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viernes, 5 de junio de 2026

Acerca del Propósito y el Sentido

Cuando pasamos por un cierre de ciclo, con la profunda transformación que conlleva, siempre experimentamos una pérdida del propósito y el sentido: es parte del proceso.

La incertidumbre que nos acompaña día tras día, mientras nos vamos reacomodando, es un verdadero desafío que nos incomoda y nos asusta. Pero es necesario experimentarla porque sirve a un propósito evolutivo mayor.

Ese propósito mayor – que no se nos revela de inmediato – requiere toda nuestra valentía. Reconocer que perderemos partes de nuestra identidad, que cambiar de rumbo implica una “mudanza” mucho más profunda que un cambio de ciudad o de casa, que se desmoronarán estructuras que nos han sostenido en nuestra etapa anterior, que podríamos incluso separarnos de las personas que ya no vibran en nuestra misma frecuencia. En síntesis, que es necesario que nos liberemos de todo aquello que ya no acompaña lo que está pidiendo nacer.

Todo eso es imprescindible para encontrar nuevos “objetos” de propósito. Es decir que iremos descubriendo qué de todo lo nuevo que irá apareciendo en el horizonte merece ser un “objeto” de propósito y sentido. Mientras eso no llega, habrá que aprender a vivir en medio de la falta de claridad y evitando reaccionar controlando, porque sentimos esa falta de propósito como algo doloroso y el caos como la pérdida de la estabilidad y el orden. Se impone hacer el duelo.

Cuando el proceso haya sido completado, un nuevo orden creativo llegará a nuestra vida y nuestro fuego interior volverá a estar disponible para ser ubicado en nuevos proyectos.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Acerca de la Aceptación

Hoy se ha puesto de moda un nuevo mandato: la aceptación.

Sostengo que uno de nuestros mayores aprendizajes es el de deshacernos de lo que nos ha sido inculcado: esos mandatos y condicionamientos que nos han conducido en dirección contraria a lo que reclama nuestra individualidad.

Entonces: ¿por qué tenemos que aceptar algo? Y qué pasa cuando no queremos hacerlo?

Recuerdo que, durante una sesión, le pregunté a una consultante por qué no aceptaba una determinada situación que estaba atravesando en ese momento, dado que ella misma afirmaba que no podía cambiarla y eso le generaba una intensa angustia. Y recuerdo su respuesta categórica: “No quiero aceptarla!”. Noten que no dijo que no podía o no sabía cómo aceptarla.

Esa experiencia me llevó a reflexionar y comprendí que muchas veces aceptar es anestesiarse. Y eso impide el avance. Es impotenciante. 

Desde  entonces, en lugar de aceptar, hablo de RECONOCER para INTEGRAR. Porque reconocer es la actitud que nos permite integrar.  Es como afirmar: "reconozco que esto forma parte de mi vida hoy, pero no quiero aceptarlo. Tiene que haber otra manera de afrontarlo".

Reconocer implica la posibilidad de cuestionar. Cuestionar permite buscar y encontrar estrategias inteligentes de resolución. Puede que la solución no sea inmediata – los procesos a veces son lentos para nuestra poca paciencia -. Pero seguramente será una manera saludable de hacernos responsables de lo que elijamos hacer o no hacer.

Al tomar la decisión de reconocer, aceptamos que esa situación forma parte de nuestra  realidad pero nos desapegamos de la misma. Entonces ganamos lucidez y tenemos un mayor margen de acción. Nos involucramos menos emocionalmente y podemos visualizar con perspectiva y mayor objetividad aquello que sucede. Solo recién entonces podemos pensar en hacer algo para modificarlo, aunque nos lleve más tiempo que el deseado.

A veces aceptar nos vuelve sumisos y silenciamos – o matamos - al rebelde interior que nos habita. Ese rebelde es el encargado de cuestionar y modificar la realidad. No he visto jamás en mi vida a un auténtico rebelde que aceptara algo sin intentar cambiar el estado de las cosas.

Al reconocer para integrar ganamos serenidad y tiempo para afrontar la situación. Al integrar, nos completamos, nos volvemos enteros, vivimos nuestra realidad con coherencia. En lugar de luchar contra la situación, encontramos la manera de armonizarnos en medio del desafío. 

Recuerden: el rebelde interior no es un revoltoso. Es un revolucionario que, al no querer aceptar algo, puede convertirse en un canal por donde ingresa todo aquello que transforma la realidad.

viernes, 1 de mayo de 2026

Signos zodiacales y Arquetipos

En la actualidad la astrología y la psicología ya no son disciplinas separadas. Ambos sistemas buscan dar respuesta a las mismas dudas e incertidumbres sobre la naturaleza humana.

