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viernes, 1 de mayo de 2026

Signos zodiacales y Arquetipos

En la actualidad la astrología y la psicología ya no son disciplinas separadas. Ambos sistemas buscan dar respuesta a las mismas dudas e incertidumbres sobre la naturaleza humana.

La astrología nos enseña que los signos zodiacales simbolizan doce energías fundamentales, como ha sido explicado en este blog en numerosos artículos. Y en la psicología de Carl Jung encontramos un maravilloso aporte: los arquetipos.

Si combinamos ambos sistemas, los signos zodiacales se convierten en una descripción del viaje de la conciencia, en lugar de ser una superficial descripción de características de personalidad.  

Podemos hacer el recorrido de este viaje de la conciencia reuniendo los signos zodiacales en tres grupos que representan tres etapas del mismo: desde la construcción de nuestra identidad terrenal hasta la integración de la dimensión espiritual, pasando por los procesos internos de sanación, muerte y resurrección.

Comparto con ustedes una breve guía que les ayudará a integrar cada signo con un arquetipo específico y con el trabajo interior que acompaña el avance del desarrollo de la conciencia. 


Primera etapa: de Aries a Cáncer. Trabajo interior: construir y fortalecer el ego.

Aries: el Guerrero

Tauro: el Inocente

Géminis: el Huérfano

Cáncer: el Protector


Segunda etapa: de Leo a Escorpio. Trabajo interior: sanar el alma.

Leo: el Creador

Virgo: el Buscador

Libra: el Amante

Escorpio: el Destructor


Tercera etapa: de Sagitario a Piscis. Trabajo interior: integrar el alma con el espíritu.

Sagitario: el Sabio

Capricornio: el Gobernante

Acuario: el Mago

Piscis: el Loco


Lo primero que observamos es que el Zodíaco representa un itinerario que describe el proceso de individuación con un orden de carácter inmutable, siendo una guía para el viaje de la conciencia.

Al comprender estas tres etapas podremos ser cada vez más conscientes y reconocer en qué momento de nuestro propio trabajo interior nos encontramos: ya sea que estemos construyendo y fortaleciendo nuestro ego o sanando heridas o resignificando el pasado o buscando la conexión con lo que para cada uno signifique su concepto de lo superior.

El desarrollo de la conciencia no es lineal. Lo natural es que se registren avances, retrocesos y períodos de estancamiento. No hay que asustarse: todo sirve para comprender que nuestra vida es un flujo constante de aprendizaje, descondicionamiento, muerte y renacimiento.

Espero que este breve material les sirva para despertar su interés en profundizar el tema, incrementando así su comprensión y mejorando su calidad de vida.

sábado, 21 de febrero de 2026

Reflexión sobre los signos que rechazamos

Hoy quiero reflexionar sobre un tema que se da con frecuencia cuando se conversa sobre temas vinculados a los signos zodiacales.

La astrología, mediante la carta astral, nos muestra claramente que todos tenemos los doce signos zodiacales en nosotros para ser integrados en la conciencia. Si bien nos identificamos con nuestro signo solar, lunar o Ascendente, todo el zodíaco está presente en las doce casas de la carta, que simbolizan  áreas para experimentar la vida.

Decir que nos llevamos mal con tal o cual signo, significa que existen personas con nombre y apellido cuyo signo solar es el que nos produce rechazo o dificultad, lo cual quiere decir que esa energía no está bien integrada en nosotros, que no es comprendida en profundidad. Entonces la proyectamos en las personas que pertenecen a dicho signo y decimos que “los de tal signo son… “ (completen la frase con los calificativos que ustedes siempre utilizan).

El problema más profundo aquí no es el desconocimiento de cómo opera la astrología, sino que al pensar así los primeros perjudicados somos nosotros, porque nos podemos privar de vincularnos con una persona de “ese” signo a partir de un prejuicio. 

Sabiendo que todos tenemos los doce signos, la forma sana de abordar este tema sería aceptando que no comprendemos la naturaleza de tal signo porque no la tenemos integrada en nuestra conciencia. La persona de ese signo que nos provoca tal o cual reacción, solo viene a mostrarnos eso que aún nos falta incorporar.

Todos tenemos esos signos que nos llevan a decir esas palabras de rechazo. Yo misma en mis años previos a mi formación como astróloga, me llevaba muy mal con “los de Capricornio”. Cuando comencé a formarme, descubrí que ese Capricornio tenía nombre y apellido: era un tío que encarnaba las cualidades más duras de esa energía  -especialmente la imposición de límites y restricciones variadas, alegando que esa era su forma de educar-, en una etapa de mi vida en que yo no podía comprender sus actitudes.

Curiosamente, ayer en una charla informal sobre este tema compartí esta experiencia y una persona que integraba el grupo me hizo ver algo que no había visto antes, cuando me dijo “pero te protegió”. Hoy, después de muchos años (mi tío falleció hace mucho tiempo), puedo ver el valor de las cualidades de Capricornio: la capacidad de construir lo propio, de persistir en un camino hacia un objetivo o proyecto, de organizar,  la disciplina y la resistencia. Si bien existen tendencias a la rigurosidad o severidad, la rigidez y la exigencia, de no ser por esa experiencia yo no hubiese aprendido valores como la responsabilidad y el compromiso, entre otros. En realidad, ya estaban en mí, pero en estado latente. La relación con mi tío los activó pese al rechazo inicial.

Por eso si vas a decir tu frase sobre “los de…… son….” te invito a pensarlo en profundidad y a descubrir qué te está enseñando esa persona en particular, más allá de si te gusta o no, porque seguramente, eso que ves en el otro también anida en tu ser.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Reflexionando sobre la Alegría


Tradicionalmente, Júpiter y Sagitario se encuentren asociados a la jovialidad y a la alegría. Sin embargo, son Saturno y Capricornio, los que simbolizan estos estados del alma en su más profunda significación.

En principio, Júpiter y Sagitario, simbolizan la jovialidad o la alegría, fruto de un estado de confianza y optimismo pero que muchas veces surge como resultado de la negación de la realidad. Es más fácil sentirse alegre y optimista cuando se niega la realidad. Pero… ¿podemos llamar a eso genuina alegría?

Saturno y Capricornio, en cambio, son difíciles –en principio- de asociar a estos dos estados de conciencia. Me imagino la reacción de algunos lectores ante estas palabras !!

Sin embargo, creo que la diferencia radica en la actitud que cada uno asume ante la realidad. ¿Soy capaz de vivir en aceptación de la realidad o mi relación con la misma es mediante la negación? Dos actitudes polarizadas frente a una misma cuestión.  

Cuando estas cualidades están asociadas a Júpiter y Sagitario, podemos pensar que negar la realidad puede conducir a un estado de alegría o jovialidad pero, evaluando en profundidad, terminamos descubriendo que se trata de un espejismo.

El Zodíaco, en su inmensa sabiduría, nos recuerda el orden de signos y planetas.   Sagitario, regido por Júpiter, se ubica antes de Capricornio, regido por Saturno. El círculo zodiacal simboliza el proceso de la vida y de todos los procesos humanos, desarrollado en doce etapas.

La madurez se asocia a un Saturno vibrado en luz, al que se llega aprendiendo a vivir en armonía con la realidad, no negándola.

Sagitario y Júpiter, simbolizan solo un estado emocional pasajero parecido a la alegría o la jovialidad que, ante la primera prueba de confrontación con la realidad, puede hacerse trizas. No existe aquí la madurez que otorga la aceptación a menos que ya se haya conquistado la sabiduría por haber afrontado la adversidad.

Saturno y Capricornio, plantean el desafío de vivir en armonía con la realidad, independientemente de lo que ésta nos proporcione, lo cual requiere el desarrollo consciente de la jovialidad o alegría, como herramienta para conservar la entereza frente a la adversidad.

Sabemos, seguramente por experiencia directa, que es un trabajo el poder afrontar la realidad con alegría, cuando la adversidad nos visita. El resultado es la frustración, la insatisfacción, la vivencia de que somos impedidos de lograr aquello a lo que aspiramos y que la vida nos niega lo que anhelamos. Caemos en un estado de amargura y decepción. ¿Cómo elevarnos hacia la alegría o la jovialidad ante semejante drama?

La alegría –una cualidad del alma-  construída mediante un entrenamiento elegido conscientemente y sostenido en respuesta ante la adversidad, puede conducirnos a otro nivel de Sagitario y Júpiter: el que simboliza la sabiduría adquirida a través de la experiencia, en donde ya no existe la negación de la realidad.  Esa alegría es genuina y constante y nos permite experimentar esos estados de conciencia que conocemos como prosperidad y abundancia.

jueves, 1 de marzo de 2018

Signos Zodiacales y Símbolos

Extraído del libro "La Misión de tu Alma", de Linda Brady

Los signos del Zodíaco y las cosas, personas y lugares que simbolizan:

ARIES
Los cuchillos y otros objetos afilados, el desierto, el carnero, los bomberos, los soldados, el amanecer, las batallas, Moisés, el fuego, las cerillas, los mecheros, el karate y demás artes marciales, la dirección Este, la primavera, el número 1.

TAURO
Los jardines, Buda, el toro, los escultores, los banqueros, el dinero, la tierra las hojas, los cantantes y compositores de canciones, las inversiones, las carteras, los depósitos bancarios, las poltronas, cualquier materia suave (como el terciopelo o la seda, el número 2.

