domingo, 19 de junio de 2011

Fragmentos del libro "El Hilo Mágico", de Richard Idemon

Hay un fenómeno al que yo llamo territorio psicológico básico. Me refiero a esto: como probablemente sepáis, todos los animales son territoriales, es decir que si van en manadas, como los búfalos, marcan olfativamente el perímetro de sus fronteras. La manada se las arregla para conocer los límites de su territorio. El territorio es esencial para la supervivencia. Los seres humanos podemos tener menos conciencia de nuestras propias fronteras físicas y de nuestro territorio, pero, sin embargo, son factores tan importantes para nosotros como para todos los demás organismos vivos. Una liebre perseguida por un coyote conoce los límites de su propio territorio y volverá sobre sus pasos, incluso a riesgo de caer entre las fauces del coyote, con tal de no salir de su territorio básico. Lo mismo sucede, en un nivel psicológico, con los seres humanos, que tenemos nuestro propio territorio psicológico básico donde nos sentimos seguros. Esa es nuestra realidad. En general, se basa en un mito, aquel que dice: “Esto soy yo, así son mis relaciones con los demás en el mundo, y esto es lo que el colectivo me reserva”. O, dicho de otra manera: “Este es mi destino” o “Esto es lo que me dicen los dioses”.

Es muy frecuente que estos mitos (la sustancia fundamental que constituye ese territorio psíquico básico) se establezcan muy precozmente en la vida. En psicoterapia, el proceso consiste en identificar la naturaleza de este territorio básico, y una vez que se la identifica, ayudar a la persona a ensanchar sus fronteras o, incluso, traspasarlas. Por eso hay quienes pueden pasarse años sometidos a psicoanálisis o estudiando su propia carta astral, o consultando a todos los “psíquicos” del mundo, sin llegar realmente a cambiar. Y la razón de que no cambien es que la comprensión intuitiva no basta para traspasar las fronteras. Hay alambradas psíquicas… Cambiar es como morir un poco psíquicamente, y esa es una de las razones por las cuales la gente se resiste tan desesperadamente a cambiar. Por lo tanto, tener una comprensión intuitiva no equivale necesariamente a cambiar, pero sí es un buen comienzo, y eso es lo que podemos obtener de la astrología: comprensión intuitiva.

Ahora bien, ¿cuál es la sustancia que constituye ese territorio básico? Pues esa sustancia es el mito, es un material mítico integrado por una combinación de mitos personales, sociales y colectivos o transpersonales. Volvamos atrás en el tiempo y hablemos de los mitos colectivos o transpersonales. Carl G. Jung los denominó arquetipos – o mitos arquetípicos – e incluso les dio nombres arquetípicos como el de la Gran Madre. La madre es una fuerza arquetípica que existe en todas partes, en todas las culturas y en todas las épocas. Su función es nutrir, proteger, dar a luz, ser fecunda. Y puesto que es así para todo el mundo, hay ciertos mitos arquetípicos, universales y colectivos, referentes a cuál debe ser la función de la madre. Son mitos que ya hemos asimilado porque, tal como dijo Jung, nos llegan con la leche materna. Los respiramos con el aire, simplemente porque es una parte colectiva del universo en el que vivimos. Jung trata en sus escritos de una enorme cantidad de esos mitos colectivos, que son su verdadera especialidad.

Después tenemos lo que yo llamo mitos sociales. Todos vivimos en una época y un lugar determinados, con su propia mitología social. ¿Cómo se comportaba una mujer del sur de Estados Unidos antes de la Guerra de Secesión, por oposición a la forma en que se conduce en la actualidad? ¿Cómo actúa una mujer soltera en Grecia, en comparación con la que está casada o es viuda? ¿Hay una gran diferencia cono el comportamiento de una viuda en California o no? Es decir que los mitos sociales provienen de un determinado entorno cultural, de la época y el lugar determinados en los que nace una persona. Y también estos son rasgos que imitamos, aprendemos y asimilamos en nuestros primeros años. ¿Cuál es el papel que desempeña cada cual?¿Qué es ser un hombre y qué es ser una mujer? Y también hay mitos relacionados con las profesiones.

