miércoles, 20 de mayo de 2026

Acerca de la Aceptación

Hoy se ha puesto de moda un nuevo mandato: la aceptación.

Sostengo que uno de nuestros mayores aprendizajes es el de deshacernos de lo que nos ha sido inculcado: esos mandatos y condicionamientos que nos han conducido en dirección contraria a lo que reclama nuestra individualidad.

Entonces: ¿por qué tenemos que aceptar algo? Y qué pasa cuando no queremos hacerlo?

Recuerdo que, durante una sesión, le pregunté a una consultante por qué no aceptaba una determinada situación que estaba atravesando en ese momento, dado que ella misma afirmaba que no podía cambiarla y eso le generaba una intensa angustia. Y recuerdo su respuesta categórica: “No quiero aceptarla!”. Noten que no dijo que no podía o no sabía cómo aceptarla.

Esa experiencia me llevó a reflexionar y comprendí que muchas veces aceptar es anestesiarse. Y eso impide el avance. Es impotenciante. 

Desde  entonces, en lugar de aceptar, hablo de RECONOCER para INTEGRAR. Porque reconocer es la actitud que nos permite integrar.  Es como afirmar: "reconozco que esto forma parte de mi vida hoy, pero no quiero aceptarlo. Tiene que haber otra manera de afrontarlo".

Reconocer implica la posibilidad de cuestionar. Cuestionar permite buscar y encontrar estrategias inteligentes de resolución. Puede que la solución no sea inmediata – los procesos a veces son lentos para nuestra poca paciencia -. Pero seguramente será una manera saludable de hacernos responsables de lo que elijamos hacer o no hacer.

Al tomar la decisión de reconocer, aceptamos que esa situación forma parte de nuestra  realidad pero nos desapegamos de la misma. Entonces ganamos lucidez y tenemos un mayor margen de acción. Nos involucramos menos emocionalmente y podemos visualizar con perspectiva y mayor objetividad aquello que sucede. Solo recién entonces podemos pensar en hacer algo para modificarlo, aunque nos lleve más tiempo que el deseado.

A veces aceptar nos vuelve sumisos y silenciamos – o matamos - al rebelde interior que nos habita. Ese rebelde es el encargado de cuestionar y modificar la realidad. No he visto jamás en mi vida a un auténtico rebelde que aceptara algo sin intentar cambiar el estado de las cosas.

Al reconocer para integrar ganamos serenidad y tiempo para afrontar la situación. Al integrar, nos completamos, nos volvemos enteros, vivimos nuestra realidad con coherencia. En lugar de luchar contra la situación, encontramos la manera de armonizarnos en medio del desafío. 

Recuerden: el rebelde interior no es un revoltoso. Es un revolucionario que, al no querer aceptar algo, puede convertirse en un canal por donde ingresa todo aquello que transforma la realidad.

jueves, 7 de mayo de 2026

Cuando el personaje devora a la persona

Cuando nos hemos dedicado durante años a desempeñar una función, corremos el riesgo de que el personaje devore a la persona real.

Con la Astrología ese es un riesgo que se encuentra siempre al acecho, ya sea que estemos aprendiendo o enseñando o en el rol de consultores.

Cuando nos dedicamos a la consultoría, en general lo hacemos con una intención muy noble: la de querer ayudar a otras personas a comprender su vida. Al menos esa es la intención desde la cual siempre he difundido este conocimiento, por eso el nombre de este blog: Astrología para Comprender la Vida.

Nuestra principal función es la interpretación de símbolos, ya que trabajamos con un sistema simbólico.

Ayudamos a quien nos solicita una sesión a encontrar una explicación para hallar sentido, significado y propósito en una experiencia determinada. O tratamos de inspirar al consultante para que eleve su vibración, desarrolle su conciencia y pueda pasar al siguiente nivel de comprensión, para mejorar su calidad de vida.

Al finalizar el día de trabajo y cerrar el consultorio, nos espera la realidad del encuentro con familiares, amigos, vecinos, o simplemente vamos caminando por la calle y aquí comienza algo muy particular: leemos y decodificamos la realidad desde la simbología astrológica.

