal, considerado como un símbolo de la participación radical del individuo en el proceso universal, puede revelarle al individuo lo que éste es por naturaleza, y de esta manera lo que podrá lograr, si vive de acuerdo con esta “ley” de su ser individual. Empero, el mapa natal se ocupa de relaciones simbólicas, de fórmulas de acción recíproca funcional, todo lo cual deberá interpretarse, como deben interpretarse los sueños, y si han de tornarse psicológicamente significativos y eficaces.

Y como un sueño, el mapa natal podrá interpretarse de muchos modos. Podrá verse como un todo dinámico y creador, un desafío a la integración, o como un conjunto de trozos fragmentarios de información sobre las preocupaciones más comunes del género humano (riqueza, hogar, asuntos amorosos, salud, matrimonio, negocios, logros, etc.).

La práctica corriente y tradicional de la astrología se ocupa de esto último. Por regla general, el astrólogo busca información concerniente a acontecimientos, pasados o futuros, o el conocimiento de características inconexas del temperamento personal de su cliente. Entonces, la astrología no tiene un propósito psicológicamente integrador, en gran medida, porque el cliente o el mismo astrólogo no espera tener semejante propósito. En la actualidad, la mayoría de la gente enfoca la astrología del mismo modo que por lo general enfoca el tema de los sueños, de una manera desorganizada, desmañada, fragmentaria y, por lo tanto, malsana.

Quienquiera espere que los símbolos de los sueños o los mapas astrológicos le conduzcan hacia una personalidad más plena, más abarcante, más conciente y más madura, deberá asumir una actitud mucho más seria y responsable. Debería comprender que, si bien el contacto con el arquetipo del inconciente y con las pautas celestiales del momento del nacimiento puede llevar al individuo a un estado rico y sereno de realización personal, tal contacto también podrá acarrear horribles resultados psicológicos.

El mapa natal es en verdad muy diferente de una mera tabulación científica de factores. Una vez que se lo estudia y se le da vital atención, el mapa natal empieza a actuar como UN PODER DINÁMICO DENTRO DEL INCONCIENTE. “Hace cosas” para el astrólogo. Fuerza tendencias dentro de la conciencia (y así produce acontecimientos) que de otro modo podrían haber quedado latentes y ocultos. Quienquiera crea en el significado del horóscopo y en la validez de la interpretación que le dé (él mismo o un astrólogo profesional) no es más la misma persona. SE ALTERÓ LA ORIENTACIÓN HACIA EL INCONCIENTE, aunque sea levemente. No comprender esto es cortejar un peligro real, pues la orientación de una persona hacia su inconciente es el factor más dinámico de su personalidad.

El proceso de integración de la personalidad está realmente siempre lleno de peligros psicológicos reales. Nadie reconoció esto con más claridad que Jung y expresó claramente que nadie podría triunfar jamás plenamente en este proceso a menos que, desde dentro, lo compela una “vocación” verdadera, una necesidad interior. ¡Cómo deberían los astrólogos comprender también este hecho!

domingo, 15 de agosto de 2010

El Desarrollo de la Personalidad

En su libro “La Astrología y la Psique moderna”, Dane Rudhyar cita una serie de pasajes significativos pertenecientes a declaraciones efectuadas por Carl G. Jung con relación al desarrollo de la personalidad, que forman parte del último capítulo de su libro The Integration of the Personality -obra que se ocupa en gran medida de la correspondencia entre las ideas alquímicas y psicológicas-. Veamos qué dice:


“Quien no la tenga, no podrá educar a la personalidad. Y no será el niño, sino sólo el adulto quien podrá alcanzar a la personalidad como el fruto maduro de una realización de la vida que se dirige a este fin. El logro de la personalidad significa nada menos que el mejor desarrollo posible de todo lo que yace en un solo ser particular. Es imposible prever qué infinita cantidad de condiciones deberán satisfacerse para llevar a cabo esto. Se necesita la extensión total de una vida humana en todos sus aspectos biológicos, sociales y espirituales. La personalidad es la realización suprema de la distintividad innata del ser vivo particular.

 
La personalidad es un acto de máxima valentía frente a la vida, y significa la afirmación incondicional de todo lo que constituye al individuo, la adaptación más lograda a las condiciones universales de la existencia humana, con la máxima libertad posible de decisión personal. Educar a alguien en esto me parece que no es una minucia. Con seguridad, es la tarea más pesada que se ha impuesto el mundo espiritual de hoy. Y, en realidad, es una tarea peligrosa.

 
Nadie desarrolla su personalidad porque alguien le dijo que le sería útil o aconsejable hacerlo… Nada se modifica sin necesidad, y la personalidad humana menos que todo. Es inmensamente conservadora, para no decir inerte. Sólo la necesidad más aguda es capaz de despertarla (…) El desarrollo de la personalidad desde su estado germinal hasta la conciencia plena es, a un tiempo, carisma y maldición. Su primer resultado es la consciente e inevitable separación del ser único respecto del rebaño indiferenciado e inconciente. Esto significa aislamiento, y para esto no hay un vocablo más consolador. (…) Significa también fidelidad a la ley del propio ser (…) la personalidad jamás podrá desarrollarse a menos que el individuo escoja concientemente su propio camino y con decisión conciente, moral (…) La personalidad verdadera tiene siempre vocación y cree en ella, tiene fidelidad a ella como a Dios, a pesar del hecho que, como diría el hombre corriente, es sólo un sentimiento de vocación individual. Pero esta vocación actúa como una ley de Dios de la que no hay escape. El hecho de que muchos marchen hacia su ruina por propio capricho nada significa para quien tiene vocación.

 
TENER VOCACION significa, en el sentido original, QUE UNA VOZ SE DIRIJA A UNO. (…) No son pocos aquellos a quienes les ocurre que, hasta en este inconciente estado social, la voz individual los convoca, tras lo cual se diferencian al punto de los demás y se sienten confrontados por un problema que los demás ignoran. (…) Esa voz interior es la de una vida más plena, de una conciencia más vasta, más abarcante. He ahí por qué, en mitología, el nacimiento del héroe o el renacimiento simbólico coincide con la aurora: el desarrollo de la personalidad es sinónimo de acrecentamiento del conocimiento.

 
En la medida en que todo individuo tiene su propia ley innata de vida, es teóricamente posible para todo hombre seguir esta ley antes que todos los demás y llegar a ser una personalidad, o sea, lograr la plenitud. (…) Sólo llega a ser una personalidad el hombre que es capaz CONCIENTEMENTE de afirmar el poder de la vocación que lo confronta desde dentro; quien sucumbe ante ella, cae presa de la ciega corriente de los acontecimientos y es destruído.

 
En la medida en que un hombre es infiel a su propia ley y no se pone a la altura de la personalidad, erró el significado de su vida. Por fortuna, en su bondad y paciencia, la Naturaleza jamás formuló la pregunta fatal sobre el significado de sus vidas en boca de la mayoría de la gente. Y donde nadie pregunta, nadie necesita contestar.”

…

“El miedo que la mayoría de los seres humanos naturales sienten ante la voz interior [la que establece la propia vocación y conduce al proceso de la educación psicológica] no es tan pueril como podría suponerse. (…) Lo que la voz interior nos acerca es, por lo general, algo que no es bueno sino malo. Esto debe ser así, primero de todo, por la razón de que, generalmente, no somos tan inconcientes de nuestras virtudes como de nuestros vicios, y luego porque sufrimos menos de lo bueno que de lo malo.