GÉMINIS
El viento, los automóviles, los periódicos y los periodistas, los libros, los pájaros, las señales de tránsito, los hermanos gemelos, los relojes de pulsera, el material de escritura, las bibliotecas, los timadores, los terapeutas de la respiración, los logopedas, los escritores, el número 3.

CÁNCER
Los lagos, las madres, los recipientes para líquidos, el hogar, los productos lácteos, los barcos, los cocineros, la comida, los historiadores, los marineros, los restaurantes, los campesinos, la dirección Norte, las charcas, el verano, el número 4.

LEO
Los actores, los teatros, las coronas, la televisión, los juegos, los niños, el sol, las vacaciones, las fiestas, el cine, los reyes, los tronos, los regalos, las diversiones, la lotería, todas las cosas con encanto, los días festivos, el número 5.-

VIRGO
Los alimentos sanos, los médicos, las enfermeras, los nutricionistas, las listas de cosas, cualquier programa que instaure el orden, el trabajo organizado, el jabón, las vírgenes, el trigo, los elementos de limpieza, las recetas, los animales pequeños, las tareas domésticas, el trabajo rutinario, las pruebas, el número 6.

LIBRA
Los jueces, los tribunales, la dirección Oeste, los socios, los contratos, los diseñadores de moda de otoño, el color, la armonía, las balanzas, la ropa elegante, los marchantes de arte, las bodas, todas las cosas bellas y refinadas, la mediación y los mediadores, los objetos que están en equilibrio, el número 7.

ESCORPIO
Las cosas ocultas, los lugares oscuros, los secretos, los investigadores, los tornados, la muerte, los funerales, los seguros, las armas nucleares, el hielo, los psiquiatras, los préstamos, la basura, los enredos sexuales, la mafia, los patólogos, los callejones oscuros, las ciencias ocultas, el número 8.

SAGITARIO
Los caballos, el juego, las montañas, los viajes, los agentes de viaje, los deportes, los profesores universitarios, el clero, la ley, los abogados, los asuntos jurídicos, las universidades, las publicaciones, las flechas, los rituales religiosos, el espacio, todo lo relacionado con la expansión, la suerte, el futuro, el numero 9.

CAPRICORNIO
El padre, las figuras de autoridad, los mayores, las personas sabias, los relojes de caja, la dirección Sur, el invierno, las licencias, el Gobierno y los funcionarios gubernamentales, los presidentes y directores de empresa, los calendarios, los límites, los cimientos, los grandes negocios, las recompensas de reconocimiento, los objetos antiguos, el número 10.

ACUARIO
Los aviones, los ordenadores, la astrología, la política, el trabajo voluntario, Internet, las causas, las ideas revolucionarias, las nuevas tecnologías, el genio, los inventores, la rebelión, el trabajo en equipo, los grupos de mentalidad afín, los médicos holísticos, la tecnología espacial, el número 11.

PISCIS
Los océanos, las ballenas y los delfines, la anestesia, el alcohol, las drogas, los sueños, las capacidades y experiencias psíquicas, las cárceles, los hospitales, los mártires, los músicos, el ballet y los bailarines, las adicciones y los adictos, los lugares de retiro, las ilusiones, los enemigos secretos, el número 12.

jueves, 12 de julio de 2012

Las Imágenes de Escorpio


Fragmento del libro “Los dioses del cambio”  (El dolor, las crisis y los tránsitos de Urano, Neptuno y Plutón),  de Howard  Sasportas.


Escorpio, uno de cuyos regentes es Plutón, es un signo complejo porque a diferencia de los demás signos, que generalmente tienen un único símbolo – Aries el Carnero, Tauro el Toro, Geminis los Gemelos, etc. – Escorpio tiene varias representaciones distintas: el escorpión, la serpiente, el águila y el fénix. Además, Escorpio es mucho más que un mero signo del zodíaco donde uno puede tener el Sol, el Ascendente, la Luna o un planeta determinado; representa también una faceta de la vida a la cual todos estamos sometidos: el proceso cíclico de cambio, decadencia, muerte y renovación. Las diferentes imágenes asociadas con este signo ejemplifican las distintas clases de muertes y transformaciones que son parte de un proceso de evolución universal e iluminan además las formas de actuar que tiene Plutón en su calidad de destructor de vínculos.

El nivel inferior de Escorpio está representado simbólicamente por la serpiente – un reptil que regularmente se desprende de la piel vieja y la reemplaza por otra nueva – y por el escorpión, el animal que lleva un aguijón mortífero en la cola. Las personas dominadas por este nivel del sentimiento escorpiano actúan rigiéndose casi exclusivamente por sus propias emociones y deseos: están totalmente a merced de sus estados de ánimo y se expresan de una manera vehemente, instintiva y primitiva. Cuando se sienten bien, no podrían ser más agradables con la gente. Cuando se sienten mal o de mala voluntad, nadie está a salvo, ni siquiera el amigo más querido. Este nivel o fase de Escorpio (que algunas personas jamás dejan atrás) es el que nos describe un viejo cuento sobre el encuentro de un escorpión y una rana.

La historia se inicia junto a un lago que el escorpión quiere cruzar. Pregunta a la rana si ésta no querría llevarlo sobre el lomo hacia la otra orilla y la rana responde, vacilante:
- Te llevaré a través del lago, pero debes prometerme que no me picarás.
- Claro que no lo haré!! – contesta el escorpión, un poco ofendido. - ¿Por qué habría de hacerte algo así?
Se sube entonces sobre el lomo de la rana y ambos inician el viaje. Sin embargo, en mitad del lago el escorpión pica a la rana. Mientras ambos se hunden irremediablemente, la rana le pregunta por qué lo hizo, si le había prometido lo contrario.
- Porque es mi naturaleza – responde el escorpión.

Hay personas que actúan como este escorpión y pican porque les da la gana, es decir, están dominadas compulsivamente por sus estados anímicos y por sus reacciones instintivas, y son capaces de volverse súbitamente contra las personas que más quieren o de destruir las estructuras vitales que sostienen y refuerzan su identidad. Pueden atacar por muy diversas razones: venganza, cólera, necesidad de cambiar y de seguir creciendo, o a veces simplemente en busca de emociones si la vida se les hace aburrida. En ocasiones, se autodestruyen además en el proceso, y otras veces, incluso conociendo este riesgo, parece que coquetearan con la destrucción en un ejercicio perverso de la voluntad.

Sin embargo, la muerte del escorpión en el agua simboliza también una transformación y una renovación potenciales. Vivir en este nivel de Escorpio da la capacidad de morir y renacer en otro nivel más elevado: el del águila. Quienes han llegado a este segundo nivel de Escorpio ya no se identifican exclusivamente con sus emociones, sino que derivan su identidad y su sensación de tener un significado y un propósito en la vida de algo externo a sí mismos: una relación, una causa o un proyecto que les interesa, una filosofía o una visión que los apasiona. Servirán al ser amado o a la causa elegida con una resolución, una dedicación  y una vitalidad admirables. Como el águila, que vuela más alto y ve más lejos que cualquier otra ave, y que es una mortífera cazadora, así cuando se ha alcanzado este nivel de Escorpio se tienen ideales y principios elevados, aunque se sigue conservando la picadura letal. Si cualquier cosa llegara a amenazar algo de aquello en lo cual se cree o se valora, el nivel del águila se expresará en un descenso en picada para atacar e incluso para destruir con maligna fruición a su oponente. Es obvio que el principal problema de quienes se encuentran en este nivel de Escorpio es su intensidad. Quizás estén al servicio de ideales tan nobles como la verdad, la justicia o el amor, o vayan en persecusión de objetivos que promueven el bienestar de la humanidad, pero persiguen estos fines con tal pasión y de manera tan concentrada que pierden de vista todo lo demás. Llegan a absorberse tanto en el objeto de su devoción que se olvidan de que su verdadera naturaleza es ilimitada e infinita, o se consumen en una virtuosa indignación o se agotan por obra de las exigencias físicas sobrehumanas que ellos mismos se imponen. Llegados a este punto, se hace necesaria una nueva etapa de crecimiento – otra muerte del ego – y es en este momento cuando puede nacer el fénix.

En Egipto, el fénix era un ave mítica. Tras haber sido consumido por el fuego, surgía de sus propias cenizas para volver a vivir: se convirtió, por lo tanto, en símbolo de inmortalidad. Las personas que viven en el nivel escorpiano del águila pueden encontrar que la pasión, en una relación importante, “arde hasta extinguirse” o que una causa en la que habían depositado fervorosamente su fe las decepciona o resulta ser falsa. Cuando esto sucede, se sienten como si ellas mismas hubieran sido aniquiladas. A semejanza del fénix, quedan reducidas a cenizas y puede suceder que pasen algún tiempo en ese estado antes de volver a alzarse, renovadas, de entre los rescoldos.

Cuando nos apegamos a algo, por más noble o trascendente que sea, limitamos nuestra identidad y olvidamos que nuestra verdadera naturaleza es ilimitada e infinita. En el proceso de crecer hacia una totalidad cada vez más integrada, tenemos que ir renunciando a nuestros apegos para aprender que lo que realmente somos es aquella parte de nosotros que permanece cuando nos despojan de todo lo que creíamos ser.

