jueves, 22 de julio de 2010

El Papel del Astrólogo como Consultor



El siguiente texto ha sido extraído del libro "La Astrología y la psique moderna", de Dane Rudhyar.


No hace muchos años, recuerdo que, al echar una mirada a una revista sobre relaciones públicas, me atrajo una frase sobre el tema, que decía: “Nuestra Era es la del Consultor”.

El artículo seguía expresando que, en una sociedad convertida en especialización extraordinariamente complicada y compulsiva, la gente, enfrentada con los múltiples problemas del comercio y de la organización social, se veía en la necesidad de recurrir periódicamente a especialistas y asesores profesionales a fin de lograr una imagen más clara de estos problemas, aguzar sus habilidades o tan sólo sentirse tranquila porque estaba efectuando el enfoque correcto.

Lo que en el mundo del comercio es un hecho, o también en ese quehacer infinitamente azaroso que es el gobierno y la diplomacia, es verdad, asimismo, en lo concerniente a las vidas privadas de los hombres y mujeres modernos. Por doquier, individuos confundidos y atormentados se encaminan hacia los despachos de los “consultores” sean éstos psicólogos, especialistas en dietética, consejeros matrimoniales, médiums o clarividentes, o astrólogos. En la actualidad, la gente necesita más agudamente consejo que cuando la guiaba el clérigo, el pastor o el médico familiar de los viejos tiempos. La gente pide consejo de modo mucho más preciso, más “científico” que antes, es decir, no sólo la base de genéricos principios éticos, religiosos, higiénicos, sino en términos de indicaciones bien definidas sobre cómo podrá adquirir una técnica confiable para la solución de sus problemas. La repercusión enorme de los libros de “cómo” (hacer esto o aquello) es otro aspecto de este anhelo de información técnica; pero el conocimiento libresco raras veces parece ocupar por completo el lugar del consultor, pues la gente empieza a darse cuenta de que el problema básico que está detrás de todos los demás problemas es ella misma; y nadie puede conocerse veraz y objetivamente, excepto reflejada en el espejo de los ojos y la mente de otra persona. ¡Los libros rebosan demasiada tinta como para reflejar la imagen del lector a su ansiosa mirada fija!

Evidentemente, hay toda clase de consultores; y existe una gran diferencia entre el especialista comercial consultado por un ejecutivo, el científico eminente cuyo consejo se pide sobre la construcción de un complicado aparato físico, y el astrólogo profesional o el clarividente de renombre a quien acude, en procura de consejo, una persona incapaz de afrontar positivamente problemas especiales de relación interpersonal, con la esperanza de que se le formule algún pronóstico placentero. No obstante, en toda forma de consulta hay factores básicos que deben considerarse si la labor del consultor ha de ser verdaderamente positiva, no sólo en el nivel psicológico del efecto de la consulta sobre la persona que busca consejo. Esa persona necesita presumiblemente, en la mayoría de los casos, información más precisa; pero cualquiera sea su sexo, muy frecuentemente necesita más; o sea, necesita tranquilizarse y (luego de dejar al consultor) sentirse mejor para poder manejar los problemas en general. En otras palabras, el consultor no sólo debe poder dar información (un libro o una máquina lo podrán hacer), sino también confianza en uno mismo. Eso no lo hacen todos los consultores; y muchos realizan precisamente lo contrario.

Hace unos años, una comisión planificadora de la Cruz Roja apareció con ocho requisitos que definían al consultor y al carácter esencial de su función. El consultor es una persona:

1) a la que se busca en procura de ayuda;
2) que ayuda a los demás a ayudarse;
3) que tiene un amplio conocimiento y un punto de vista objetivo;
4) que tiene instrucción y capacidad especializadas;
5) que es perita en la creación de un clima para la ayuda que se desea;
6) cuyo consejo puede ser aceptado o rechazado;
7) que no es actora ni operadora;
8) que deberá tener tiempo adecuado para realizar un trabajo de educación.

Estas especificaciones se aplican notablemente bien a la persona que es consultada sobre la base de su conocimiento astrólogico y habilidad interpretativa.

Como lo señalé durante muchos años, la astrología natal es una técnica que a los seres humanos les permite obtener un género específico de ayuda en la solución de problemas que, sin auxilio y mediante métodos racionales, no podrán entender ni resolver plenamente. Pero el vocablo “problema” puede tener un significado ambiguo. Como lo uso aquí, se refiere a toda situación en la que los elementos sean oscuros, confusos o generadores de conflictos, situación ésta que parece exigir una decisión, pero que no aporta conocimiento adecuado sobre qué podría basarse lógicamente esta decisión. Una decisión sensata exige que entendamos objetivamente las causas de la situación que enfrentamos; y sólo podremos efectuar una elección significativa y “libre” si tenemos bases adecuadas para el juicio y la evaluación. Empero, en la vida muy a menudo tenemos que dar un nuevo paso sin tener modo racional alguno de saber qué harán o podrán hacer los demás involucrados en él, qué puede ocurrir en el futuro cercano de nuestro entorno, o inclusive cómo reaccionaremos nosotros cuando afrontemos los resultados que nuestras acciones generan directa o indirectamente. Por supuesto, esto hace que el concepto de “elección libre” sea muy ambiguo.

¿Usted es “libre” para decidir cuando no hay modo normal de conocer las causas de la situación que exige una elección, o los resultados de las elecciones posibles? El animal, en su estado natural, escoge habitualmente el modo correcto de reaccionar, basándose en los instintos compulsivos. Los humanos desarrollaron la inteligencia a expensas de, por lo menos, algunos instintos nuestros. Pero la inteligencia necesita tener bases conscientes para sus juicios, y son muchas las ocasiones en que tales bases no existen; y la famosa “voz de la intuición” no es confiable, pues puede ser la voz de otra cosa como un complejo psicológico, miedo, pereza, o inclusive un “fantasma” real (una presión ejercida por alguna entidad psíquica, o “persuasor oculto”). Donde la inteligencia no puede suministrarnos la base lógica que necesitamos para una decisión deliberada, la astrología puede venir en nuestra ayuda y ¡realmente la necesitamos!

Pero hay ayuda y ayuda! Podemos llegar a ligarnos irracional y compulsivamente al auxiliador, o podemos ser ayudados a que nos ayudemos a nosotros mismos. En el primer caso, hemos aceptado pasivamente los dictados de una fuente informativa de autoridad que usurpó nuestra sagrada prerrogativa humana de tomar decisiones; en el segundo caso, hemos recibido una nueva perspectiva, un nuevo modo de mirar nuestros problemas, y algunas bases sobre las que ahora podremos tomar una decisión, una decisión objetiva, consciente e informada.

Hay astrólogos (y son muchos) que, junto con varios tipos de mediums y “milagreros” inspirados sólo se muestran demasiado deseosos de anunciar lo que va a suceder, qué curso de acción tomar, si esto es bueno o malo para usted, etc. La gente corre hacia ellos pues los seres humanos, en su mayoría, se contentan con aceptar la “autoridad” y “conocer la Verdad” (con V mayúscula). Otros astrólogos son consultores reales; tienen “un conocimiento amplio y punto de vista objetivo” lo mismo que “instrucción y capacidad especializadas”; no se proponen ser “actores” ni “operadores”. Establecen una relación verdaderamente consultiva con sus clientes de modo que todo consejo que se dé “sea aceptado o rechazado”. En lo único en que insisten, o en lo que deberían insistir si esto es factible (lo cual no es frecuentemente el caso) es que “deberán tener tiempo adecuado para realizar un trabajo de educación” y, en consecuencia, una experiencia repetida, pues no hay educación sin repetición. ¿Qué género de educación podrá ser? Una educación en la que una persona aprenda a ser objetiva respecto de su vida total y tome conciencia de los ritmos básicos de su existencia como persona individual. A estos ritmos se los podrá ver operando a través de los años de vida que pasaron; deben ser estudiados con esmero. Sólo sobre la base de una vívida comprensión del pasado uno podrá orientar las actividades inmediatamente precedentes hacia un futuro constructivo en el que el potencial innato del individuo pueda realizarse más plena y armónicamente.