 
El carácter de la voz interior es *luciferino* en el sentido más adecuado e inequívoco del vocablo, y es por ello que pone a un hombre frente a frente con decisiones morales finales, sin las cuales jamás podría alcanzar la conciencia y convertirse en una personalidad. De modo inexplicabilísimo, lo ínfimo y lo excelso, lo mejor y lo más atroz, lo más verdadero y lo más falso se entremezclan en la voz interior, que de esta manera abre un abismo de confusión, engaño y desesperación.”

 
Sigue diciendo Dane Rudhyar:

¿Por qué estas advertencias? Porque en el proceso del despertar que sigue al contacto con un gurú verdadero, en la primera consulta con un psicoanalista o en el darse uno mismo a la “voz interior”, todas las energías oscuras del inconciente tienden a liberarse. Todo –bueno o malo- se estimula cuando tratamos de llegar a una conciencia más plena. Y, puesto que habitualmente nos las ingeniamos muy bien para ignorar los recuerdos de los fracasos o tal vez los pensamientos o acciones malos dentro de nuestra personalidad total (empujándolos de vuelta dentro de nuestro inconciente), por lo común son los primeros en hacerse patentes. Esto puede conducir a una sensación de pánico, incluso a la confrontación con el horrible “Habitante del Umbral” descripto vívidamente en el Zanoni de Bulwer Lytton. ¡Pero ay de quien retroceda horrorizado y trate de invertir el proceso de crecimiento! Ningún hombre puede seguramente “des-educarse”. Una vez que se abrió deliberadamente la puerte del inconciente, una vez que se contestó a la llamada de la “vocación” interior, el único camino está adelante.

Este no es asunto de los psicólogos únicamente. En realidad, es hora de que los astrólogos comprendan que ellos también, concientemente o no, se ocupan de energías vitales y poderes inconcientes CUANDO CADA UNO EMPIEZA A ENFRENTAR SU PROPIA VIDA EN LOS TERMINOS DEL MAPA NATAL; y, de modo parecido, cuando asumen la responsabilidad de dar consejo psicológico a otras personas –clientes o amigos-.

 
Desde el punto de vista junguiano, el mapa natal puede considerarse un “arquetipo del inconciente”. Es un registro visible de la voz interior, de lo que Dios nos elaboró como esquema de lo que podríamos (o sea, deberíamos) llegar a ser. Considerar entusiastamente este esquema – este Nombre simbólico de nuestra personalidad realizada- darle una importancia determinante en nuestra vida cotidiana; conocernos como una incorporación concreta de su armonía estructural, esto constituye en realidad un paso muy serio, muy vital, e irreversible.

 
Dando este paso, nos precipitamos sobre nosotros mismos como sombras individuales, lo mismo que como luz. Cuanto se indica en nuestro mapa natal, se recalca más vigorosamente que antes en nuestra vida real. Sufrimos más. Experimentamos estratos más profundos de nosotros mismos. Afrontamos el miedo de un modo nuevo. Llegamos a ser más lo que potencialmente somos en todas direcciones. Esto no debe olvidarlo jamás nadie que procure recorrer el camino astrológico (o el psicológico) de la educación de la personalidad. Hacerlo sin estar dispuesto o siquiera conciente de lo que está en juego es cortejar la posibilidad de una catástrofe interior, al igual que de un fracaso externo.

 

Como Jung empleaba este término, PERSONALIDAD significa “realización, totalidad, vocación realizada, comienzo y fin y conocimiento completo del significado de la existencia innata en las cosas”. Y comprender este innato “significado de la existencia” exige que seamos objetivos con ella.

 
Ser objetivos hacia las cosas que uno gusta y hacia el propio ego implica un proceso de SEPARACION que, a su vez, exige (casi inevitablemente) sufrimiento y la experiencia del mal o la contradicción.

En sus primerísimas manifestaciones, lo “mejor” asume a menudo la apariencia del mal, porque se lo saca de la perspectiva correcta y su ocurrencia lo desvía dentro de una inadecuada estructura de referencia. Esto produce miedo en las mentes y almas atadas todavía a esta estructura de referencia actualmente obsoleta; reaccionan violenta e insensatamente, dando así a las primeras manifestaciones vacilantes e iniciales de lo nuevo el carácter del mal. En realidad, la naturaleza mala de todo nuevo desarrollo de la vida coherente con el crecimiento humano es una expresión de la resistencia y los miedos de esas fuerzas (en la sociedad o el individuo) cuya posición privilegiada depende de la preservación del viejo orden.

 
En astrología esta resistencia y esta lucha necesaria para vencerla son representadas por las cuadraturas planetarias. Una cuadratura entre dos planetas ocurre a mitad de camino entre la conjunción y la oposición de estos mismos planetas. Generalizando los nombres asociados con las fases de la Luna (o sea, los aspectos entre el Sol y la Luna), puede decirse que el tipo del “primer cuarto” de cuadratura (de la conjunción a la oposición) representa un rechazo del ego y la voluntad de ajustarse a los resultados inevitables del nuevo comienzo evolutivo que ocurrió cuando los dos planetas estaban en conjunción. Por el otro lado, el tipo del “último cuarto” de cuadratura (después de la oposición) representa el rechazo de la mente conciente a dejarse fecundar por la nueva visión que ocurrió durante la oposición (el tipo de “Luna llena” de la iluminación). Estos rechazos alcanzan su apogeo para el tiempo de los aspectos en cuadratura, y este clima libera una Sombra, cuando el pasado a la sazón cristalizado bloquea contumazmente a la nueva voluntad o a la nueva luz, gesticulando contra el triunfo inevitable (aunque, por desgracia, a menudo trágicamente demorado) del Poder creador en el individuo o en la sociedad. El único modo de disipar esta Sombra y el miedo que ésta inspira es absorber y asimilar el Poder creativo que es la Luz. Esto es “teosíntesis”, un proceso que es el centro vital de toda autoeducación real de la personalidad; que transmuta el miedo en fe, los soplos de tragedia en bendiciones de Gracia que fluye desde el corazón de los seres divinos en quienes la compasión y la omniabarcancia se convirtieron en la Ley irrevocable de su naturaleza.

domingo, 1 de agosto de 2010

El Alma



He compaginado el siguiente texto con información extraída de diferentes capítulos del libro “El Alma, la Cualidad de la Vida”, de Alice Bailey. En él se mencionan las características del alma. Me pareció interesante integrarlo a mi blog porque, con frecuencia, utilizamos la palabra “alma”, muchas veces sin tener una clara idea sobre su significado. Asimismo, creo que puede aportar elementos para ayudarnos a reconocer en qué punto del contacto con nuestra alma estamos.



Quienes responden al alma poseen cualidades de idealismo, servicio grupal y sacrificio mientras que quienes aún no están centrados en el alma muestran características de dominio, ambición, orgullo y falta de amor al todo, aunque aman frecuentemente a quienes les son necesarios para sí mismos y su comodidad.

