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domingo, 1 de diciembre de 2013

Alinear la Personalidad con el Alma


Linda Brady es una astróloga kármica de prestigio internacional desde hace más de veinticinco años, fundadora del International Center for Creative Choices, centro educativo holístico ubicado en Baltimore (Maryland). En su libro “La misión de tu alma”, de Ediciones Urano, brinda su testimonio acerca de su camino de desarrollo personal.


Cada uno de nosotros tiene un personalidad con una determinada ruta de viaje y un destino que alcanzar dentro del plazo de vida que nos toque vivir. Ese viaje estará lleno de relaciones, trabajo, retos y obstáculos, pruebas y triunfos. Cada uno de nosotros tiene también un alma con su propio destino y una ruta que seguir, un camino que comenzó en el pasado remoto y continurá para siempre. Sin embargo, el alma tiene un plan, un propósito para nuestra personalidad en esta vida. Su intención es ayudar a la personalidad en su viaje vital, para que alcance el destino que le tiene reservado.

Muy a menudo estas rutas son divergentes. Las experiencias de nuestra vida –con la familia, las relaciones y a veces nuestro trabajo - suelen influir en la dirección de la personalidad, y en ocasiones hacen que esta se pierda o simplemente se desvíe por completo del camino que nuestra alma le tiene reservado. Lo cierto es que cada uno de nosotros está acuciado por conflictos internos que son el producto de una colisión entre el alma y la personalidad, un fenómeno que puede manifestarse como pena, depresión, ira, una atormentadora insatisfacción o un profundo vacío. El desafío, como adultos espirituales en ciernes, es encontrar la ruta del alma en la que nuestra personalidad puede prosperar. Yo llamo a este proceso “integración del alma y la personalidad”, y he dedicado mi vida entera a comprenderlo.

El camino de mi personalidad, por ejemplo, es ser una solitaria, una reclusa, una ermitaña que sólo se atreve a salir para enseñar astrología. Mi personalidad estaría muy contenta si fuera una astróloga ambulante: una sesión rápida aquí y otra allá, sin relaciones duraderas, eso estaría bien para mí. Pero el camino de mi alma es totalmente diferente. Su misión es establecer relaciones a largo plazo y comprometerse con ellas, e inspirar a mis alumnos para que sepan hacer frente a su vida espiritual y emocional. Para mi alma no hay nada parecido a estar recluída o sola.

Mi evolución hacia la madurez espiritual comenzó cuando empecé a aprender astrología. Me había formado en psicología experimental y modificación del comportamiento. Tengo una licenciatura en psicología y un master en administración de centros educativos. Creía en lo que podía medirse, analizarse y registrarse. También creía en Cristo, la Iglesia episcopal y en sus misterios de una manera infantil e ingenua. No hacía preguntas; tenía fe. Pero la vida tiene sus modos de entrometerse en la fe, y mi fe no soportó la prueba.

Comencé a estudiar astrología con la seria intención de refutarla; en cambio, descubrí que me daba respuestas. Y lo que es más importante, me daba preguntas. La idea de que los astros manejaban la energía para crear la carta perfecta para mí siempre me había hecho sentir incómoda, pues eso significaba que yo no controlaba mi vida y que podía echarle a los astros la culpa de mis problemas, incluída la lucha con mi peso. Sin embargo, a medida que aumentaba mi comprensión de la astrología, la respuesta se me hizo totalmente clara: mi alma era quien había creado mi carta natal. Ella conocía los significados simbólicos de todos los signos del zodíaco y los planetas, y de las relaciones entre ellos. Había creado un mandala astral que me proporcionaría las herramientas necesarias para experimentar mi vida.

Mi alma conocía mi pasado; había estado ahí. Sabía lo que esta vida tenía que ser como continuación de lo que habían dejado otras vidas. En otras palabras, mi alma comprendía mi karma. Aunque esta palabra ha sido calumniada, ridiculizada y malinterpretada, tiene para mí un significado bastante sencillo. Significa que, si realizo una acción, provoco una reacción. Todos hemos oído ya esto mismo formulado en axiomas como: “Se cosecha lo que se siembra”. Es una ley de la energía, universal y física.

El karma sólo es completo cuando hemos equilibrado nuestras acciones previas a través de la conciencia, el compromiso y nuevas acciones. Nuestra alma conoce estas situaciones y relaciones y creará las oportunidades que necesitamos para resolverlas. Nuestra carta astral, creada por nuestra alma, nos proporciona información acerca de estas experiencias kármicas como recordatorio espiritual, un mapa de carreteras que nos guiará hacia la comprensión.

