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jueves, 7 de mayo de 2026

Cuando el personaje devora a la persona

Cuando nos hemos dedicado durante años a desempeñar una función, corremos el riesgo de que el personaje devore a la persona real.

Con la Astrología ese es un riesgo que se encuentra siempre al acecho, ya sea que estemos aprendiendo o enseñando o en el rol de consultores.

Cuando nos dedicamos a la consultoría, en general lo hacemos con una intención muy noble: la de querer ayudar a otras personas a comprender su vida. Al menos esa es la intención desde la cual siempre he difundido este conocimiento, por eso el nombre de este blog: Astrología para Comprender la Vida.

Nuestra principal función es la interpretación de símbolos, ya que trabajamos con un sistema simbólico.

Ayudamos a quien nos solicita una sesión a encontrar una explicación para hallar sentido, significado y propósito en una experiencia determinada. O tratamos de inspirar al consultante para que eleve su vibración, desarrolle su conciencia y pueda pasar al siguiente nivel de comprensión, para mejorar su calidad de vida.

Al finalizar el día de trabajo y cerrar el consultorio, nos espera la realidad del encuentro con familiares, amigos, vecinos, o simplemente vamos caminando por la calle y aquí comienza algo muy particular: leemos y decodificamos la realidad desde la simbología astrológica.

Entonces, por ejemplo, vemos a dos personas en una esquina, en medio de un choque de autos, están discutiendo a gritos o se van a las manos – situación frecuente – y en nuestra mente aparece algo como esto: “Qué nivel de Marte!” En otra oportunidad, nuestra madre adopta el rol de víctima y nos manipula, entonces pensamos: “Claro, tiene la Luna en Piscis, como no va a funcionar en modo víctima?”.

Algún estudioso de la astrología se reconoce en estas situaciones?

Existe el riesgo – por no decir el peligro – de que la identidad se disuelva en el simbolismo al ser devorada por el rol.  Y a veces esto provoca que la propia vida se desordene.

Se desarrolla maestría en un sistema simbólico pero se puede perder la relación con los detalles de la vida simple y cotidiana.  

Sentí el impulso de escribir este artículo porque hace unos días hablando con alguien a quien no veía hace tiempo, le contaba muy entusiasmada sobre mis nuevos proyectos con la Astrología. Reconozco que me mostré algo insistente y monotemática. Entonces me preguntó: “Y sacando la Astrología, ¿cómo anda tu vida?”

Nos reímos de su pregunta pero... algo quedó haciendo ruido.

Y me hizo reflexionar exactamente en las palabras con las que inicié este escrito: cuando nos hemos dedicado durante años a desempeñar un rol, corremos el riesgo de que el personaje devore a la persona real.

La Astrología es algo maravilloso, un sistema que permite comprender la realidad para vivir de manera más conciente. Pero después de muchos años, se contraen algunos “hábitos” que podrían  no ser tan saludables si no estamos atentos y nos dejamos devorar.

domingo, 10 de diciembre de 2023

La consultoría astrológica como legado

Luego de muchos años de dedicarme al ejercicio de la consultoría astrológica, esta reflexión resume lo esencial del aprendizaje que he realizado.

A lo largo de nuestra vida, adquirimos una serie de aprendizajes y experiencias únicos. Estas lecciones, fruto de la interacción con el entorno, del estudio y de los procesos de auto-descubrimiento, son las que nos colocan en un lugar desde el que tenemos la obligación de cuestionarnos  el hecho de dejar un legado a la humanidad.

La conexión con la necesidad de contribuir no solo surge de transmitir lo que hemos estudiado, sino de compartir cómo hemos vivido y asimilado esas enseñanzas. Es un llamado a brindar nuestra sabiduría adquirida, inspirando y, al mismo tiempo, ofreciendo un servicio valioso a los otros.

Pensaste que tu propósito podría tener que ver con un escenario donde tus conocimientos y experiencias se convierten en una fuente de inspiración para otros? Qué tal si cada desafío superado, cada obstáculo convertido en oportunidad de crecimiento, sirvieran para iluminar a quienes enfrentan caminos similares?

Tus aprendizajes no solo se vuelven un testimonio de fortaleza y de resiliencia, sino también un mapa que guía a otros hacia el descubrimiento y puesta en acción de sus propios potenciales.

La contribución a la humanidad no tiene que ser desinteresada. Al contrario, al reconocer el valor de tus conocimientos y experiencias, tienes la capacidad de dar un servicio que va más allá de lo convencional. Puedes convertir tu inspiración en una fuente de sustento, permitiéndote continuar tu camino de manera sostenible. También puedes ofrecerla de manera voluntaria si lo deseas.

Así, al conectar con la esencia de tu propósito, te conviertes en un agente de transformación. Tu servicio no solo enriquece la vida de quienes te rodean, sino que también creas un impacto positivo en tu entorno. Obviamente, también te enriqueces.

Ten presente que tus conocimientos no son simplemente información acumulada y dormida: son herramientas poderosas para accionar en la construcción de un mundo diferente, quizás mejor.

Despertando conciencia en otros, inspirándolos, ofreciendo servicios valiosos y reconociendo el valor de tu experiencia.  Te gusta la propuesta?

Comienza ya! Qué estás esperando?


domingo, 1 de abril de 2018

Interpretación de cartas natales


Texto extraído del libro El Arte de la Interpretación del Horóscopo, de Tracy Marks.

Antes de que tratemos los usos constructivos de la interpretación, consideremos de manera más completa los inconvenientes de atenernos demasiado a ella cuando prestemos nuestro asesoramiento astrológico y cuando la usamos inadecuadamente. En primer lugar, es probable que, como astrólogos, nos relacionemos menos con el consultante que con la carta, sin considerar la capacidad de éste para usar la interpretación. En segundo lugar, es posible que usemos la interpretación para demostrar nuestra superioridad o poder, o fomentar nuestros egos, y también podemos ocultar con ella nuestra hostilidad y nuestras propias opiniones. En tercer lugar, la interpretación puede crear distancia, impidiendo el compromiso y el contacto emocionales con los que tienen lugar el impacto y la intuición reales. En cuarto lugar, la interpretación puede usarse indefinidamente para intelectualizar los problemas de aquí y ahora, en vez de encararlos activa y emocionalmente.

La interpretación puede ser un medio para ayudar a un consultante a evitar que asuma su responsabilidad y se empeñe en patrones de conducta que sean constructivos.

Sin embargo, existen otros inconvenientes. Como astrólogos que nos respaldamos en la supuesta autoridad de la carta natal, es probable que saquemos conclusiones con demasiado apresuramiento, brindando una interpretación tras otra, como si fueran una verdad evangélica, abrumando y desvalorizando al consultante al no permitirle que participe en estas autodefiniciones o que las confirme. Cuando nos atenemos demasiado a la interpretación, es probable que actuemos así porque partimos de estas ilusiones: 1.- solo el conocimiento intelectual produce crecimiento y cambio, y 2.- la información que nosotros damos es la que produce crecimiento y cambio.

Es necesario examinar estas suposiciones a la luz de las teorías psicológicas que se concentran sobre los nexos necesarios entre perceptividad, receptividad emocional y buena disposición psicológica para utilizar activamente un conocimiento. También es importante considerar el profundo impacto de un conocimiento que obtenemos desde dentro de nosotros mismos, en contraste con una interpretación intelectual que otra persona nos brinda. La interpretación de otra persona puede inducir en nosotros una percepción, pero la interpretación sola es ineficaz si el momento oportuno no es adecuadamente elegido. Es probable que los consultantes se resistan a una interpretación o a demasiadas interpretaciones cuando están muy inquietos, cuando no son satisfechas sus necesidades emocionales y cuando en el orden emocional están pasando por una crisis o un problema particularmente profundos. En estos casos, necesitamos limitar la cantidad de interpretaciones que brindemos, escoger cuidadosamente nuestras palabras y prestar atención a la capacidad de nuestro consultante para asimilar y usar la interpretación a fin de que sea él quien obtenga por sí mismo una interpretación que le sea útil.