Entonces, por ejemplo, vemos a dos personas en una esquina, en medio de un choque de autos, están discutiendo a gritos o se van a las manos – situación frecuente – y en nuestra mente aparece algo como esto: “Qué nivel de Marte!” En otra oportunidad, nuestra madre adopta el rol de víctima y nos manipula, entonces pensamos: “Claro, tiene la Luna en Piscis, como no va a funcionar en modo víctima?”.

Algún estudioso de la astrología se reconoce en estas situaciones?

Existe el riesgo – por no decir el peligro – de que la identidad se disuelva en el simbolismo al ser devorada por el rol.  Y a veces esto provoca que la propia vida se desordene.

Se desarrolla maestría en un sistema simbólico pero se puede perder la relación con los detalles de la vida simple y cotidiana.  

Sentí el impulso de escribir este artículo porque hace unos días hablando con alguien a quien no veía hace tiempo, le contaba muy entusiasmada sobre mis nuevos proyectos con la Astrología. Reconozco que me mostré algo insistente y monotemática. Entonces me preguntó: “Y sacando la Astrología, ¿cómo anda tu vida?”

Nos reímos de su pregunta pero... algo quedó haciendo ruido.

Y me hizo reflexionar exactamente en las palabras con las que inicié este escrito: cuando nos hemos dedicado durante años a desempeñar un rol, corremos el riesgo de que el personaje devore a la persona real.

La Astrología es algo maravilloso, un sistema que permite comprender la realidad para vivir de manera más conciente. Pero después de muchos años, se contraen algunos “hábitos” que podrían  no ser tan saludables si no estamos atentos y nos dejamos devorar.

viernes, 1 de mayo de 2026

Signos zodiacales y Arquetipos

En la actualidad la astrología y la psicología ya no son disciplinas separadas. Ambos sistemas buscan dar respuesta a las mismas dudas e incertidumbres sobre la naturaleza humana.

La astrología nos enseña que los signos zodiacales simbolizan doce energías fundamentales, como ha sido explicado en este blog en numerosos artículos. Y en la psicología de Carl Jung encontramos un maravilloso aporte: los arquetipos.

Si combinamos ambos sistemas, los signos zodiacales se convierten en una descripción del viaje de la conciencia, en lugar de ser una superficial descripción de características de personalidad.  

Podemos hacer el recorrido de este viaje de la conciencia reuniendo los signos zodiacales en tres grupos que representan tres etapas del mismo: desde la construcción de nuestra identidad terrenal hasta la integración de la dimensión espiritual, pasando por los procesos internos de sanación, muerte y resurrección.

Comparto con ustedes una breve guía que les ayudará a integrar cada signo con un arquetipo específico y con el trabajo interior que acompaña el avance del desarrollo de la conciencia. 


Primera etapa: de Aries a Cáncer. Trabajo interior: construir y fortalecer el ego.

Aries: el Guerrero

Tauro: el Inocente

Géminis: el Huérfano

Cáncer: el Protector


Segunda etapa: de Leo a Escorpio. Trabajo interior: sanar el alma.

Leo: el Creador

Virgo: el Buscador

Libra: el Amante

Escorpio: el Destructor


Tercera etapa: de Sagitario a Piscis. Trabajo interior: integrar el alma con el espíritu.

Sagitario: el Sabio

Capricornio: el Gobernante

Acuario: el Mago

Piscis: el Loco


Lo primero que observamos es que el Zodíaco representa un itinerario que describe el proceso de individuación con un orden de carácter inmutable, siendo una guía para el viaje de la conciencia.

Al comprender estas tres etapas podremos ser cada vez más conscientes y reconocer en qué momento de nuestro propio trabajo interior nos encontramos: ya sea que estemos construyendo y fortaleciendo nuestro ego o sanando heridas o resignificando el pasado o buscando la conexión con lo que para cada uno signifique su concepto de lo superior.

El desarrollo de la conciencia no es lineal. Lo natural es que se registren avances, retrocesos y períodos de estancamiento. No hay que asustarse: todo sirve para comprender que nuestra vida es un flujo constante de aprendizaje, descondicionamiento, muerte y renacimiento.

Espero que este breve material les sirva para despertar su interés en profundizar el tema, incrementando así su comprensión y mejorando su calidad de vida.