A pesar de todas estas concepciones filosóficas, recuerdo los conflictos que tuve cuando comencé a considerar la posibilidad real de que las experiencias de mi vida fueran perfectas y tuvieran como último objetivo mi propio bien. Mi personalidad y mi ego despotricaron días enteros en una letanía de: “¿Y qué pasa con esto?”, “¿Y qué pasa con aquello?”. Pensaba en docenas de dificultades y tragedias, en el sufrimiento y la injusticia predominantes en este mundo. ¿Por qué un Dios amoroso y un alma compasiva nos hacen pasar por tales traumas? La respuesta se hace más evidente cuando vemos nuestra vida como parte de un todo más grande.

A veces, a fin de crear un equilibrio kármico y rectificar una injusticia en una vida pasada, “creamos” una experiencia dolorosa. Sin la comprensión kármica, las tragedias de la vida –el dolor, la enfermedad, los accidentes, la violencia, las pérdidas y la traición – parecen arbitrarias; pero con esa comprensión, la vida es justa. Siempre. No podemos “maquillar” una experiencia angustiosa para que parezca mejor, pero si somos concientes de que nos traerá una comprensión más profunda, un mejor sentido del para qué, no parecerá tan arbitraria.

Mi alma estaba en el proceso de enseñarme algo que mi ego no quería comprender. Había pasado cuarenta años creyendo que yo era básicamente imperfecta –una creencia fomentada por mi familia y por la sociedad en general – y que la única manera de cambiar era aspirar a la perfección. Nunca se me ocurrió pensar que la perfección podía existir en cualquier momento. Había pasado dieciocho años en escuelas que me habían medido según un estricto criterio. Conocía el éxtasis de un diez y la agonía de un cero en química en el instituto de enseñanza media. Mis creencias de pronto entraron en un serio conflicto. ¿Cómo me motivaría para destacar con la convicción de que era imperfecta?

Como estaba harta de tener siempre el mismo conflicto, decidí revisar lo que esa aspiración a la perfección había provocado realmente en mi vida. Lo que aprendí me trastornó: aspirar a la perfección me había enseñado a postergar las cosas y me había llenado de sentimientos de inutilidad, fracaso y miedo. Me había puesto en una especie de rueda sin fin: siempre buscando sin encontrar nunca nada. Me había enseñado a valorar el producto final sin prestar atención al proceso. Tomé una decisión para que esa vieja creencia muriera. Los objetivos de la perfección no son tan perfectos! Transformé esta antigua convicción en el compromiso de ser lo mejor que pudiera ser, valorando el proceso de la vida y confiando a mi alma la tarea de crear mi vida perfectamente.

¿Cuál es la perfección que mi alma quiere que yo vea en sus muchas creaciones? ¿Cómo me serviría esa experiencia? Cuando tenía treinta y un años, decidí retomar los estudios y hacer un doctorado en psicología. Me aceptaron en una buena universidad y conseguí un importante puesto nocturno en un hospital local. Estaba dispuesta a progresar en mi carrera. Sin embargo, dos meses antes de comenzar mi doctorado, tuve un grave accidente automovilístico, un choque frontal que me dejó una lesión en la espalda y problemas de visión, y no pude comenzar los estudios en otoño.

En esa misma época, murió la persona que había sido un padre para mí, me separé de mi segundo marido y caí en una profunda depresión; no fueron tres meses “perfectos”. Lo cierto es que fue un período decisivo, el más crucial e importante de mi vida. Tras recuperarme de mis heridas psíquicas y físicas, mi alma me devolvió a una institución para disminuídos físicos en la que había trabajado varios años antes. Me convertí en especialista en diagnósticos y más tarde en subdirectora. Allí vi por primera vez el aura de una persona. Allí comencé mi proceso de comprensión de la reencarnación y también conocí al que sería mi tercer marido y compañero del alma. Y también me convertí en astróloga. Mi alma creó ese accidente automovilístico para cambiar la dirección de mi vida y me puso en camino hacia la misión de mi alma.

Piensa en tu propia vida… trata de recordar una experiencia particularmente dolorosa. Siente las emociones que ese recuerdo evoca. Ahora hazte las siguientes preguntas: ¿Para qué traje esta experiencia a mi vida? ¿Qué oportunidad de crecimiento y conciencia me brindó? ¿Qué me enseñó acerca de mí o de otras personas? ¿Cómo hizo que mi vida fuera mejor?

Hazte estas preguntas, observa cómo cambia tu perspectiva y piensa en algunas de las nuevas comprensiones que puedas haber desarrollado.

domingo, 26 de mayo de 2013

La Misión del Alma (Nodos Lunares)


Fragmento del libro “La Misión de tu Alma”, de Evan St. Lifer y Linda Brady. Extraído de la segunda parte: Viaje a la misión de tu alma

DE LA PERSONA QUE ERES A LA PERSONA QUE QUIERES SER

Tener un conocimiento básico y práctico de nuestra alma y nuestra personalidad, y ser concientes de su voluntad dinámica espiritual, nos ayuda a alinearlas de tal modo que podamos experimentar la sensación de estar viviendo la misión de nuestra alma. Se accede a la personalidad mediante el intelecto, las sensaciones y los sentimientos. Al alma, en cambio, se accede mediante la intuición.