Por tránsito, Plutón representa una fuerza que desgarra nuestra identidad fundada en el ego hasta que llegamos a descubrir nuestra esencia, el sí mismo transpersonal, el núcleo eterno y universal de nuestro ser. Se trata de una lección difícil, que el tránsito de Plutón nos impondrá una y otra vez, obligándonos a hincarnos de rodillas. Podemos seguir teniendo relaciones, creencias, causas o ideales y disfrutando de ellos, pero debemos recordar que nuestra identidad verdadera, la más básica, no depende de ninguna de esas cosas.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Orientaciones para Interpretar el Sol y la Luna

Texto perteneciente al libro "Los Luminares" (Seminarios de Astrología Psicológica), de Liz Greene y Howard Sasportas.

EL SOL

Por Signo

1) El signo en el que está el Sol muestra el camino que es preciso tomar para cultivar un yo y un sentimiento de invidualidad sanos. Al desarrollar las características constructivas de nuestro signo solar, nos sentimos más completos y realizados. Necesitamos tener un lugar en nuestra vida donde podamos expresar e irradiar las cualidades de nuestro signo solar (quizás a través de una vocación o profesión).

2) El signo solar es un símbolo de aquello por lo cual es necesario luchar (conscientemente) y que es preciso alcanzar, no de lo que simplemente surge de forma instintiva.

3) El signo solar también matiza la imagen que tenemos del padre y del animus.

Por Casa

1) La casa del Sol (y la que contenga a Leo o lo tenga en la cúspide) designa un área de la vida en la que necesitamos alcanzar logros y distinguirnos de alguna manera, sobresalir o sentirnos especiales. Al dedicarnos a las actividades asociadas con esa casa, nos formaremos un sentimiento más claro de quiénes somos, de nuestro yo y nuestra identidad. (Es en ese ámbito de la vida donde nos separamos de la madre arquetípica y definimos mejor nuestra condición de seres independientes).

2) La vida  puede ser una lucha en la casa del Sol. Tenemos que librar batallas con los dragones que nos retienen o que obstruyen nuestro crecimiento y nuestro desarrollo en la esfera de la experiencia asociada con la casa del Sol. Con frecuencia sentimos que este es un dominio en el que podríamos hacer más de lo que ya hemos hecho y mejor.

3) En la casa del Sol pueden aparecer los problemas con el padre o con el animus.

4) La casa del Sol podría dar pistas sobre una vocación o profesión.

Los Aspectos del Sol

1) Cualquier planeta que esté en aspecto con el Sol representa una energía o un arquetipo que se vincula (constructivamente o no) con la evolución de la individualidad, la identidad y la autoexpresión. Es necesario encontrar maneras constructivas de expresar e incluir esta energía en la vida (tal vez mediante una vocación o profesión que implique a este planeta). Por ejemplo, alguien con el Sol en aspecto con Neptuno tiene que encontrarse de alguna forma  con este planeta como parte del proceso de individuación; también podría dar expresión a Neptuno mediante una carrera "neptuniana", orientada quizás hacia la sanación, la música o las artes.

2) Es probable que nos enfrentemos con los aspectos del Sol por mediación de otras personas importantes en nuestra vida (especialmente en el caso de la oposición). Por ejemplo, alguien con el Sol en oposición con Saturno puede sentir que los demás lo limitan o lo bloquean. En última instancia, tenemos que reconocer e integrar las características que habitualmente proyectamos en los demás.

3) Los problemas relacionados con el padre y con el animus se verán matizados por la naturaleza de cualquier planeta que esté en aspecto con el Sol.

LA LUNA

Por Signo

1) El signo lunar dice algo sobre nuestra manera de experimentar o de ver a nuestra madre, y también sobre cómo somos como padre o madre; sobre la forma en que alimentamos psicológicamente a los demás y sobre cómo nos gusta que nos alimenten. Describe la imagen del anima o de lo femenino.

2) El signo lunar define nuestra naturaleza sentimental, la forma en que respondemos o reaccionamos instintivamente ante los acontecimientos y el entorno. Siempre que la Luna no esté demasiado inhibida por otros aspectos (o por un fuerte condicionamiento cultural adverso), respondemos de forma natural a la vida de acuerdo con su signo.

3) El signo lunar muestra con frecuencia una manera de ser que nos da consuelo y seguridad. También nos indica dónde nos refugiamos cuando necesitamos un descanso, una pausa o un santuario. Y puede describir algo sobre nuestra vida doméstica.

Por Casa

1) La casa de la Luna nos indica dónde somos sensibles y estamos atentos a las necesidades de los demás, pero también dónde nos dejamos influir fácilmente por ellos; dónde reflejamos a los otros y dónde tendemos a fundirnos con lo que nos rodea.

2) La casa de la Luna nos indica dónde somos fáciles de moldear y de configurar por el hábito y el condicionamiento. Nuestra vivencia de la madre estará en alguna medida vinculada con esa casa, que es también donde podemos estar limitados por las ideas, las expectativas, los valores y las normas de nuestra familia o de nuestra cultura. Es ahí donde actuamos de manera regresiva, arrastrados hacia el pasado, donde podemos ser infantiles o apegados.

3) Si anhelamos la esfera de la vida que se asocia con la casa de la Luna es porque nos hace sentir seguros y cómodos o porque nos da un sentimiento de pertenencia. Esta casa es el lugar donde nos refugiamos cuando necesitamos un descanso o un santuario.

4) La esfera de la vida asociada con la casa de la Luna es donde experimentamos altibajos, muchos estados anímicos diferentes y fluctuaciones del comportamiento.

Los Aspectos de la Luna

1) Los aspectos de la Luna matizan la imagen del anima y lo que hemos vivido por mediación de nuestra madre o cuidadora. Por ejemplo, ¿encontramos a Júpiter o a Saturno a través de la Luna (es decir, a través de las mujeres o la madre)? ¿Reconocemos nuestra imagen del anima o la proyectamos?

2) En general, los planetas que están en aspecto con la Luna indican los condicionamientos de la niñez y definen nuestra naturaleza sentimental. ¿Somos abiertos, cerrados, estamos a la defensiva? Nuestras reacciones, ¿son rápidas o lentas? La naturaleza de un planeta que esté en aspecto con la Luna describe nuestras respuestas instintivas a la vida y también lo que tendemos a encontrar en la esfera emocional. Los aspectos lunares también darán su matiz a la forma en que cuidamos de los demás y los atendemos como también a la forma en que nos gusta que hagan esto mismo por nosotros.

3) Los aspectos de la Luna describen algo sobre nuestra vida doméstica.

4) Los planetas que están en aspecto con la Luna pueden manifestarse a través del cuerpo y de nuestra manera de movernos. En particular, los aspectos lunares definen la relación que tiene una mujer con su propio cuerpo.

domingo, 3 de julio de 2011

Orientaciones generales para la Interpretación de Júpiter


Texto de Stephen Arroyo perteneciente a su libro “Júpiter, un estudio astrológico”:

Me propongo enumerar de forma muy concisa varias orientaciones generales que considero especialmente útiles para entender a Júpiter en una determinada carta natal. Remitirse a estas orientaciones puede ser un ejercicio particularmente fructífero, ya sea que uno explore el potencial de su propia carta o establezca un diálogo de descubrimiento con un cliente. El lector tendrá que aplicarlas específicamente a cada carta, pero he de subrayar que pueden referirse tanto a la posición de Júpiter por signo como a su posición por casa y aspectos. También debo puntualizar que cualquier factor de la carta que ponga en juego a Júpiter es especialmente importante si se tiene a Piscis o a Sagitario destacado en el tema natal.

Nota del autor: Cada vez que hablo de un “Júpiter fuerte” o uso otra expresión similar, por lo general el enunciado también será válido para quienes tengan emplazamientos importantes en Sagitario o en Piscis.

Júpiter expande el flujo de energía indicado por el elemento en el que se halla emplazado en la carta natal; con frecuencia, basta con acudir concientemente a esta fuente de energía interior para activarla y usarla.

Un Júpiter fuerte se manifiesta generalmente como una personalidad optimista, alegre y animada, y a menudo bastante divertida. El signo de Júpiter suele dar pistas sobre el tipo de humor.

El emplazamiento de Júpiter indica la sensación de significado y de dirección en la vida que puede guiarnos, y señala la búsqueda de una verdad por la cual vivir.

Allí donde se encuentre Júpiter en la carta natal es donde el nativo querrá explorar constantemente nuevos horizontes. Esto es más fácil de hacer en algunos signos y casas que en otros, según cuáles sean las conveniencias sociales, la educación moral, etc. En todo caso, queremos mejorar continuamente en el ámbito de la vida indicado por Júpiter en nuestra carta.

Con frecuencia, el emplazamiento de Júpiter muestra, tras una investigación más profunda y especialmente en el caso de las personas mayores, dónde está trabajando el nativo en el desarrollo de un sistema de valores propio y una comprensión más amplia y profunda mediante el estudio y/o la experiencia.

La posición de Júpiter indica un área de entusiasmo y optimismo, en donde podemos poner fácilmente nuestra confianza en acción. En este dominio, esperamos algún beneficio, y vamos en busca de oportunidades de crecimiento y también de ocasiones de compartir nuestra propia abundancia interior. (Este es un punto importante, dado que Júpiter – un planeta extraordinariamente generoso – no sólo representa recibir de la vida aprovechando las oportunidades, sino también devolver lo recibido, a menudo de un modo que resulte beneficioso para todo el mundo.)