La interpretación es realmente valiosa cuando la damos aceptando el estado psicológico del consultante y mostrándole que uno es sensible a sus inquietudes. La interpretación puede ayudar al consultante para que convierta en conceptos, aclare y, en consecuencia, a su debido tiempo domine aquellos sentimientos y modalidades de conducta que en él son vagos e indefinidos. Mediante un incremento de los dominios del ego sobre los del id o inconsciente, una persona llega a ser más consciente de sí y, por lo tanto, más capaz de dirigir sus acciones cuando opta por esto. la interpretación puede ayudar a los consultantes a que se den cuenta de cuándo están actuando sobre la base de suposiciones anticuadas o inadecuadas, o de patrones de conducta que, cuando se los comprende, son más fáciles de abandonar.

Las interpretaciones también pueden ayudar a los consultantes a definir y reorganizar la percepción que ellos tienen acerca de sí mismos y de la realidad que los rodea, y a sentirse más sólidos y capaces. Algunas interpretaciones ayudan a los consultantes a que estén al tanto de otras perspectivas, actitudes, opciones y acciones, de modo que el alcance de sus comportamientos aumente y se amplíen las posibilidades que se les presenten. Todo esto depende, en gran medida, de si una interpretación se expresa de manera negativa o positiva, con el propósito de comunicar “esto es lo que usted es”, como si fuéramos entes inmóviles y cristalizados, determinados completamente por factores condicionantes y astrológicos del pasado, o de si una interpretación comunica “esto es lo que usted ha sido… y esto es lo que usted podrá ser”.

jueves, 22 de febrero de 2018

Los Problemas del Astrólogo que oficia de Consejero


Texto extraído del libro El Arte de la Interpretación del Horóscopo, de Tracy Marks

Llevar a cabo una sesión astrológica es una tarea exigente, no solo en función del conocimiento necesario para interpretar y sintetizar una carta sino también debido a que existe una responsabilidad interpersonal. Al carecer de instrucción rigurosa y constante sobre temas psicológicos, y sobre aptitudes y elementos éticos propios del asesoramiento, muchos astrólogos permiten que sus necesidades y problemas conscientes e inconscientes se entrometan con el consultante. Nadie que profesionalmente aconseje, ya sea un psicoterapeuta, un asistente social o un consejero de salud mental, es completamente capaz de vencer esas tendencias; todos somos humanos y todos nosotros estamos bajo la influencia de nuestros “puntos ciegos”, compulsiones, complejos y problemas emocionales del pasado que quedaron sin resolver. Sin embargo, a fin de ser lo más responsables y útiles que podamos, debemos desarrollar valentía para enfrentarnos con nosotros mismos, para evaluar con exactitud nuestras limitaciones y dedicarnos a vencer a las que son una clara interferencia en nuestros objetivos y responsabilidades.

Las siguientes preguntas, presentadas de otra forma y consideradas de manera pormenorizada en Astrología del Autodescubrimiento, tienen como finalidad servir de pautas que le ayuden a identificar y aclarar algunos problemas que puedan ser una interferencia en su competencia y constructividad como consejero astrológico. Aunque usted tan solo comience a interpretar cartas y prepare para sus amigos unos intentos de breves interpretaciones, es probable que quiera responder a estas preguntas y aclarar las actitudes y  los comportamientos que corrientemente influyen sobre usted. Son mayoría los astrólogos que, tras su primer año de consultas, desarrollan métodos habituales de interpretación y asesoramiento que son difíciles de modificar. Cuanto más consciente sea usted de su estilo y de su procedimiento cuando empieza, y cuanto más intencionalmente desarrolle sus objetivos, es más probable que usted adopte un estilo de asesoramiento e interpretación que le sirva durante muchos años.

1.- ¿Se siente superior a su consultante, en virtud de lo que usted sabe y entiende, y/o en virtud de su estilo de vida? ¿Se expresa como un sabelotodo, como un gurú que tiene todas las respuestas, usando la carta como una autoridad que enmascara su propia necesidad de poder y autoridad, y su propia irrespetuosidad o desvalorización en lo que atañe a los conocimientos, necesidades, sentimientos y experiencias de vida de su consultante?

2.- Debido a que usted ansía ser necesario y que se lo considere valioso por la ayuda que presta, ¿estimula usted la dependencia en sus consultantes? ¿Prefiere que confíen en el consejo que usted les da en vez de volverse hacia sí mismos y confiar en su propia guía? Debido a que usted ansía complacer a los demás, ¿da a sus consultantes y amigos lo que éstos aparentemente quieren, en lugar de lo que ellos tal vez necesiten realmente?

3.- ¿El deseo de llamar la atención lo induce a que sea usted quien lo diga todo durante una sesión? ¿Lo que usted hace es exhibir su pericia en vez de sintonizarse con las necesidades de la otra persona y de evaluar continuamente si usted está respondiendo a aquéllas? ¿Es capaz de mantener una ilusión acerca de su considerable capacidad de ayuda escuchando solamente su propia voz, respaldándose en la autoridad de arquetipos astrológicos en vez de obtener antecedentes y mostrarse deseoso de internarse en las realidades del mundo de su consultante?

4.- ¿Su propósito es comunicar la verdad como usted la concibe e inmiscuir así su propia filosofía en sus consultantes? ¿Disfraza sus ideas y valores como si fueran autoridad astrológica?

5.- ¿Su propia impotencia, su propia dependencia de la guía planetaria y su propia falta de confianza en sus propios recursos con independencia del conocimiento astrológico lo inducen a inhabilitar a sus consultantes, comunicando actitudes deterministas en lugar de alentar y poner en movimiento la voluntad y la confianza de ellos en sí mismos? ¿Sus negatividades y su temor respecto de ciertos planetas y signos influyen sobre su interpretación y tienen como resultado que usted formula pronunciamientos que podrían convertirse en profecías que, de por sí, serían destructivas?

6.- ¿Le falta a usted percibir de manera real sus emociones, diferenciándolas de un conocimiento intelectual, y esto lo induce a proyectar sus propios conflictos sobre sus clientes, de modo que durante la sesión usted se topa con su propia sombra en vez de encontrarse con la persona real que está frente a usted?

7.- ¿Está usted, en el plano emocional, desconectado de sus propios sentimientos y de los sentimientos de los demás, y en consecuencia se siente inclinado a sobrevalorar su mente y a intelectualizar? ¿Es incapaz de dar conocimiento de una manera que se conecte con la emoción, o que facilite una percepción entrañable que sea capaz de traducirse en acción?

8.- ¿Usted habla en una jerga astrológica que su consultante no puede entender, usando un lenguaje de autoridad mística para crear la ilusión de que está comunicando verdades elevadas cuando en realidad lo que usted está diciendo es de poca importancia? ¿Habla con generalizaciones vagas y sin fundamento, evitando abordar los problemas concretos, reales, y del aquí y ahora, con los que su consultante está lidiando?

9.- ¿Usted es una víctima de la compulsión informativa y se siente impulsado a alimentar su mente y las mentes de los demás, sin tener en cuenta las capacidades de asimilación, integración y aplicación a la vida cotidiana? ¿Le interesa más revelar cuánto es lo que usted sabe y cubrir todas las facetas de la carta en vez de interesarse realmente en usar la astrología para ayudar a su consultante?