Dice Gary Zukav, en “El lugar del alma”: Cuando la personalidad está plenamente al servicio de la energía del alma, estamos ante una auténtica cesión de poder. Este es el objetivo del proceso de evolución y nuestra razón de ser. Cada experiencia que tenemos y tendremos en la Tierra fomenta la alineación de la personalidad con el alma.

Cuando nuestra alma y nuestra personalidad estén alineadas, podremos finalmente dedicarnos a nuestra misión del alma, la tarea de nuestra vida. Experimentaremos un nivel sin parangón de satisfacción y finalidad que desembocará en una paz interior esencial. En “El lugar del alma”, Zukav analiza la relación entre la personalidad y el alma: Cuando una personalidad alcanza su pleno equilibrio, no podemos ver dónde termina la personalidad y comienza el alma. Estamos ante un ser humano íntegro.

La misión del alma es siempre aquello que, según nosotros mismos, no podemos hacer. Es nuestro camino de crecimiento, la finalidad singular y distintiva que representa nuestra realización. La misión del alma se convierte en un viaje hacia nuestro potencial máximo para transformarnos en algo que nunca hemos sido; es algo diametralmente opuesto a nuestra zona de comodidad.

LOS NODOS LUNARES

El proceso de los nodos norte y sur es básico para aprender y vivir la misión del alma. Por medio de los nodos norte y sur salen a la luz palabras y símbolos que serán utilizados para salvar la distancia que media entre las vidas pasadas y la vida presente. No es necesario creer en la reencarnación ni en la existencia de vidas anteriores para beneficiarse de este proceso, pero si se cree que la vida tiene algún propósito y sentido, resultará más fácil captar el significado de este concepto.

Los nodos son puntos del cielo donde la Luna intercepta la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Los nodos norte y sur están, en consecuencia representados por dos signos del zodíaco que se oponen diametralmente entre sí en el cosmos. Si el nodo norte está en Cancer, el nodo sur estará en Capricornio, y así sucesivamente.

El nodo sur, al que denominaremos Pauta Anímica, encarna al tipo de persona que se es cuando se muestran los viejos y previsibles hábitos y comportamientos. Representa los pensamientos, sentimientos y creencias más familiares. Este nodo indica las vidas pasadas que se necesita recordar, las deudas kármicas que hay que pagar y las relaciones que apoyarán la propia visión. (Una deuda kármica es una cuestión sin resolver que arrastramos de una vida anterior). El nodo sur muestra nuestras “asignaturas pendientes”, problemas sin resolver que nos provocan frustración y sufrimiento en esta vida.

Martin Schulman, autor de la serie de libros titulada “Astrología Kármica”, describe la Pauta Anímica (el nodo sur) como:  […] simbólica del pasado del hombre. [El nodo sur] no simboliza una encarnación, sino [más bien] una combinación de los acontecimientos, ideas, actitudes y pensamientos de cada encarnación, cuyos efectos irresueltos acumulados han creado la vida actual. Para algunos el nodo sur puede ser limitador, mientras que para aquellos que tienen unos cimientos en el pasado sólidos y amplios, puede ser simplemente el factor que conduce la vida actual hacia su cumplimiento y su realización.

Hay que evolucionar, hay que dejar atrás los hábitos y tendencias confirmados por la Pauta Anímica para alcanzar las posibilidades señaladas por el nodo norte, al que denominaremos Potencial Anímico. En términos más sencillos, podríamos decir que la Pauta Anímica representa nuestro pasado, mientras que el Potencial Anímico es nuestro futuro, la misión del alma.

Cada uno de nosotros lleva ciertas tendencias y cuestiones específicas de una vida a la siguiente por la simple razón de que están sin resolver. Una vez aprendidas las lecciones que el alma necesita aprender, no tendremos por qué arrastrar ese “equipaje kármico” a la siguiente encarnación.  El Potencial Anímico ofrece un mapa de carreteras lleno de palabras y conceptos que ayudarán a comprender quiénes necesitamos ser para realizar la misión del alma. El Potencial Anímico podría definirse básicamente como “lo que más miedo nos da”, aquello que pone al descubierto sentimientos de inseguridad o miedo porque intenta introducirnos en un terreno nuevo y desconocido. Todos nos vemos atraídos hacia nuestro Potencial Anímico, tal como una mariposa nocturna se ve atraída hacia la luz, y sin embargo, al mismo tiempo, nos aterroriza acercarnos a él.