Muy cerca de ellos están los mitos familiares. Cada familia tiene su propia mitología. Ahora nos estamos acercando más al ámbito del que nos hablaba Freud. ¿Quién ostenta el poder en la familia? ¿Quién ofrece apoyo y afecto? ¿Qué significa ser hombre o mujer en vuestra familia? ¿Quién recibe los palos? ¿Cómo está dividido el poder? ¿Cómo expresáis la rabia en vuestra familia? Tal vez el mito familiar sea que la ira destruye y mata, o quizás se considere que sólo la pueden expresar los hombres. Puede que el mito sea que las mujeres subliman su rabia. O bien que a los hombres les corresponde públicamente el poder y que las mujeres deben ejercitarlo de un modo sutil. Es decir que los mitos familiares tratan de temas sumamente importantes.

Tenemos, pues, los mitos colectivos o transpersonales, los sociales y los familiares, además del propio material innato que cada uno aporta a su propia vida. Ya veréis que yo no creo, como muchas escuelas psicoanalíticas sostienen, que nuestra formación provenga totalmente del ambiente, ni tampoco de la herencia. Como astrólogo, no puedo menos que creer que nacemos con algo esencial y propio que se va coloreando y enriqueciendo mediante nuestra interacción con los mitos colectivos, sociales y famliares. Entonces, hemos de reunir y sumar todos estos factores. Si tomamos los mitos colectivos, los sociales y los familiares y la esencia innata de lo que nosotros mismos aportamos a todo ello, veremos que muy pronto en la vida se van formando lo que podríamos llamar mitos personales. Y esta es la sustancia esencial de nuestro territorio básico.

¿La carta astral nos habla de los mitos colectivos, sociales y familiares? A decir verdad, es mucho lo que nos cuenta al respecto. También nos habla de cuál es el aporte innato de la persona al sistema. ¿Nos dice la carta de qué manera el nativo ha juntado todo esto para crear su propia mitología? Pues no, eso no. Entonces, ¿cómo lo descubriremos? Dialogando con él, porque cada persona es una entidad increíblemente única, creativa y original, que tiene su propia forma de reunir y unificar todo eso. El modo en que puede colaborar el astrólogo que cuenta con la adecuada formación psicoterapeútica, o el psicoterapeuta con formación astrológica, es ayudar a que el proceso se encamine con mayor rapidez hacia una comprensión intuitiva más profunda, llegar hasta la naturaleza de esos mitos, y darles nombre.

 

En los fragmentos siguientes, Richard Idemon relata cómo realiza el abordaje de una carta, de acuerdo a su propia metodología. Cabe destacar que "El Hilo Mágico" es un libro que reúne la formación impartida en seminarios de astrología psicólogica dictados por el autor.


La carta astral está tan cargada de información que tendemos más bien a tener demasiada. Entonces, lo que hago es destilar la información hasta reducirla a lo que para mí son las partes más psicodinámicas de la carta, y a eso lo llamo la leyenda. ¿Recuerdan que en la clase de geografía había una clave para explicar que las líneas de puntos eran ferrocarriles y las estrellitas señalaban capitales? Esa leyenda nos daba la interpretación del mapa. De modo que esto es una leyenda, una especie de boceto preliminar. Como un modelo artístico de la condición humana, la astrología debería ser como otras artes, en las que se nos permite hacer un boceto preliminar.

¿No es interesante que los astrólogos levantemos una carta astral, la estudiemos durante dos o tres horas y pensemos que ya estamos preparados y listos para ofrecer a una persona una lectura o una consulta? Yo veo la carta de otra manera y me gustaría ir desarrollándola, capa tras capa, desde dentro hacia fuera, al igual que un artista va trabajando en un boceto preliminar. Se trata de elaborar un bosquejo a grandes líneas de la carta. No es un material para compartirlo con el cliente, sino más bien una manera de concentrarse.

La leyenda se forma a partir de una serie de cosas diferentes de la carta. Hay que descubrir lo que se destaca, lo que es diferente o excepcional, de modo que se trata de buscar anormalidades. No uso este término en el sentido de algo que esté mal, sino de algo que se diferencie de la norma, y que esté compuesto de diversas funciones. Extraigo la información de la carta, que se convierte en parte de la leyenda, y después dejo de lado la carta hasta que venga el cliente. No quiero mirarla, porque los astrólogos tendemos a prepararnos en exceso, hasta el punto de que dejamos de escuchar. Ya nos hemos formado nuestra opinión y la cosa es como un producto terminado.