El emplazamiento de Júpiter muestra dónde buscamos experiencia (Marc Edmund Jones) y dónde tenemos la capacidad de sacar partido de las oportunidades (Grant Lewi).

La posición de Júpiter revela dónde nos sentimos liberados de la presión y el miedo y experimentamos la sensación de tener espacio para respirar, expandirnos, crecer y expresarnos. Su emplazamiento (especialmente su signo) nos muestra qué cosas y actividades pueden restablecer nuestra fe cuando estamos bajos de ánimo y ayudarnos así a recuperarnos (Rebecca Wilson).

Júpiter confiere un sentimiento de convicción moral a todo lo que toca y nos proporciona un significado y una motivación para promover ciertas ideas, ideales, objetivos, etc., y para estimular a otros en pos de esos objetivos. En el ámbito de la vida donde está concentrado Júpiter tenemos una fuerte necesidad de abrirnos y ser sinceros.

Júpiter representa un anhelo de dirigirse hacia un orden superior o de conectarse con algo mayor que uno mismo, y este deseo se siente con más intensidad en las áreas simbolizadas por el signo, la casa y los aspectos más exactos de Júpiter.

El emplazamiento de Júpiter indica dónde deberíamos correr riesgos, porque estos son absolutamente necesarios para progresar en cualquier esfera de la vida. La puerta de la oportunidad puede estar ahí esperando, pero hemos de tener el coraje necesario para atravesarla.

La posición de Júpiter señala dónde puede estar la probabilidad de éxito, prosperidad y un rápido desarrollo, porque es ahí donde podemos tener la vivencia de esa generosa energía y donde poseemos una gran capacidad para expresarnos y comunicarnos con la sociedad en general.

El emplazamiento de Júpiter revela dónde podemos desarrollar nuestra confianza en nosotros mismos y nuestra autoestima, aprovechando de un modo activo las oportunidades que se nos presentan, basándonos en la fe en nuestro propio potencial. Esto sólo podemos lograrlo si recurrimos a la fuente de abundancia que llevamos dentro, y concedemos a esta energía, talento o mente superior el espacio necesario para que funcione en nuestra propia vida.

Los niveles de expresión de Júpiter:

El alcance de la expresión de este planeta en la vida de una persona puede ser de una enorme amplitud. Si no se mantiene un diálogo con la persona cuya carta se está considerando, es sumamente difícil establecer de qué modo particular se manifiestan la energía y la función de Júpiter. Las diferentes personas viven en distintos niveles de conciencia y también Júpiter puede funcionar en varios niveles distintos. En realidad, por lo general este planeta actúa por lo menos en dos niveles simultáneamente, ya que es mucho más amplio que las estrechas categorías analíticas del tipo “esto sí, aquello no”.

Por lo tanto, Júpiter puede manifestarse en cualquiera de los siguientes niveles y es probable que también en otros:

En el nivel físico y material: la riqueza, el éxito mundano, la fama, el orgullo, la prosperidad.

En el nivel social y psicológico: comprometiéndose con causas, grandes grupos, la educación, las leyes y otros países y culturas.

En el nivel mítico y arquetípico: las enseñanzas de la mayoría de los caminos espirituales y ocultos; algunas tradiciones psicológicas; los sistemas de creencias religiosas.

En el nivel moral y de mejora de uno mismo: un profundo desarrollo interior y filosófico que trasciende la santurronería y las categorías convencionales y le permite a uno abrirse a la posibilidad de tener la vivencia de una realidad más vasta y abundante como también de una verdad más profunda.

Júpiter en los signos:

En los signos de fuego: La fe interior llega cuando uno es extravertido, entusiasta, autoafirmativo y físicamente activo. Las oportunidades se ven estimuladas cuando uno se arriesga para expresarse e intentar cosas nuevas.

En los signos de tierra: La fe interior se consigue cuando uno está en armonía con el espíritu práctico, la seguridad y las experiencias de los sentidos. Las oportunidades resultan estimuladas cuando uno trabaja duro, asume sus responsabilidades y sintoniza con la naturaleza y su ritmo.

En los signos de aire: La fe interior se ve estimulada por la exploración de nuevas ideas, la comunicación con personas nuevas y el progreso social. Las oportunidades llegan cuando uno expresa sus ideas con entusiasmo e interacciona con los demás en pos de un objetivo futuro.

En los signos de agua: La fe interior resulta estimulada por la profundidad de la experiencia emocional y la expresión positiva de la compasión y la imaginación. Las oportunidades llegan cuando uno se muestra sensible a los demás y cuida de ellos, y cuando sigue intuitivamente sus propios anhelos interiores.

Orientaciones generales para interpretar el emplazamiento de Júpiter por casa:

Sea cual fuere la casa donde esté Júpiter, es ahí donde uno puede cultivar una actitud de amplia comprensión, suponiendo que acepte el reto de explorar ese dominio de la vida con valentía y una gran sinceridad.

Allí donde esté emplazado Júpiter, es el ámbito en el que uno puede experimentar de un modo inmediato la vivencia de la fe, la confianza, la seguridad interior y una sensación de bienestar y prosperidad.

La casa de Júpiter puede señalar un campo de la experiencia que proporcione al nativo esperanza para el futuro, optimismo y un sentimiento de fuerza y resistencia interior.

La posición de Júpiter por casa revela en qué dominio tenemos un modo intuitivo de aprender y sentimos instintivamente cuáles serán las tendencias futuras, lo cual puede llevarnos con rapidez al logro de nuestros objetivos. Debido a esta armonización natural, el emplazamiento de Júpiter por casa señala un ámbito de la vida en donde, con algún esfuerzo, podemos conseguir un crecimiento rápido y una mejora sustancial en muchos niveles, tanto mundanos como personales.

Júpiter expande la atención que debemos prestar al campo de la experiencia simbolizado por su emplazamiento por casa. Si en esa casa hay también otras planetas, invariablemente habremos de concentrarnos con mucha atención y de un modo conciente en esa área de la vida y dedicarle mucha energía.

La casa de Júpiter simboliza un ámbito de la vida en donde buscamos continuamente la verdad y deseamos explorar nuevos horizontes. Es frecuente que tengamos el sentimiento instintivo de que “la verdad nos hará libres”, y de que esa verdad nos ayudará a encontrar el significado y la dirección de nuestra vida; de ahí que haya un fuerte y persistente anhelo de apertura y sinceridad en esa esfera de actividad.

La casa de Júpiter indica un campo de acción y de experiencia en donde uno debe correr riesgos con el fin de fortalecer su confianza y su autoestima, depositando la fe en su propio potencial interior y en los talentos que Dios le ha dado.

La casa de Júpiter muestra un área de la vida en donde estamos siempre motivados para mejorar nuestra situación actual y donde además es probable que haya una evolución y una expansión rápidas, hasta el punto de que en ocasiones lleguen a ser sumamente fructíferas.

El emplazamiento de Júpiter por casa también revela, por consiguiente, dónde se nos ofrece la oportunidad de dar nuestra propia abundancia interior.

La casa donde está emplazado Júpiter representa la necesidad de conectar con un orden más vasto o con algo mayor que nuestro pequeño yo en ese ámbito en concreto; esto explica en parte la frecuencia con que nos sentimos liberados de la opresión y el miedo (y también capaces de respirar con más libertad, de expandirnos y de expresarnos de maneras nuevas e inéditas) cuando participamos con entusiasmo en las actividades simbolizadas por la casa en que tenemos a Júpiter.

Orientaciones para interpretar los tránsitos de Júpiter:

Por tránsito, Júpiter abre las puertas a planes nuevos y nos sintoniza con las posibilidades futuras. Puede inspirarnos y proporcionarnos una nueva aspiración hacia la cual viajar o un objetivo por el cual luchar. Generalmente, confiere además un deso de mejorar cualquier ámbito o dimensión de la vida en que esté “influyendo”. Júpiter nos incita a expandirnos y adentrarnos en dominios nuevos de la experiencia, algo que en general exige una actividad más extravertida y/o un mayor compromiso social de lo que quizás estemos acostumbrados a asumir.

Los tránsitos de Júpiter suelen proporcionar una mayor confianza para realizar aquello que –conciente o subconcientemente – siempre hemos querido hacer, y pueden estimularnos a cultivar una mayor libertad de expresión y darnos “espacio para actuar” con una sensación de liberación que parece un poco embriagadora y sin duda es muy energética. De repente, puede que sea más fácil “hacer lo que nos sale naturalmente” y superar las influencias que nos inhiben. Por ejemplo, es probable que durante algunos tránsitos de Júpiter nos sintamos más libres de expresar dimensiones de nosotros mismos que no se nos permitió expresar plenamente con anterioridad o que están restringidas por nuestro entorno actual, ya sea éste personal o profesional.

Es verdad que los tránsitos de Júpiter proporcionan oportunidades, pero debemos actuar con rapidez porque, si no, la oportunidad se desvanece. Júpiter no es demasiado paciente con las personas temerosas. En realidad, sus tránsitos conducen más a menudo a correr demasiados riesgos que a una moderación cautelosa. En ocasiones, durante los tránsitos de Júpiter las cosas llegan a fructificar, pero en otros momentos la visión inicial de las posibilidades futuras sólo termina por concretarse años más tarde. En todo caso, debemos estar dispuestos a actuar en el sentido que más nos impulse a enriquecer nuestro potencial.