Una vez aceptado, el Potencial Anímico proporciona un camino claro hacia una vida de profundo gozo, llena de sentido y coherencia. Schulman define el Potencial Anímico (nodo norte) como:  […] el símbolo del futuro, una nueva experiencia aún no probada. Para la persona, este es el nuevo ciclo que anhela, y conlleva todas las aprensiones a lo desconocido y las experiencias nunca probadas. No obstante, esta posición nodal tiene un encanto magnético y extraño, pues empuja al alma hacia su futuro crecimiento. […] Simboliza el ámbito más elevado de expresión que alcanzaremos en la vida actual, y por lo tanto debe interpretarse como el conjunto de las cualidades superiores del signo y la casa en que está emplazado.

La mejor manera de comenzar a aprender cosas acerca del viaje del alma es conocer nuestra Pauta Anímica. Al igual que nuestro signo solar, el signo de nuestra Pauta Anímica está determinado por la fecha de nacimiento, y proporciona información relativa a nuestras vidas pasadas al tiempo que enseña cómo hemos manifestado en esta vida ciertas tendencias de nuestra vida anterior. Por el contrario, el Potencial Anímico representa la misión del alma y simboliza el futuro. Proporciona una comprensión consciente de aquellas cuestiones de nuestra vida que hasta ahora han permanecido latentes. Al enfrentarnos a algunas cuestiones vitales por medio de la Pauta Anímica, y eliminando los hábitos y comportamientos negativos que han impedido perseguir nuestros sueños y objetivos, podemos concentrarnos en el camino que conduce al Potencial Anímico, para así vivir la clase de vida que es el objetivo del alma.

POR QUÉ ES ESPIRITUALMENTE TERAPEUTICO ABANDONAR VIEJOS HABITOS

“Adquirir un hábito es empezar a dejar de ser”. Miguel de Unamuno

Nuestra alma se encuentra en un camino de crecimiento perpetuo. Por eso necesita que evolucionemos hacia un orden superior y aprendamos lecciones de un modo acumulativo, de una vida a la siguiente. Nuestra alma desea que vivamos nuevas experiencias. Permanecer estancados en una Pauta Anímica vieja y conocida nos impide evolucionar. Nuestras circunstancias vitales pueden parecernos familiares en este momento, pero nuestra Pauta Anímica finalmente nos sacará de ahí creando una experiencia desagradable o una sacudida en nuestra vida.

Cuando estamos satisfechos con las cosas tal como son, la mayoría de nosotros no hacemos cambios radicales en nuestra vida. Sólo cambiamos si tenemos que enfrentarnos a un problema, sobre todo si este problema nos lo hemos creado nosotros mismos por medio de nuestra Pauta Anímica. En algún momento de nuestra vida, nuestra alma nos dice “Ya es hora de que hagas algo diferente”. Pero abandonar nuestra Pauta Anímica por la misión de nuestra alma es, en el mejor de los casos, incómodo y, en el peor, sencillamente aterrador.

A diferencia de nuestra personalidad, el alma no juzga, no evalúa las experiencias clasificándolas como positivas o negativas: lo que le interesa es si son nuevas o viejas. El  alma quiere exponernos al descubrimiento, ofreciéndonos sin cesar nuevas experiencias y comprensiones intuitivas que nos conducirán hacia la próxima encarnación.

POR QUÉ NOS DA MIEDO EL CAMBIO

La principal razón por la cual tememos el cambio es que, conciente o inconcientemente, lo consideramos equivalente a la muerte. Nuestra mortalidad es la gran transformación, pero la mayoría la ve como un final más que como un nuevo comienzo.

Quienes tienen miedo al cambio suelen decir que se sienten como si hubieran perdido contacto con su centro espiritual; sin embargo, estar en contacto con nuestra energía espiritual forma parte del viaje de nuestra alma hacia el descubrimiento, el cambio y la novedad. Si no nos permitimos continuar este viaje, nos estancamos. Un viaje implica movimiento, y aquellos que se niegan a actuar viven paralizados por su miedo al cambio, por su temor a encontrarse en un territorio que les desconocido.

Para seguir a nuestro Potencial Anímico necesitamos confiar en nuestra alma, darle un voto de confianza. Muchos de nosotros, cuando éramos pequeños, tuvimos miedo antes de zambullirnos por primera vez en la piscina: hoy observamos ese mismo temos en nuestros hijos cuando comienzan a nadar. Esta misma aprensión nos impide aprovechar nuevas y prometedoras oportunidades comerciales, hacer cambios profesionales radicales o cultivar relaciones satisfactorias y llenas desentido. Nada podía reducir nuestro miedo a tirarnos de cabeza al agua salvo la primera zambullida real. Nuestro Potencial Anímico no es una cuestión de saber, sino de confiar en nuestra alma. Ella siempre tiene razón.