Las características del alma:

Posee flexibilidad en la adaptación pero es indesviable en su objetivo.
Inclusividad.
Amor y voluntad al bien.
Alegría y gozo.
Participación o la capacidad de compartir.
Soledad, entendida como la capacidad del individuo para sostenerse solo, mediante la construcción de una estructura sólida de autososten emocional, que no implica desconexión ni aislamiento.
Indiferencia espiritual, entendida como “un rechazo activo, sin concentrase en aquello que es rechazado” y ejercida mediante el uso conciente de la actitud de “no me importa” -actitud que no debe ser confundida con el mecanismo de defensa de la negación por cuanto es ejercida en forma conciente y que ayuda a evitar que las cuestiones concretas cotidianas se conviertan en una limitación-.
Impersonalidad.
Desapego.
Libertad.
Serenidad.
Calma interna.
Perfecto equilibrio, que consiste en superar los desórdenes emocionales liberándose de toda reacción emocional.
Responsabilidad, considerada desde el punto de vista esotérico como la primera y sobresaliente característica del alma.
Sabiduría, que es la captación intuitiva de la verdad, independientemente de la facultad razonadora y la innata percepción, capaz de diferenciar lo falso de lo verdadero o lo real de lo irreal.
Comprensión, considerada como la facultad del alma que le permite apropiarse del conocimiento como base de la sabiduría adaptándolo a la vida en el plano concreto.
Intuición, que es la capacidad de captar comprensivamente el principio de universalidad, es decir, perder el sentido de separatividad.

Para finalizar, he aquí una serie de términos sinónimos con los que se suele hacer referencia al alma:

Alma; Ego (con E mayúscula es un término que pertenece al ámbito de la Teosofía, a diferencia de ego con "e" minúscula, término que pertenece al ámbito de la Psicología); Yo; Yo Uno; Yo superior; Yo Espiritual; el Uno; el Regidor Interno; el Dios Interno; la Realidad Interna; el Divino Regente Interno; el Sol Espiritual Interno; el Morador Divino; el Maestro en el Corazón; la Llama Viviente; el Cristo Interno; el Principio Crístico; la Individualidad; la Realidad Divina; el Hombre Real; el Pensador; el Pensador Espiritual; el Angel Solar; el Angel; el Angel de la Presencia; la Joya; el Hijo del Padre; la Llama del Espíritu; el Punto de Desarrollo; los Agnishvattas; el Hijo de la Mente; el Principio Mediador; el Triángulo; el Director; la Unidad Expectante; el Observador; el Espectador; el Percibidor Divino; el Contemplador; el Vigía; el Intérprete.

jueves, 22 de julio de 2010

El Papel del Astrólogo como Consultor



El siguiente texto ha sido extraído del libro "La Astrología y la psique moderna", de Dane Rudhyar.


No hace muchos años, recuerdo que, al echar una mirada a una revista sobre relaciones públicas, me atrajo una frase sobre el tema, que decía: “Nuestra Era es la del Consultor”.

El artículo seguía expresando que, en una sociedad convertida en especialización extraordinariamente complicada y compulsiva, la gente, enfrentada con los múltiples problemas del comercio y de la organización social, se veía en la necesidad de recurrir periódicamente a especialistas y asesores profesionales a fin de lograr una imagen más clara de estos problemas, aguzar sus habilidades o tan sólo sentirse tranquila porque estaba efectuando el enfoque correcto.

Lo que en el mundo del comercio es un hecho, o también en ese quehacer infinitamente azaroso que es el gobierno y la diplomacia, es verdad, asimismo, en lo concerniente a las vidas privadas de los hombres y mujeres modernos. Por doquier, individuos confundidos y atormentados se encaminan hacia los despachos de los “consultores” sean éstos psicólogos, especialistas en dietética, consejeros matrimoniales, médiums o clarividentes, o astrólogos. En la actualidad, la gente necesita más agudamente consejo que cuando la guiaba el clérigo, el pastor o el médico familiar de los viejos tiempos. La gente pide consejo de modo mucho más preciso, más “científico” que antes, es decir, no sólo la base de genéricos principios éticos, religiosos, higiénicos, sino en términos de indicaciones bien definidas sobre cómo podrá adquirir una técnica confiable para la solución de sus problemas. La repercusión enorme de los libros de “cómo” (hacer esto o aquello) es otro aspecto de este anhelo de información técnica; pero el conocimiento libresco raras veces parece ocupar por completo el lugar del consultor, pues la gente empieza a darse cuenta de que el problema básico que está detrás de todos los demás problemas es ella misma; y nadie puede conocerse veraz y objetivamente, excepto reflejada en el espejo de los ojos y la mente de otra persona. ¡Los libros rebosan demasiada tinta como para reflejar la imagen del lector a su ansiosa mirada fija!

Evidentemente, hay toda clase de consultores; y existe una gran diferencia entre el especialista comercial consultado por un ejecutivo, el científico eminente cuyo consejo se pide sobre la construcción de un complicado aparato físico, y el astrólogo profesional o el clarividente de renombre a quien acude, en procura de consejo, una persona incapaz de afrontar positivamente problemas especiales de relación interpersonal, con la esperanza de que se le formule algún pronóstico placentero. No obstante, en toda forma de consulta hay factores básicos que deben considerarse si la labor del consultor ha de ser verdaderamente positiva, no sólo en el nivel psicológico del efecto de la consulta sobre la persona que busca consejo. Esa persona necesita presumiblemente, en la mayoría de los casos, información más precisa; pero cualquiera sea su sexo, muy frecuentemente necesita más; o sea, necesita tranquilizarse y (luego de dejar al consultor) sentirse mejor para poder manejar los problemas en general. En otras palabras, el consultor no sólo debe poder dar información (un libro o una máquina lo podrán hacer), sino también confianza en uno mismo. Eso no lo hacen todos los consultores; y muchos realizan precisamente lo contrario.

Hace unos años, una comisión planificadora de la Cruz Roja apareció con ocho requisitos que definían al consultor y al carácter esencial de su función. El consultor es una persona:

1) a la que se busca en procura de ayuda;
2) que ayuda a los demás a ayudarse;
3) que tiene un amplio conocimiento y un punto de vista objetivo;
4) que tiene instrucción y capacidad especializadas;
5) que es perita en la creación de un clima para la ayuda que se desea;
6) cuyo consejo puede ser aceptado o rechazado;
7) que no es actora ni operadora;
8) que deberá tener tiempo adecuado para realizar un trabajo de educación.

Estas especificaciones se aplican notablemente bien a la persona que es consultada sobre la base de su conocimiento astrólogico y habilidad interpretativa.

Como lo señalé durante muchos años, la astrología natal es una técnica que a los seres humanos les permite obtener un género específico de ayuda en la solución de problemas que, sin auxilio y mediante métodos racionales, no podrán entender ni resolver plenamente. Pero el vocablo “problema” puede tener un significado ambiguo. Como lo uso aquí, se refiere a toda situación en la que los elementos sean oscuros, confusos o generadores de conflictos, situación ésta que parece exigir una decisión, pero que no aporta conocimiento adecuado sobre qué podría basarse lógicamente esta decisión. Una decisión sensata exige que entendamos objetivamente las causas de la situación que enfrentamos; y sólo podremos efectuar una elección significativa y “libre” si tenemos bases adecuadas para el juicio y la evaluación. Empero, en la vida muy a menudo tenemos que dar un nuevo paso sin tener modo racional alguno de saber qué harán o podrán hacer los demás involucrados en él, qué puede ocurrir en el futuro cercano de nuestro entorno, o inclusive cómo reaccionaremos nosotros cuando afrontemos los resultados que nuestras acciones generan directa o indirectamente. Por supuesto, esto hace que el concepto de “elección libre” sea muy ambiguo.

¿Usted es “libre” para decidir cuando no hay modo normal de conocer las causas de la situación que exige una elección, o los resultados de las elecciones posibles? El animal, en su estado natural, escoge habitualmente el modo correcto de reaccionar, basándose en los instintos compulsivos. Los humanos desarrollaron la inteligencia a expensas de, por lo menos, algunos instintos nuestros. Pero la inteligencia necesita tener bases conscientes para sus juicios, y son muchas las ocasiones en que tales bases no existen; y la famosa “voz de la intuición” no es confiable, pues puede ser la voz de otra cosa como un complejo psicológico, miedo, pereza, o inclusive un “fantasma” real (una presión ejercida por alguna entidad psíquica, o “persuasor oculto”). Donde la inteligencia no puede suministrarnos la base lógica que necesitamos para una decisión deliberada, la astrología puede venir en nuestra ayuda y ¡realmente la necesitamos!