Son mayoría los astrólogos profesionales culpables, al menos ocasionalmente, de haber incurrido en varios de estos hechos inadecuados, debido a la dinámica de sus personalidades y a sus conflictos sin resolver. Cuanto más valientemente quiera usted encarar y poner en movimiento sus recursos para mejorarse en aquellos campos en los que usted es deficiente, es más probable que incremente el respeto para consigo mismo, y la confianza y eficacia como consejero astrológico.

miércoles, 21 de febrero de 2018

La Interpretación y el Consejo


Texto extraído del libro El Arte de la Interpretación del Horóscopo, de Tracy Marks.

La interpretación es la principal actividad a la que la mayoría de los astrólogos se dedica y que muchos de ellos equiparan con el asesoramiento astrológico. Sin embargo, los consejeros y los psicoterapeutas consideran que la interpretación es solo una de las habilidades que ellos usan con sus consultantes; se la debe utilizar adecuadamente a fin de que sea eficaz. La interpretación sola no produce percepción ni cambio.  A fin de que una interpretación cause un impacto significativo, el consultante debe estar emocionalmente receptivo y psicológicamente dispuesto a aplicar esa percepción, desarrollar lo que personalmente asocie con ésta y permitir que ejerza influencia sobre actitudes y comportamientos subsiguientes.

Steven Levy, en su libro titulado Principles of Interpretation, y Fred Pine en Developmental Theory and Clinical Process tratan los usos de la interpretación en el asesoramiento y la importancia de evaluar su impacto sobre el consultante. Como Pine y Levy lo demuestran, sea lo que fuere que usted proponga, es probable que una persona filtre la interpretación que usted le dé, a través de su propio proceso psicológico y, a menudo, distorsione su significado y le añada sus propias evaluaciones. Es probable que escuche la interpretación que usted le dé como un juicio o como una condena que amenaza su autoestima, o la desvaloriza y humilla. Puede sentir que esa interpretación la despoja o desilusiona, porque lo que esa persona quiere es apoyo emocional, no conocimientos intelectuales. Es probable que use esa interpretación como un modo de racionalizar las cosas, que le permita persistir en sus viejas conductas eludiendo nuevas actitudes y acciones, y especialmente seguir intelectualizando las cosas en vez de experimentarlas y ser responsable de sus propios sentimientos.

Por otra parte, es posible que un consultante reciba positivamente la interpretación que usted le dé porque usted le presta atención y, en consecuencia, le complace. Si se trata de una persona que “se queda con lo que usted le dice”, es probable que la interpretación que usted le dé sea como un regalo que deberá aceptar sin rodeos, a veces sin “elaborarlo” ni asimilarlo. La interpretación puede ser una satisfactoria confirmación de cómo su consultante percibe la realidad y puede experimentarse como aceptación y, por lo tanto, permitirle que sea quien es, o puede despertar dentro del consultante un nuevo modo de ver la realidad y una percepción ampliada de sus posibilidades.

Si lo que a usted le interesa es ayudar realmente a su consultante en vez de limitarse a prodigarle información sin prestar atención a si él es capaz de aplicarla, entonces es probable que usted quiera prepararse para prestar atención a lo que su consultante hace con su interpretación, y ayudarlo a asimilarla constructivamente. 

¿Su consultante convierte su interpretación en un juicio? ¿La usa para racionalizar su situación en la vida y para evitar emprender la acción? ¿O deja que esa interpretación lo predisponga para una percepción más honda que lo ayude a actuar con más eficacia?

sábado, 17 de febrero de 2018

Las Cualidades de un Astrólogo Eficaz

Texto extraído del libro El Arte de la Interpretación del Horóscopo, de Tracy Marks

¿Qué cualidades y características necesitamos poseer y qué formas específicas de comportamiento nos permitirían, como astrólogos, comunicar mejor estos objetivos?

Un astrólogo eficaz…

1.- Es capaz de percibir y responder a las necesidades reales e inmediatas del consultante, y no meramente a sus propios preconceptos intelectuales.

2.- Se relaciona primero con el consultante y, en segundo lugar, con la carta. La carta es un medio que conduce hacia un fin, no es el fin mismo.

3.- Comunica aceptación y respeto por las necesidades y sensibilidades del consultante, al igual que esperanza y aliento.

4.- Habla clara y concretamente, en un lenguaje que el consultante puede entender. Es capaz de traducir símbolos astrológicos en conceptos y ejemplos específicos que el consultante podría utilizar en la situación de vida por la cual atraviesa.

5.- Ayuda a descubrir y a crear claridad y orden en medio del caos, auxiliando al consultante para que se concentre más bien en los problemas clave en lugar de enfrascarse en preocupaciones periféricas, y ayudándolo a aclarar los problemas que existen y los conocimientos y acciones alternativos de los que puede disponer.

6.- Comunica una filosofía constructiva que dé significado al sufrimiento y brinde un principio organizativo frente a la incertidumbre y la confusión. Esa filosofía implica la perspectiva de largo plazo, que es resultado de conocer los patrones y ciclos astrológicos. Asimismo, debe observar los problemas inmediatos usando unas lentes que le permitan percibir el patrón astrológico en su totalidad.

7.- Permite que sean las necesidades del consultante las que predominen sobre sus propias necesidades y, por lo tanto, deja que el sitio de control resida en el consultante. Tal actitud exige respeto hacia lo que el consultante siente en el momento y hacia su capacidad para comprender e integrar el material ofrecido, a fin de no sobrecargarlo con más información de la que pueda asimilar. Esa actitud alienta también al consultante para que también elija por sí y emprenda la acción, en vez de indicar que es el astrólogo quien tiene todas las respuestas y todo el poder. El interés y el respeto hacia las necesidades  y los sentimientos del consultante, exigen también que el astrólogo haga preguntas, obtenga información, proporcione antecedentes y apoyo y además establezca un diálogo real en lugar de servir como mero comunicador de información.

¿En qué se parecen o en qué difieren las cualidades y acciones de las de un consejero que no es astrólogo?

No existe una respuesta simple, porque los sistemas de asesoramiento y los estilos personales de los consejeros varían considerablemente. Sin embargo, ciertas cualidades predominan en un consejero eficaz que no es astrólogo, las cuales tal vez solo sean secundarias para un astrólogo. Habitualmente, un consejero aplica al máximo sus aptitudes empáticas y se interesa más por facilitarle al consultante que comprenda y exprese sus sentimientos, en lugar de comunicarle lo que el consejero cree sobre un reconocido sistema de pensamiento. Aquél alienta la expresión, escucha cuidadosa y perceptivamente, y refleja lo que él entiende sobre lo que el consultante comunicó. En vez de dirigir la sesión de acuerdo con su propio ordenamiento, permite que sea el consultante quien determine el movimiento, la estructura y el propósito de la sesión. Son mayoría los consejeros que, durante una sesión, hablan menos del veinte por ciento de ésta; ubicándose en un segundo plano, brindan el ambiente y la seguridad para que un consultante se exprese y descubra en su interior sus propios sentimientos, modos de ser, necesidades y alternativas.

Son mayoría los consultantes que acuden a un consejero o a un psicoterapeuta (que trabaja intensa y psicodinámicamente) y que establecen una estrecha relación basada en sesiones semanales, durante un lapso que va de los tres meses a los diez años. Los consejeros no esperan que se produzcan cambios ni percepciones significativas después de solo una o dos sesiones. Los astrólogos noveles que esperan causar un impacto dramático sobre las situaciones de vida de sus consultantes, tal vez necesiten desarrollar respeto por el proceso lento e intenso mediante el cual se produce el cambio real.

La interpretación astrológica no es un asesoramiento en el verdadero sentido de la palabra. Hasta dónde usted desea desarrollar y utilizar sus específicas capacidades de asesoramiento, como el hecho de que usted escuche, reflexione y facilite aptitudes, es una cuestión de elección individual. Sin embargo, a fin de que la sesión astrológica que usted propone sea para quien lo consulta, más que un “viaje por el interior de la mente” y cause un impacto constructivo, fuerte y concentrado como para poner en movimiento nuevas actitudes y acciones, usted necesitará aprender a usar, como mínimo, unas rudimentarias habilidades para comunicarse y asesorar. 

