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domingo, 24 de junio de 2018

La Esperanza

Fragmento del capítulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser Generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.

En nuestro inflexible foco en el pragmatismo, la esperanza a menudo está desacreditada como un sueño o pensamiento vano. Sin embargo, la esperanza es esencial para imaginar lo que es posible. En su núcleo, toda generosidad es un acto de esperanza, porque sin esperanza no habría expectativa de que ser generosos vaya a tener algún efecto.

La esperanza:

Asume que la manera en que son las cosas no será el estado final o definitivo.
Motiva los riesgos de lograr algo mejor.
Es la razón para dar a aquellos que lo necesitan.
Es la razón para recibir lo que se nos ofrece.
Proporciona la confianza de que lo que se haga desde un corazón generoso o a través de la práctica de cualquiera de las virtudes de la generosidad hará, de hecho, una diferencia.
Niega el cinismo.
Desecha la sospecha.
Inspira la belleza.
Promete un futuro posible.
Es el optimismo practicado intencionalmente.
Alimenta el fuego del amor.
Expresa las aspiraciones básicas de todos.
Genera la agitación que fogonea el progreso.

martes, 19 de junio de 2018

Acerca del Dar

Fragmento del libro "Ser Generosos", Lucinda Vardey y John Dalla Costa.


La gente desea compartirse a sí misma y su creatividad. "Dame la habilidad para ver cosas en lugares inesperados y talentos en gente inesperada", dice una plegaria anónima del siglo XVII. 

Necesitamos la colaboración de los otros para hacer esto, no solo darnos a nosotros mismos, sino recibir los regalos de los otros en nuestras comunidades, familias y lugares de trabajo. Cualesquiera sean nuestros objetivos y metas, los resultados y la buena voluntad del grupo dependen de algún catalizador, una mezcla constructiva y creativa de dar lo mejor nuestro y recibir lo mejor de los otros.

En el trabajo, muchos individuos son presionados para trabajar en equipo. Muchos de nosotros conocemos la desilusión o alienación que sentimos cuando lo que les ofrecemos a otros, ya sea en tiempo, atención, creatividad o ideas, es ignorado o desechado. 

Lo que es generoso y se siente generativo es hacer que nuestra contribución se vea, escuche y sea bienvenida. Lo que nos mejora es que otros nos reciban. Nos volvemos confiables cuando nosotros también estamos abiertos y somos receptivos a los otros.

lunes, 7 de mayo de 2018

La Humildad

Fragmento del capitulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser Generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.


Ser humilde no significa ser un felpudo. Tampoco implica automáticamente responder a las necesidades de todos a medida que surgen caprichosamente. 

La humildad, en cambio, representa un sentido honesto de la proporción. Este sentido de escala y conexión es vital porque, sin humildad, dar puede convertirse fácilmente en un ejercicio de poder, mientras que recibir puede, a menudo, sentirse como si hubiera disminuído la dignidad propia. 

La generosidad es una interacción de potencial creativo, no un poder. Necesita de la humildad para dar libremente, sin condicionamientos ni demandas adheridas. Es necesaria la humildad para dar lo que de hecho se necesita en lugar de lo que podamos querer dar. Y para dar sin esperar reconocimiento público. Si no somos humildes, entonces el supuesto acto generoso puede decir más sobre nosotros que sobre la realidad que necesita transformación.

La humildad parece pasiva y poco enérgica. Sin embargo, es necesario fuerza y resiliencia para domesticar el ego y sus, a veces, erróneas presunciones. La sociedad da mucha importancia a la autoestima. La humildad no niega el valor del ser; de hecho, lo acentúa al colocar su valor y potencia en la red propia de interdependencia que ninguno de nosotros puede negar, aunque el ego a veces se olvide. Tenemos que ser humildes al discernir la generosidad porque, a menudo, hay en juego algo más grande que nosotros.

La humildad nos invita a ayudar a los otros sin ambición egoísta y a considerar los intereses de los otros más que los propios. Practicarla es ser, a veces, invisible al dar de modo de evitar el deseo de gratitud, aceptación o recompensa.

jueves, 3 de mayo de 2018

La Valentía

Fragmento del capítulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.

La valentía significa ser fuerte de corazón. Significa animarse, luchar por lo que valida la esperanza humana. Uno necesita ser valiente para romper las trabas del status quo, en particular cuando resulta muy familiar y cómodo no esperar nada mejor. Lleva valentía admitir la verdad y luego actual sobre ella para crear mejores posibilidades para uno y los otros. 

La valentía es generativa en el sentido de que ayuda a crear las condiciones o asegurar las circunstancias que sirven a lo que es correcto en la vida. Se entiende que todas, la dignidad, la maestría y la libertad, necesitan tomar riesgos para llegar a lograr o cumplir algo. Si bien pueden también requerir fortaleza y coraje, es la valentía la que subyace a la habilidad creativa para cambiar.

Cualquier esfuerzo en el crecimiento personal, ya sea cambiar de actitud o profundizar en el autoconocimieto, conlleva una vulnerabilidad que puede enfrentarse solo con valentía. Los asuntos que más ponen a prueba en la vida -como dejar un trabajo, terminar una amistad o relación rota, o desafiar la cultura dominante- involucran tomar riesgos y enfrentar la incertidumbre de satisfacer la inquietud de algo mejor.