Durante algunos tránsitos de Júpiter, podemos tener una percepción intuitiva de que hay diversas posibilidades a nuestro alcance y sólo hemos de ser capaces de dar un “salto de fe” en esa dirección. Afortunadamente, durante muchos tránsitos de Júpiter contamos con una cierta cantidad extra de confianza y optimismo, que nos permiten poner a prueba esta nueva visión de la vida. Y realmente, si no vamos en pos de un gran sueño durante un tránsito de Júpiter, ¿cuándo tendremos una oportunidad mejor?

Por lo general, cuando Júpiter en tránsito está activo, hay un deseo de ir más allá de nuestros límites actuales, y esta motivación interior es tan válida para las posibilidades de progreso y prosperidad material como para impulsar al máximo nuestro potencial de crecimiento personal y satisfacer nuestra necesidad de expresarnos. Los tránsitos de Júpiter señalan que ha llegado el momento de expandir algún aspecto de nuestra vida.

Nunca sabremos qué beneficios y acontecimientos positivos pueden aportarnos estos tránsitos si no liberamos su potencial, elevándonos por encima del miedo, los hábitos, la falta de seguridad en nosotros mismos y la preocupación. Una sinceridad a veces dolorosa suele ser la fuente adicional de fortaleza que podemos encontrar en esos momentos para enfrentarnos con las posibilidades desconocidas – prometedoras, pero aún así inquietantes – que nos ofrece el futuro. Sin embargo, hemos de tener fe en el axioma bíblico: “La verdad os hará libres”. Y por supuesto que en momentos como éstos debemos recordar que hemos de ser tan implacablemente sinceros con nosotros mismos como queremos serlo con los demás.

Algunas otras manifestaciones comunes durante los tránsitos de Júpiter son: la promoción o el éxito de alguna empresa que ya está en marcha; éxito u honores en el nivel mundano; experiencias religiosas, estén o no relacionadas con diversos compromisos mundanos; viajes, tanto físicos (especialmente los largos, por lo común al extranjero) como mentales, explorando nuevos puntos de vista en cuanto a entendimiento y perspectiva; la publicación y la publicidad o una experiencia satisfactoria de liberación de alguna presión continuada; el intento de asumir experiencias nuevas, con lo que el nativo dispersará sus energías y a menudo desperdiciará sus recursos.

Si de las enseñanzas de Júpiter podemos extraer un optimismo esencial con respecto a la vida y una buena disposición a adaptarnos a la infinita variedad de seres humanos y experiencias vitales, deberíamos ser capaces de completar este viaje a lo desconocido con más alegría, e incluso con agradecimiento hacia el supremo poder que, desde nuestro propio interior, nos sostiene mientras recorremos la senda de la vida llenos de fe en el futuro.



domingo, 19 de junio de 2011

Fragmentos del libro "El Hilo Mágico", de Richard Idemon

Hay un fenómeno al que yo llamo territorio psicológico básico. Me refiero a esto: como probablemente sepáis, todos los animales son territoriales, es decir que si van en manadas, como los búfalos, marcan olfativamente el perímetro de sus fronteras. La manada se las arregla para conocer los límites de su territorio. El territorio es esencial para la supervivencia. Los seres humanos podemos tener menos conciencia de nuestras propias fronteras físicas y de nuestro territorio, pero, sin embargo, son factores tan importantes para nosotros como para todos los demás organismos vivos. Una liebre perseguida por un coyote conoce los límites de su propio territorio y volverá sobre sus pasos, incluso a riesgo de caer entre las fauces del coyote, con tal de no salir de su territorio básico. Lo mismo sucede, en un nivel psicológico, con los seres humanos, que tenemos nuestro propio territorio psicológico básico donde nos sentimos seguros. Esa es nuestra realidad. En general, se basa en un mito, aquel que dice: “Esto soy yo, así son mis relaciones con los demás en el mundo, y esto es lo que el colectivo me reserva”. O, dicho de otra manera: “Este es mi destino” o “Esto es lo que me dicen los dioses”.

Es muy frecuente que estos mitos (la sustancia fundamental que constituye ese territorio psíquico básico) se establezcan muy precozmente en la vida. En psicoterapia, el proceso consiste en identificar la naturaleza de este territorio básico, y una vez que se la identifica, ayudar a la persona a ensanchar sus fronteras o, incluso, traspasarlas. Por eso hay quienes pueden pasarse años sometidos a psicoanálisis o estudiando su propia carta astral, o consultando a todos los “psíquicos” del mundo, sin llegar realmente a cambiar. Y la razón de que no cambien es que la comprensión intuitiva no basta para traspasar las fronteras. Hay alambradas psíquicas… Cambiar es como morir un poco psíquicamente, y esa es una de las razones por las cuales la gente se resiste tan desesperadamente a cambiar. Por lo tanto, tener una comprensión intuitiva no equivale necesariamente a cambiar, pero sí es un buen comienzo, y eso es lo que podemos obtener de la astrología: comprensión intuitiva.

Ahora bien, ¿cuál es la sustancia que constituye ese territorio básico? Pues esa sustancia es el mito, es un material mítico integrado por una combinación de mitos personales, sociales y colectivos o transpersonales. Volvamos atrás en el tiempo y hablemos de los mitos colectivos o transpersonales. Carl G. Jung los denominó arquetipos – o mitos arquetípicos – e incluso les dio nombres arquetípicos como el de la Gran Madre. La madre es una fuerza arquetípica que existe en todas partes, en todas las culturas y en todas las épocas. Su función es nutrir, proteger, dar a luz, ser fecunda. Y puesto que es así para todo el mundo, hay ciertos mitos arquetípicos, universales y colectivos, referentes a cuál debe ser la función de la madre. Son mitos que ya hemos asimilado porque, tal como dijo Jung, nos llegan con la leche materna. Los respiramos con el aire, simplemente porque es una parte colectiva del universo en el que vivimos. Jung trata en sus escritos de una enorme cantidad de esos mitos colectivos, que son su verdadera especialidad.

Después tenemos lo que yo llamo mitos sociales. Todos vivimos en una época y un lugar determinados, con su propia mitología social. ¿Cómo se comportaba una mujer del sur de Estados Unidos antes de la Guerra de Secesión, por oposición a la forma en que se conduce en la actualidad? ¿Cómo actúa una mujer soltera en Grecia, en comparación con la que está casada o es viuda? ¿Hay una gran diferencia cono el comportamiento de una viuda en California o no? Es decir que los mitos sociales provienen de un determinado entorno cultural, de la época y el lugar determinados en los que nace una persona. Y también estos son rasgos que imitamos, aprendemos y asimilamos en nuestros primeros años. ¿Cuál es el papel que desempeña cada cual?¿Qué es ser un hombre y qué es ser una mujer? Y también hay mitos relacionados con las profesiones.

Muy cerca de ellos están los mitos familiares. Cada familia tiene su propia mitología. Ahora nos estamos acercando más al ámbito del que nos hablaba Freud. ¿Quién ostenta el poder en la familia? ¿Quién ofrece apoyo y afecto? ¿Qué significa ser hombre o mujer en vuestra familia? ¿Quién recibe los palos? ¿Cómo está dividido el poder? ¿Cómo expresáis la rabia en vuestra familia? Tal vez el mito familiar sea que la ira destruye y mata, o quizás se considere que sólo la pueden expresar los hombres. Puede que el mito sea que las mujeres subliman su rabia. O bien que a los hombres les corresponde públicamente el poder y que las mujeres deben ejercitarlo de un modo sutil. Es decir que los mitos familiares tratan de temas sumamente importantes.

Tenemos, pues, los mitos colectivos o transpersonales, los sociales y los familiares, además del propio material innato que cada uno aporta a su propia vida. Ya veréis que yo no creo, como muchas escuelas psicoanalíticas sostienen, que nuestra formación provenga totalmente del ambiente, ni tampoco de la herencia. Como astrólogo, no puedo menos que creer que nacemos con algo esencial y propio que se va coloreando y enriqueciendo mediante nuestra interacción con los mitos colectivos, sociales y famliares. Entonces, hemos de reunir y sumar todos estos factores. Si tomamos los mitos colectivos, los sociales y los familiares y la esencia innata de lo que nosotros mismos aportamos a todo ello, veremos que muy pronto en la vida se van formando lo que podríamos llamar mitos personales. Y esta es la sustancia esencial de nuestro territorio básico.

¿La carta astral nos habla de los mitos colectivos, sociales y familiares? A decir verdad, es mucho lo que nos cuenta al respecto. También nos habla de cuál es el aporte innato de la persona al sistema. ¿Nos dice la carta de qué manera el nativo ha juntado todo esto para crear su propia mitología? Pues no, eso no. Entonces, ¿cómo lo descubriremos? Dialogando con él, porque cada persona es una entidad increíblemente única, creativa y original, que tiene su propia forma de reunir y unificar todo eso. El modo en que puede colaborar el astrólogo que cuenta con la adecuada formación psicoterapeútica, o el psicoterapeuta con formación astrológica, es ayudar a que el proceso se encamine con mayor rapidez hacia una comprensión intuitiva más profunda, llegar hasta la naturaleza de esos mitos, y darles nombre.

 

En los fragmentos siguientes, Richard Idemon relata cómo realiza el abordaje de una carta, de acuerdo a su propia metodología. Cabe destacar que "El Hilo Mágico" es un libro que reúne la formación impartida en seminarios de astrología psicólogica dictados por el autor.