La astrología nos enseña que los signos zodiacales simbolizan doce energías fundamentales, como ha sido explicado en este blog en numerosos artículos. Y en la psicología de Carl Jung encontramos un maravilloso aporte: los arquetipos.

Si combinamos ambos sistemas, los signos zodiacales se convierten en una descripción del viaje de la conciencia, en lugar de ser una superficial descripción de características de personalidad.  

Podemos hacer el recorrido de este viaje de la conciencia reuniendo los signos zodiacales en tres grupos que representan tres etapas del mismo: desde la construcción de nuestra identidad terrenal hasta la integración de la dimensión espiritual, pasando por los procesos internos de sanación, muerte y resurrección.

Comparto con ustedes una breve guía que les ayudará a integrar cada signo con un arquetipo específico y con el trabajo interior que acompaña el avance del desarrollo de la conciencia. 


Primera etapa: de Aries a Cáncer. Trabajo interior: construir y fortalecer el ego.

Aries: el Guerrero

Tauro: el Inocente

Géminis: el Huérfano

Cáncer: el Protector


Segunda etapa: de Leo a Escorpio. Trabajo interior: sanar el alma.

Leo: el Creador

Virgo: el Buscador

Libra: el Amante

Escorpio: el Destructor


Tercera etapa: de Sagitario a Piscis. Trabajo interior: integrar el alma con el espíritu.

Sagitario: el Sabio

Capricornio: el Gobernante

Acuario: el Mago

Piscis: el Loco


Lo primero que observamos es que el Zodíaco representa un itinerario que describe el proceso de individuación con un orden de carácter inmutable, siendo una guía para el viaje de la conciencia.

Al comprender estas tres etapas podremos ser cada vez más conscientes y reconocer en qué momento de nuestro propio trabajo interior nos encontramos: ya sea que estemos construyendo y fortaleciendo nuestro ego o sanando heridas o resignificando el pasado o buscando la conexión con lo que para cada uno signifique su concepto de lo superior.

El desarrollo de la conciencia no es lineal. Lo natural es que se registren avances, retrocesos y períodos de estancamiento. No hay que asustarse: todo sirve para comprender que nuestra vida es un flujo constante de aprendizaje, descondicionamiento, muerte y renacimiento.

Espero que este breve material les sirva para despertar su interés en profundizar el tema, incrementando así su comprensión y mejorando su calidad de vida.

miércoles, 1 de abril de 2026

Sesiones para profundizar en los Ciclos de Edad

Los ciclos de edad representan cuatro momentos cruciales en nuestra evolución, en los que reafirmamos o rectificamos el rumbo para alinearnos con nuestro propósito vital.

Qué lectura solicitar?

Si tenés entre:

27 y 31 años: Primer retorno de Saturno
38 y 44 años: Oposición de Urano
48 y 52 años: Retorno de Quirón
57 y 62 años: Segundo retorno de Saturno

En las sesiones trabajamos con Astrología y Diseño Humano.

Comprender el orden y el significado de los ciclos de edad nos conduce a conectar conscientemente con el propósito para el cual hemos nacido.

Construir lo propio, descubrir y dar a luz nuestra singularidad, florecer y contribuir al colectivo con nuestro legado.

Hallar nuestro lugar en el mundo para expresar lo que somos a través de lo que hacemos.

De eso se trata esta experiencia!

Información por mail: astrologiaparacomprenderlavida@gmail.com

sábado, 21 de febrero de 2026

Reflexión sobre los signos que rechazamos

Hoy quiero reflexionar sobre un tema que se da con frecuencia cuando se conversa sobre temas vinculados a los signos zodiacales.

La astrología, mediante la carta astral, nos muestra claramente que todos tenemos los doce signos zodiacales en nosotros para ser integrados en la conciencia. Si bien nos identificamos con nuestro signo solar, lunar o Ascendente, todo el zodíaco está presente en las doce casas de la carta, que simbolizan  áreas para experimentar la vida.

Decir que nos llevamos mal con tal o cual signo, significa que existen personas con nombre y apellido cuyo signo solar es el que nos produce rechazo o dificultad, lo cual quiere decir que esa energía no está bien integrada en nosotros, que no es comprendida en profundidad. Entonces la proyectamos en las personas que pertenecen a dicho signo y decimos que “los de tal signo son… “ (completen la frase con los calificativos que ustedes siempre utilizan).

El problema más profundo aquí no es el desconocimiento de cómo opera la astrología, sino que al pensar así los primeros perjudicados somos nosotros, porque nos podemos privar de vincularnos con una persona de “ese” signo a partir de un prejuicio. 

Sabiendo que todos tenemos los doce signos, la forma sana de abordar este tema sería aceptando que no comprendemos la naturaleza de tal signo porque no la tenemos integrada en nuestra conciencia. La persona de ese signo que nos provoca tal o cual reacción, solo viene a mostrarnos eso que aún nos falta incorporar.