Una evaluación de sus propias capacidades –sobre la base de su percepción personal y de sus conocimientos astrológicos- puede ayudarlo a establecer cuáles son sus debilidades y, por lo tanto, las capacidades que desea desarrollar. ¿Es usted una persona de fuego y aire, con falta de agua, que tiende a ignorar el reino de los sentimientos y que inintencionalmente pisotea la sensibilidad de una persona de Piscis o de Cancer? ¿Tiende usted –como lo confirma su Mercurio en oposición a Neptuno- a comunicarse con generalidades vagas, esotéricas e indirectas, y necesita aprender a concretar y fundamentar su modo de pensar tomando decisiones que sean prácticas? Un astrólogo eficaz, como un consejero eficaz, es flexible y capaz de variar su estilo y sus comunicaciones, de acuerdo con el temperamento y las necesidades de cada consultante.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La Comunicación y la Ilusión de la Comunicación


Dice Stephen Arroyo:

Aunque los terapeutas y los consejeros hacen hincapié constantemente sobre la comunicación a fin de resolver dificultades en las relaciones, mi observación es ésta: si espontáneamente no existe la base de la empatía, de las energías armoniosas, de la solicitud y de la mutua  comprensión  -y eso se reflejará en la comparación de los mapas– entonces, no podrá haber una comunicación real.

El trato verbal no es comunicación! Si algunos de ustedes pasaron por ciertos procesos terapeúticos en los que se supone que tienen que “comunicarse”, reconocerán esta secuencia de hechos: luego de algunas grandes tormentas emocionales y, con frecuencia, después de gritos y llantos, se logra a menudo la ilusión de una comunicación y la sensación de que, de allí en más, habrá más empatía con el interesado. Sin embargo, dos semanas después están de nuevo donde empezaron. No quito valor a todos esos métodos terapéuticos, pero son buenos sólo para ciertas personas, en ciertas épocas de sus vidas. Pero, con frecuencia, se hacen surgir falsas esperanzas y a menudo nuevas ilusiones ocupan el sitio de las viejas, si perdemos nuestro equilibrio psíquico.

Si piensan en la palabra “comunicación”, bien pueden pensar, en primer lugar, en Mercurio. Desde luego, hay comunicación en todos los niveles de todos los planetas y elementos, pero concentrémonos por un momento en Mercurio, que simboliza la comunicación de índole intelectual, verbal y racional. Aunque los Mercurios de dos personas no estén armonizados o aunque haya aspectos tensionantes de Mercurio en la comparación, una fuerte corriente de afecto y simpatía entre las personas (demostrada por otros factores de ambos mapas) podrá establecer, no obstante, un canal de comprensión entre las dos, de modo tal que la falta de comunicación de Mercurio no sea patente.

Podemos comunicarnos en tantos otros niveles que no es mucho lo que tenemos que conversar para entendernos uno con otro; en el nivel emocional, en el nivel intuitivo, sabemos cómo se siente la otra persona, y a veces podemos leer su mente. En realidad, en esta clase de relación, si tratamos de conversar demasiado específicamente con la otra persona, a menudo todo se enreda y confunde. Pero, en relaciones como ésta, si los canales de la armonía emocional se destruyen o cierran por la desilusión o el desencanto de una persona en su relación, o por el radical cambio de actitud de una persona durante un período crítico personal, entonces no pasa mucho tiempo para que ambas personas empiecen a darse cuenta de que durante muchos años no han estado en comunicación.

Entonces salen a la superficie, de modo muy patente, todos los problemas de Mercurio. Esto es cierto también en muchos otros aspectos, no sólo con Mercurio. En las relaciones, como en las vidas de cada uno, las cosas están cambiando constantemente. Dejemos que un tránsito fuerte transforme simultáneamente la expresión de un planeta mayor en el mapa de cada persona, y tal vez empiecen a advertirse muchos problemas latentes de larga data cuando los anteriores canales de armonía y estrecha relación empiecen a desintegrarse. Tenemos que ser capaces de marchar con los cambios, de mantener nuestra perspectiva y de saber que, con el tiempo, todo cambia y se transforma.

domingo, 6 de octubre de 2013

El Desarrollo de la Astrología como Herramienta Psicológica

Fragmento del Capítulo V del libro “Guía de asesoramiento astrológico” (Astrología y Psicoterapia), del Dr. Bernard Rosenblum (médico psiquiatra y astrólogo). Ediciones Kier, Argentina.

Por varias razones es evidente que el consejo astrológico no está completamente separado del campo de la salud mental. Muchos son los astrólogos que estudian el modo de dar consejo, y psicología, en universidades de todo el país; en sus disertaciones y clases, los astrólogos usan muchos vocablos psicológicos modernos que no son de origen astrológico, como por ejemplo, ego, super-ego, proyección, identificación, inconsciente, etc.; los astrólogos se enfrentan con situaciones en las que deben ser capaces de evaluar en un cliente estados emotivos graves y de trasladar a esa persona a otra forma de curación; una mayor proporción de público en general empieza a considerar seriamente a la astrología y a situarla, en un contexto, con las demás filosofías y psicologías aceptadas; algunos astrólogos empiezan a trabajar con psicoterapeutas.

Es necesario que cada disciplina evolucione para que no se pongan de manifiesto la rigidez y la estrechez de miras. Opino que los astrólogos pueden evolucionar si siguen sendas diferentes pero relacionadas entre sí: a) la investigación científica de personas como Gauquelin y otros; b) la orientación hacia la psicología profunda por parte de astrólogos como Stephen Arroyo, Liz Greene, Robert Hand, Richard Idemon y otros; c) el hecho de que se disponga de vastos programas de enseñanza astrológica; y d) la asimilación de la teoría y la técnica correspondientes al consejo no astrológico y a la psicoterapia.

Este último aspecto es particularmente relevante.

Es evidente la necesidad de semejante fertilización recíproca. Ambas formas de consejo – la astrológica  y la no astrológica – tienen algo que a la otra le falta. El consejo astrológico proporciona un esquema simbólico para comprender las pautas psicológicas básicas del individuo, al igual que los ciclos evolutivos que la persona tiene que pasar. Tal cuadro total ayuda porque da perspectiva y conocimiento personal para resolver la lucha por la vida. Pero la astrología carece de un conjunto de técnicas específicas para ayudar a las personas a que resuelvan los conflictos y problemas que aquélla describe tan claramente. En contraposición, el consejo no astrológico posee la interacción viva entre cliente y consejero a fin de que ambos trabajen. Debido a esto, el consejero deberá ser afecto al uso de eficaces técnicas de exploración y entrevista. El consejero no astrológico está preparado para buscar: cuál es la necesidad inmediata y la capacidad emotiva de su cliente; los conflictos subyacentes, las motivaciones, los bloqueos y las defensas y “roles” confusos; la dinámica de interacción de consejero y cliente; y el concepto personal básico en cuanto se relaciona con la situación total de vida del cliente.

Estos y otros métodos de consejo podrían aprenderse, en alguna medida, en un buen curso de consejo o psicología. ¿Cómo serviría esto al astrólogo? Primero, mediante el uso de alguna exploración inicial de la vida y las actitudes del cliente antes de la parte astrológica de la consulta, el astrólogo estaría más capacitado para evaluar las necesidades de su cliente. A su vez, esto estimularía la participación del cliente durante la “lectura”, haciendo que el intercambio sea más dinámico, más vivo y potencialmente más útil.

Luego, en consultas complementarias, el astrólogo tendría algunos modos prácticos de ayudar al cliente a que resuelva los complejos y tensiones que el mapa natal, las progresiones y los tránsitos revelen. En el caso no común de que haya alguna psicopatología grave, el astrólogo estaría mejor capacitado para evaluarla y, de esta manera, tratarla más inteligentemente.