La carta astral está tan cargada de información que tendemos más bien a tener demasiada. Entonces, lo que hago es destilar la información hasta reducirla a lo que para mí son las partes más psicodinámicas de la carta, y a eso lo llamo la leyenda. ¿Recuerdan que en la clase de geografía había una clave para explicar que las líneas de puntos eran ferrocarriles y las estrellitas señalaban capitales? Esa leyenda nos daba la interpretación del mapa. De modo que esto es una leyenda, una especie de boceto preliminar. Como un modelo artístico de la condición humana, la astrología debería ser como otras artes, en las que se nos permite hacer un boceto preliminar.

¿No es interesante que los astrólogos levantemos una carta astral, la estudiemos durante dos o tres horas y pensemos que ya estamos preparados y listos para ofrecer a una persona una lectura o una consulta? Yo veo la carta de otra manera y me gustaría ir desarrollándola, capa tras capa, desde dentro hacia fuera, al igual que un artista va trabajando en un boceto preliminar. Se trata de elaborar un bosquejo a grandes líneas de la carta. No es un material para compartirlo con el cliente, sino más bien una manera de concentrarse.

La leyenda se forma a partir de una serie de cosas diferentes de la carta. Hay que descubrir lo que se destaca, lo que es diferente o excepcional, de modo que se trata de buscar anormalidades. No uso este término en el sentido de algo que esté mal, sino de algo que se diferencie de la norma, y que esté compuesto de diversas funciones. Extraigo la información de la carta, que se convierte en parte de la leyenda, y después dejo de lado la carta hasta que venga el cliente. No quiero mirarla, porque los astrólogos tendemos a prepararnos en exceso, hasta el punto de que dejamos de escuchar. Ya nos hemos formado nuestra opinión y la cosa es como un producto terminado.

Los puntos destacados de la carta están formados por varios factores. El primero es lo que yo llamo funciones. Empecemos con las funciones y después ya veremos los otros factores que destacan en la carta, como las configuraciones mayores, los planetas elevados, o los planetas estacionarios. Y veremos las configuraciones de determinados aspectos, profundizando un poco, y algunas cosas más, como por ejemplo el significado del grado. Una vez que tengan esa leyenda tendrán el elemento básico de la estructura.

Empecemos con el uso de las funciones; pero, ¿de qué funciones estamos hablando? En primer lugar, todo en la carta tiene una polaridad. Hablemos de los doce signos. Tenemos seis signos yang y seis signos yin (a los que se suele llamar masculinos o positivos y femeninos o negativos). Yo prefiero usar los términos “yang y yin” porque no llevan implícito ningún juicio de valor ni tienen connotaciones sexistas. Así, pues, tenemos la polaridad. Y también la modalidad, que significa una clase o forma de movimiento. Todos los signos tienen un modo de funcionar característico, que puede ser cardinal, fijo o mutable. El movimiento cardinal es centrífugo, se dirige desde dentro hacia fuera, hacia un objetivo. El movimiento fijo es centrípeto, va hacia dentro, de la periferia al centro. El movimiento mutable es pulsátil y fluctuante, una función de avance y retroceso.

Además de la polaridad y la modalidad, tenemos los elementos, a los que yo me refiero a veces como “tipos”. Los elementos (fuego, tierra, aire y agua) se correlacionan aproximadamente, pero no con exactitud, con las funciones junguianas. El elemento tierra se equipara claramente con la función que Jung llama sensación, y está bien claro que el elemento aire se equipara con la función junguiana del pensamiento. La cosa se nos complica con el fuego y el agua, al igual que se le complicó a Jung, puesto que no llegó jamás a definir con claridad, de un modo que le resultara satisfactorio, qué quería decir al hablar de la intuición. La función del sentimiento parece armonizar bien con el elemento agua, pero cabe preguntarse si “intuición” es la palabra adecuada para el elemento fuego. El propio Jung no pudo nunca decidirlo del todo.

Finalmente, tenemos otra categoría que me gusta utilizar, y que llamo orientación. Las orientaciones son tres: la personal, la social y la universal. Aquí volvemos al asunto del punto de vista del observador. Cada signo, arquetípicamente, percibe el tiempo y se orienta en el tiempo y el espacio de manera diferente. Aries, por ejemplo, se orienta hacia “yo, aquí y ahora”: “Yo quiero lo que quiero cuando lo quiero”. Libra dice: “Yo no sé lo que quiero mientras no sepa lo que tú quieres”, o simplemente: “Quiero lo que tú quieras”. De modo que Libra se orienta hacia “ti” y Aries se orienta hacia “mí”. Piscis dice: “Yo no, aquí no, ahora no”, o sea: “Todos, en todas partes, siempre”. Como podéis deducir, el diálogo entre signos que se orientan de manera tan diferente en el tiempo y el espacio es muy difícil. ¿Han observado cómo parece que el tiempo se acortara a medida que envejecemos? ¿Recuerdan cuando eran niños y esperaban su cumpleaños o la Navidad, y cómo el tiempo parecía que pasaba muy despacio? ¿No es algo sumamente subjetivo? Si lo estamos pasando bien, el tiempo pasa con rapidez, y con qué lentitud y monotonía parece transcurrir si se sienten tristes o aburridos! Así pues, cada signo se orienta de diferente manera en el tiempo y en el espacio.

Empecemos por Aries, el primero de los cuatro signos que yo llamo personales, y recuerden que hablo de ellos de forma arquetípica y no refiriéndome a personas espefícicas. No creo que haya “Virgos” ni “Sagitarios”. Son principios arquetipicos, es decir, cuando hablo de los signos, me refiero a ellos como principios fundamentales de procesos que tienen que ver con todos nosotros. Así pues, la orientación de Aries, Tauro, Geminis y Cancer es: “primero yo”. Son los signos del despertar. Tienden a ser primitivos, sin que eso implique ninguna connnotación peyorativa. Hay algunas bellísimas cualidades que se relacionan con lo primitivo y lo básico. Si algo existe a lo que se pueda considerar instintivo, es probable que se relacione con los dos primeros signos, Aries y Tauro. Su preocupación es “yo” y “lo mío”, en el tiempo y el espacio, y están orientados hacia lo inmediato, hacia el ahora. En su círculo, el entorno es pequeño.

El segundo grupo de cuatro signos está constituído por lo que yo llamo signos sociales: Leo, Virgo, Libra y Escorpio. Aquí la orientación es “yo y tú”. Otras preocupaciones pasan a ocupar el primer plano. El mundo se va ensanchando. Así como el niño empieza a gatear y a dar los primeros pasos y se va desarrollando hasta convertirse en un adolescente y finalmente en un adulto, también el mundo de nuestras percepciones se va ampliando, no sólo en cuanto a lo que vemos exteriormente, sino también en lo que respecta a nuestro interior, o por lo menos, así debería ser. A los signos sociales les interesan las interconexiones, las relaciones sociales, la validación de los demás. Estos cuatro signos actúan de maneras diferentes, como los cuatro signos personales, pero a todos les preocupa lo mismo. A los cuatro signos sociales yo los llamo “signos morales”, no porque siempre se comporten de buena manera, sino porque la moral es el pegamento que mantiene unida a una determinada entidad social. Las normas morales y los tabúes nos vinculan a una comunidad.

El último grupo de cuatro signos es el formado por los signos colectivos o transpersonales: Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Su orientación es “yo y el universo”, incluso hasta el punto de que en los dos últimos signos (Acuario y Piscis) el “yo” desaparece y no hay más que “el universo con el universo”. Aquí el interés se centra en las causas, las teorías, las ideas, los grandes conceptos… Todo se ensancha y se aleja de lo individual, de lo personal e incluso de lo social, razón por la cual no se puede considerar a Acuario un signo social, aunque los textos de astrología digan lo contrario. El signo social de aire es Libra, el que disfruta en las fiestas y relacionándose con la gente, y no Acuario. Arquetípicamente Acuario dice: “Dejen que me reúna con el mundo entero en algún gran nivel cósmico, o déjenme solo”. Y Geminis, el otro signo de aire, dice: “Pero ¿qué tiene que ver todo esto conmigo?” De modo que ya ven cómo cada uno de los signos tiene una orientación muy diferente.

En la evaluación tendremos en cuenta los signos y las casas. Yo no considero que las casas tengan ni modalidad ni elemento, o sea que no creo que haya casas de fuego, tierra, aire y agua. Sé que algunos pueden pensar que es así y utilizarlas en función de ello, y no tengo ningún inconveniente en que lo hagan así. Es probable que más adelante les explique por qué pienso lo que pienso sobre este tema, pero por el momento me limitaré a decir que es así.

Empleo un sistema de cálculo para determinar las funciones dominante e inferior. Asigno un punto a cada planeta y un punto extra al Sol, la Luna y el regente del Ascendente, de manera que al final tendremos un total de trece puntos. Este es un sistema muy subjetivo y lo voy variando constantemente. Hay veces en que añado un punto extra para el dispositor de un stellium o para el regente del Medio Cielo.

No cuento el Ascendente porque sólo tengo en cuenta los emplazamientos planetarios. La razón es que considero que los planetas son energías psicodinámicas. Son los intermediarios entre el colectivo arquetípico de los signos y el arraigo en el mundo de las casas, de modo que sólo cuento los planetas. Tampoco cuento los nodos ni las partes arábigas ni los asteroides.