Tres razones por las que tememos o detestamos el cambio:
a)     La mayoría de nosotros lo equipara a la muerte.
b)     Nos enseñaron que es mejor dejar las cosas como están.
c)     No es un proceso lógico, sino emocional.

LA PAUTA ANÍMICA: VIEJAS PREDILECCIONES

Cuatro cosas que debemos saber sobre la Pauta Anímica:

  1. Proporciona el punto de partida espiritual y dice dónde hemos estado y qué hemos sido antes, alertando sobre nuestras tendencias perjudiciales.
  2. Identifica lo que para nosotros es seguro, previsible y familiar.
  3. Si no somos concientes de nuestra Pauta Anímica, tenderemos a crear relaciones conflictivas basadas en ella.
  4. Si no analizamos nuestra Pauta Anímica, en algún momento emergerá en forma de una seria crisis.
EL POTENCIAL ANÍMICO: LO QUE PODEMOS LLEGAR A SER 

Cuatro cosas que debemos saber sobre el Potencial Anímico:

  1. En un plano espiritual, el Potencial Anímico representa la luz al final del túnel.
  2. Proporciona información acerca del tipo de energía, las características y los rasgos que nuestra alma quiere que pongamos de manifiesto.
  3. Representa una “expansión” de la ambición, pues nos incita a hacer cosas que normalmente no nos hacen sentir cómodos o seguros, pero que nos brindarán satisfacción una vez que logremos superar la ansiedad y “dar el salto”.
  4. El Potencial Anímico no es un objetivo  a alcanzar, un producto final estático, sino el viaje que el alma desea que emprendamos, un proceso dinámico constante.
Cuando nos enfrentamos a factores desconocidos – por ejemplo, cómo realizar la misión de nuestra alma- todos nos planteamos una serie de preguntas prácticas, a saber: ¿Cómo reorganizar mi vida para hacer lo que no he hecho hasta ahora? ¿Cómo establecer prioridades? ¿Qué compromisos concretos tendré que hacer para llevar mi proyecto a buen término? ¿A qué ámbitos debería aplicar los reiterados esfuerzos para hacer realidad la misión de mi alma? ¿Qué responsabilidades tengo que asumir para realizar mi Potencial Anímico?   Las respuestas a todas estas preguntas podrán ser halladas en el signo del zodíaco en que está emplazado Saturno.


sábado, 26 de mayo de 2012

Crear nuestra propia vida


Fragmento del libro “La misión de tu alma”, de Linda Brady y Evan St. Lifer, Ediciones Urano.

¿Crees que tienes algún grado de responsabilidad por el modo en que se despliegan las experiencias y los hechos de tu vida?

Cuando les pregunto a mis clientes si “crean su propia vida”, lo más normal es que me digan que sí. Después de todo, la responsabilidad personal es una filosofía espiritualmente correcta y que en la actualidad está en alza. Sin embargo, cuando experimentan una tragedia específica en su propia vida, como un divorcio, la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, muchos de estos mismos clientes responden diciendo: “Pero yo no he creado eso”.

Existe una errónea percepción general acerca de la teoría de la creación. Muchos creen que es una experiencia consciente e intelectual: crear objetivos y comprometerse con ellos, así como planificar estratagemas activas para organizarlos y afirmarlos. Algunos creemos –y muchos libros recientes lo corroboran- que si visualizamos un resultado positivo, si creamos un mantra y nos concentramos en él constantemente y tomamos medidas que apoyen la creación, conseguiremos lo que queremos.

Otros piensan que la creación de la vida es un proceso inconsciente cuyos rudimentos residen en nuestra psique. Jung, por ejemplo, creía que tendemos a reprimir y almacenar en el inconsciente las emociones y creencias con las que nos sentimos menos cómodos. Más tarde, en el momento en que lo considera apropiado, nuestro inconsciente trae esos sentimientos reacios a nuestra mente consciente y los crea externamente. En otras palabras, Jung afirmaba que proyectamos una parte inconsciente de nosotros mismos en la gente que nos rodea. Por ejemplo, si has reprimido toda tu agresiva cólera, luego la proyectarás en uno de tus amigos íntimos o en algún familiar, al que verás como poseedor de esa misma agresividad, de modo que puedas aprender de ella.

Si bien es cierto que el inconsciente, el intelecto y las emociones desempeñan un papel importante en la creación de nuestra vida, personalmente creo que son complementos del papel fundamental del alma. 

¿Por qué creamos nuestra vida para ser como es, con sus diferentes experiencias y relaciones? Porque nuestra alma anhela que tengamos esa vida para aprender nuevas lecciones y evolucionar hacia un orden espiritual más alto.