El astrólogo no puede predecir los precisos acontecimientos futuros de la vida de un individuo; si pudiera hacerlo, sería pernicioso y destructivo para la integridad de la persona. Nadie puede predecir con precisión tales acontecimientos individuales, ni siquiera Dios; y siempre que se cuentan predicciones de esa índole, no se mencionan factores fundamentalísimos. Por ejemplo, en el caso de los famosos libros antiguos de astrología de la India, en los que, aparentemente se documentaron los destinos exactos de muchas personas, inclusive algunas nacidas en la actualidad, sólo se permitió que oyese las profecías de su día de nacimiento una persona que pasó por pruebas rigurosas y selectivas. En otras palabras, esa persona, entre miles que nacieron ese día, tuvo que demostrar que era la única adecuada para este específico modelo arquetípico de experiencia del alma en términos de acontecimientos particulares.

La astrología puede revelar habitualmente la pauta estructuradora de la vida de un individuo, el ritmo básico (o la “forma” básica) del proceso de la existencia desde el nacimiento hasta la muerte; pero si se determina una estructura, esto no significa que los acontecimientos existenciales reales insertos en esta estructura básica estén también predeterminados. Un vaso puede contener un vino delicioso o veneno; la forma del vaso moldea ambas sustancias. Todos tienen una estructura básica del ser; ésta es la pauta de su yoidad individual. Es también su “destino” -si con destino significamos el plan según el cual lo que era potencial al nacer puede concretarse durante la vida-; y dije “puede” porque durante su vida muchas personas sólo concretan una fracción de sus potencialidades innatas.

La astrología le dice a usted lo que “puede” concretarse, no lo que ocurrirá “realmente”, pero porque puede revelar el orden estructural inherente de la yoidad de un individuo, puede “educar” a este individuo para que afronte su vida cotidiana con orden y objetividad, o sea, en términos de su potencial total del ser, en términos de lo que el zen llama su “naturaleza fundamental”. El astrólogo verdadero es un especialista en valores estructurales concernientes al desarrollo de la personalidad, un especialista en el destino humano. Se lo puede consultar sobre todos los asuntos que afecten la concreción del potencial de un individuo, o sea, sobre todos los asuntos que se refieran a esta cuestión: “¿Cómo podré llegar a ser lo que yo soy innatamente como una totalidad orgánica de la existencia humana?” Al menos teóricamente, ese astrólogo podrá responder tal pregunta y sus muchas ramificaciones como consultor. Pero como consultor, no podrá esperarse que le diga a su cliente lo que le ocurrirá el mes que viene o el año que viene, ni lo que deberá hacer; esto sería competencia de un adivino o de un oráculo. La distinción es muy importante y debe ponerse muy en claro a fin de evitar engaño e ilusiones.

Lo repito: un consultor astrológico debe tener conocimiento amplio de la naturaleza humana, de las condiciones sociales del entorno de su cliente; debe tener un punto de vista objetivo, o sea, un enfoque no parcializado por su propia actitud subjetiva y sus tendencias personales. Por supuesto, también debe tener instrucción y capacidad. Tiene la obligación de estar al tanto de una cantidad de hechos básicos que son inherentes a su papel de consultor. El primero de estos hechos es que, aunque el cliente confíe en su competencia, aún puede creer que el consultor no podrá ponerse en su lugar (en el del cliente). Un enfoque objetivo se presenta siempre como algo que merece recelo y que no viene al caso para alguien que esté envuelto subjetiva y emotivamente en una situación profundamente desconcertante. El consultor astrológico tal vez tenga que remontarse a algunos problemas similares en el pasado de su cliente, y, como un psicólogo perspicaz, mostrarle dónde estaban los resultados internos o externos de las crisis del pasado que afrontara sin buen éxito. Debe demostrar a su ciente que tiene “empatía” con él, que puede “sentir con” las emociones más profundas del cliente, creando con ello una atmósfera de confianza en un nivel más que técnico, o sea, en un nivel humano.

El consultor debe también comprender que su cliente tenderá a resistir toda sugerencia que implique un cambio básico de actitud de parte del cliente. En realidad, es muy humano querer que las situaciones cambien, siempre que nosotros no tengamos que cambiar. Es aquí donde debe ser de máxima importancia un vasto cuadro de la vida del cliente en su totalidad, con sus ritmos básicos de desarrollo y sus ciclos (tránsitos planetarios, ciclo progresado de lunaciones, y ciclos numerológicos como los fundamentales ciclos de los 7 y los 28 años). Una “persona” no quiere cambiar porque la hipnotiza el momento presente. Pero esta “situación de ahora” no tiene significado profundo en términos del yo individual del cliente hasta que se refiere a la estructura y al desarrollo rítmico de toda su vida. La primera menstruación de una muchachita sería una experiencia devastadora si no se le dijera que es una fase del desarrollo total de su cuerpo y de su vida como una futura mujer y madre. El “presente” es sólo una fase efímera del tiempo cíclico; sólo adquiere significado cuando se ubica dentro del proceso cíclico de toda una vida, desde el nacimiento hasta la muerte y, teóricamente, aún más allá del nacimiento y de la muerte, si la reencarnación es un hecho que uno pueda vivirlo con inteligencia y sabiduría.

“¿Por qué esto me ocurre a mí?”, pregunta el cliente atormentado. ¿Qué podrá decirle el consultor que signifique algo, a menos que pueda señalar el lugar y la función que esta horrible experiencia ocupa y desempeña dentro del esquema vital total de concreción del potencial de nacimiento? No es un consuelo decir: “Oh sí, Saturno se desplaza ahora sobre Venus en cuadratura con Marte”. Eso más bien da a la situación un carácter más objetivo, ineludible y espantoso. Si está envuelto Saturno, que el consultor estudie con su cliente el ciclo entero de este planeta, todos los aspectos que este planeta toma, el movimiento a través de una casa tras otra; sobre todo, que el consultor describa el tránsito total y la situación de la progresión total del mapa y que no recalque sólo un aspecto aparentemente perturbador. Todos los planetas están siempre activos, ya sean aspectos exactos o no. Lo que importa es la interacción total de sus movimientos cíclicos en todo tiempo en relación con el carácter del mapa natal.

Otro punto que es menester recalcar en la relación entre cliente y consultor es la habitual avidez del cliente por descubrir una solución para su problema o sus problemas de inmediato. El deseo de resultados rápidos y soluciones fáciles es el tósigo de la vida moderna. Alguien que esté en problemas en nuestra sociedad considera raras veces el factor tiempo, que perdió contacto con los ritmos fundamentales de la vida de las estaciones y el lento desarrollo biológico a través de los años. Debido a que creemos vivir a través de un período de cambio normemente acelerado y en una crisis de transición entre dos eras, tenemos que impacientarnos con las demoras y no tener conciencia de la necesidad de un proceso de curación y “redención” que, si es saludable, deberá empezar en la capa más profunda de la sustancia de la mente de la humanidad en conjunto y sólo llegar lentamente a la superficie. La mente de la humanidad sufrió grandes heridas durante los dos últimos milenios, el período durante el cual la humanidad creció desde la vieja etapa tribal de esclavitud ante el suelo, las tradiciones y los ideales de exclusivismo hasta un estado de organización planetaria y cooperación armónica, al que aún se lo entiende oscuramente. De modo parecido, las psiques de los clientes adultos están habitualmente retorcidas o marcadas por las cicatrices de viejos complejos, recuerdos y miedos cuando al consultor astrológico o al psicólogo le piden solución para un problema más reciente, especialmente acerbo.