Su Santidad el Dalai Lama dice en su libro "El poder de la compasión" que la gente se vuelve más valiente al ser más altruista, ya que la compasión es la que, en última instancia, alimenta nuestra fuerza interior y aumenta nuestra determinación. Con la claridad, el objetivo es a menudo compensar un problema, equilibrar una injusticia o tragedia. Con la generosidad, la convicción es más creativa, para de hecho resolver el problema y romper el riesgo de la deshumanización de modo de generar oportunidades más justas y dignas. 

Esta valentía para cambiar lo que está mal en el mundo depende del coraje para cambiar también lo que está mal dentro del propio corazón.

jueves, 8 de marzo de 2018

El Discernimiento

Fragmento del capitulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser Generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.

Cuanto más seriamente uno abraza la generosidad como una actitud o acercamiento a la vida, más deliberativo debe uno volverse acerca de dónde invertir el esfuerzo creativo y el compromiso generativo. El discernimiento es una forma de evaluación y juicio personal mediante el cual uno mira más allá de los factores normales de toma de decisión para considerar motivos más auténticos e implicancias más significativas.

Por ejemplo, mientras uno elige qué hacer, uno discierne el porqué, los principios subyacentes y las creencias que se expresan no simplemente en las propias acciones sino también, de forma más reveladora, en los propios hábitos.

Con discernimiento también discriminamos, de modo que nos abrimos a la verdad de una situación más que meramente evaluar sus hechos o su realidad aparente. De muchas formas, las decisiones se toman sobre las cosas exteriores, mientras que el discernimiento revela más acerca de los motivos interiores. A menudo, las decisiones incluyen sopesar y contrastar los méritos relativos de las opciones. Uno discierne al buscar una comprensión más rica de los criterios evaluativos y honestos del corazón.

La generosidad puede derrocharse muy fácilmente o ser abusada si se la practica solo en reacción a lo que se nos pida. El discernimiento es central para la capacidad de establecer prioridades. Esto significa no elegir entre lo bueno y lo malo, lo cual es todavía bastante directo, sino más bien ayudar a que uno diferencie entre aquellas elecciones más difíciles que incluyen un bien mayor o menor o entre un mal mayor o menor.

Practicar el discernimiento como virtud requiere desarrollar y confiar en la propia intuición, de modo de saber cuál es la manera correcta de ser, la cosa correcta para hacer (o no hacer). La intuición, en cambio, es la inteligencia visceral disponible para todos nosotros, que reacciona ante una situación antes que las ideas o los pensamientos impongan sus razones.  

El discernimiento se necesita no solo para la comprensión de uno mismo sino también para apreciar lo que el mundo necesita más y para dirigir efectivamente el talento particular, las habilidades y el tiempo propios. El discernimiento conecta en el momento las acciones a los principios y deseos básicos de uno. Nos induce a ser creativos, a sumergirnos en las posibilidades expansivas de la generosidad.

martes, 27 de febrero de 2018

Una historia para reflexionar sobre el Cambio

Extraída del libro "Ser Generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa. 

Había una vez una mujer profesional, nunca se había casado, le gustaba su independencia. Ahora era muy mayor; había sobrevivido a la mayoría de sus amistades y nunca había pensado que llegaría a los ochenta y cinco años. Le dolían mucho las rodillas y tenía una tos recurrente que le molestaba. No podía salir sin su andador y ahora había llegado el invierno, no sería inteligente de su parte...

Un vecino le sugirió que se mudara a una residencia para ancianos con una vista hermosa, algo que ella podía pagar. Se podría llevar la mayor parte de sus muebles, incluso comprar algunas cosas nuevas quizá, y había siempre un médico de guardia con solo tocar un timbre. También le prepararían todas las comidas.

Sería lo mejor, pensó. Sin embargo, a medida que se aproximaba la fecha, perdió el valor. Mejor quedarse en la vieja casa; la mudanza sería demasiado para ella. No podía, no a su edad. No quería molestar a los vecinos, pero hacer las compras era casi imposible. ¿Les molestaría buscarle algunas pocas cosas en el supermercado la próxima vez? No se preocupen por mí, diría.

Continuó viviendo así, sin cambiar. Luego de un tiempo, se cayó en la bañadera, se quebró la cadera y la mandaron a un geriátrico. Todo se hizo tan a las apuradas, que no tuvo tiempo de elegir las cosas que quería llevar con ella. Una amiga vendió todo, incluso los muebles, a un intermediario. Ahora se sentía más sin techo que nunca...

El cambio sobreviene ya sea que nos acomodemos a él o no. Aunque resulte difícil, las posibilidades más creativas se realizan, a menudo, adoptando el cambio en lugar de resistiéndose a él.

El cambio puede ser la puerta de entrada para que llegue la generosidad, porque es, en sì mismo, un acto generoso. Proteger las cosas como son es lo contrario de la generosidad, porque a menudo implica tener miedo y querer aferrarse, lo que puede lastimar y nunca proporciona cura. Cambiar, siguiendo lo que se conoce como verdadero, incluso sin la seguridad o las garantías, es comprometerse a una regeneración personal  que, a su vez, genera otras posibilidades.

Invariablemente, el cambio no es bienvenido al principio. Somos criaturas de hábitos, pero el cambio es generoso porque insiste en que algo mejor es posible. Y con el cambio personal, también enriquecemos y liberamos a aquellos más cercanos a nosotros, la comunidad en la que vivimos, la compañía en la que trabajamos, nuestros amigos y los miembros de nuestra familia.

Nuestra valentía para cambiar siempre permite a los otros ser valientes para cambiar.

El discernimiento para perseguir lo que importa más les permite a los otros también apreciar la verdad por sí mismos. Ser nosotros generosos al cambiar, les da la libertad a los otros para cambiar también y regenerar sus vidas.