Contamos los emplazamientos en signos personales, sociales y universales. Hacemos lo mismo con las casas, empezando por las personales (desde la primera hasta la cuarta) y contamos los planetas emplazados en ellas. Seguimos con las casas sociales (de la quinta hasta la octava) y las universales (de la novena hasta la duodécima).

Esta información nos da tantos datos sobre la persona que sólo con estos elementos podemos empezar a hacer a grandes rasgos un análisis preliminar de la carta.

jueves, 2 de junio de 2011

Los Cuatro Elementos: Las Energías Básicas de la Astrología



Transcripción del Capítulo 10 del libro “Astrología, Psicología y los Cuatro Elementos”, de Stephen Arroyo.


Los elementos son en realidad la base misma del Zodíaco y, en consecuencia, de toda la astrología.

Pueden ser descriptos desde muchos puntos de vista y con grandes pormenores, pero necesariamente dista de ser fácil entender, explicar y ejemplificar qué son, de hecho, no menos que las leyes fundamentales de nuestro sistema solar, si no del universo.

Se refieren a las fuerzas vitales que constituyen la creación entera que los sentidos físicos pueden percibir. Es por esta razón que, en la antigüedad, al zodíaco se lo mencionaba como “el alma de la naturaleza”. Por ello, los elementos son no sólo la base de la astrología y de todas las ciencias ocultas, sino que abarcan todo lo que normalmente percibimos y experimentamos. Es cierto que los elementos, si se los considera como factores puramente materiales, simbolizan los cuatro estados de la materia descriptos en la física moderna: la tierra es sólida, el agua es líquida, el aire es gaseoso y el fuego es plasma o energía ionizada radiante. También puede decirse que representan las cuatro necesidades primarias de todo organismo avanzado: aire, agua, tierra (alimento) y fuego (calor). Pero esto solo no empieza a revelar el verdadero significado de los elementos.

RECONOCIMIENTO MUNDIAL DE LOS CUATRO ELEMENTOS

En el mundo, muchas culturas incluyen a los cuatro elementos en sus tradiciones filosóficas, religiosas y mitológicas. Se los nombra con distintos términos: prana, fuerza vital, chi, y otras. Las características esenciales de esta energía fueron idénticas para todas las culturas, aunque hayan variado los nombres dados a la fuerza primaria y a los elementos mismos.

En el Tibet, se construyeron enormes estructuras llamadas “stupas” como símbolos gigantescos de la estructura de la creación. La base del stupa era un gran cubo (que representaba a la tierra), sobre el que descansaba una esfera (el agua), y en la parte superior de esa esfera había una estructura espiraloide (el fuego). Luego en la cúspide misma había una media luna (el aire), en la que descansaba una esferita (el “eter”,vocablo que los tibetanos aplicaban a la fuerza primordial de la que fluyen las demás). El stupa representaba la base de la cosmología tibetana y, en consecuencia, a los elementos se los consideraba como las energías fundamentales del cosmos.

Un concepto similar de los elementos se halla en las sagradas escrituras de la India (como el Bhagavad Gita), y también en la filosofía de la Medicina Ayurvédica india. La filosofía y la acupuntura chinas se fundan en el concepto de los elementos. Como las expresiones tibetana e india de su naturaleza, los chinos hablan de los cinco elementos: “Los cinco elementos: madera, fuego, tierra, metal, agua, abarcan todos los fenómenos de la naturaleza. Es un simbolismo que igualmente se aplica al hombre” (Su Wen). Estos cinco elementos se correlacionan con los cuatro que se usan comúnmente en el mundo occidental, con el agregado del éter. La tradición occidental no menciona habitualmente el quinto elemento, puesto que en realidad es distinto de los otros , de hecho, el origen de los otros cuatro.

La antigua filosofía griega se basaba también en la doctrina de los elementos, que se equiparaban con las cuatro facultades del hombre: moral (fuego), estética y alma (agua), intelectual (aire) y física (tierra). La Europa medieval y del renacimiento importó la idea de los elementos principalmente de los escritos de Galeno y los correlacionó con los cuatro “humores” que, a su vez, dieron origen a los cuatro temperamentos humanos específicos: colérico (fuego), melancólico (tierra), flemático (agua) y sanguíneo (aire).

En el Japón encontramos muchos ejemplos de la importancia que se daba a los elementos. Por ejemplo, en un tratado budista zen sobre Bodhidharma escrito en el año 1004 d.C., nuestros cuatro elementos tradicionales son representados por cuatro cualidades que constituyen la creación: luz (fuego), levedad (aire), fluidez (agua) y solidez (tierra).

Los elementos están intrincadamente entretejidos con la mitología. En el antiguo Sumer, donde la religión abarca todos los aspectos y actividades de la vida, las deidades más importantes guardaban correspondencia con los elementos: Anu, los cielos (aire); Enlil, la tormenta (fuego); Ninhursaga, la tierra y Enki, las aguas.

Los ejemplos anteriores revelan cómo a los elementos mismos –como al zodíaco- se los consideraba no sólo como una realidad vital de la que los pueblos antiguos tenían que ocuparse, sino también, en realidad, como el fundamento de la realidad misma.

CLASIFICACION DE LOS ELEMENTOS

Tradicionalmente, a los elementos se los dividió en dos grupos, considerándose al fuego y al aire como activos y autoexpresivos mientras que a la tierra y al agua se los consideró pasivos, receptivos y autorepresivos. Estos dos grupos son los mismos que las divisiones básicas de la filosofía china: yin (agua y tierra) y yang (aire y fuego). Son también idénticos al concepto griego de las dos expresiones de la energía: apoloniana (fuego y aire, que activan y concientemente forman la vida) y dionisiana (agua y tierra, que representan las fuerzas que se manifiestan más inconciente e instintivamente).

Esta diferenciación es de gran importancia en un enfoque holístico de los mapas natales. Debo recalcar aquí que ahora nos ocupamos de los principios básicos solamente y que una referencia a agua y tierra, por ejemplo, como “autorepresivo” o “inconciente” de ningún modo indica que las personas cuyos mapas natales tengan muy acentuados estos elementos sean necesariamente limitadas en conocimiento particularmente más “reprimidas” que cualesquiera otras. Estos términos se refieren más al modo de operar de estas energías y al método de autorealización que a una generalización específica que pueda aplicarse al azar a todas las personas de cierta categoría.

Por ejemplo, los signos de agua y tierra son más autorepresivos que los de fuego y aire en el sentido de que viven más dentro de sí mismos y no se permiten proyectar su energía esencial hacia fuera sin buena cantidad de cautela y previsión. Los signos de fuego y aire son más autoexpresivos, puesto que siempre “están haciendo salir”, derramando sus energías y sustancia vital sin reservas: los signos de fuego mediante acción directa, y los de aire mediante interacción social y expresión verbal.

EL ELEMENTO FUEGO

Este elemento se refiere a una energía radiante universal, una energía que es excitable, entusiasta y que, a través de su luz, aporta color al mundo. A este elemento, Carl Jung lo correlacionó con la esencia dinámica de la energía psíquica, la energía que fluye espontáneamente de modo inspirado, automotivado. Se puede equiparar al elemento fuego con la “experiencia centrada en la identidad personal”. Y esto explica por qué las personas con los signos de fuego dominantes en sus mapas son tan autoconcentradas y habitualmente más bien impersonales. Se creen canales de “vida” y no pueden ocultar fácilmente su orgullo acerca de este hecho.

Los signos de fuego son ejemplo de espíritus elevados, gran fe en sí mismos, entusiasmo, fuerza sin fin y honradez directa. Necesitan mucha libertad a fin de expresarse naturalmente, y por lo común se aseguran ese espacio mediante tenaz insistencia en su punto de vista. Los signos de fuego pueden también dirigir su energía concientemente (aunque no siempre con coherencia) mejor que otros signos. Su voluntad de ser y de expresarse libremente es más bien infantiloide en su simplicidad, cualidad que a veces parece cautivas a los demás, pero que en otras ocasiones parece ofensiva para los más cautos y sensibles.

Los “defectos” de los signos de fuego se manifiestan raras veces como resultado de malas intenciones, sino más a menudo simplemente a través de falta de control personal y sensibilidad hacia los demás. Aparecen más bien como tozudos, hasta abrumadores en ocasiones, abalanzándose sobre las cosas con tal apresuramiento que sin intención causan destrucción o hieren sentimientos de los demás.

Los signos de fuego tienden a ser impacientes con las personas más sensibles o amables, especialmente las que son dominantemente agua y tierra. Los signos de fuego creen que el agua los extinguirá y la tierra los ahogará, y a menudo se resienten por ello de la pesadez y el emocionalismo de estos signos. Los signos de aire, por otro lado, apantallan las llamas del fuego suministrando nuevas ideas que la persona del signo de fuego puede activar. Por esta razón al fuego generalmente se lo considera compatible con el aire, pero debe señalarse que los signos de fuego son con frecuencia demasiado ardientes e impacientes para que el delicado sistema nervioso de los signos de aire los tolere largo tiempo. De hecho, aunque los signos de fuego a menudo sean estimulados por los signos de aires, se cansan y aburren fácilmente con observaciones intelectuales que puedan representarse más bien rápidamente.