La creación del alma es la práctica de asumir la responsabilidad última por el modo en que nuestra vida se revela. Nuestra alma crea exactamente la vida que necesitamos.

Sin embargo, la diferencia entre nuestro intelecto, nuestras emociones y nuestra alma reside en que los primeros se relacionan solamente con nuestra personalidad y sus experiencias vitales actuales. La tarea de crear nuestra vida proviene del alma, una dimensión que trasciende esta vida y sus cambios.

“Bienvenida, oh vida! Voy a encontrar por enésima vez la realidad de la experiencia, y en la herrería de mi alma forjaré la conciencia increada de mi raza.” (James Joyce, Retrato del artista adolescente).


domingo, 22 de abril de 2012

Elegir el Camino Correcto


Texto de Alice Bailey


¿Qué criterio puede aplicar el hombre para saber cuál de las distintas actividades a emprender es la correcta? En otras palabras, ¿existe un algo revelador que permite al hombre, inequívocamente, elegir la correcta actividad y seguir el camino correcto? La pregunta no se refiere a la elección entre el sendero del esfuerzo espiritual y el camino del hombre mundano, sino a la correcta acción cuando lo enfrenta la elección.

Sin duda, el hombre durante su progreso enfrenta diferenciaciones cada vez más sutiles. La cruda discriminación entre el bien y el mal, que preocupa al alma infantil, es seguida por las diferenciaciones más sutiles de lo correcto o más correcto, elevado o más elevado, y los valores morales o espirituales, deben enfrentarse con la percepción espiritual más meticulosa. En la tensión, en los afanes de la vida y en la constante presión sobre cada uno de quienes constituyen su grupo, la complejidad del problema llega a ser muy grande.

Al resolver estos problemas, ciertas amplias discriminaciones pueden preceder a las más sutiles y cuando se toman estas decisiones, entonces las más sutiles pueden reemplazarlas. La elección entre la acción egoísta y la altruista es la más fácil a seguir al elegir entre lo correcto y lo incorrecto, y fácilmente es determinada por el alma honesta. Una elección que involucra la discriminación entre el beneficio individual y la responsabilidad grupal, elimina rápidamente otros factores, y esto resulta fácil para el hombre que se hace cargo de su debida responsabilidad. Observen las palabras “debida responsabilidad”. Estamos considerando al hombre normal y sensato y no al fanático, excesivamente escrupuloso y morboso. Luego viene la diferencia entre lo conveniente, implicando los factores de las relaciones comerciales y financieras del plano físico, conducente a una consideración del máximo bien para todos. Después de haber llegado a cierta posición, debido a este triple proceso eliminativo, surgen casos donde aún hay que hacer una elección, donde ni el sentido común ni la lógica ayudan, ni tampoco la razón discriminadora. Sólo está presente el deseo de hacer lo correcto; la intención es actuar en la forma más elevada posible y tomar la línea de acción que produzca el máximo bien para el grupo, independientemente de toda consideración personal. Sin embargo, no se percibe la luz en el sendero a seguir; tampoco se reconoce la puerta que se debe atravesar, permaneciendo el hombre en un estado de constante indecisión. ¿Qué debe hacerse entonces? Una de estas dos cosas:

Primero: El aspirante puede seguir su inclinación y elegir esa línea de acción que le parece más inteligente y mejor. Esto involucra la creencia en la actuación de la ley del karma y también una demostración de esa firme decisión, que es la mejor forma en que su personalidad puede aprender a ajustarse a las decisiones de su propia alma. También implica la capacidad de seguir adelante sobre la base de la decisión tomada, y así atenerse a los resultados, sin malos presentimientos ni vanas lamentaciones.

Segundo: Basado en un sentido interno de orientación, el aspirante puede esperar, sabiendo que a su debido tiempo comprobará, al cerrar todas las puertas menos una, cuál es el camino a seguir. Existe sólo una puerte abierta por la que él pueda pasar. Es necesaria la intuición para reconocerla. En el primer caso se pueden cometer errores y, por medio de éstos, el hombre aprende y se enriquece; en el segundo son imposibles los errores y sólo puede emprenderse la correcta acción.

Es evidente que todo se reduce a una comprensión de nuestro lugar en la escala de la evolución. Sólo el hombre altamente evolucionado puede conocer los momentos y las temporadas, y discernir adecuadamente la diferencia sutil entre una tendencia síquica y la intuición.