Pero hay ayuda y ayuda! Podemos llegar a ligarnos irracional y compulsivamente al auxiliador, o podemos ser ayudados a que nos ayudemos a nosotros mismos. En el primer caso, hemos aceptado pasivamente los dictados de una fuente informativa de autoridad que usurpó nuestra sagrada prerrogativa humana de tomar decisiones; en el segundo caso, hemos recibido una nueva perspectiva, un nuevo modo de mirar nuestros problemas, y algunas bases sobre las que ahora podremos tomar una decisión, una decisión objetiva, consciente e informada.

Hay astrólogos (y son muchos) que, junto con varios tipos de mediums y “milagreros” inspirados sólo se muestran demasiado deseosos de anunciar lo que va a suceder, qué curso de acción tomar, si esto es bueno o malo para usted, etc. La gente corre hacia ellos pues los seres humanos, en su mayoría, se contentan con aceptar la “autoridad” y “conocer la Verdad” (con V mayúscula). Otros astrólogos son consultores reales; tienen “un conocimiento amplio y punto de vista objetivo” lo mismo que “instrucción y capacidad especializadas”; no se proponen ser “actores” ni “operadores”. Establecen una relación verdaderamente consultiva con sus clientes de modo que todo consejo que se dé “sea aceptado o rechazado”. En lo único en que insisten, o en lo que deberían insistir si esto es factible (lo cual no es frecuentemente el caso) es que “deberán tener tiempo adecuado para realizar un trabajo de educación” y, en consecuencia, una experiencia repetida, pues no hay educación sin repetición. ¿Qué género de educación podrá ser? Una educación en la que una persona aprenda a ser objetiva respecto de su vida total y tome conciencia de los ritmos básicos de su existencia como persona individual. A estos ritmos se los podrá ver operando a través de los años de vida que pasaron; deben ser estudiados con esmero. Sólo sobre la base de una vívida comprensión del pasado uno podrá orientar las actividades inmediatamente precedentes hacia un futuro constructivo en el que el potencial innato del individuo pueda realizarse más plena y armónicamente.

El astrólogo no puede predecir los precisos acontecimientos futuros de la vida de un individuo; si pudiera hacerlo, sería pernicioso y destructivo para la integridad de la persona. Nadie puede predecir con precisión tales acontecimientos individuales, ni siquiera Dios; y siempre que se cuentan predicciones de esa índole, no se mencionan factores fundamentalísimos. Por ejemplo, en el caso de los famosos libros antiguos de astrología de la India, en los que, aparentemente se documentaron los destinos exactos de muchas personas, inclusive algunas nacidas en la actualidad, sólo se permitió que oyese las profecías de su día de nacimiento una persona que pasó por pruebas rigurosas y selectivas. En otras palabras, esa persona, entre miles que nacieron ese día, tuvo que demostrar que era la única adecuada para este específico modelo arquetípico de experiencia del alma en términos de acontecimientos particulares.

La astrología puede revelar habitualmente la pauta estructuradora de la vida de un individuo, el ritmo básico (o la “forma” básica) del proceso de la existencia desde el nacimiento hasta la muerte; pero si se determina una estructura, esto no significa que los acontecimientos existenciales reales insertos en esta estructura básica estén también predeterminados. Un vaso puede contener un vino delicioso o veneno; la forma del vaso moldea ambas sustancias. Todos tienen una estructura básica del ser; ésta es la pauta de su yoidad individual. Es también su “destino” -si con destino significamos el plan según el cual lo que era potencial al nacer puede concretarse durante la vida-; y dije “puede” porque durante su vida muchas personas sólo concretan una fracción de sus potencialidades innatas.

La astrología le dice a usted lo que “puede” concretarse, no lo que ocurrirá “realmente”, pero porque puede revelar el orden estructural inherente de la yoidad de un individuo, puede “educar” a este individuo para que afronte su vida cotidiana con orden y objetividad, o sea, en términos de su potencial total del ser, en términos de lo que el zen llama su “naturaleza fundamental”. El astrólogo verdadero es un especialista en valores estructurales concernientes al desarrollo de la personalidad, un especialista en el destino humano. Se lo puede consultar sobre todos los asuntos que afecten la concreción del potencial de un individuo, o sea, sobre todos los asuntos que se refieran a esta cuestión: “¿Cómo podré llegar a ser lo que yo soy innatamente como una totalidad orgánica de la existencia humana?” Al menos teóricamente, ese astrólogo podrá responder tal pregunta y sus muchas ramificaciones como consultor. Pero como consultor, no podrá esperarse que le diga a su cliente lo que le ocurrirá el mes que viene o el año que viene, ni lo que deberá hacer; esto sería competencia de un adivino o de un oráculo. La distinción es muy importante y debe ponerse muy en claro a fin de evitar engaño e ilusiones.

Lo repito: un consultor astrológico debe tener conocimiento amplio de la naturaleza humana, de las condiciones sociales del entorno de su cliente; debe tener un punto de vista objetivo, o sea, un enfoque no parcializado por su propia actitud subjetiva y sus tendencias personales. Por supuesto, también debe tener instrucción y capacidad. Tiene la obligación de estar al tanto de una cantidad de hechos básicos que son inherentes a su papel de consultor. El primero de estos hechos es que, aunque el cliente confíe en su competencia, aún puede creer que el consultor no podrá ponerse en su lugar (en el del cliente). Un enfoque objetivo se presenta siempre como algo que merece recelo y que no viene al caso para alguien que esté envuelto subjetiva y emotivamente en una situación profundamente desconcertante. El consultor astrológico tal vez tenga que remontarse a algunos problemas similares en el pasado de su cliente, y, como un psicólogo perspicaz, mostrarle dónde estaban los resultados internos o externos de las crisis del pasado que afrontara sin buen éxito. Debe demostrar a su ciente que tiene “empatía” con él, que puede “sentir con” las emociones más profundas del cliente, creando con ello una atmósfera de confianza en un nivel más que técnico, o sea, en un nivel humano.

El consultor debe también comprender que su cliente tenderá a resistir toda sugerencia que implique un cambio básico de actitud de parte del cliente. En realidad, es muy humano querer que las situaciones cambien, siempre que nosotros no tengamos que cambiar. Es aquí donde debe ser de máxima importancia un vasto cuadro de la vida del cliente en su totalidad, con sus ritmos básicos de desarrollo y sus ciclos (tránsitos planetarios, ciclo progresado de lunaciones, y ciclos numerológicos como los fundamentales ciclos de los 7 y los 28 años). Una “persona” no quiere cambiar porque la hipnotiza el momento presente. Pero esta “situación de ahora” no tiene significado profundo en términos del yo individual del cliente hasta que se refiere a la estructura y al desarrollo rítmico de toda su vida. La primera menstruación de una muchachita sería una experiencia devastadora si no se le dijera que es una fase del desarrollo total de su cuerpo y de su vida como una futura mujer y madre. El “presente” es sólo una fase efímera del tiempo cíclico; sólo adquiere significado cuando se ubica dentro del proceso cíclico de toda una vida, desde el nacimiento hasta la muerte y, teóricamente, aún más allá del nacimiento y de la muerte, si la reencarnación es un hecho que uno pueda vivirlo con inteligencia y sabiduría.