A su vez, en la medida en que se acreciente la destreza consultiva y psicológica del astrólogo, podría empezar a brindar una clase especial de trabajo de evolución astro-terapéutica.

Con bastante instrucción complementaria, todo esto se halla dentro de lo posible, puesto que las herramientas astrológicas requieren una exploración psicológica profunda que no está al alcance del consejero no astrológico.
El astrólogo que procuró para sí experiencia en consejo y terapia, tiene oportunidad de una mayor evolución. Somos pocos los que no nos beneficaríamos con alguna clase de desarrollo psicológico, y la terapia es una senda importante que conduce a eso. Además, no hay aprendizaje tan eficaz como algo que uno mismo experimentó.

Creo que los astrólogos podrán desarrollarse más profesionalmente mediante la lectura y el cambio de ideas con otros grandes escritores modernos, especializados en psicología, como Jung, Freud y Reich, entre otros. Esto podrá hacerse dentro de un marco universitario, o en el propio ámbito. La bibliografía de estos autores es vasta, pero incluso una mínima familiarización con aquélla es indispensable para quienquiera que incursione las artes asistenciales y curativas.

Finalmente, los astrólogos podrán desarrollar su destreza y su ojo clínico congregando regulares “grupos participativos”. Mucho más que las conferencias, estos grupos ayudan al astrólogo a que éste se sienta menos aislado y proporcionan una muy necesaria salida para la formulación de preguntas y una fuente de apoyo y aprendizaje mutuos.

sábado, 18 de mayo de 2013

Educación en una Escuela de Sabiduría


Fragmento del Capítulo 1 del libro ““Guía de asesoramiento astrológico” (Astrología y Psicoterapia), del Dr. Bernard Rosenblum (médico psiquiatra y astrólogo, New York). Ediciones Kier, Argentina.

En realidad, cuando un cliente está “dispuesto”, sale en busca de un astrólogo calificado, eso señala buena disposición a educarse con las enseñanzas  de una psicología arquetípica, con una “escuela de la sabiduría”, por decirlo así. El cliente – que ahora podríamos denominar mejor como “el estudiante” – se sensibiliza ante la naturaleza de las fuerzas y los principios universales y cómo se manifiestan en su psique y en su vida.

¿En qué sitio de nuestra cultura, de nuestras Universidades, o de nuestras psicoterapias, se nos enseña – como ocurre en la astrología – sobre las dolorosas, pero necesarias, experiencias de crecimiento simbolizadas por el planeta Saturno, al igual que sus útiles funciones de enfoque y concentración? ¿En qué otro sitio aprendemos sobre la contrastante energía del planeta Júpiter, con sus ofrecimientos de comodidad, abundancia, entusiasmo y aventura, así como el hecho de que hasta esta energía expansiva puede ser perjudicial si no se equilibra con el resto de nuestras necesidades? ¿Y en qué otro sitio aprendemos sobre los diferentes tipos de transformación expresados por Urano, Neptuno y Plutón? ¿O que todos tenemos las mismas cualidades, necesidades y oportunidades esenciales (simbolizadas por las casas y los signos) pero con diferentes énfasis y pautas, y que una de las tareas de nuestra vida es la de equilibrar y armonizar estas energías, aunque a veces sean polos opuestos?

El hecho de que aprendamos sobre la significación de los planetas, signos, casas, aspectos y ciclos nos enseña acerca de la naturaleza de la condición humana. La astrología tiene en cuenta la variedad de temperamentos individuales dentro de la ley universal como ningún otro sistema lo hace. Los diferentes esquemas de la psique, como los describieran Freud, Jung y Reich, son potentes y válidos; los astrólogos deberían entenderlos cabalmente para ampliar su vision y su trabajo, especialmente respecto de la represión, del inconsciente y de la liberación de fuerzas inconscientes. Lo que el horóscopo procura, y los grandes maestros en psicología no, es un cuadro inmediato e integral de las pautas y texturas de la personalidad individual y, a través de ello, una visión equilibrada y a largo plazo de cómo trabajar con ese individuo.

Como cualquier otro instrumento para el adelanto del desarrollo psicológico y espiritual de las personas  - incluída la psicoterapia -, la astrología carece, a veces, de una óptima eficacia.

Las razones del fracaso actual de la astrología en manifestarse en un nivel coherentemente alto son muchas, y algunas de ellas no son bien comprendidas:

  • En nuestra cultura no se aprecia seriamente la importancia de los conceptos astrológicos, lo cual llega incluso a afectar a muchas personas que precisamente buscan una guía en la astrología.
  • Muchos astrólogos están, en la actualidad, insuficientemente instruídos sobre los procedimientos y técnicas puramente astrólogicos que usan en su trabajo.
  • Los astrólogos, en su mayoría, tienen poca o ninguna instrucción sobre los conceptos y las técnicas de consejo, y escaso conocimiento de algunas teorías básicas de la psicoterapia.
  • Los problemas emocionales y psicológicos no resueltos por parte del astrólogo inhiben a veces su eficacia en su relación con el cliente.
  • Sean o no conscientes de ello, los clientes abrigan a menudo temor y falta de aptitud para examinar sinceramente el significado de lo que un astrólogo competente está describiendo realmente.
Lo irónico es que parecidas dificultades se experimentan en el mundo de la psicoterapia, salvo que los psicoterapeutas y su labor reciben más alta consideración en nuestro mundo actual, en el que la medicina y la ciencia estadística reinan supremas.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Establecer marcos de referencia más amplios para las cartas individuales

Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar

Ningún individuo existe en el vacío. Está relacionado con otros individuos, con grupos de diversas clases, con grandes colectividades de hombres organizados en sociedades, naciones, agrupaciones culturales y religiosas. Es uno con la humanidad, está enraizado con ella. Es un átomo de conciencia en el vasto océano de la inteligencia, de donde nacen las irradiaciones de luz que se transforman en toda una grandiosa cohorte de estrellas, cuando las olas de este océano vienen a romper en las playas de nuestro mundo de espacio y tiempo. ¿Cómo podría estar el destino del individuo separado de la gran trama de los destinos universales? ¿Cómo podría el fugaz momento de su primer saludo al universo -su llanto al nacer- permanecer aislado de los ciclos universales que, sin tregua, se suceden en el tiempo? Al igual que cada fuerza y cada masa se interrelacionan con las otras fuerzas y las otras masas, así también la individualidad de un hombre se interrelaciona con las demás unidades individuales de conciencia. No puede haber separación, ni siquiera donde haya aislamiento temporal.

Quizá contemplamos las formas coloreadas del tapiz del ser y admiramos los diminutos hilos rizados que componen estas formas, pero no somos capaces de ver que estos hilos son unidades concretas entretejidas, enlazadas en la trama del universo.

El astrólogo de mente filosófica ha reconocido siempre estas verdades y muchos han buscado la manera de descubrir métodos para concretarlas en la práctica astrológica. En la actualidad se presta bastante atención a la comparación de cartas pertenecientes a personas de la misma familia o que pretenden unir sus vidas con fines privados o públicos. Se estudia la «herencia astrológica» para intentar demostrar cómo las cartas natales de hijos, padres y antecesores más lejanos presentan unos patrones similares, y el campo que se ha abierto con tales estudios es amplio y está aún casi sin explorar. Quizá sea posible de esta forma aislar ciertos factores que sirvan para definir las características típicas de una familia; especialmente en familias que presentan una constante histórica de marcada individualidad a través de varias generaciones de personalidades importantes. El estudio de familias reales o aristocráticas, en las que ciertos rasgos culturales se conservan durante un tiempo (por ejemplo, la familia Bach), revelaría, sin duda, un gran número de factores importantes. Nos preguntamos si los astrólogos chinos habrán realizado un estudio de este tipo con la familia de Confucio, descendientes por línea directa de aquél que aún permanece vivo tras más de setenta generaciones.