Al considerar estas dos formas de llegar a una decisión final, el hombre, que emplea su sentido común y toma una línea de acción basada en el empleo de la mente concreta, no debe practicar el método superior de esperar a que se abra una puerta. Espera demasiadas cosas en el lugar en que se encuentra. Debe aprender a resolver sus problemas por la acertada decisión y el correcto empleo de la mente. Progresará mediante dicho método, pues las raíces del conocimiento intuitivo están arraigadas hondamente en el alma y, por consiguiente, debe establecer contacto con el alma antes de poder actuar la intuición. Sólo se dará una sugerencia: la intuición concierne siempre a la actividad grupal y no a los pequeños asuntos personales. Si usted está centrado en la personalidad debe reconocerlo y regir sus acciones con las facultades de que dispone. Si sabe que actúa como alma y se sumerge en el interés de los demás y no está obstaculizado por el deseo egoísta, entonces cumple con la obligación que le corresponde, se hará cargo de su responsabilidad, lleva a cabo su trabajo grupal y se le abre el camino mientras desempeña la tarea que tiene por delante y cumple con su deber más inmediato. Del deber cumplido esmeradamente, surgirán esos deberes mayores que llamamos trabajo mundial; de llevar la carta de la responsabilidad de la familia se fortalecerán nuestros hombros y nos permitirá soportar las del grupo mayor. ¿Cuál es, entonces, el criterio?

Para el aspirante  de grado superior, repito, la elección de la forma de actuar depende del sensato uso de la mente inferior (concreta), el empleo de un sólido sentido común y el olvido del bienestar egoísta y la ambición personal. Esto conduce al cumplimiento del deber. El discípulo (*) debe llevar a cabo, necesaria y automáticamente, todo lo antedicho y además utilizar la intuición, que le revelará el momento en que puede hacerse cargo de las responsabilidades grupales más amplias, simultáneamente con las del grupo menor. Reflexionen sobre esto: la intuición no revela la forma en que puede formentarse la ambición, ni cómo satisfacerse el deseo del progreso egoísta.

(*) ¿Qué es un discípulo?
Es quien trata de aprender un nuevo ritmo, entrar en un nuevo campo de experiencia y seguir los pasos de esa humanidad avanzada que antes que él ha hollado el sendero que conduce de la oscuridad a la luz y de lo irreal a lo real. Ha saboreado las alegrías de la vida en el mundo de la ilusión y ha aprendido que son impotentes para satisfacerlo y retenerlo. Ahora se encuentra en una etapa de transición entre los nuevos y los viejos estados del ser. Vibra entre la condición de la percepción del alma y la percepción de la forma. por lo tanto, ve “doble”.
Su percepción espiritual aumenta lenta y firmemente a medida que el cerebro se va capacitando para  recibir iluminación del alma, por intermedio de la mente. Al desarrollarse la intuición, el radio de percepción aumenta y se abren nuevos campos de conocimiento.
El primer campo de conocimiento que recibe iluminación puede describirse como aquel que abarca la totalidad de las formas que se encuentran en los tres mundos del esfuerzo humano –etérico, astral y mental-. El discípulo en cierne se hace consciente de su naturaleza inferior a través de este proceso, y comienza a darse cuenta de la amplitud de su aprisionamiento y (como lo expresa Patanjali) de “las modificaciones de la versátil naturaleza psíquica”. Le son revelados los impedimentos para la realización y los obstáculos para el progreso, y su problema se convierte en específico. Con frecuencia llega a la posición en que se encontró Arjuna, enfrentado con enemigos en su propio hogar, confundido respecto a su deber, desanimado al tratar de equilibrarse entre los pares de opuestos.
A medida que lucha y persevera, supera los problemas y controla sus deseos y pensamientos, se revela el segundo campo de conocimiento –conocimiento del yo en el cuerpo espiritual- y la percepción de esa fuente de energía espiritual, impulso motivador que reside detrás de la manifestación inferior. El sendero es descubierto y el aspirante lucha por avanzar hacia la luz cada vez más clara.
Cuando se estabiliza el conocimiento del yo y la conciencia de lo que ese yo percibe, oye, conoce y hace contacto, el discípulo encuentra al Maestro; se pone en contacto con su grupo de discípulos y comprende el plan del trabajo inmediato que le corresponde desarrollar gradualmente en el plano físico. Así disminuye la actividad de la naturaleza inferior y el hombre entra poco a poco en contacto conciente con su Maestro y su grupo. Pero esto ocurre después de “encender la lámpara” –alineamiento de lo inferior con lo superior y descenso de iluminación al cerebro-.
Es esencial que estos puntos sean comprendidos y estudiados por todos los aspirantes para poder dar los pasos necesarios y desarrollar la deseada percepción. Cada peldaño del camino debe ser preparado por el hombre mismo, y ningún camino corto o fácil conduce de la oscuridad a la luz.


domingo, 1 de agosto de 2010

El Alma



He compaginado el siguiente texto con información extraída de diferentes capítulos del libro “El Alma, la Cualidad de la Vida”, de Alice Bailey. En él se mencionan las características del alma. Me pareció interesante integrarlo a mi blog porque, con frecuencia, utilizamos la palabra “alma”, muchas veces sin tener una clara idea sobre su significado. Asimismo, creo que puede aportar elementos para ayudarnos a reconocer en qué punto del contacto con nuestra alma estamos.