“¿Por qué esto me ocurre a mí?”, pregunta el cliente atormentado. ¿Qué podrá decirle el consultor que signifique algo, a menos que pueda señalar el lugar y la función que esta horrible experiencia ocupa y desempeña dentro del esquema vital total de concreción del potencial de nacimiento? No es un consuelo decir: “Oh sí, Saturno se desplaza ahora sobre Venus en cuadratura con Marte”. Eso más bien da a la situación un carácter más objetivo, ineludible y espantoso. Si está envuelto Saturno, que el consultor estudie con su cliente el ciclo entero de este planeta, todos los aspectos que este planeta toma, el movimiento a través de una casa tras otra; sobre todo, que el consultor describa el tránsito total y la situación de la progresión total del mapa y que no recalque sólo un aspecto aparentemente perturbador. Todos los planetas están siempre activos, ya sean aspectos exactos o no. Lo que importa es la interacción total de sus movimientos cíclicos en todo tiempo en relación con el carácter del mapa natal.

Otro punto que es menester recalcar en la relación entre cliente y consultor es la habitual avidez del cliente por descubrir una solución para su problema o sus problemas de inmediato. El deseo de resultados rápidos y soluciones fáciles es el tósigo de la vida moderna. Alguien que esté en problemas en nuestra sociedad considera raras veces el factor tiempo, que perdió contacto con los ritmos fundamentales de la vida de las estaciones y el lento desarrollo biológico a través de los años. Debido a que creemos vivir a través de un período de cambio normemente acelerado y en una crisis de transición entre dos eras, tenemos que impacientarnos con las demoras y no tener conciencia de la necesidad de un proceso de curación y “redención” que, si es saludable, deberá empezar en la capa más profunda de la sustancia de la mente de la humanidad en conjunto y sólo llegar lentamente a la superficie. La mente de la humanidad sufrió grandes heridas durante los dos últimos milenios, el período durante el cual la humanidad creció desde la vieja etapa tribal de esclavitud ante el suelo, las tradiciones y los ideales de exclusivismo hasta un estado de organización planetaria y cooperación armónica, al que aún se lo entiende oscuramente. De modo parecido, las psiques de los clientes adultos están habitualmente retorcidas o marcadas por las cicatrices de viejos complejos, recuerdos y miedos cuando al consultor astrológico o al psicólogo le piden solución para un problema más reciente, especialmente acerbo.

Las personas modernas han llegado a acostumbrarse a considerar al psicoanálisis o a la cura psiquiátrica como un proceso prolongado y costoso; pero lo que esperarán aún de los consultores astrológicos es que les procuren solaz, esperanza y fe en sí mismos en una hora o dos. Los consultores se sienten presionados a descubrir de inmediato factores mágicos que liberen la mente de la ansiedad y hagan que todo resulte bien muy pronto. Por supuesto, ésta es una situación imposible; surge del hecho de que la mayoría todavía considera a la astrología como un arte misterioso capaz de curar todo género de ansiedades e incertidumbres. Es inútil pedirle esto a la astrología. La astrología es una técnica de comprensión y una disciplina del pensamiento, gracias a la cual una persona podrá obtener una nueva perspectiva de su vida entera y una comprensión más objetiva y estructurada del lugar y de la función de sus experiencias y crisis vitales más importantes. La astrología podrá transformar una crisis aparentemente sin sentido en un proceso de catarsis, en un preludio de renacimiento hacia un nivel superior, más vasto, de la existencia. Podrá decir si un cliente está en el comienzo, la mitad o el final de ciertos ciclos, y si es prudente o no lanzarse de inmediato hacia delante o aguardar un tiempo más oportuno y significativo.

Tomar decisiones en lugar de su cliente no es tarea del consultor astrológico ni de ningún otro tipo de consultor. El consultor es esencialmente un educador y un consejero; debe asistir a su cliente –tal vez hasta instruirle- para que adquiera un nuevo enfoque de los problemas de la vida y, en especial, del problema que el cliente mismo presenta en sus contactos con otras personas y otras tradiciones sociales. Por supuesto, tal ayuda exige que el astrólogo y el cliente se comuniquen de verdad mutuamente; y a menudo es muy difícil para el astrólogo comunicar lo que él ve en los pertinentes mapas astrológicos. Es difícil porque la astrología es un lenguaje especial, cuyos símbolos inclusivos no pueden traducirse con facilidad al lenguaje corriente de las palabras que tienen un significado más o menos preciso y concreto, familiar para el cliente. El lenguaje astrológico es incluso más difícil de entender para los científicos con instrucción académica porque es un lenguaje cuyas palabras (planetas, signos, casas, nodos, etc.) pueden referirse a muchos niveles diferentes de significado y, en muchos casos, pueden tener un significado tanto positivo como negativo. Así, lo que el consultor astrológico pueda “sentir” acerca de la situación de su cliente, como la describen los mapas que tiene frente a él, podrá con frecuencia no expresarse en términos de acciones definidas y concretas. A este respecto, la posición del astrólogo es semejante a la del clarividente genuino que, cuando se lo consulta sobre un asunto “ve” un símbolo (o una escena simbólica) que sabe que representa la solución del problema real. Pero el problema real no es siempre el problema que el cliente cuenta, y la solución expresada en ese símbolo tal vez no sea fácil de ponerla en palabras que comuniquen al cliente cuál es el significado real de la situación.

Sin embargo, esto es lo que puede ocurrir en toda consulta (médica, psicológica, astrológica, sociológica) en la que se susciten preguntas referidas a personas individuales y relaciones interpersonales; en tales sectores de la experiencia humana, los niveles de la realidad se interpenetran y raras veces los factores conscientes están enteramente separados de los impulsos, esperanzas y miedos inconscientes o semiconscientes. Esto es lo que convierte a estas profesiones en fascinantes y, al mismo tiempo, peligrosas. Exigen que el consultor no sólo tenga una vasta esfera de conocimiento de la naturaleza humana y capacidad técnica, sino también la capacidad para resonar en vibración simpática con el cliente para que el consejo más profundo que él dé se transmita sin palabras, o sea, por puro contagio de su presencia y de lo que él significa. Esta es una gran orden. Poquísimos consultores pueden cumplirla; pero estos pocos no son siempre los que más se buscan porque la gran mayoría de las personas quiere soluciones muy claras y recetas de fácil elaboración formuladas en términos sencillos que sus ego-mentes puedan captar rápidamente, y por lo común olvidan o no logran obrar de acuerdo con ellas, debido a su pereza o indiferencia. Hay tiempo para todo. Un consultor debe tener sentido exacto del tiempo. Al final de una entrevista pueden decirse cosas que serían perjudiciales al comienzo. Aquí nuevamente, el consultor astrológico está, por lo común, más gravemente trabado por la forma tradicional de relación entre astrólogo y cliente: una entrevista más bien breve durante la cual el cliente espera que se le diga todo.

