Hoy quiero reflexionar sobre un tema que se da con frecuencia cuando se conversa sobre temas vinculados a los signos zodiacales.
La astrología, mediante la carta astral, nos muestra claramente que todos tenemos los doce signos zodiacales en nosotros para ser integrados en la conciencia. Si bien nos identificamos con nuestro signo solar, lunar o Ascendente, todo el zodíaco está presente en las doce casas de la carta, que simbolizan áreas para experimentar la vida.
Decir que nos llevamos mal con tal o cual signo, significa que existen personas con nombre y apellido cuyo signo solar es el que nos produce rechazo o dificultad, lo cual quiere decir que esa energía no está bien integrada en nosotros, que no es comprendida en profundidad. Entonces la proyectamos en las personas que pertenecen a dicho signo y decimos que “los de tal signo son… “ (completen la frase con los calificativos que ustedes siempre utilizan).
El problema más profundo aquí no es el desconocimiento de cómo opera la astrología, sino que al pensar así los primeros perjudicados somos nosotros, porque nos podemos privar de vincularnos con una persona de “ese” signo a partir de un prejuicio.
Sabiendo que todos tenemos los doce signos, la forma sana de abordar este tema sería aceptando que no comprendemos la naturaleza de tal signo porque no la tenemos integrada en nuestra conciencia. La persona de ese signo que nos provoca tal o cual reacción, solo viene a mostrarnos eso que aún nos falta incorporar.
Todos tenemos esos signos que nos llevan a decir esas palabras de rechazo. Yo misma en mis años previos a mi formación como astróloga, me llevaba muy mal con “los de Capricornio”. Cuando comencé a formarme, descubrí que ese Capricornio tenía nombre y apellido: era un tío que encarnaba las cualidades más duras de esa energía, en una etapa de mi vida en que yo no podía comprender sus actitudes.
Curiosamente, ayer en una charla informal sobre este tema compartí esta experiencia y una persona que integraba el grupo me hizo ver algo que no había visto antes, cuando me dijo “pero te protegió”. Hoy, después de muchos años (mi tío falleció hace mucho tiempo), puedo ver el valor de las cualidades de Capricornio: la capacidad de construir lo propio, de persistir en un camino hacia un objetivo o proyecto, de organizar, la disciplina y la resistencia. Si bien existen tendencias a la rigurosidad o severidad, la rigidez y la exigencia, de no ser por esa experiencia yo no hubiese aprendido valores como la responsabilidad y el compromiso, entre otros. En realidad, ya estaban en mí, pero en estado latente. La relación con mi tío los activó pese al rechazo inicial.
Por eso si vas a decir tu frase sobre “los de…… son….” te invito a pensarlo en profundidad y a descubrir qué te está enseñando esa persona en particular, más allá de si te gusta o no, porque seguramente, eso que ves en el otro también anida en tu ser.
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