Las personas modernas han llegado a acostumbrarse a considerar al psicoanálisis o a la cura psiquiátrica como un proceso prolongado y costoso; pero lo que esperarán aún de los consultores astrológicos es que les procuren solaz, esperanza y fe en sí mismos en una hora o dos. Los consultores se sienten presionados a descubrir de inmediato factores mágicos que liberen la mente de la ansiedad y hagan que todo resulte bien muy pronto. Por supuesto, ésta es una situación imposible; surge del hecho de que la mayoría todavía considera a la astrología como un arte misterioso capaz de curar todo género de ansiedades e incertidumbres. Es inútil pedirle esto a la astrología. La astrología es una técnica de comprensión y una disciplina del pensamiento, gracias a la cual una persona podrá obtener una nueva perspectiva de su vida entera y una comprensión más objetiva y estructurada del lugar y de la función de sus experiencias y crisis vitales más importantes. La astrología podrá transformar una crisis aparentemente sin sentido en un proceso de catarsis, en un preludio de renacimiento hacia un nivel superior, más vasto, de la existencia. Podrá decir si un cliente está en el comienzo, la mitad o el final de ciertos ciclos, y si es prudente o no lanzarse de inmediato hacia delante o aguardar un tiempo más oportuno y significativo.

Tomar decisiones en lugar de su cliente no es tarea del consultor astrológico ni de ningún otro tipo de consultor. El consultor es esencialmente un educador y un consejero; debe asistir a su cliente –tal vez hasta instruirle- para que adquiera un nuevo enfoque de los problemas de la vida y, en especial, del problema que el cliente mismo presenta en sus contactos con otras personas y otras tradiciones sociales. Por supuesto, tal ayuda exige que el astrólogo y el cliente se comuniquen de verdad mutuamente; y a menudo es muy difícil para el astrólogo comunicar lo que él ve en los pertinentes mapas astrológicos. Es difícil porque la astrología es un lenguaje especial, cuyos símbolos inclusivos no pueden traducirse con facilidad al lenguaje corriente de las palabras que tienen un significado más o menos preciso y concreto, familiar para el cliente. El lenguaje astrológico es incluso más difícil de entender para los científicos con instrucción académica porque es un lenguaje cuyas palabras (planetas, signos, casas, nodos, etc.) pueden referirse a muchos niveles diferentes de significado y, en muchos casos, pueden tener un significado tanto positivo como negativo. Así, lo que el consultor astrológico pueda “sentir” acerca de la situación de su cliente, como la describen los mapas que tiene frente a él, podrá con frecuencia no expresarse en términos de acciones definidas y concretas. A este respecto, la posición del astrólogo es semejante a la del clarividente genuino que, cuando se lo consulta sobre un asunto “ve” un símbolo (o una escena simbólica) que sabe que representa la solución del problema real. Pero el problema real no es siempre el problema que el cliente cuenta, y la solución expresada en ese símbolo tal vez no sea fácil de ponerla en palabras que comuniquen al cliente cuál es el significado real de la situación.

Sin embargo, esto es lo que puede ocurrir en toda consulta (médica, psicológica, astrológica, sociológica) en la que se susciten preguntas referidas a personas individuales y relaciones interpersonales; en tales sectores de la experiencia humana, los niveles de la realidad se interpenetran y raras veces los factores conscientes están enteramente separados de los impulsos, esperanzas y miedos inconscientes o semiconscientes. Esto es lo que convierte a estas profesiones en fascinantes y, al mismo tiempo, peligrosas. Exigen que el consultor no sólo tenga una vasta esfera de conocimiento de la naturaleza humana y capacidad técnica, sino también la capacidad para resonar en vibración simpática con el cliente para que el consejo más profundo que él dé se transmita sin palabras, o sea, por puro contagio de su presencia y de lo que él significa. Esta es una gran orden. Poquísimos consultores pueden cumplirla; pero estos pocos no son siempre los que más se buscan porque la gran mayoría de las personas quiere soluciones muy claras y recetas de fácil elaboración formuladas en términos sencillos que sus ego-mentes puedan captar rápidamente, y por lo común olvidan o no logran obrar de acuerdo con ellas, debido a su pereza o indiferencia. Hay tiempo para todo. Un consultor debe tener sentido exacto del tiempo. Al final de una entrevista pueden decirse cosas que serían perjudiciales al comienzo. Aquí nuevamente, el consultor astrológico está, por lo común, más gravemente trabado por la forma tradicional de relación entre astrólogo y cliente: una entrevista más bien breve durante la cual el cliente espera que se le diga todo.

Hoy en día se necesita con urgencia un nuevo tipo de relación; en realidad, un nuevo enfoque de la astrología. El interés que el astrólogo de la actualidad demuestra por “elevar” a la astrología a un nivel aceptable de “ciencia” por medio de estadísticas y otras herramientas analíticas adoradas en nuestras “fábricas de conocimiento” oficiales (las universidades) no producirá un enfoque más constructivo de los problemas que el consultor astrológico enfrenta en relación con los clientes. Es más probable que torne menos eficiente tal relación porque, para que sea realmente eficiente, deberá ser una relación de persona a persona, y la ciencia no se ocupa de casos individuales sino de promedios estadísticos. La ciencia no se ocupa de valores humanos, pero una persona acude a un consultor astrológico pidiendo ayuda. Siempre pide ayuda inconscientemente, aunque conscientemente la motive la curiosidad. Acude en procura de ayuda con su sentido de una yoidad individual única, aunque el problema que exprese parezca común; y es de este sentido del yo que el consultor deberá ocuparse. Pues somos nosotros todo nuestro problema fundamentalísimo; y la astrología debe ayudarnos a encararlo con objetividad y serenidad, sin eludirlo y sin la sensación de inseguridad que nuestro ego intelectual pueda generar.

martes, 25 de mayo de 2010

Soneto Interior



Aquí donde la tierra es menos tierra,
donde el agua es el agua del olvido,
donde el aire es un aire sin sonido
y donde el fuego ya no mueve guerra.

Aquí donde la tierra se destierra,
donde el agua carece de sentido,
donde el aire prefiere estar dormido
y donde el fuego su pasión encierra.

El hombre de mirada pensativa
sustituye las cosas de su casa;
la tierra, con su carne fugitiva,

el aire, con el aire de su aliento,
el agua, con su propio sentimiento,
el fuego, con el fuego que lo abrasa.

                    Autor: Francisco Luis Bernárdez

martes, 18 de mayo de 2010

Serenidad y Paz


Hoy quiero compartir con ustedes un fragmento perteneciente al libro "El alma, la cualidad de la vida", de Alice Bailey. Es una breve reflexión muy apropiada para meditar en estos tiempos. Espero que  les aporte luz y comprensión!

"Serenidad y paz no tienen idéntico significado. La paz debe ser siempre temporaria y se refiere al mundo de los sentidos y a las condiciones que son susceptibles de perturbación. Es un acontecimiento inevitable y esencial para el progreso, que cada paso adelante esté seguido por perturbaciones, puntos de crisis y caos, los cuales serán posteriormente reemplazados (cuando sean manejados con éxito) por períodos de paz.  Pero esta paz no es serenidad, pues al discípulo sólo se le permitirá morar dentro del aura del Maestro cuando la serenidad haya sustituído a la paz.

Serenidad significa esa calma profunda, desprovista de perturbaciones emocionales, que caracteriza al discípulo que está enfocado en la "mente mantenida firme en la luz". La superficie de la vida puede hallarse (desde el punto de vista mundano) en un estado de violenta ebullición.Todo lo que estima y aprecia en los tres mundos puede derrumbarse a su alrededor, pero a pesar de ello se mantiene firme, equilibrado en la conciencia del alma, permaneciendo imperturbables las profundidades de su vida. Esto no es insensibilidad ni una forzada autosugestión, tampoco es la capacidad de exteriorizar la conciencia de modo que los acontecimientos individuales sean ignorados. Es la intensidad del sentimiento transmutado en comprensión enfocada."

miércoles, 3 de marzo de 2010

LA FUNCION DEL ASTRÓLOGO

En la actualidad, la obtención de una carta natal se ha convertido en algo de muy fácil acceso, pero cabe reflexionar acerca de la verdadera función del astrólogo, que ya no consiste en predecir o augurar como si aún estuviéramos en la Edad Media.