Otro campo de estudio abarca las correlaciones entre las cartas natales de personas que han sido socios o compañeros, o que se han sucedido el uno al otro en alguna empresa pública de gran envergadura. Se han analizado las cartas de aquellos que firmaron la Declaración de Independencia y de los presidentes americanos, obteniéndose algunos datos interesantes. Al estudiante de astrología le resulta más familiar y más práctica la comparación de cartas entre personas que van a contraer matrimonio o que van a asociarse de cara a negocios comunes. Todo astrólogo ha tenido que responder alguna vez a la pregunta de algún amigo o cliente sobre si tal y cuál persona harían una «buena pareja». Para ello no sólo se deben analizar ciertos elementos de la carta natal, sino también contar con la valiosa ayuda de una carta horaria y, a ser posible, de un estudio del patrón celeste para el día del primer encuentro o del primer contacto personal significativo.

Los factores a considerar ante el planteamiento de un matrimonio o una sociedad pueden reunirse en una pregunta al consultante: ¿Cuál es el propósito de su relación? Algunas veces es dificil contestar a esta pregunta, especialmente cuando se trata de amor y matrimonio. Pero la respuesta puede ser muy reveladora, si es sincera, ya que siempre es un factor necesario para el juicio astrológico.

Si el propósito del consultante fuera simplemente «ser feliz», se podría tomar a ciertas interrelaciones entre las dos cartas como índice de que el propósito puede lograrse fácilmente, siempre que las cartas natales de ambos, las progresiones, los tránsitos y las indicaciones horarias coincidan a su vez sobre este punto. Pero también puede que el consultante busque una unión de carácter más excitante, creativo o regenerativo. Quizás el mismo consultante lo establezca así; o quizá sea el astrólogo quien perciba que, bajo unas afirmaciones o metas más convencionales, hay un propósito más profundo. En este caso se debe buscar otra clase de relación astrológica entre las dos cartas, una relación que no excluya el conflicto, la crisis o la oposición entre puntos de vista complementarios. Una relación personal fácil y tranquila puede ser sinónimo de adormecimiento espiritual, y si el individuo busca una más plena realización como alma y mente creativa, ¿no debería advertírsele de los posibles resultados deuna relación en que aparecen ciertos elementos contrarios a su propósito, aunque favorecerían una unión de tipo más banal?

Con esto queremos indicar que la astrología debe siempre incluir el factor del propósito individual, así como la función dentro del conjunto total. Una carta natal es en esencia una «declaración de propósito», el propósito de Dios, podríamos decir, al crear las condiciones del nacimiento y al alma que va a encontrarse con ellas. También es la declaración de cuál debería ser la meta del individuo en la vida de acuerdo con la Idea creativa de la Mente universal. En el caso de la carta horaria, ésta es una declaración de la solución, expresada simbólicamente, que la inteligencia universal da como respuesta a la necesidad vital de un individuo, siempre en términos de su propósito esencial.

Cuando el astrólogo va a aconsejar a su cliente sobre una asociación de cualquier clase, basándose en una comparación de  cartas natales, debe analizar en primer lugar cuál es el propósito del destino individual del cliente, o sea, su carta natal. Debería, además, averiguar hasta qué punto el cliente comprende su propósito básico, y cuáles son sus pretensiones conscientes en el caso particular de que se trate. Aconsejar astrológicamente, no significa mirar una o dos cartas y transmitir lo que uno ve, así sin más. Significa ayudar al cliente a comprender cómo puede alcanzar el verdadero propósito de su destino. Y la forma de hacerlo no es siempre a través de la felicidad convencional.

viernes, 29 de marzo de 2013

¿Cuál es el tema principal de la Astrología?


Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar.


El tema principal de la Astrología es la persona humana individual, considerada como un organismo íntegro que incluye actividades físicas, psíquicas, mentales, sociales y espirituales, de muchas clases y a varios niveles.

Los términos cuerpo, mente, sentimientos, alma, definen muy superficialmente estos diversos tipos o categorías. Todas estas actividades son actividades «humanas» porque a pesar de que algunas puedan parecer muy similares a las que aparecen en los otros reinos de la vida (animal, vegetal, etc.) están sin embargo subordinadas a un patrón y a un propósito característicos del reino humano y son exclusivas de éste. Puede que el hombre digiera sus alimentos como otros mamíferos, pero, al ser consciente de su proceso digestivo y poder intervenir en él –para bien o para mal- la digestión en los hombres es «humana».

El campo de la interpretación astrológica se extiende a cualquier grupo de personas humanas, relativamente permanente, o a cualquier situación dentro del flujo de la experiencia humana.

Grupos o series de fenómenos naturales -como por ejemplo los relativos al clima- también pueden analizarse y su desarrollo se puede interpretar por medio de cartas astrológicas, pero esencialmente, sólo en la medida en que son parte de la experiencia colectiva de los seres humanos.

El propósito básico de la astrología es brindar un poco de orden al aparente caos de la experiencia humana. Y así ayudar al individuo o al grupo a conseguir un mayor grado de integración, salud y juicio. Constituir un acercamiento más consciente a la vida humana y una comprensión más profunda de las características estructurales y del comportamiento cíclico de todos los organismos. Es grande su importancia ya que el hombre tiene el privilegio y la obligación espiritual de hallar el «Camino de la Consciencia».

Sin embargo, la astrología no ofrece ningún atajo, por ser la integración de cualquier conjunto orgánico un proceso gradual que depende, por una parte, de la intensidad del sentimiento de «orden» y de la realización del «centro» en las diferentes partes del conjunto y, por la otra, de la apropiada disposición del Principio espiritual, conectado con este organismo en evolución, para animar e iluminar los esfuerzos de éste hacia una completa y armónica organización.

Además, cada factor de la carta astrológica puede contribuir a la integración o a la desintegración personal.

La carta natal presenta de una forma especial los datos informativos que los psicólogos y los médicos usan en sus terapias. El carácter de esta presentación, sin embargo, arroja una luz nueva sobre las partes componentes, funciones, estímulos y potenciales de la persona individual. Mediante el uso de esta nueva luz, una persona que comprende bien su valor y la forma de manejarla, puede ser más objetivo respecto a sí mismo. Puede plantear gráficamente el curso de su desarrollo orgánico, elaborar la curva de sus poderes vivificantes, y verse a si mismo reducido a la esencia. Bajo la confusión de su experiencia diaria, llega a entrever un patrón de orden. Todas sus tendencias conflictivas se revelan como componentes complementarios de su personalidad integral. Se ve a sí mismo completo, en estructura y función.

Lo que ve, sin embargo, no es una imagen o retrato gráfico. Es tan sólo un símbolo. La carta natal es sólo un símbolo: el «nombre» de la persona. Pero si aprende a deletrear este «nombre», el individuo puede descubrir -si es sabio- cómo esforzarse, a su manera, hacia una integración real y demostrada día tras día. El astrólogo-psicólogo sólo puede señalarle el camino. Sólo el individuo puede pronunciar el «nombre», símbolo de la conciencia íntegra de uno mismo. Lo pronuncia viviendo plenamente lo que él es, dentro del amplio marco de la sociedad y la humanidad.

El pronóstico viene como consecuencia de un desarrollo ordenado. Si en el universo existe un orden, entonces se puede predecir cuál va a ser la fase que seguirá a la presente. Si la predicción fuera una ilusión no habría ciencia, ni generalización, ni ley. Al ser la astrología una ciencia, debe, por tanto, incluir la predicción.