Hoy en día se necesita con urgencia un nuevo tipo de relación; en realidad, un nuevo enfoque de la astrología. El interés que el astrólogo de la actualidad demuestra por “elevar” a la astrología a un nivel aceptable de “ciencia” por medio de estadísticas y otras herramientas analíticas adoradas en nuestras “fábricas de conocimiento” oficiales (las universidades) no producirá un enfoque más constructivo de los problemas que el consultor astrológico enfrenta en relación con los clientes. Es más probable que torne menos eficiente tal relación porque, para que sea realmente eficiente, deberá ser una relación de persona a persona, y la ciencia no se ocupa de casos individuales sino de promedios estadísticos. La ciencia no se ocupa de valores humanos, pero una persona acude a un consultor astrológico pidiendo ayuda. Siempre pide ayuda inconscientemente, aunque conscientemente la motive la curiosidad. Acude en procura de ayuda con su sentido de una yoidad individual única, aunque el problema que exprese parezca común; y es de este sentido del yo que el consultor deberá ocuparse. Pues somos nosotros todo nuestro problema fundamentalísimo; y la astrología debe ayudarnos a encararlo con objetividad y serenidad, sin eludirlo y sin la sensación de inseguridad que nuestro ego intelectual pueda generar.

martes, 25 de mayo de 2010

Soneto Interior



Aquí donde la tierra es menos tierra,
donde el agua es el agua del olvido,
donde el aire es un aire sin sonido
y donde el fuego ya no mueve guerra.

Aquí donde la tierra se destierra,
donde el agua carece de sentido,
donde el aire prefiere estar dormido
y donde el fuego su pasión encierra.

El hombre de mirada pensativa
sustituye las cosas de su casa;
la tierra, con su carne fugitiva,

el aire, con el aire de su aliento,
el agua, con su propio sentimiento,
el fuego, con el fuego que lo abrasa.

                    Autor: Francisco Luis Bernárdez

martes, 18 de mayo de 2010

Serenidad y Paz


Hoy quiero compartir con ustedes un fragmento perteneciente al libro "El alma, la cualidad de la vida", de Alice Bailey. Es una breve reflexión muy apropiada para meditar en estos tiempos. Espero que  les aporte luz y comprensión!

"Serenidad y paz no tienen idéntico significado. La paz debe ser siempre temporaria y se refiere al mundo de los sentidos y a las condiciones que son susceptibles de perturbación. Es un acontecimiento inevitable y esencial para el progreso, que cada paso adelante esté seguido por perturbaciones, puntos de crisis y caos, los cuales serán posteriormente reemplazados (cuando sean manejados con éxito) por períodos de paz.  Pero esta paz no es serenidad, pues al discípulo sólo se le permitirá morar dentro del aura del Maestro cuando la serenidad haya sustituído a la paz.

Serenidad significa esa calma profunda, desprovista de perturbaciones emocionales, que caracteriza al discípulo que está enfocado en la "mente mantenida firme en la luz". La superficie de la vida puede hallarse (desde el punto de vista mundano) en un estado de violenta ebullición.Todo lo que estima y aprecia en los tres mundos puede derrumbarse a su alrededor, pero a pesar de ello se mantiene firme, equilibrado en la conciencia del alma, permaneciendo imperturbables las profundidades de su vida. Esto no es insensibilidad ni una forzada autosugestión, tampoco es la capacidad de exteriorizar la conciencia de modo que los acontecimientos individuales sean ignorados. Es la intensidad del sentimiento transmutado en comprensión enfocada."

miércoles, 3 de marzo de 2010

LA FUNCION DEL ASTRÓLOGO

En la actualidad, la obtención de una carta natal se ha convertido en algo de muy fácil acceso, pero cabe reflexionar acerca de la verdadera función del astrólogo, que ya no consiste en predecir o augurar como si aún estuviéramos en la Edad Media.

La interpretación de una carta natal se aborda hoy con la intención de bucear en el interior de un individuo, no para decirle qué debe o no debe hacer ni tampoco para decirle qué le conviene ni, mucho menos, qué le va a pasar. Esto sería manipular: un camino contrario a la libertad.

El astrólogo es alguien que acompaña al consultante para que certifique aquello que, en su interior, ya sabía. Me refiero a que todos sabemos intuitivamente las respuestas a las preguntas que nos hacemos, pero como nos hemos dejado condicionar por los mandatos bajo los cuales hemos sido educados, no confiamos en esa sabiduría que ya poseemos: la que nos conecta con nuestras certezas. Por lo tanto, el astrólogo no es ni un guía ni un consejero.

Richard Idemon, un maestro de astrólogos fallecido hace años, que nos ha legado su sabiduría en libros muy iluminadores, dice en su obra “El Hilo Mágico”: Yo prefiero verme más bien como un educador que como un consejero. Las raíces de la palabra “educar” son educare, que quiere decir “criar”, y educere, que significa “conducir” o “sacar fuera”, y eso es lo único que podemos hacer como terapeutas, astrólogos y consultores. No podemos dar a nadie la verdad ni la iluminación, sino sólo educere, es decir, sacar fuera lo que alguien lleva dentro.

Desde esta visión humanística, la función del astrólogo es hacer docencia, enseñando al consultante a observarse y a escucharse, a conocerse, aceptarse y colaborar en su proceso de desarrollo personal, evolucionando únicamente en la dirección que le indica su ser interno.

domingo, 31 de enero de 2010

LOS PLANETAS EN LA CARTA NATAL


SOL
Entre los principales elementos que constituyen una carta natal se encuentran los signos zodiacales, los planetas y las casas.

Los planetas simbolizan las diversas dimensiones de la naturaleza humana. Se clasifican en personales (Sol, Luna, Mercurio, Venus y Marte), sociales (Jupiter y Saturno) y transpersonales (Urano, Neptuno y Plutón). Cabe aclarar que, en Astrología, el Sol y la Luna son llamados planetas o luminarias. La interpretación de los planetas asociada a los mitos resulta sumamente enriquecidora.

Para comprender qué representa el Sol en una carta natal pensemos cuántas veces al conocer a alguien queremos saber de qué signo es. Astrológicamente, la pregunta correcta sería ¿en qué signo zodiacal se encuentra el Sol en el momento del nacimiento de una persona? Por ejemplo, alguien nacido el 28 de marzo tendrá el Sol en el signo de Aries y esa persona dirá “Soy de Aries”.

La palabra “soy” nos conduce al significado del Sol en la carta natal. Cuando decimos “soy” estamos hablando de nuestra identidad conciente, de nuestra esencia. Podemos decir que el Sol representa nuestro sentido de la individualidad, lo que nos impulsa a ser lo que somos, nuestra manera de expresarnos. También simboliza la conciencia y la forma en que creamos.

Los horóscopos difundidos en diarios, revistas y medios en general están basados en el signo del Sol o signo solar: no toman en cuenta el contexto que ofrece la carta natal evaluada como una totalidad. Estos horóscopos masifican la información, oficiando de entretenimiento a quienes los leen y distorsionando el verdadero sentido de la Astrología, que es un complejo lenguaje simbólico. A partir de esta parcializada difusión nacen generalizaciones como “los de Aries son impacientes” o “los de Libra son indecisos” o “siempre me llevo mal con los de Escorpio”, “no me banco a los de Capricornio”, por mencionar sólo algunas de las más comunes.

De acuerdo al día y mes del nacimiento, el Sol se ubicará en cualquiera de los doce signos zodiacales. Una clave para trabajar concientemente el Sol buscando promover el desarrollo personal es conocer las cualidades más luminosas que representa según la casa, el signo y los aspectos que surgen de su posición en la carta natal, orientando la acción personal mediante elecciones que cultiven lo mejor de estas cualidades. Este es un camino que va en el sentido de la autorrealización, objetivo simbolizado por el Sol en la carta natal.

Para concluír, el Sol en la carta natal simboliza nuestro sentimiento de quiénes somos y, en tal sentido, también es un indicador de la vocación o de la profesión libremente elegida. Cuando la profesión coincide con la verdadera vocación conduce a la plenitud. En un nivel psicológico, el Sol simboliza la imagen que tenemos de lo masculino y del padre. En un nivel físico, el Sol se asocia con la vitalidad. En lo mitológico, Apolo es una deidad solar.