La interpretación de una carta natal se aborda hoy con la intención de bucear en el interior de un individuo, no para decirle qué debe o no debe hacer ni tampoco para decirle qué le conviene ni, mucho menos, qué le va a pasar. Esto sería manipular: un camino contrario a la libertad.

El astrólogo es alguien que acompaña al consultante para que certifique aquello que, en su interior, ya sabía. Me refiero a que todos sabemos intuitivamente las respuestas a las preguntas que nos hacemos, pero como nos hemos dejado condicionar por los mandatos bajo los cuales hemos sido educados, no confiamos en esa sabiduría que ya poseemos: la que nos conecta con nuestras certezas. Por lo tanto, el astrólogo no es ni un guía ni un consejero.

Richard Idemon, un maestro de astrólogos fallecido hace años, que nos ha legado su sabiduría en libros muy iluminadores, dice en su obra “El Hilo Mágico”: Yo prefiero verme más bien como un educador que como un consejero. Las raíces de la palabra “educar” son educare, que quiere decir “criar”, y educere, que significa “conducir” o “sacar fuera”, y eso es lo único que podemos hacer como terapeutas, astrólogos y consultores. No podemos dar a nadie la verdad ni la iluminación, sino sólo educere, es decir, sacar fuera lo que alguien lleva dentro.

Desde esta visión humanística, la función del astrólogo es hacer docencia, enseñando al consultante a observarse y a escucharse, a conocerse, aceptarse y colaborar en su proceso de desarrollo personal, evolucionando únicamente en la dirección que le indica su ser interno.

domingo, 31 de enero de 2010

LOS PLANETAS EN LA CARTA NATAL


SOL
Entre los principales elementos que constituyen una carta natal se encuentran los signos zodiacales, los planetas y las casas.

Los planetas simbolizan las diversas dimensiones de la naturaleza humana. Se clasifican en personales (Sol, Luna, Mercurio, Venus y Marte), sociales (Jupiter y Saturno) y transpersonales (Urano, Neptuno y Plutón). Cabe aclarar que, en Astrología, el Sol y la Luna son llamados planetas o luminarias. La interpretación de los planetas asociada a los mitos resulta sumamente enriquecidora.

Para comprender qué representa el Sol en una carta natal pensemos cuántas veces al conocer a alguien queremos saber de qué signo es. Astrológicamente, la pregunta correcta sería ¿en qué signo zodiacal se encuentra el Sol en el momento del nacimiento de una persona? Por ejemplo, alguien nacido el 28 de marzo tendrá el Sol en el signo de Aries y esa persona dirá “Soy de Aries”.

La palabra “soy” nos conduce al significado del Sol en la carta natal. Cuando decimos “soy” estamos hablando de nuestra identidad conciente, de nuestra esencia. Podemos decir que el Sol representa nuestro sentido de la individualidad, lo que nos impulsa a ser lo que somos, nuestra manera de expresarnos. También simboliza la conciencia y la forma en que creamos.

Los horóscopos difundidos en diarios, revistas y medios en general están basados en el signo del Sol o signo solar: no toman en cuenta el contexto que ofrece la carta natal evaluada como una totalidad. Estos horóscopos masifican la información, oficiando de entretenimiento a quienes los leen y distorsionando el verdadero sentido de la Astrología, que es un complejo lenguaje simbólico. A partir de esta parcializada difusión nacen generalizaciones como “los de Aries son impacientes” o “los de Libra son indecisos” o “siempre me llevo mal con los de Escorpio”, “no me banco a los de Capricornio”, por mencionar sólo algunas de las más comunes.

De acuerdo al día y mes del nacimiento, el Sol se ubicará en cualquiera de los doce signos zodiacales. Una clave para trabajar concientemente el Sol buscando promover el desarrollo personal es conocer las cualidades más luminosas que representa según la casa, el signo y los aspectos que surgen de su posición en la carta natal, orientando la acción personal mediante elecciones que cultiven lo mejor de estas cualidades. Este es un camino que va en el sentido de la autorrealización, objetivo simbolizado por el Sol en la carta natal.

Para concluír, el Sol en la carta natal simboliza nuestro sentimiento de quiénes somos y, en tal sentido, también es un indicador de la vocación o de la profesión libremente elegida. Cuando la profesión coincide con la verdadera vocación conduce a la plenitud. En un nivel psicológico, el Sol simboliza la imagen que tenemos de lo masculino y del padre. En un nivel físico, el Sol se asocia con la vitalidad. En lo mitológico, Apolo es una deidad solar.

LUNA 
La Luna simboliza el Yo emocional, es decir, nuestra manera de reaccionar emocionalmente y de hallar seguridad emocional; el carácter de nuestro niño interior; nuestro nivel de estabilidad emocional. En otro orden, representa la imaginación, el inconciente, el pasado, las reacciones instintivas.

Según la posición que ocupa en la carta natal, la Luna indicará de qué manera sentimos la vida y el modo en que reaccionamos frente a las circunstancias, representando un modo inconciente y primario de reaccionar.

Retomando el concepto de la Luna como símbolo del carácter de nuestro niño interior, su posición en la carta natal por signo, casa y aspectos, describirá nuestras reacciones infantiles, aquellas que se plasmaron en la primera infancia, aproximadamente hasta los cuatro o cinco años; esas reacciones que se presentan luego cuando ya somos adultos cada vez que nos sentimos amenazados en nuestra seguridad.

Analizando la posición de la Luna también descubriremos pautas sobre nuestra capacidad de desarrollar empatía, autosatisfacción y tranquilidad emocional así como también soledad, aislamiento, insatisfacción emocional e inseguridad.

Para concluir, la Luna representa la imagen que un individuo tiene de lo femenino en sus aspectos nutricios y maternales, siendo por lo tanto representativa de la imagen internalizada de la propia madre. En lo mitológico, Isis es una deidad lunar, madre arquetípica también denominada “gran diosa madre” y “diosa de la maternidad y el nacimiento”.

MERCURIO
Mercurio en la carta natal representa la palabra hablada y escrita, la manera de poner orden, las habilidades de aprendizaje de un individuo. También su relación mental con el mundo exterior, su inteligencia, los contactos que establece con el mundo a través del conocimiento; la crítica, la lógica, el cálculo; su capacidad de adaptación.

En los ciclos de la vida, Mercurio se asocia con la etapa de la adolescencia.

Otros de sus significados son: los intercambios comerciales, los intermediarios, los hermanos, los medios de comunicación así como los de transporte y los viajes cortos.

La posición de este planeta en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permite observar el tipo de intereses intelectuales de un individuo; su espíritu de inquietud y de movimiento, como también su gusto por los viajes y desplazamientos en general.

Resumiendo, diremos que Mercurio está principalmente asociado a las funciones de oir, escuchar, hablar, escribir, razonar, asociar, deducir, aprender, ordenar, comunicar, hacerse entender, transmitir, discutir, negociar.

La mitología considera a Mercurio (o Hermes para los griegos) como el mensajero de los dioses, el veloz transmisor de la voluntad divina, siendo frecuentemente representado con alas en los pies, por lo que facilita la comunicación con lo espiritual. También se lo relaciona con el dios de los comerciantes, gracias a su habilidad para hablar y negociar.

VENUS
Para iniciarnos en la comprensión de las dimensiones de la naturaleza humana simbolizadas por Venus, citaré un pensamiento de James Hillman -psicólogo arquetipal, discípulo de Carl G. Jung-: “El Alma nace en la belleza y se alimenta de la belleza, necesita a la belleza para su vida”.

En Astrología, Venus representa los principios de belleza, armonía y placer.

Tradicionalmente, se considera a Venus como planeta regente de los signos de Tauro y Libra.