Quienes responden al alma poseen cualidades de idealismo, servicio grupal y sacrificio mientras que quienes aún no están centrados en el alma muestran características de dominio, ambición, orgullo y falta de amor al todo, aunque aman frecuentemente a quienes les son necesarios para sí mismos y su comodidad.

Las características del alma:

Posee flexibilidad en la adaptación pero es indesviable en su objetivo.
Inclusividad.
Amor y voluntad al bien.
Alegría y gozo.
Participación o la capacidad de compartir.
Soledad, entendida como la capacidad del individuo para sostenerse solo, mediante la construcción de una estructura sólida de autososten emocional, que no implica desconexión ni aislamiento.
Indiferencia espiritual, entendida como “un rechazo activo, sin concentrase en aquello que es rechazado” y ejercida mediante el uso conciente de la actitud de “no me importa” -actitud que no debe ser confundida con el mecanismo de defensa de la negación por cuanto es ejercida en forma conciente y que ayuda a evitar que las cuestiones concretas cotidianas se conviertan en una limitación-.
Impersonalidad.
Desapego.
Libertad.
Serenidad.
Calma interna.
Perfecto equilibrio, que consiste en superar los desórdenes emocionales liberándose de toda reacción emocional.
Responsabilidad, considerada desde el punto de vista esotérico como la primera y sobresaliente característica del alma.
Sabiduría, que es la captación intuitiva de la verdad, independientemente de la facultad razonadora y la innata percepción, capaz de diferenciar lo falso de lo verdadero o lo real de lo irreal.
Comprensión, considerada como la facultad del alma que le permite apropiarse del conocimiento como base de la sabiduría adaptándolo a la vida en el plano concreto.
Intuición, que es la capacidad de captar comprensivamente el principio de universalidad, es decir, perder el sentido de separatividad.

Para finalizar, he aquí una serie de términos sinónimos con los que se suele hacer referencia al alma:

Alma; Ego (con E mayúscula es un término que pertenece al ámbito de la Teosofía, a diferencia de ego con "e" minúscula, término que pertenece al ámbito de la Psicología); Yo; Yo Uno; Yo superior; Yo Espiritual; el Uno; el Regidor Interno; el Dios Interno; la Realidad Interna; el Divino Regente Interno; el Sol Espiritual Interno; el Morador Divino; el Maestro en el Corazón; la Llama Viviente; el Cristo Interno; el Principio Crístico; la Individualidad; la Realidad Divina; el Hombre Real; el Pensador; el Pensador Espiritual; el Angel Solar; el Angel; el Angel de la Presencia; la Joya; el Hijo del Padre; la Llama del Espíritu; el Punto de Desarrollo; los Agnishvattas; el Hijo de la Mente; el Principio Mediador; el Triángulo; el Director; la Unidad Expectante; el Observador; el Espectador; el Percibidor Divino; el Contemplador; el Vigía; el Intérprete.

martes, 18 de mayo de 2010

Serenidad y Paz


Hoy quiero compartir con ustedes un fragmento perteneciente al libro "El alma, la cualidad de la vida", de Alice Bailey. Es una breve reflexión muy apropiada para meditar en estos tiempos. Espero que  les aporte luz y comprensión!

"Serenidad y paz no tienen idéntico significado. La paz debe ser siempre temporaria y se refiere al mundo de los sentidos y a las condiciones que son susceptibles de perturbación. Es un acontecimiento inevitable y esencial para el progreso, que cada paso adelante esté seguido por perturbaciones, puntos de crisis y caos, los cuales serán posteriormente reemplazados (cuando sean manejados con éxito) por períodos de paz.  Pero esta paz no es serenidad, pues al discípulo sólo se le permitirá morar dentro del aura del Maestro cuando la serenidad haya sustituído a la paz.

Serenidad significa esa calma profunda, desprovista de perturbaciones emocionales, que caracteriza al discípulo que está enfocado en la "mente mantenida firme en la luz". La superficie de la vida puede hallarse (desde el punto de vista mundano) en un estado de violenta ebullición.Todo lo que estima y aprecia en los tres mundos puede derrumbarse a su alrededor, pero a pesar de ello se mantiene firme, equilibrado en la conciencia del alma, permaneciendo imperturbables las profundidades de su vida. Esto no es insensibilidad ni una forzada autosugestión, tampoco es la capacidad de exteriorizar la conciencia de modo que los acontecimientos individuales sean ignorados. Es la intensidad del sentimiento transmutado en comprensión enfocada."