LUNA 
La Luna simboliza el Yo emocional, es decir, nuestra manera de reaccionar emocionalmente y de hallar seguridad emocional; el carácter de nuestro niño interior; nuestro nivel de estabilidad emocional. En otro orden, representa la imaginación, el inconciente, el pasado, las reacciones instintivas.

Según la posición que ocupa en la carta natal, la Luna indicará de qué manera sentimos la vida y el modo en que reaccionamos frente a las circunstancias, representando un modo inconciente y primario de reaccionar.

Retomando el concepto de la Luna como símbolo del carácter de nuestro niño interior, su posición en la carta natal por signo, casa y aspectos, describirá nuestras reacciones infantiles, aquellas que se plasmaron en la primera infancia, aproximadamente hasta los cuatro o cinco años; esas reacciones que se presentan luego cuando ya somos adultos cada vez que nos sentimos amenazados en nuestra seguridad.

Analizando la posición de la Luna también descubriremos pautas sobre nuestra capacidad de desarrollar empatía, autosatisfacción y tranquilidad emocional así como también soledad, aislamiento, insatisfacción emocional e inseguridad.

Para concluir, la Luna representa la imagen que un individuo tiene de lo femenino en sus aspectos nutricios y maternales, siendo por lo tanto representativa de la imagen internalizada de la propia madre. En lo mitológico, Isis es una deidad lunar, madre arquetípica también denominada “gran diosa madre” y “diosa de la maternidad y el nacimiento”.

MERCURIO
Mercurio en la carta natal representa la palabra hablada y escrita, la manera de poner orden, las habilidades de aprendizaje de un individuo. También su relación mental con el mundo exterior, su inteligencia, los contactos que establece con el mundo a través del conocimiento; la crítica, la lógica, el cálculo; su capacidad de adaptación.

En los ciclos de la vida, Mercurio se asocia con la etapa de la adolescencia.

Otros de sus significados son: los intercambios comerciales, los intermediarios, los hermanos, los medios de comunicación así como los de transporte y los viajes cortos.

La posición de este planeta en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permite observar el tipo de intereses intelectuales de un individuo; su espíritu de inquietud y de movimiento, como también su gusto por los viajes y desplazamientos en general.

Resumiendo, diremos que Mercurio está principalmente asociado a las funciones de oir, escuchar, hablar, escribir, razonar, asociar, deducir, aprender, ordenar, comunicar, hacerse entender, transmitir, discutir, negociar.

La mitología considera a Mercurio (o Hermes para los griegos) como el mensajero de los dioses, el veloz transmisor de la voluntad divina, siendo frecuentemente representado con alas en los pies, por lo que facilita la comunicación con lo espiritual. También se lo relaciona con el dios de los comerciantes, gracias a su habilidad para hablar y negociar.

VENUS
Para iniciarnos en la comprensión de las dimensiones de la naturaleza humana simbolizadas por Venus, citaré un pensamiento de James Hillman -psicólogo arquetipal, discípulo de Carl G. Jung-: “El Alma nace en la belleza y se alimenta de la belleza, necesita a la belleza para su vida”.

En Astrología, Venus representa los principios de belleza, armonía y placer.

Tradicionalmente, se considera a Venus como planeta regente de los signos de Tauro y Libra.

En la mitología griega, Afrodita es la diosa del amor, la lujuria, la belleza y la sexualidad. Su equivalente en la mitología romana es Venus. Aunque a menudo se alude a ella en la cultura moderna como «la diosa del amor», es importante señalar que se refiere específicamente a Eros (atracción física o sexual).

En un plano más concreto o mundano de interpretación, Venus también representa la relación de un individuo con la comodidad y el confort; con el dinero, los bienes y posesiones materiales en general.

Resumiendo, la posición de este planeta en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permite interpretar la escala de valores tanto materiales como estéticos y/o artísticos del individuo; su inclinación hacia la vincularidad, la manera en que ama, comparte y coopera, su tendencia a complacer y agradar al otro, su disposición a conciliar cuando existe conflicto; y, finalmente, nos remite a sus cualidades de afectividad, receptividad, amabilidad, sensualidad y delicadeza como también a su estilo de seducción.

MARTE
Para ingresar en la comprensión de una de las dimensiones de la naturaleza humana simbolizadas por Marte, citaré una reflexión de Osho: “En principio no hay mucha diferencia entre una persona cobarde y una valiente. La única diferencia es que el cobarde escucha sus miedos y se deja llevar por ellos, mientras que la persona valiente los aparta y continúa su camino. La persona valiente se adentra en lo desconocido a pesar de todos los miedos. La palabra coraje proviene de la raíz “cor” que quiere decir corazón, por lo tanto, ser valiente significa vivir con corazón. Los cobardes viven con la cabeza; están atemorizados, se rodean de la seguridad de la razón. El camino del corazón es el camino del coraje.”

En Astrología, Marte es símbolo de lo masculino. Representa los principios de coraje y determinación; la sana agresión, considerada como la capacidad que posee el individuo para hacerse valer. También simboliza los instintos básicos. En el individuo Marte se encuentra asociado al deseo, al entusiasmo, la decisión, la acción, la competencia, el dinamismo -entre otras significaciones- como también las que surgen de la distorsión de las mismas, por ejemplo, ira, impaciencia, irritabilidad, temeridad, rivalidad.

Se atribuye a Marte la regencia del signo de Aries y, conjuntamente con Plutón, la de Escorpio.

En la mitología romana Marte era considerado el dios de la guerra. (Su equivalente en la mitología griega es Ares). El arquetipo del guerrero tiene afinidad con la naturaleza de Marte.

Resumiendo, la posición de Marte en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permitirá interpretar la capacidad de acción y de autoafirmación del individuo, entendiendo autoafirmación como la actitud de saber qué desea y salir a buscarlo para obtenerlo. También aportará información en lo referente al deseo sexual; sobre la independencia y la iniciativa que conducen al logro; y, finalmente, respecto a la capacidad de asumir el riesgo y el desafío así como su modo de conquistar y desenvolverse en situaciones de mando.

JUPITER
Jupiter representa el principio de expansión. Asociamos a este principio la búsqueda de sentido, de propósito, de sabiduría y comprensión. También representa la fe y la confianza en algo superior, sin que este concepto de “superior” se restrinja exclusivamente a creencias religiosas. Por el contrario, las creencias que simboliza Jupiter pueden ser de diferente origen: religiosas, filosóficas, éticas o morales. Finalmente diremos que simboliza el sentimiento de certeza, la conciencia de abundancia y prosperidad como también la tendencia al exceso, a la exageración y a la desmesura.

Se atribuye a Jupiter la regencia del signo de Sagitario y, conjuntamente con Neptuno, la de Piscis.

En lo mitológico, Jupiter es idéntico al Zeus de la mitología griega. Zeus era el hijo más joven de Cronos y Rhea, regente supremo del Olimpo y del Panteón de dioses. Su función era mantener la ley, la justicia y la moral. Algunos arquetipos asociados a Jupiter son: el religioso, el filósofo, el aventurero, el guía, el gurú, el benefactor.

La posición de Jupiter en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permitirá interpretar cómo es el individuo en lo que respecta a cualidades como alegría, optimismo y confianza, benevolencia y generosidad; revelará su capacidad de comprender, resignificar y dar sentido, de razonar filosóficamente; su vocación y aspiraciones, su gusto por el deporte, la aventura y la cultura.