En la mitología griega, Afrodita es la diosa del amor, la lujuria, la belleza y la sexualidad. Su equivalente en la mitología romana es Venus. Aunque a menudo se alude a ella en la cultura moderna como «la diosa del amor», es importante señalar que se refiere específicamente a Eros (atracción física o sexual).

En un plano más concreto o mundano de interpretación, Venus también representa la relación de un individuo con la comodidad y el confort; con el dinero, los bienes y posesiones materiales en general.

Resumiendo, la posición de este planeta en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permite interpretar la escala de valores tanto materiales como estéticos y/o artísticos del individuo; su inclinación hacia la vincularidad, la manera en que ama, comparte y coopera, su tendencia a complacer y agradar al otro, su disposición a conciliar cuando existe conflicto; y, finalmente, nos remite a sus cualidades de afectividad, receptividad, amabilidad, sensualidad y delicadeza como también a su estilo de seducción.

MARTE
Para ingresar en la comprensión de una de las dimensiones de la naturaleza humana simbolizadas por Marte, citaré una reflexión de Osho: “En principio no hay mucha diferencia entre una persona cobarde y una valiente. La única diferencia es que el cobarde escucha sus miedos y se deja llevar por ellos, mientras que la persona valiente los aparta y continúa su camino. La persona valiente se adentra en lo desconocido a pesar de todos los miedos. La palabra coraje proviene de la raíz “cor” que quiere decir corazón, por lo tanto, ser valiente significa vivir con corazón. Los cobardes viven con la cabeza; están atemorizados, se rodean de la seguridad de la razón. El camino del corazón es el camino del coraje.”

En Astrología, Marte es símbolo de lo masculino. Representa los principios de coraje y determinación; la sana agresión, considerada como la capacidad que posee el individuo para hacerse valer. También simboliza los instintos básicos. En el individuo Marte se encuentra asociado al deseo, al entusiasmo, la decisión, la acción, la competencia, el dinamismo -entre otras significaciones- como también las que surgen de la distorsión de las mismas, por ejemplo, ira, impaciencia, irritabilidad, temeridad, rivalidad.

Se atribuye a Marte la regencia del signo de Aries y, conjuntamente con Plutón, la de Escorpio.

En la mitología romana Marte era considerado el dios de la guerra. (Su equivalente en la mitología griega es Ares). El arquetipo del guerrero tiene afinidad con la naturaleza de Marte.

Resumiendo, la posición de Marte en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permitirá interpretar la capacidad de acción y de autoafirmación del individuo, entendiendo autoafirmación como la actitud de saber qué desea y salir a buscarlo para obtenerlo. También aportará información en lo referente al deseo sexual; sobre la independencia y la iniciativa que conducen al logro; y, finalmente, respecto a la capacidad de asumir el riesgo y el desafío así como su modo de conquistar y desenvolverse en situaciones de mando.

JUPITER
Jupiter representa el principio de expansión. Asociamos a este principio la búsqueda de sentido, de propósito, de sabiduría y comprensión. También representa la fe y la confianza en algo superior, sin que este concepto de “superior” se restrinja exclusivamente a creencias religiosas. Por el contrario, las creencias que simboliza Jupiter pueden ser de diferente origen: religiosas, filosóficas, éticas o morales. Finalmente diremos que simboliza el sentimiento de certeza, la conciencia de abundancia y prosperidad como también la tendencia al exceso, a la exageración y a la desmesura.

Se atribuye a Jupiter la regencia del signo de Sagitario y, conjuntamente con Neptuno, la de Piscis.

En lo mitológico, Jupiter es idéntico al Zeus de la mitología griega. Zeus era el hijo más joven de Cronos y Rhea, regente supremo del Olimpo y del Panteón de dioses. Su función era mantener la ley, la justicia y la moral. Algunos arquetipos asociados a Jupiter son: el religioso, el filósofo, el aventurero, el guía, el gurú, el benefactor.

La posición de Jupiter en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permitirá interpretar cómo es el individuo en lo que respecta a cualidades como alegría, optimismo y confianza, benevolencia y generosidad; revelará su capacidad de comprender, resignificar y dar sentido, de razonar filosóficamente; su vocación y aspiraciones, su gusto por el deporte, la aventura y la cultura.

En un nivel más mundano, Jupiter en la carta natal se relaciona con la riqueza, el juego, las inversiones y los negocios.

Aún en nuestros días, la astrología tradicional suele referirse a Jupiter como “el benéfico mayor” concepto que prácticamente hoy ya no es tenido en cuenta por quienes ejercen la Astrología considerándola como una herramienta de desarrollo personal.

SATURNO
Saturno representa un principio de contracción y el aprendizaje de la responsabilidad personal en un contexto de orden y de solidez. También simboliza las dificultades, contrariedades, impedimentos, obligaciones, deberes; la resistencia, la disciplina, la realización, la austeridad. Todos estos principios tienden al desarrollo del individuo mediante la construcción de lo propio, proceso en el cual se cosechará a sí mismo.
Hablar de Saturno en la carta natal es hablar de la capacidad de maduración de un individuo gracias al paso del tiempo, la forma en que gestiona y organiza el tiempo.

Se atribuye a Saturno la regencia del signo de Capricornio y, conjuntamente con Urano, la de Acuario.

En la mitología griega, Cronos era el hijo de Urano y Gea. El dirigió a sus hermanos y hermanas, los Titanes, en una revuelta contra su padre y se convirtió en el rey de los dioses. Se casó con Rea con quien tuvo seis hijos, pero Cronos tenía el mal hábito de comerse a sus hijos recién nacidos, para evitar que un día lo destronarán como rey de los dioses. Finalmente, con el nacimiento de su último hijo – Zeuz - Rea lo engañó y lo hizo comerse una piedra. Zeus entonces derrotó a su padre, con la ayuda de sus hermanos y hermanas. En mitología romada Cronos adoptó el nombre de Saturno.

La posición de Saturno en la carta natal -por signo, casa y aspectos- permitirá interpretar cómo el individuo construye lo propio, cómo madura y se relaciona con el tiempo, las dificultades e impedimentos, con los límites, la autoridad y las leyes.

La astrología tradicional suele considerar a Saturno “el maléfico mayor”, concepto que prácticamente hoy ya no es tenido en cuenta por quienes ejercen la Astrología considerándola como una herramienta de desarrollo personal.

URANO
Urano es el primero de los tres planetas trans-saturninos, también llamados transpersonales (los otros son Neptuno y Plutón).

Considerado planeta generacional, Urano simboliza las tendencias colectivas de cambio, revolución y reforma. La ruptura con la tradición y la transgresión del orden establecido. Se halla asociado a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Recordemos que fue descubierto en 1781 y que no era tenido en cuenta por la Astrología antigua, que reconocía los planetas sólo hasta Saturno.

Urano representa nuestra necesidad de sentirnos libres de toda atadura. Simboliza la intuición, la capacidad inventiva y creativa del individuo. Su manifestación más luminosa en el plano humano indicará un individuo interesado en cuestiones humanitarias y espirituales, que valoriza la conciencia grupal mientras que su expresión más sombría mostrará los aspectos de rebeldía y subversión identificando a un individuo marginal que posee una conducta excéntrica y/o extremista.

En situaciones de la vida cotidiana, reconocemos la energía de Urano en lo repentino e imprevisto: la clave aquí es adaptarse al cambio.

Urano rige al signo de Acuario conjuntamente con Saturno, el regente tradicional de dicho signo.

En la mitología griega, Urano era el dios de los cielos y estaba casado con Gaia, diosa de la tierra. Urano era el padre de los titanes, los cíclopes y de los gigantes de cien manos. Los titanes, guiados por su soberano, Cronos, destronaron y mutilaron a Urano, y de la sangre que cayó sobre la tierra surgieron las tres Erinias o Furias.