EL ELEMENTO AIRE

Es la energía vital que se asoció con la respiración y con lo que los yoguis llaman “prana”. El reino del aire es el mundo de las ideas arquetípicas detrás del velo del mundo físico, la energía cósmica concretada dentro de las pautas específicas del pensamiento. Se asocia con líneas geométricas de fuerza, que funcionan a través de la mente, la energía que modela las pautas de las cosas venideras. Mientras los signos de fuego se interesan por querer que algo sea, los signos de aire enfocan su energía en ideas específicas que aún no se materializaron y – concentrándose en estas ideas – aseguran que a su tiempo se materialicen. De allí que, aunque a los signos de aire a menudo se los acuse de soñadores sin practiciad, representan un papel en la concreción de la creación en el más amplio nivel social, pues sus ideas pueden a su tiempo entrar en contacto con las vidas de millones de personas.

Se equipara al aire con “la experiencia en su interés por las relaciones teóricas”. El énfasis sobre la teoría y sobre los conceptos de la vida por parte de las personas de signos de aire conduce a que encuentren el modo más compatible de expresión en el aire, en las palabras y en el pensamiento abstracto. Los signos de aire tienen la aptitud de desapegarse de la experiencia inmediata de la vida diaria, permitiéndose así obtener objetividad, perspectiva y un enfoque racional de todo lo que hacen. Este desapego también les permite trabajar con eficacia con toda clase de personas, pues no creen necesario comprometerse mucho con las preocupaciones o emociones de las demás personas. Los signos de aire son, de hecho, los más sociables de todos en el sentido de que pueden apreciar objetivamente los pensamientos de otras personas sin entrar a considerar si están de acuerdo con ellas.

Naturalmente, si los signos de aire se ocupan en demasía de sus ideales abstractos y teorías, pueden desequilibrarse mentalmente y entregarse a toda clase de excentricidad y fanatismo. A menudo carecen de emoción profunda y de aceptación de las limitaciones del cuerpo físico. Pueden sobrevalorar la competencia intelectual y rehusar enfrentar el hecho de que las ideas deben ser puestas a prueba para determinar si funcionan, antes de que pueda atribuírseles gran valor. El pensamiento es una fuerza tan dominante en las vidas de los signos de aire que son más fácilmente amenazados si se ignora sus opiniones o se desacredita la calidad de su intelecto. Y por supuesto, los signos de agua y tierra son los que más probablemente desvalorizan las ideas de los signos de aire, pues esas ideas por lo común no resisten la prueba de hondura emocional y practicidad sobre las que agua y tierra insisten. Por su parte, los signos de aire no quieren ser confinados por las limitaciones de la tierra ni desean que su leve libertad se sature de sentimientos y reservas de los signos de agua. Los signos de fuego, por el otro lado, estimulan a los de aire hacia más libertad de expresión y dan a los de aire un sentido de confianza y fuerza que no pueden hallar en nadie más. Aunque los signos de aire admiran a los de fuego de muchos modos, insisten aún en su derecho a pensar las cosas antes de comprometerse, hábito que puede tornarse cada vez más fastidioso para los signos de fuego.

EL ELEMENTO AGUA

Los que tienen el elemento agua fuertemente activado en sus mapas natales advierten desde el nacimiento que varios factores intangibles representan un papel mayor en la vida de lo que comúnmente se cree. Los signos de agua están en contacto con sus sentimientos, armonizados con los matices y las sutilezas que muchos otros ni siquiera advierten. El elemento agua representa el reino de la emoción profunda y de las respuestas sentimentales, abarcando desde pasiones compulsivas hasta miedos abrumadores, y una aceptación y un amor omniabarcantes de la creación. Puesto que los sentimientos, por su naturaleza misma, son parcialmente inconcientes, los signos de agua están simultáneamente al tanto del poder de la mente inconciente y ellos mismos son inconcientes de mucho de lo que realmente los motiva. Cuando están armonizados con las dimensiones más profundas de la vida con plena conciencia, son los signos más intuitivos y psíquicamente sensitivos. En ese caso, los signos de agua están en contacto con la unidad de toda la creación y son capaces de ayudar a los demás por medio de una sensibilidad empática hacia los sentimientos de los semejantes. Sin embargo, cuando no están plenamente al tanto de sus propios sentimientos, se encuentran acuciados por deseos compulsivos, miedos irracionales y gran supersensibilidad ante la más leve amenaza.

Los signos de agua, como la naturaleza del agua misma, no tienen solidez o forma propia. Por ello son más felices cuado su fluidez se encauza y recibe forma de otro, particularmente de los signos de tierra que tienen la solidez en la que el agua puede confiar y apoyarse. Los signos de agua tienden a no gustar de los jactanciosos o de las personalidades fuertes, como los signos de aire y fuego. Se sienten muy cómodos con quienes sean más bien reservados y reprimidos, lo cual les brinda una mayor sensación de protección y seguridad. Esta cualidad reservada de los signos de agua, de paso, es más bien engañosa; pues, aunque estén calmos por fuera, constantemente hay tormentas que se preparan en niveles más hondos y ocultas napas que pueden arrastrarlos hacia abajo. De hecho, los signos de agua pueden ser a veces sensacionalistas, pues inconcientemente cultivan tormentas y agitaciones emocionales si sus vidas se vuelven demasiado monótonas.

La sensibilidad de los signos de agua es tan grande y tan pronunciada su vulnerabilidad que, si las reacciones emocionales no se controlan y encauzan apropiadamente, eso puede llegar a un estado de inestabilidad emocional y una predisposición a ser demasiado fácilmente influidos por el más leve viento que sople. La sensibilidad de los signos de agua no debe considerarse debilidad sin embargo, pues el agua tiene gran fuerza y poder penetrante durante un largo período, especialmente cuando se encauza de modo concentrado. Un hermoso ejemplo de la potencia de este elemento lo expresa un erudito del siglo XI: “De todos los elementos, el Sabio debe considerar al agua como su preceptor. El Agua cede pero lo vence todo. El Agua extingue al Fuego o, hallándose a punto de ser derrotada, huye como vapor y se reforma. El Agua lava a la Tierra landa o, al enfrentar a las rocas, procura dar un giro… Satura la atmósfera para que el Viento muera. El Agua cede ante los obstáculos con engañosa humildad, pues ningún poder puede impedirle que siga el destino que se propuso hacia el mar. El Agua vence cediendo; nunca ataca, pero gana siempre la última batalla”. (de The Wheel of Life, página 78, de John Blofled).

Por último, el elemento agua corresponde al proceso de ganar conciencia a través de una comprensión lenta pero segura de los más hondos anhelos del alma. Los signos de agua conocen instintivamente que deben protegerse de influencias externas a fin de asegurarse la calma interior necesaria para la reflexión profunda y la sutileza de la percepción. La comprensión de la naturaleza verdadera de sus emociones y anhelos es un proceso lento y a menudo doloroso, pero en la medida en que quieran enfrentar sus verdaderas motivaciones, tienen la seguridad de acrecentar el contento interior con el curso de los años.

 

EL ELEMENTO TIERRA

Una armonización de este elemento indica que el individuo está en contacto con los sentidos físicos y la realidad de aquí y ahora del mundo material. Los signos de tierra tienden a confiar más en sus sentidos y su razón práctica que en las inspiraciones, consideraciones teóricas o intuiciones de los demás signos. Están armonizados con el mundo de las “formas” que los sentidos y la mente práctica consideran como reales, y su comprensión innata de cómo el mundo material funciona da a los signos de tierra más paciencia y autodisciplina que los demás signos. Raras veces hay que decirles cómo adecuarse al mundo de ganarse la vida, proveer a las necesidades básicas y persistir hasta alcanzar una meta. Todas estas cualidades le llegan naturalmente a los del elemento tierra.

Aunque el elemento tierra es uno de los elementos pasivos o “receptivos”, este elemento, como el agua, tiene fuerza de resistencia y persistencia que permite que los signos de tierra siempre tengan cuidado de sí mismos. Aunque no sean particularmente afirmativos, se manifiestan cuando “lo de ellos” está en peligro o está amenazada su seguridad. Y debido a su eficiencia, son aptos no sólo para manifestarse sino también para actuar de modos más bien concretos para asegurarse de que aquello por lo cual trabajaron no se los quiten. El elemento tierra tiende a ser cauto, premeditado, más bien convencional, e insólitamente confiable. Por lo general, son recelosos o dubitativos respecto de personas más vivaces o mentalmente ágiles, y reaccionan ante los signos de aire con algún grado de reserva, aunque éstos algo les fascinen. No obstante, creen que los signos de aire se van por las nubes, jugando infantilmente con esquemas que no son prácticos ni funcionales. Creen que los signos de fuego quemarán la tierra, alborotando la vida con demasiada prisa y violencia como para confiar en ellos. Los signos de agua, por el otro lado, comparten sus cualidades de adquisitividad, retentividad y autoprotectividad. Por ello la tierra cree que el agua la refrescará y le permitirá dar a luz más productividad aún.

La armonización misma que a los signos de tierra les suministra poder y sus aptitudes especiales pueden ser también la fuente de sus máximos defectos. El comprometerse con el mundo práctico puede limitar a menudo su imaginación si confían demasiado en las cosas como son o parecen ser. Esto puede llevar a una perspectiva estrecha, a una afición a la rutina y al orden, y a una falta total de aptitud para ocuparse de los reinos abstractos y teóricos de la actividad. Más que nada más, los signos de tierra necesitan franquearse a la realidad del mundo invisible y comprometerse en ideales específicos como guías de su actividad.