En un nivel más mundano, Jupiter en la carta natal se relaciona con la riqueza, el juego, las inversiones y los negocios.

Aún en nuestros días, la astrología tradicional suele referirse a Jupiter como “el benéfico mayor” concepto que prácticamente hoy ya no es tenido en cuenta por quienes ejercen la Astrología considerándola como una herramienta de desarrollo personal.

SATURNO
Saturno representa un principio de contracción y el aprendizaje de la responsabilidad personal en un contexto de orden y de solidez. También simboliza las dificultades, contrariedades, impedimentos, obligaciones, deberes; la resistencia, la disciplina, la realización, la austeridad. Todos estos principios tienden al desarrollo del individuo mediante la construcción de lo propio, proceso en el cual se cosechará a sí mismo.
Hablar de Saturno en la carta natal es hablar de la capacidad de maduración de un individuo gracias al paso del tiempo, la forma en que gestiona y organiza el tiempo.

Se atribuye a Saturno la regencia del signo de Capricornio y, conjuntamente con Urano, la de Acuario.

En la mitología griega, Cronos era el hijo de Urano y Gea. El dirigió a sus hermanos y hermanas, los Titanes, en una revuelta contra su padre y se convirtió en el rey de los dioses. Se casó con Rea con quien tuvo seis hijos, pero Cronos tenía el mal hábito de comerse a sus hijos recién nacidos, para evitar que un día lo destronarán como rey de los dioses. Finalmente, con el nacimiento de su último hijo – Zeuz - Rea lo engañó y lo hizo comerse una piedra. Zeus entonces derrotó a su padre, con la ayuda de sus hermanos y hermanas. En mitología romada Cronos adoptó el nombre de Saturno.

La posición de Saturno en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permitirá interpretar cómo el individuo construye lo propio, cómo madura y se relaciona con el tiempo, las dificultades e impedimentos, con los límites, la autoridad y las leyes.

La astrología tradicional suele considerar a Saturno “el maléfico mayor”, concepto que prácticamente hoy ya no es tenido en cuenta por quienes ejercen la Astrología considerándola como una herramienta de desarrollo personal.

URANO
Urano es el primero de los tres planetas trans-saturninos, también llamados transpersonales (los otros son Neptuno y Plutón).

Considerado planeta generacional, Urano simboliza las tendencias colectivas de cambio, revolución y reforma. La ruptura con la tradición y la transgresión del orden establecido. Se halla asociado a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Recordemos que fue descubierto en 1781 y que no era tenido en cuenta por la Astrología antigua, que reconocía los planetas sólo hasta Saturno.

Urano representa nuestra necesidad de sentirnos libres de toda atadura. Simboliza la intuición, la capacidad inventiva y creativa del individuo. Su manifestación más luminosa en el plano humano indicará un individuo interesado en cuestiones humanitarias y espirituales, que valoriza la conciencia grupal mientras que su expresión más sombría mostrará los aspectos de rebeldía y subversión identificando a un individuo marginal que posee una conducta excéntrica y/o extremista.

En situaciones de la vida cotidiana, reconocemos la energía de Urano en lo repentino e imprevisto: la clave aquí es adaptarse al cambio.

Urano rige al signo de Acuario conjuntamente con Saturno, el regente tradicional de dicho signo.

En la mitología griega, Urano era el dios de los cielos y estaba casado con Gaia, diosa de la tierra. Urano era el padre de los titanes, los cíclopes y de los gigantes de cien manos. Los titanes, guiados por su soberano, Cronos, destronaron y mutilaron a Urano, y de la sangre que cayó sobre la tierra surgieron las tres Erinias o Furias.

La posición de Urano en la carta natal - por signo, casa y aspectos - permitirá interpretar cómo el individuo transgrede y/o quiebra el orden establecido, tanto en su propia vida como en un intento de modificar el entorno. Encontramos este planeta destacado en cartas de reformadores sociales y de toda persona que viva según sus propias leyes, aunque para hacerlo deba romper constantemente los condicionamientos y mandatos familiares, sociales y culturales. Con Urano, la búsqueda primordial es llegar a ser uno mismo, desafiando al individuo a la integración de la polaridad seguridad / libertad.

NEPTUNO
Neptuno es el segundo de los tres planetas trans-saturninos, también llamados transpersonales (los otros son Urano y Plutón).

Fue descubierto en 1846. No era tenido en cuenta por la Astrología antigua, que reconocía los planetas sólo hasta Saturno.

Neptuno alude a los principios de espiritualidad, devoción y trascendencia. Se asocia a la función psíquica de la intuición. Los lenguajes simbólicos y las artes sin palabras, la música y la imagen. En otro orden, simboliza lo ilusorio, el caos y la confusión, la fantasía, el mundo de los sueños. Se lo relaciona tanto con el inconsciente colectivo como con el inconsciente personal.

Es el regente moderno del signo de Piscis conjuntamente con Jupiter, su regente tradicional.

En la mitología griega, Neptuno era adorado por los romanos como el dios de las aguas, y lo identificaban con el dios griego Poseidón. En principio era un dios del elemento líquido, pero más tarde se le atribuyó influencia sobre el mar y fue venerado por marineros y navegantes.

La posición de Neptuno en la carta natal - por signo, casa y aspectos - permitirá interpretar cómo el individuo se contacta con las dimensiones sutiles de la existencia, su inclinación al misticismo, la medida de su espiritualidad e idealismo; su sensibilidad y creatividad artística; comprensión intuitiva; capacidad de servicio; la presencia de cualidades como abnegación, sacrificio y renuncia (que posibilitarán la disolución del ego en algo mayor que lo personal). A veces es indicador de la existencia de facultades psíquicas paranormales, por ejemplo, clarividencia.

En sus expresiones más sombrías Neptuno puede indicar la presencia de adicciones, desequilibrios psíquicos como también tendencia a la evasión, pérdida de los límites, especulación, engaño y decepción.

PLUTON
Plutón es el último de los tres planetas trans-saturninos, también llamados transpersonales (los otros son Urano y Neptuno).

Descubierto en 1930, no era tenido en cuenta por la Astrología antigua, que reconocía los planetas sólo hasta Saturno. Es el regente moderno del signo de Escorpio, conjuntamente con Marte, su regente tradicional.

Plutón hace referencia a cuestiones vinculadas con el poder, incluyendo el poder de regeneración y la capacidad para los cambios radicales asociados con los ciclos de muerte y renacimiento de todo individuo y/o proceso vital.

En la carta natal la posición de Plutón simboliza los principios de destrucción, limpieza y renovación, reorientación, repolarización y regeneración, en los que están implícitas las potencialidades de sanación. Se lo asocia con las pulsiones, la sexualidad y las conductas compulsivas; también con las pérdidas, con la capacidad de soltar, desprenderse y dejar ir, inexorablemente necesarias para todo cierre de ciclo: por esto representa también nuestra actitud frente a la muerte.

Los mitos de Hades –mitología griega- y Plutón – mitología romana- otorgan elementos para comprender la simbología de este planeta.

En sus expresiones más sombrías, Plutón alude a cuestiones de manipulación, dominio y control, por lo que se asocia con pasiones tales como celos, envidia, odio y, en consecuencia, todas las acciones que se derivan de las mismas.

Como cierre de esta nota, cabe destacar que, en el plano humano, la expresión de aquello que cada planeta simboliza siempre dependerá del libre albedrío y la conciencia de cada uno. Los planetas jamás condicionan: no existen más condicionamientos que los que cada individuo acepta, valida y sostiene a través de sus decisiones y acciones.