La posición de Urano en la carta natal - por signo, casa y aspectos - permitirá interpretar cómo el individuo transgrede y/o quiebra el orden establecido, tanto en su propia vida como en un intento de modificar el entorno. Encontramos este planeta destacado en cartas de reformadores sociales y de toda persona que viva según sus propias leyes, aunque para hacerlo deba romper constantemente los condicionamientos y mandatos familiares, sociales y culturales. Con Urano, la búsqueda primordial es llegar a ser uno mismo, desafiando al individuo a la integración de la polaridad seguridad / libertad.

NEPTUNO
Neptuno es el segundo de los tres planetas trans-saturninos, también llamados transpersonales (los otros son Urano y Plutón).

Fue descubierto en 1846. No era tenido en cuenta por la Astrología antigua, que reconocía los planetas sólo hasta Saturno.

Neptuno alude a los principios de espiritualidad, devoción y trascendencia. Se asocia a la función psíquica de la intuición. Los lenguajes simbólicos y las artes sin palabras, la música y la imagen. En otro orden, simboliza lo ilusorio, el caos y la confusión, la fantasía, el mundo de los sueños. Se lo relaciona tanto con el inconsciente colectivo como con el inconsciente personal.

Es el regente moderno del signo de Piscis conjuntamente con Jupiter, su regente tradicional.

En la mitología griega, Neptuno era adorado por los romanos como el dios de las aguas, y lo identificaban con el dios griego Poseidón. En principio era un dios del elemento líquido, pero más tarde se le atribuyó influencia sobre el mar y fue venerado por marineros y navegantes.

La posición de Neptuno en la carta natal - por signo, casa y aspectos - permitirá interpretar cómo el individuo se contacta con las dimensiones sutiles de la existencia, su inclinación al misticismo, la medida de su espiritualidad e idealismo; su sensibilidad y creatividad artística; comprensión intuitiva; capacidad de servicio; la presencia de cualidades como abnegación, sacrificio y renuncia (que posibilitarán la disolución del ego en algo mayor que lo personal). A veces es indicador de la existencia de facultades psíquicas paranormales, por ejemplo, clarividencia.

En sus expresiones más sombrías Neptuno puede indicar la presencia de adicciones, desequilibrios psíquicos como también tendencia a la evasión, pérdida de los límites, especulación, engaño y decepción.

PLUTON
Plutón es el último de los tres planetas trans-saturninos, también llamados transpersonales (los otros son Urano y Neptuno).

Descubierto en 1930, no era tenido en cuenta por la Astrología antigua, que reconocía los planetas sólo hasta Saturno. Es el regente moderno del signo de Escorpio, conjuntamente con Marte, su regente tradicional.

Plutón hace referencia a cuestiones vinculadas con el poder, incluyendo el poder de regeneración y la capacidad para los cambios radicales asociados con los ciclos de muerte y renacimiento de todo individuo y/o proceso vital.

En la carta natal la posición de Plutón simboliza los principios de destrucción, limpieza y renovación, reorientación, repolarización y regeneración, en los que están implícitas las potencialidades de sanación. Se lo asocia con las pulsiones, la sexualidad y las conductas compulsivas; también con las pérdidas, con la capacidad de soltar, desprenderse y dejar ir, inexorablemente necesarias para todo cierre de ciclo: por esto representa también nuestra actitud frente a la muerte.

Los mitos de Hades –mitología griega- y Plutón – mitología romana- otorgan elementos para comprender la simbología de este planeta.

En sus expresiones más sombrías, Plutón alude a cuestiones de manipulación, dominio y control, por lo que se asocia con pasiones tales como celos, envidia, odio y, en consecuencia, todas las acciones que se derivan de las mismas.

Como cierre de esta nota, cabe destacar que, en el plano humano, la expresión de aquello que cada planeta simboliza siempre dependerá del libre albedrío y la conciencia de cada uno. Los planetas jamás condicionan: no existen más condicionamientos que los que cada individuo acepta, valida y sostiene a través de sus decisiones y acciones.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Saturno en Libra


Saturno transitando por Libra nos invita a hacernos cargo de construir relaciones maduras y responsables. En tal sentido, quiero compartir una nota que escribí hace un tiempo, que se basa en la visión de lo vincular desarrollada por Carl Rogers. Espero que la disfruten!

En su libro “El proceso de convertirse en persona”, Rogers se plantea preguntas para descubrir cómo crear lo que él llama “una relación de ayuda”. Si bien se trata de crear un vínculo que promueva el desarrollo personal en el ámbito terapéutico, estas preguntas constituyen una guía de aplicación universal para revisar cómo nos vinculamos en todo tipo de relaciones.

Algunas de esas preguntas ayudarán al lector a revisar su manera de vincularse:
“¿Puedo ser lo suficientemente expresivo como persona, de manera tal que pueda comunicar lo que soy sin ambigüedades?
¿Puedo permitirme experimentar actitudes positivas hacia otra persona, como ser, calidez, cuidado, agrado, interés, respeto, sin experimentar el temor de quedar atrapado? ¿Puedo ser suficientemente fuerte como persona como para distinguirme del otro?
¿Es mi individualidad lo bastante fuerte como para no sentirme atemorizado por su miedo o absorbido por su dependencia?
¿ Estoy suficientemente seguro de mí mismo como para admitir la individualidad del otro? ¿ Puedo permitirle ser lo que es, otorgarle la libertad de ser?
¿Puedo ingresar en su mundo privado de modo tan pleno que pierda todo deseo de evaluarlo o juzgarlo?”

Rogers sostiene que las relaciones que ayudan al desarrollo humano se estructuran de acuerdo a tres actitudes: éstas constituyen una guía de aplicación universal en todo tipo de relaciones humanas. Si nos proponemos convertirlas en un estilo de vida nos conducirán a vincularnos, con nosotros mismos y con los demás, de un modo diferente, mucho más sano y maduro.     Estas actitudes son: 1.- Congruencia, que quiere decir ser auténtico, transparente, ser uno mismo. 2.- Aceptación positiva incondicional, que se interpreta como no juzgar. 3.- Empatía, que significa ver el mundo como el otro lo ve, ser capaz de ponerse en el lugar del otro.

¿Es habitual que nos relacionemos así?  En general juzgamos al otro y lo hacemos basados en nuestros propios valores. De la misma forma, tampoco es habitual que hayamos sido o seamos frecuentemente aceptados de esta manera por los demás.

Estas tres actitudes generan un ámbito que promueve el crecimiento personal en un clima de seguridad y calidez en todo tipo de relaciones. Además al relacionarnos de esta manera, también le estamos enseñando al otro a ser así consigo mismo, es decir, a ser empático, aceptante y congruente primero consigo mismo y, en consecuencia, con los demás.

Carl Rogers habla también de una noción que constituye una condición inherente al ser humano: él la llamó “tendencia actualizante”, que podemos entender como “potencialidad para el desarrollo pleno” y explicar diciendo que todo individuo tiene las herramientas y el potencial necesarios para crecer y desarrollarse en la dirección que le indica su ser. Esto lo convertirá en un individuo autónomo, capaz de experimentar la vida en plenitud, permaneciendo abierto a la experiencia. En definitiva, un individuo libre, sano y creativo.

A través de esta imagen intentaremos comprender el sentido de un vínculo sano:  “En un jardín las diferentes plantas van creciendo, cada una según su ritmo. En este proceso, algunas se doblarán hacia adelante, otras caerán sobre otras plantas. Entonces el jardinero colocará un tutor. ¿Cuál es su función? Acompañar el crecimiento de la planta sin interferir en él. Estar junto a ella, sosteniéndola. Pero es la planta la que crecerá en la dirección que le indica su esencia.”

Si los seres humanos pudiéramos sentirnos tutores unos de otros, crearíamos relaciones exentas de manipulación, control y luchas de poder, dejando que el otro sea él mismo, no interfiriendo en su crecimiento, no intentando dirigir, invadir o colonizar su vida.
Llegaríamos a ser a ser quienes somos, viviendo en plenitud.



