Cuando nos hemos dedicado durante años a desempeñar una función, corremos el riesgo de que el personaje devore a la persona real.
Con la Astrología ese es un riesgo
que se encuentra siempre al acecho, ya sea que estemos aprendiendo o enseñando
o en el rol de consultores.
Cuando nos dedicamos a la
consultoría, en general lo hacemos con una intención muy noble: la de querer
ayudar a otras personas a comprender su vida. Al menos esa es la intención
desde la cual siempre he difundido este conocimiento, por eso el nombre de este
blog: Astrología para Comprender la Vida.
Nuestra principal función es la
interpretación de símbolos, ya que trabajamos con un sistema simbólico.
Ayudamos a quien nos solicita una
sesión a encontrar una explicación para hallar sentido, significado y propósito
en una experiencia determinada. O tratamos de inspirar al consultante para que
eleve su vibración, desarrolle su conciencia y pueda pasar al siguiente nivel
de comprensión, para mejorar su calidad de vida.
Al finalizar el día de trabajo y
cerrar el consultorio, nos espera la realidad del encuentro con familiares, amigos,
vecinos, o simplemente vamos caminando por la calle y aquí comienza algo muy
particular: leemos y decodificamos la realidad desde la simbología astrológica.
Entonces, por ejemplo, vemos a dos
personas en una esquina, en medio de un choque de autos, están discutiendo a gritos o se van
a las manos – situación frecuente – y en nuestra mente aparece algo como esto: “Qué
nivel de Marte!” En otra oportunidad, nuestra madre adopta el rol de víctima y
nos manipula, entonces pensamos: “Claro, tiene la Luna en Piscis, como no va a funcionar
en modo víctima?”.
Algún estudioso de la astrología
se reconoce en estas situaciones?
Existe el riesgo – por no decir el
peligro – de que la identidad se disuelva en el simbolismo al ser devorada por
el rol. Y a veces esto provoca que la
propia vida se desordene.
Se desarrolla maestría en un
sistema simbólico pero se puede perder la relación con los detalles de la vida simple
y cotidiana.
Sentí el impulso de escribir este
artículo porque hace unos días hablando con alguien a quien no veía hace tiempo,
le contaba muy entusiasmada sobre mis nuevos proyectos con la Astrología.
Reconozco que me mostré algo insistente y monotemática. Entonces me preguntó: “Y
sacando la Astrología, ¿cómo anda tu vida?”
Nos reímos de su pregunta pero... algo quedó haciendo ruido.
Y me hizo reflexionar exactamente
en las palabras con las que inicié este escrito: cuando nos hemos dedicado
durante años a desempeñar un rol, corremos el riesgo de que el personaje devore
a la persona real.
La Astrología es algo maravilloso, un sistema que permite comprender la realidad para vivir de manera más conciente. Pero después de muchos años, se contraen algunos “hábitos” que podrían no ser tan saludables si no estamos atentos y nos dejamos devorar.