La astronomía es un sistema para predecir los fenómenos celestes. La astrología, sin embargo, no trata sobre la determinación de los fenómenos celestes, sino sobre su interpretación en términos de carácter y conducta humanas. Cuando a un planeta se le da un determinado significado en astrología, este significado está condicionado por los aspectos astronómicos en el sistema solar y por lo que representa en relación a la persona humana (o a la situación que afecta al individuo). Cualquier significado planetario presupone la existencia de personas completas como marco de referencia para tal significado. La astrología trata de la totalidad de la naturaleza humana, según se expresa en un individuo.

Ningún significado o juicio astrológico se expresa plenamente si no tiene en consideración al ser humano completo. Decir que dos planetas estarán en conjunción en un determinado momento, es astronomía. Añadir que la vida de un hombre, nacido en un determinado momento y lugar, experimentará una crisis en una fecha que puede averiguarse, es una afirmación astrológica. En esta afirmación el punto de partida es «la vida de un hombre». Cualquier predicción que no tome a esta entidad, «la vida de un hombre», como base o marco de referencia es, como mínimo, incompleta. En la mayoría de los casos es desorientadora, en algunos, realmente destructiva. Sólo tiene valor en relación al individuo completo y a lo que contribuye al desarrollo de esta persona, a un nivel u otro.

La astrología no predice «sucesos» sino sólo fases en el desarrollo de una persona. Cada individuo se desarrolla en unas líneas que en primer lugar son «genéricas», esto es, que son el resultado del simple hecho de que es un ser humano, miembro de este género, homo sapiens, en una época concreta de la evolución de la humanidad. Estas líneas de desarrollo determinan el patrón general del área de vida de cada hombre. Asimismo cada hombre posee unas características bio-psicológicas que determinan su estructura genérica. A este respecto la naturaleza humana, las razas y los individuos producen muchas clases de variaciones. Un hombre es en primer lugar humano, luego blanco, luego americano, californiano, de ascendencia anglofrancesa, metodista, demócrata, etc.; finalmente es un individuo nacido a una determinada hora en lugar específico.

El libre albedrío es la medida de la capacidad del hombre de ser y actuar como un individuo. El destino es la medida de su dependencia de las normas colectivas y genéricas como estructuras determinantes.

La astrología trata en primer término de la naturaleza humana en un sentido genérico. Es por esto que, al ser el cliente un ser humano, experimentará de una forma más o menos aproximada el orden conocido de fases del desarrollo humano, y esto le da al astrólogo una base para la predicción. Pero ningún astrólogo deberla quedarse aquí. Debería llegar a definir y comprender la «ecuación individual» de su cliente; la forma en la que el cliente reacciona o puede esperarse que reaccione como individuo ante los básicos puntos clave de su vida.

Esto sólo puede hacerse considerando la carta natal y su desarrollo en el tiempo como un conjunto. El individuo es el hombre completo, la persona integral. Y nadie puede determinar por adelantado las acciones y reacciones de una persona integral que ha llegado a individualizarse verdaderamente, ya que dicha persona ha llegado a ser libre, dentro de los límites de sus estructuras genéricas.

La astrología puede definir los límites, pero sólo puede sugerir la libertad. Cada momento de la vida de un individuo es una mezcla de ambos factores.


domingo, 17 de febrero de 2013

Los Principios detrás de los Aspectos



Fragmento del Capítulo 1 del libro "Dinámica y análisis de los aspectos", de Bil Tierney

El análisis correcto de los aspectos es crucial para interpretar cualquier carta natal. Los aspectos tejen una trama de ener­gías, poderosa y cargada de intenciones, que conectan las muchas partes del horóscopo. Delinean un montaje comple­jo y único de campos de fuerza concebido para estimular la individualización de cada psique humana en desarrollo. 

Aunque los aspectos son muy importantes, muy pocos estu­diantes de astrología parecen captar con claridad los princi­pios fundamentales, que constituyen la base de los aspectos frecuentemente usados para delinear una carta natal. Por ejemplo, la astrología contemporánea considera a la conjun­ción como un aspecto que enfatiza la auto-motivación y la ex­presión directa de los impulsos subjetivos, pero olvida que es un aspecto ligado también con la disminución de la objetivi­dad y con una percepción limitada de los otros. ¿Por qué mo­tivo? ¿Es el sextil, como lo establece la tradición, un trígono "más débil" y por lo tanto, su influencia menos "favorable"? ¿O posee sus propias cualidades específicas? ¿Y qué sucede con la cuadratura que evoca un sentido de esfuerzo y frustra­ción? ¿Por qué su nivel de tensión se manifiesta como una amenaza para nuestra seguridad y status quo vital? Por otra parte, ¿por qué los trígonos canalizan fácilmente la energía hacia actividades creativas, personalmente gratificantes, con relativa naturalidad, confianza y espontaneidad? ¿Y por qué las oposiciones a menudo indican la necesidad de llegar a un compromiso con quienes nos confrontamos?

En principio, debemos comprender que los aspectos, los signos, y las casas en conjunto comparten un denominador común: todos entrañan mediciones del arco a partir de un punto de partida dentro del círculo de 360 grados. Las diferentes mediciones del arco a partir del equinoccio vernal crean el círculo anual o ciclo de los signos del zodíaco en la astrología tropical. Las diferentes mediciones del arco a partir del punto Ascendente crean el círculo diurno o ciclo de las casas mundanas. De igual manera, los aspectos describen diversas mediciones del arco entre dos planetas en un momento dado en su ciclo sinódico, comenzando por la conjunción. Dejando de lado, los signos, las casas, o los aspectos, el significado astrológico se deriva de la naturaleza de los ángulos que dividen cada uno de esos círculos. Por ejemplo: el significado arquetípico de un arco de 60 grados puede expresarse a través de un signo (Géminis o Acuario), una casa (la III ó la XI), o por el aspecto de sextil... ya que idealmente todos se encuentran a 60 grados de sus respectivos puntos de partida. La suposición teórica hecha aquí es que los aspectos son un ejemplo de otro nivel de manifestación de los principios básicos de vida creativa, también definidos por los signos y las casas. En otras palabras, la naturaleza inherente de un aspecto también debería reflejarse en algún nivel en su correspondiente signo y casa. Y en un sentido abstracto, el correspondiente planeta regente del signo también debería guardar una correlación con el aspecto en consideración (ya que un signo y su regente natural representan el mismo principio básico). 

Por lo tanto, al igual que los signos y las casas, los aspectos pueden considerarse como fases definidas y significativas de una relación, que sigue una secuencia ordenada dentro de una experiencia cíclica global.

Cuando se analizan desde esta perspectiva, los aspectos no se ven como "buenos" o "malos". Más que indicar "afortunados" versus "desafortunados", señalan simplemente cómo y dónde se potencian las oportunidades que pueden abrirnos a una dimensión de percepción más plena e intensa. 

Debo admitir que los astrólogos reconocen que ciertas fases como la oposición y la cuadratura denotan definidos puntos disparadores de tensión dentro del ciclo. En esas fases específicas del ciclo se suele experimentar cantidades observables de fuerza, presión, fricción, ansiedad, y resistencia. Sin embargo, su función primaria es marcar un pico psicológico crítico en la conciencia, y señalar dónde somos más aptos para sobrellevar las crisis naturales y necesarias del desarrollo. 

Estas fases de aspectos críticos son adecuadas para avanzar en nuestra auto-comprensión, pero siempre desde nuestro propio nivel de entendimiento (que se establece por nuestra habilidad para utilizar inteligentemente nuestro libre albedrío). 

Los aspectos tensos no son intrínsecamente "malos" o "maléficos" en su intento por enfatizar los puntos donde necesitamos volvernos más conscientes de nosotros mismos y de los demás, y más responsables por la calidad de nuestras propias acciones y reacciones. Así que los llamados "difíciles" son los aspectos que más problemas resuelven y resultan esenciales para que nuestra personalidad total emerja por completo. Aunque un tanto difíciles de manejar, estas tensiones nos urgen a resolver los asuntos problemáticos de nuestra vida, en vez de ignorarlos o evitarlos. Y nuestra personalidad crece dramáticamente debido al desafío de estos aspectos. 