Los puntos destacados de la carta están formados por varios factores. El primero es lo que yo llamo funciones. Empecemos con las funciones y después ya veremos los otros factores que destacan en la carta, como las configuraciones mayores, los planetas elevados, o los planetas estacionarios. Y veremos las configuraciones de determinados aspectos, profundizando un poco, y algunas cosas más, como por ejemplo el significado del grado. Una vez que tengan esa leyenda tendrán el elemento básico de la estructura.

Empecemos con el uso de las funciones; pero, ¿de qué funciones estamos hablando? En primer lugar, todo en la carta tiene una polaridad. Hablemos de los doce signos. Tenemos seis signos yang y seis signos yin (a los que se suele llamar masculinos o positivos y femeninos o negativos). Yo prefiero usar los términos “yang y yin” porque no llevan implícito ningún juicio de valor ni tienen connotaciones sexistas. Así, pues, tenemos la polaridad. Y también la modalidad, que significa una clase o forma de movimiento. Todos los signos tienen un modo de funcionar característico, que puede ser cardinal, fijo o mutable. El movimiento cardinal es centrífugo, se dirige desde dentro hacia fuera, hacia un objetivo. El movimiento fijo es centrípeto, va hacia dentro, de la periferia al centro. El movimiento mutable es pulsátil y fluctuante, una función de avance y retroceso.

Además de la polaridad y la modalidad, tenemos los elementos, a los que yo me refiero a veces como “tipos”. Los elementos (fuego, tierra, aire y agua) se correlacionan aproximadamente, pero no con exactitud, con las funciones junguianas. El elemento tierra se equipara claramente con la función que Jung llama sensación, y está bien claro que el elemento aire se equipara con la función junguiana del pensamiento. La cosa se nos complica con el fuego y el agua, al igual que se le complicó a Jung, puesto que no llegó jamás a definir con claridad, de un modo que le resultara satisfactorio, qué quería decir al hablar de la intuición. La función del sentimiento parece armonizar bien con el elemento agua, pero cabe preguntarse si “intuición” es la palabra adecuada para el elemento fuego. El propio Jung no pudo nunca decidirlo del todo.

Finalmente, tenemos otra categoría que me gusta utilizar, y que llamo orientación. Las orientaciones son tres: la personal, la social y la universal. Aquí volvemos al asunto del punto de vista del observador. Cada signo, arquetípicamente, percibe el tiempo y se orienta en el tiempo y el espacio de manera diferente. Aries, por ejemplo, se orienta hacia “yo, aquí y ahora”: “Yo quiero lo que quiero cuando lo quiero”. Libra dice: “Yo no sé lo que quiero mientras no sepa lo que tú quieres”, o simplemente: “Quiero lo que tú quieras”. De modo que Libra se orienta hacia “ti” y Aries se orienta hacia “mí”. Piscis dice: “Yo no, aquí no, ahora no”, o sea: “Todos, en todas partes, siempre”. Como podéis deducir, el diálogo entre signos que se orientan de manera tan diferente en el tiempo y el espacio es muy difícil. ¿Han observado cómo parece que el tiempo se acortara a medida que envejecemos? ¿Recuerdan cuando eran niños y esperaban su cumpleaños o la Navidad, y cómo el tiempo parecía que pasaba muy despacio? ¿No es algo sumamente subjetivo? Si lo estamos pasando bien, el tiempo pasa con rapidez, y con qué lentitud y monotonía parece transcurrir si se sienten tristes o aburridos! Así pues, cada signo se orienta de diferente manera en el tiempo y en el espacio.

Empecemos por Aries, el primero de los cuatro signos que yo llamo personales, y recuerden que hablo de ellos de forma arquetípica y no refiriéndome a personas espefícicas. No creo que haya “Virgos” ni “Sagitarios”. Son principios arquetipicos, es decir, cuando hablo de los signos, me refiero a ellos como principios fundamentales de procesos que tienen que ver con todos nosotros. Así pues, la orientación de Aries, Tauro, Geminis y Cancer es: “primero yo”. Son los signos del despertar. Tienden a ser primitivos, sin que eso implique ninguna connnotación peyorativa. Hay algunas bellísimas cualidades que se relacionan con lo primitivo y lo básico. Si algo existe a lo que se pueda considerar instintivo, es probable que se relacione con los dos primeros signos, Aries y Tauro. Su preocupación es “yo” y “lo mío”, en el tiempo y el espacio, y están orientados hacia lo inmediato, hacia el ahora. En su círculo, el entorno es pequeño.