Carl Rogers (1902-1987). Psicólogo estadounidence, perteneciente a la escuela de la Psicología Humanística, corriente que prioriza la experiencia subjetiva del individuo, centrándose en su potencial y sus ideales. Los psicólogos humanistas se ocuparon principalmente de las necesidades de amor, autoexpresión, autorrealización, creatividad y espiritualidad del ser humano.
Desarrolló  el Enfoque Centrado en la Persona (ECP), un estilo de terapia no directiva cuyas teorías abarcan las interacciones entre terapeuta y consultante, pudiendo ser aplicadas también a todas las interrelaciones humanas. Habiendo investigado las leyes que regulan la dinámica de los vínculos es, en definitiva, el diseñador de una filosofía de lo vincular.
Bibliografía sugerida: “El proceso de convertirse en persona” y “El camino del ser” (ambos de Carl Rogers).

viernes, 16 de octubre de 2009

Hoy hablamos de Astrología


En el día de la fecha, fui invitada a participar en "El Programa de Uno y los Demás", que se transmite los viernes, de 21 a 22 hs., por AM1010 Radio Onda Latina. Con la conducción de Leonardo Greco y producción general de Daniel Altieri. El siguiente texto es transcripción de la entrevista.


1) Pregunta: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Astrología hoy?

La Astrología ha recorrido un largo camino desde sus orígenes, que se remontan a Babilonia, Egipto, Grecia y Roma.

Hoy, hablar de Astrología es hablar de una disciplina metafísica en cuya formación se utilizan recursos de la Mitología y de la Psicología Humanística (principalmente la de orientación Junguiana).

La Astrología medieval se centraba en las predicciones mientras que la Astrología hoy busca y facilita el desarrollo personal.
A mí me gusta decir que "comprender es mejor que predecir". Con esto quiero enfatizar que los aspectos más relevantes de la Astrología son aquellos que ayudan al individuo en su proceso de apertura a la experiencia y para eso la comprensión es fundamental.

Muchos psicólogos hoy se forman en Astrología para utilizar la carta natal en la atención de sus pacientes.

2) Pregunta: ¿Con qué elementos cuenta la Astrología para facilitar este proceso de desarrollo?

El primer elemento es el Zodíaco: me refiero a los doce signos que todos conocemos. El Zodíaco es el recorrido que sigue el fluir de la energía vital, en doce fases o etapas. El significado de los signos zodiacales responde a un orden secuencial: cada signo toma su significado del que lo precede y da significado al que le sigue.

Todos los procesos –sean físicos o simbólicos- atraviesan estas doce fases, desde el arranque hasta la consumación del ciclo. Ejemplo: una relación, un emprendimiento, pasarán por las doce fases o etapas simbolizadas en el Zodíaco.

También están los planetas, en los que están representadas todas las funciones psíquicas del individuo. Y las doce casas, que son los sectores de la carta natal en los que se hallan incluídas todas las áreas de la experiencia humana.

Estos componentes: signos zodiacales, planetas y casas, son los elementos principales que integran la carta natal. Hay otros, pero estos son los principales.

3) Pregunta: ¿Qué es una carta natal? ¿Cómo se hace?

Es un mapa de energías que muestra la cualidad de un momento del tiempo que coincide con el nacimiento de una persona. Para hacerla se precisan la fecha, hora exacta y lugar geográfico del nacimiento.

Como es un gráfico de energías, en una carta natal no existe nada que en sí mismo sea bueno o malo, positivo o negativo, benéfico o maléfico. En realidad solemos ver como negativo todo aquello que nos causa dolor o nos saca de nuestros lugares de comodidad o protección. Y como positivo, lo que nos da placer o nos permite permanecer en esos sitios de comodidad o protección: esto después se transforma fácilmente en encierro o estancamiento.

No hay nada predeterminado: la carta natal como mapa de energías muestra predisposiciones y tendencias, que son a la vez herencias y desafíos. Pero es el individuo quien con su conciencia y voluntad puede intervenir para modificar la realidad o dejarla como está.

Lo que no aparece en la carta natal es hasta qué punto un individuo, que es único e irrepetible, modificará sus circunstancias ejerciendo su libertad personal.

Teniendo en cuenta esto: ¿cuál sería el lugar de las predicciones?

Y otra pregunta, desde este enfoque, podría ser: ¿somos realmente predecibles?

4) Pregunta: Entonces ¿qué pasa con los horóscopos que aparecen en los medios, por ejemplo? ¿Y las webs que te ofrecen cartas natales con informes enviados por mail?

Yo veo a los horóscopos como un entretenimiento que distorsiona la verdadera Astrología. El horóscopo se refiere sólo al signo solar (el del día del cumpleaños), pero la carta natal nos enseña que todos tenemos los doce signos zodiacales en nosotros.

En cuanto a las webs que ofrecen cartas natales, quizás podrían servir para despertar el interés por la Astrología. Pero si inicialmente actúan como disparadores, después hay que profundizar y esto requiere individualizar la consulta.

5) Pregunta: Escuché decir que en la carta natal la Luna representa a la madre. Como el domingo es el día de la madre… ¿podrías hablarnos de este tema?

Ante todo, hay que destacar que la Astrología llama “planetas” al Sol y a la Luna. O también “luminarias”. Y que los planetas tienen diversos significados en cuanto a lo que representan o simbolizan. En el caso de la Luna, el arquetipo de la madre es sólo uno de esos significados.

La Luna no representa a la madre real o física. Cuando en una entrevista astrológica hablamos de las características de la Luna en una carta natal (tomando su posición por casa, signo y aspectos a otros planetas), vemos que describe la vivencia que la persona tuvo de su madre. En otras palabras, la Luna es la imagen internalizada de la madre o de la persona que haya desempeñado la función materna.

En los primeros siete años, además del cuerpo físico, se forman las estructuras psíquicas básicas del ser humano. Las circunstancias y condicionamientos de esos años marcan profundamente, dejando huellas que nos acompañan por el resto de la vida. En esos primeros años se aprenden las conductas que van a quedar incorporadas como hábitos: comer, jugar, caminar, hablar, leer y escribir. La Luna también simboliza el mundo de las emociones y nuestra capacidad de respuesta emocional: la empatía.

Todo esto está íntimamente vinculado con los cuidados de nutrición, seguridad y protección que hemos recibido siendo bebés y niños. Y esto depende de la manera en que nuestra madre –o quien haya desempeñado la función materna- ha respondido para satisfacer o no nuestras necesidades. Repito esto porque es importante: la Luna no describe a la madre tal como ella es en realidad, sino a la vivencia que el individuo ha tenido, es decir que es la imagen que ha internalizado.

Esta es una imagen muy difícil de desarraigar: de esta vivencia dependen la actitud que tendremos para confiar y abrirnos a la experiencia como también el mayor o menor grado de dependencia emocional que desarrollaremos en lo vincular. Aquí agregaría que la Luna tiene un rol preponderante en Sinastría, que es la Astrología de las relaciones, y es la rama de la Astrología a la que recurrimos cuando queremos estudiar el grado de compatibilidad entre las personas.

Si bien decimos que la Luna influencia los primeros siete años de la vida, esta influencia siempre está presente porque la Luna representa nuestra naturaleza primaria, instintiva, indicando nuestra manera de reaccionar. Por eso también describirá al niño interior: cuando actuamos desde ese niño interior insatisfecho podemos ser caprichosos, peleadores o encerrarnos en nosotros mismos, buscando refugio o auto protección si nos sentimos amenazados: esto hace que levantemos defensas y nos cerremos a la experiencia. En cambio si actuamos desde el sano niño interior, será más fácil mantener un sentido lúdico de la vida.

La Luna también está relacionada con la concepción, la gestación y el nacimiento. Si queremos descubrir cómo es el vínculo de una persona con su madre, tenemos que mirar en la carta natal la posición de la Luna por signo, casa y aspectos, el signo de Cancer y la casa 4. Hay quienes dicen que la madre puede estar relacionada a la casa 10, sin embargo para mí la casa 10 muestra al padre porque simboliza la salida al mundo y el lugar que uno ocupa en el mundo. Y es el padre quien habilita la salida al mundo.