Los aspectos relativamente "fáciles", como el sextil y el trígono, nos proveen de algo más: la confianza y el aliento necesarios para un crecimiento sostenido sin esfuerzos o lucha, debido a la creatividad, la inteligencia, la visión, y la sabiduría que encierran. Pero irónicamente, carecen del dinamismo necesario requerido para utilizar con más eficiencia nuestros recursos humanos. Debemos hacer un esfuerzo consciente y constante para valernos de las ventajas de tales aspectos con un mayor sentido del compromiso y de la aseveración. Por el contrario, tienden a infundir una renuncia general a enfrentar cualquier tipo de desafíos y obstáculos. 

A partir de esta actitud examinaremos a los aspectos mayores y menores.

El ciclo de los aspectos puede dividirse en dos hemiciclos. La primera mitad del ciclo, a la que los astrólogos humanistas suelen llamar hemiciclo creciente, inicialmente comienza con la conjunción de los dos planetas en cuestión. Culmina con la oposición. La naturaleza del aspecto de conjunción ejempli­fica mejor el tema primordial de este hemiciclo. Hablando en general, todos los aspectos crecientes están asociados con procesos formativos básicos que urgen al individuo a cons­truir una estructura de auto-imagen personal o identidad egoica. Estos aspectos le ayudan a desarrollar un sentido subjetivo de auto-percepción. Es urgido a ganar experiencia vital a través de actividades que se relacionan consigo mismo, permitiéndole, en primer término y sobre todo, reco­nocerse como una entidad separada y distinta de los demás. Un tanto inconsciente, la liberación automática de energías dirigida hacia las necesidades exclusivamente individuales caracteriza la orientación de este hemiciclo. Se acentúa la auto-preservación. El tema dominante de este hemiciclo se relaciona con la voluntad del individuo de impresionar sobre el medio ambiente general según sus propios términos. Los aspectos crecientes lo impelen a obrar siguiendo sus impulsos inmediatos sin reflexionar acerca de las consecuencias pro­bables de sus actos y sobre cómo afectarán a los demás. 

Por lo que vemos, este hemiciclo tiende a operar de manera bási­camente instintiva y espontánea. Es en la fase de cuadratura creciente de este hemiciclo cuando el individuo comienza a desarrollar una percepción naciente de que sus necesidades personales tienden a entrar en conflicto con el flujo externo de los acontecimientos, y que debe modificar ciertas cosas en pos de un todo mayor. Normalmente, ese desafío elemental para cambiar y adaptarse a la presión del medio ambiente es encarado con una resistencia ciega y defensiva, y con una gran incertidumbre.

La segunda mitad del ciclo, es denominada el hemiciclo men­guante, comienza con la oposición de los dos planetas, y con­tinúa hasta que el ciclo vuelve a repetirse una vez más en una nueva conjunción (debido a que se trata de un ciclo sinódi­co). La naturaleza del aspecto de oposición ejemplifica me­jor el tema principal de este hemiciclo. En líneas generales, todos los aspectos menguantes están asociados con procesos básicos evaluativos, concernidos con el equilibrio entre el in­dividuo y las necesidades sociales. En este caso, el individuo debe reorientar sus objetivos personales según la percepción que haya desarrollado de un todo social coordinado. Mien­tras que esta nueva perspectiva se cumple más enfáticamente en la oposición, el individuo ya es estimulado a trabajar tras esa finalidad en la fase menguante del quincuncio. Uno aprende progresivamente, a través del hemiciclo menguan­te, a despersonalizar las necesidades y los deseos si interfie­ren con los derechos de los demás. El individuo aquí puede contactar más fácilmente con el principal propósito, oculto detrás de sus impulsos y motivaciones hacia la autoexpre­sión. Y mientras se va centrando más consistentemente en intereses interpersonales o inclusivos, también se vuelve más capaz de responder a la vida con mayor objetividad y ampli­tud de miras. 

En el hemiciclo menguante, usaremos la expe­riencia adquirida inicialmente en el hemiciclo creciente. Los aspectos menguantes nos desafían a compartir, a interactuar, y a integrar conscientemente nuestros objetivos con otros de un nivel de intercambio más impersonal. Podremos desarro­llar un sentido mayor de la responsabilidad por nuestras pro­pias acciones en un mundo a su vez más global. Constructiva­mente, este hemiciclo nos estimula a liberar en nuestra comunidad valiosas directivas de vida basadas en un concep­to más ideal de lo que significa la totalidad y la unificación.

La preocupación por sí mismo y los impulsos instintivos ca­racterizan al hemiciclo creciente, y la auto-reflexión y la deli­beración al hemiciclo menguante. Una vez traspuesta la oposición, las fases de los aspectos se vuelven más complejas, menos regidas por nuestra voluntad, y se nos aparecen como más dependientes del destino que los aspectos del hemiciclo creciente (que aceptan normalmente un mayor grado de vo­luntad personal). Los aspectos menguantes nos permiten crecer a través de una percepción de la dualidad, del contras­te, y de la diversidad, habitualmente se experimentan más o menudo a través de agentes externos que de fuerzas internas. Si la perspectiva adquirida en la fase de oposición ha fracasa­do en la estimulación del nivel perceptivo pretendido, enton­ces los aspectos menguantes "difíciles" generarán una mala adaptación, desencanto, y enajenamiento en la esfera social.

Sin embargo estos aspectos, los "fáciles" de este hemiciclo, pueden ser utilizados constructivamente para apremiar al individuo a reformar o reconstruir elementos dentro de su medio ambiente. Los aspectos menguantes, cuando se utiliza su lado mejor, nos incitan a cultivar los valores humanos, puntos de vista tolerantes, una visión social amplia, y a tener aspiraciones altruistas.

Todo aspecto implica siempre a un planeta que se mueve más rápido y a uno que es más lento. Observe que no se trata de la velocidad del planeta en el momento del nacimiento, sino su ciclo orbital natural el que determina su velocidad de movimiento en este contexto (lo que explicaría la cuestión de los planetas retrógrados). 

En mi opinión, el planeta de movimiento más lento delinea el objetivo principal de un aspecto en cualquier fase de su ciclo. Este planeta representa el aspecto 0 grado o punto «base». El planeta más rápido se alejará o se acercará al planeta más lento. Para mí indica que el planeta más rápido debe movilizarse a sí mismo en un esfuerzo por probar sus propias necesidades básicas, según las experiencias determinadas por los principios de vida dominantes simbolizados por el planeta más lento. El planeta más lento se convierte en el agente que condiciona el desarrollo necesario del planeta más rápido. 

Por ejemplo: en todos los aspectos Venus-Urano, es Urano el que estimula los impulsos sociales de Venus, y a menudo de una forma que evoca un alto grado de peculiaridad, excitación, magnetismo emocional, experimentación,  y un nivel de intuición, en los asuntos personales, muy superior a la norma. Generalmente es más fácil identificarse con el principio venusino, ya que representa un impulso más consciente, y personalmente más desarrollado. Por lo tanto, Urano actúa como un estímulo evolutivo para Venus, regulando la orientación psicológica del planeta y guiándolo a través de experiencias que otorgarán al individuo una capacidad de respuesta emocional expandida, aunque inestable. La manera como nosotros manejemos esta combinación de fuerzas determinará si tales aspectos se vuelven destructores, caóticos, inquietantes, y separadores  o si se manifiestan como iluminadores, perspicaces, y emocionalmente liberadores. 

En general, considero al planeta más lento como la clave para determinar qué cosas debe asimilar el planeta más rápido para su propia evolución.