El segundo grupo de cuatro signos está constituído por lo que yo llamo signos sociales: Leo, Virgo, Libra y Escorpio. Aquí la orientación es “yo y tú”. Otras preocupaciones pasan a ocupar el primer plano. El mundo se va ensanchando. Así como el niño empieza a gatear y a dar los primeros pasos y se va desarrollando hasta convertirse en un adolescente y finalmente en un adulto, también el mundo de nuestras percepciones se va ampliando, no sólo en cuanto a lo que vemos exteriormente, sino también en lo que respecta a nuestro interior, o por lo menos, así debería ser. A los signos sociales les interesan las interconexiones, las relaciones sociales, la validación de los demás. Estos cuatro signos actúan de maneras diferentes, como los cuatro signos personales, pero a todos les preocupa lo mismo. A los cuatro signos sociales yo los llamo “signos morales”, no porque siempre se comporten de buena manera, sino porque la moral es el pegamento que mantiene unida a una determinada entidad social. Las normas morales y los tabúes nos vinculan a una comunidad.

El último grupo de cuatro signos es el formado por los signos colectivos o transpersonales: Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Su orientación es “yo y el universo”, incluso hasta el punto de que en los dos últimos signos (Acuario y Piscis) el “yo” desaparece y no hay más que “el universo con el universo”. Aquí el interés se centra en las causas, las teorías, las ideas, los grandes conceptos… Todo se ensancha y se aleja de lo individual, de lo personal e incluso de lo social, razón por la cual no se puede considerar a Acuario un signo social, aunque los textos de astrología digan lo contrario. El signo social de aire es Libra, el que disfruta en las fiestas y relacionándose con la gente, y no Acuario. Arquetípicamente Acuario dice: “Dejen que me reúna con el mundo entero en algún gran nivel cósmico, o déjenme solo”. Y Geminis, el otro signo de aire, dice: “Pero ¿qué tiene que ver todo esto conmigo?” De modo que ya ven cómo cada uno de los signos tiene una orientación muy diferente.

En la evaluación tendremos en cuenta los signos y las casas. Yo no considero que las casas tengan ni modalidad ni elemento, o sea que no creo que haya casas de fuego, tierra, aire y agua. Sé que algunos pueden pensar que es así y utilizarlas en función de ello, y no tengo ningún inconveniente en que lo hagan así. Es probable que más adelante les explique por qué pienso lo que pienso sobre este tema, pero por el momento me limitaré a decir que es así.

Empleo un sistema de cálculo para determinar las funciones dominante e inferior. Asigno un punto a cada planeta y un punto extra al Sol, la Luna y el regente del Ascendente, de manera que al final tendremos un total de trece puntos. Este es un sistema muy subjetivo y lo voy variando constantemente. Hay veces en que añado un punto extra para el dispositor de un stellium o para el regente del Medio Cielo.

No cuento el Ascendente porque sólo tengo en cuenta los emplazamientos planetarios. La razón es que considero que los planetas son energías psicodinámicas. Son los intermediarios entre el colectivo arquetípico de los signos y el arraigo en el mundo de las casas, de modo que sólo cuento los planetas. Tampoco cuento los nodos ni las partes arábigas ni los asteroides.

Contamos los emplazamientos en signos personales, sociales y universales. Hacemos lo mismo con las casas, empezando por las personales (desde la primera hasta la cuarta) y contamos los planetas emplazados en ellas. Seguimos con las casas sociales (de la quinta hasta la octava) y las universales (de la novena hasta la duodécima).

Esta información nos da tantos datos sobre la persona que sólo con estos elementos podemos empezar a hacer a grandes rasgos un análisis preliminar de la carta.

2 comentarios:

Danny dijo...

Me ha gustado mucho el tema que tienes en tu blog :)

Andrés Paz Cerón dijo...

Excelente tema el que tocas, interesantisimo.