Todos tenemos esos signos que nos llevan a decir esas palabras de rechazo. Yo misma en mis años previos a mi formación como astróloga, me llevaba muy mal con “los de Capricornio”. Cuando comencé a formarme, descubrí que ese Capricornio tenía nombre y apellido: era un tío que encarnaba las cualidades más duras de esa energía  -especialmente la imposición de límites y restricciones variadas, alegando que esa era su forma de educar-, en una etapa de mi vida en que yo no podía comprender sus actitudes.

Curiosamente, ayer en una charla informal sobre este tema compartí esta experiencia y una persona que integraba el grupo me hizo ver algo que no había visto antes, cuando me dijo “pero te protegió”. Hoy, después de muchos años (mi tío falleció hace mucho tiempo), puedo ver el valor de las cualidades de Capricornio: la capacidad de construir lo propio, de persistir en un camino hacia un objetivo o proyecto, de organizar,  la disciplina y la resistencia. Si bien existen tendencias a la rigurosidad o severidad, la rigidez y la exigencia, de no ser por esa experiencia yo no hubiese aprendido valores como la responsabilidad y el compromiso, entre otros. En realidad, ya estaban en mí, pero en estado latente. La relación con mi tío los activó pese al rechazo inicial.

Por eso si vas a decir tu frase sobre “los de…… son….” te invito a pensarlo en profundidad y a descubrir qué te está enseñando esa persona en particular, más allá de si te gusta o no, porque seguramente, eso que ves en el otro también anida en tu ser.

sábado, 20 de diciembre de 2025

La afinidad: un camino hacia el amor

Suelo cuestionar eso que los humanos llamamos amor, porque muchas veces observo que no estamos preparados para ese estado de conciencia.

Algunos dirán que el amor es un sentimiento, pero yo estoy convencida de que es un estado de conciencia en primer término. Luego en algunos casos puede convertirse en un sentimiento, si uno se toma el trabajo de construirlo y sostenerlo a lo largo del tiempo (Saturno mediante).

En Astrología se dice -muy superficialmente para mi gusto- que el amor está relacionado al planeta Venus. En realidad, este planeta habla del estilo de vínculo que podemos construir porque simboliza el compartir, disfrutar, valorar, cooperar, colaborar, negociar para hacer alianzas y otras ideas afines, pero en verdad esa es la base para construir el amor. Si no hay un Saturno bien gestionado, relacionado a la capacidad de compromiso, madurez, responsabilidad y una estructura sólida a la vez que flexible de mantenimiento, no nacerá el amor ni se sostendrá.

El diccionario define “afinidad” como “Proximidad, analogía o semejanza de una cosa con otra.” y también “Similitud o coincidencia de caracteres, opiniones, gustos, etcétera, que existe entre dos o más personas.”

Desde las leyes de la energía podríamos recordar el principio de semejanza: “lo semejante atrae lo semejante” o como se dice ahora por ahí “uno atrae lo que uno es”.

Si así fuera, cada uno buscaría otro en el cual contemplar su propia imagen. Pero esto no lo hacemos concientemente  -o quizás sí en algunos casos-.

En otros artículos de este blog he reflexionado sobre lo que pienso acerca de que los humanos no estamos preparados para vivir el amor en lo más elevado y luminoso de sus aspectos –salvo algunas excepciones que siempre las hay-. En cambio llamamos amor a lo que en realidad es posesión, manipulación, o simplemente el compartir objetivos en común y cuando ya no existen… se acabó el “amor”.

Por  eso me gusta pensar en la afinidad, pero no estoy de acuerdo en que debamos tener una coincidencia de opiniones, gustos etc. como dice el diccionario. En cambio apuesto a que podamos descubrir “eso” que nos lleve a construir afinidad desde la nada.

Por ejemplo, yo tengo interés en la Astrología y otro la cuestiona. En lugar de discutir o distanciarnos podríamos encontrar un punto de afinidad en donde cada uno pueda escuchar al otro y aprender,  no para resultar convencido por el otro sino para aceptar que somos diferentes y que, si queremos, puede haber puntos de encuentro.

Entonces la afinidad sería el poder de construir unión donde antes había separación. Eso provocaría un punto de acercamiento desde la no coincidencia, conducente al enriquecimiento mutuo. Eso, para mí, estaría muy cerca del concepto de amor porque implicaría la receptividad necesaria para un punto de partida.

En síntesis, la afinidad no es algo que existe previamente sino algo que se construye con posterioridad al encuentro. No es una condición para la  unión sino una consecuencia de la misma. Desde esa afinidad elegida y construida deliberadamente, puede surgir el verdadero amor.

Para pensarlo…

jueves, 16 de septiembre de 2021