Para terminar, en Astrología se dice que “hay que vencer la Luna para alcanzar el Sol”. Estas palabras sugieren que intentemos vencer la naturaleza primaria, no actuando desde las reacciones emocionales para poder alcanzar la naturaleza esencial o conciente simbolizada por el signo del Sol: un enorme desafío, porque ante cada situación nos veremos enfrentados a elegir entre seguir reaccionando como niños o responder como individuos maduros.


domingo, 5 de julio de 2009

Richard Idemon y la Astrología



En el texto siguiente, perteneciente al libro “El Hilo Mágico - Seminarios de Astrología Psicológica” (Ediciones Urano), Richard Idemon (fallecido en 1987) comparte algunas reflexiones sumamente iluminadoras partiendo de su propia experiencia. Imperdible para astrólogos, estudiantes y amantes de la astrología. Que lo disfruten!

Pregunta: ¿Cómo te las arreglaste con el precio que hay que pagar para ser astrólogo? ¿Cómo te enfrentaste con la soledad y por sentirte excluído, o por ser motivo de risa, o que los demás te tomaran por tonto o chiflado?

Respuesta: En mi condición de principiante en el estudio de la astrología, y es así como considero mis primeros diez años, para mí fue importantísimo ganar adeptos. Hacerlo forma parte de esa peculiar época de la vida en que tu fe en algo es tan poderosa y eso en lo que crees ha tenido tanto impacto en ti que, por otra parte, te deja también bastante inestable. Como todavía no has llegado a arraigar en un conocimiento auténtico del fondo de tu alma, tienes que esforzarte por lograrlo. Por eso yo solía enzarzarme en continuas discusiones; más aún, las provocaba. Cuando me presentaba a alguien diciendo que era astrólogo, eso implicaba un: “¿Quieres que lo discutamos?”, algo que era importante para mí entonces porque estaba usando a la gente como un niño usa un mordedor cuando le están saliendo los dientes. Al ir refinando mi pensamiento mediante la discusión, refutando argumentos y enfrentándome con los escépticos, me afirmaba más auténticamente en mi creencia. Ahora, si me encuentro con alguien que cree que la astrología es un disparate, no le hago caso, porque no quiero discutir con nadie de mentalidad tan cerrada. Sin embargo, es interesante que también haya astrólogos que afirman que no son capaces de discutir con espíritu abierto. La cerrazón mental les gusta; son como la polilla que se precipita en la llama. E incluso hay entre nosotros personas (y no quiero decir que eso tenga nada de malo) a quienes les divierte discutir con aquellos a quienes la astrología los pone histéricos, y es probable que en esa actitud haya un problema secreto con la sombra.

En cuanto a la segunda parte de lo que me has preguntado, yo provengo de una de esas familias “heridas” que tantos tenemos, y en estos casos la cuestión está en cómo te las arreglas tú para cuidar de ti mismo. Cuando eres un pararrayos, ya sea porque eres muy conocido o porque representas algo que constituye un reto para la “mentalidad del mínimo común denominador” del colectivo que te rodea, eso te pone en cierto sentido en un lugar solitario. Pero la clave de lo que te permite enfrentarte con ello se halla en que tú mismo te brindes tu propio alimento y sepas cuidarte solo. Se trata de no caer en la trampa de pensar: “Soy un servidor del Universo, un canal, y sólo existo en el nivel transpersonal, porque el personal es simplemente demasiado para mí”. Adentrarte en tu propio trabajo, por cualquier camino que te haya llevado a él, alimentar a tu niño interior, cuidar de tu vida, asegurarte de que tu necesidad de seguridad emocional esté satisfecha, de que estás bien contigo mismo, todo eso te permite ocupar con relativa tranquilidad ese lugar tan expuesto, porque los vientos que soplen no te sacudirán tanto si tus raíces se hunden firmemente en la tierra.

Creo que lo fundamental es el cuidado afectuoso de la persona interior, para afirmarse y centrarse en ella. Por eso insisto constantemente en que hay que descender por el laberinto, porque mediante la curación que se obtiene en ese ámbito, nos vamos creando un territorio para nosotros mismos; allí es donde están nuestras raíces. Si éstas son fuertes, el árbol será capaz de resistir muchísimo viento; si las raíces son superficiales, un fuerte golpe de viento lo derribará. Por eso, al crecer debemos tener presente que somos a la vez raíz y rama, y que no podemos estar preocupados sólo por estirarnos hacia el cielo. Debemos recordar que tenemos raíces que descienden hacia el mundo subterráneo, y que hay que hacerlas crecer de tal manera que sirvan de contrapeso a las ramas que elevamos hacia el cielo.

Pregunta: ¿Podrías hablarnos de cómo ves tú el futuro papel de la astrología? ¿Crees que irá siendo gradualmente más aceptada? ¿Y cuál es la parte que nos cabe en su enseñanza?


Respuesta: Odio hacer predicciones, porque lo más fácil es que no acierte, como veinte años atrás, cuando pronostiqué que al cabo de veinte años se enseñaría astrología en todas las universidades. Pero así y todo, creo que el proceso está en marcha. Pienso en la astrología simplemente como una más de tantas cosas que la gente hace, como la cestería o la meditación, el tipo de cosas que todos hicimos en los años sesenta y setenta, cuando también en la astrología se produjo un gran despertar. Ahora eso ha cambiado, el campo es más estrecho, pero se profundiza más en él. La gente que hoy se interesa por la astrología se centra en ella con más seriedad y más sinceridad. El movimiento que veo en marcha, y que me fascina, es el matrimonio entre la astrología y todas las variantes de la psicología. Un seminario como este no se habría podido realizar quince años atrás. ¿Por qué? Porque entonces no habría tenido público, pero se ha producido un cambio de conciencia, y eso es lo que me estimula y me entusiasma. En cierto sentido somos todos misioneros, somos modelos. Cada uno de nosotros, en la medida en que va profundizando su propia visión intuitiva, en que celebra el matrimonio entre la astrología y otras disciplinas, se constituye en modelo para otras personas y muestra el camino a los que vienen detrás.


Pregunta: Me parece importante tener presente que llegaremos a un momento en la vida en que ya no sintamos necesidad de contemplarla por mediación de la astrología, que no es más que uno de los instrumentos de una manera de enfocarla. He conocido a algunos astrólogos muy ancianos que terminaron por renunciar a ella.


Respuesta: Lo que me pregunto es a qué tipo de astrología renunciaron. ¡Porque hay algunas que yo recomendaría a todo el mundo que las deje atrás!
Por ejemplo, con frecuencia la gente me pregunta si no llevo mi carta natal a todas partes, o una tabla de efemérides, o dónde tengo tal o cual planeta progresado. Y se escandalizan cuando les digo que no estoy seguro del grado. Pues ese es precisamente el tipo de astrología al cual ansío renunciar. Conozco mi propia carta y sé exactamente cómo es, pero no tengo por qué ser una efemérides ambulante. A este tipo de astrología ya he renunciado. Preferiría más bien seguir profundizando en mi propia alma. Eso, para mí, es una pasión, y no quiero renunciar a una pasión. A lo que he renunciado ya es a ese tipo de astrología que me limita, a la astrología de la dependencia, a la astrología umbilical, y quisiera animaros a hacer lo mismo tan pronto como os sintáis preparados para hacerlo. Muchos astrólogos siguen llevando su carta a todas partes, como la palma de la mano, para mostrarla. No es que eso esté mal; es una fase, una fase natural por la que todos hemos pasado. Lo primero que yo hacía cada mañana, y lo último que hacía cada noche, era mirar mi carta: “Ah, Neptuno se ha desplazado un minuto más de arco. ¿Qué deberé hacer mañana?” Es una fase natural que ya pasará, pero cuidad de no tirar el grano junto con la paja, porque el grano os dará una excelente cosecha.