martes, 19 de junio de 2012

Los Misterios del Sueño y de lo Onírico


Capítulo 17 del libro “La Astrología y la psique moderna”, de Dane Rudhyar (Ediciones Kier, Argentina)

Si yo tuviera que elegir una enseñanza astrológica como la más fundamental, con seguridad esa sería el principio de polaridad. Todo factor que se emplee en astrología tiene su polo opuesto. Todo signo del zodíaco tiene como su polaridad el signo contrario. El solsticio de invierno equilibra al de verano; el equinoccio de primavera al de otoño. Todo planeta se equipara con otro planeta (Sol y Luna, Marte y Venus, Júpiter y Saturno, o Júpiter y Mercurio). Cada sección del mapa natal (cada casa) encima del horizonte es  el complemento de la que lo enfrenta debajo del horizonte. El ascendente oriental equilibra al descendente occidental.

La astrología es primordialmente un método para obtener plena comprensión de los organismos vivos; estos pueden ser cuerpos o potencialidades, inclusive organizaciones sociales (como naciones o firmas comerciales) que de algún modo operan como totalidades más o menos permanentes, organizando las actividades productivas de los seres humanos. La vida, en toda forma, opera según un ritmo bipolar, tal como la electricidad que, cuando está activa, tiene siempre un polo positivo y otro negativo. Entender la polaridad es, pues, esencial para el estudio de la astrología. La más notable de estas oposiciones polares en la vida humana es la de la consciencia vigil y el sueño. En algunas civilizaciones y religiones, esta alternancia de actividad consciente y sueño inconsciente se extendió hasta abarcar la idea de una alternancia similar de existencia encarnada en la Tierra y absorción “desencarnada” de un estado trascendente de estar más allá de los portales de la muerte.

A esta área mencionada en último término –la doctrina de la reencarnación, como habitualmente se la llama- raras veces se la entiende bien; puede entendérsela significativamente de manera sencilla sólo cuando se la relaciona con lo que llamamos sueño. Por desgracia, ¡sólo tenemos una noción vaga de lo que significa el sueño! No nos molestamos en preguntar por qué dormimos, aunque pasemos una tercera parte de nuestra existencia durmiendo, salvo por el hecho de que sabemos que deberemos irnos a dormir cuando estemos demasiado cansados. Pero, ¿por qué el sueño nos hace descansar, por qué perdemos nuestra consciencia habitual (nuestro sentido diario de identidad, de ser “yo”), y por qué experimentamos estos fenómenos peculiares que se llaman sueños? Damos estas cosas por hecho, tal como a la muerte y la enfermedad las consideramos aconteceres inevitables que debemos aceptar, aunque no los entendamos.

Se supone que las religiones y las filosofías nos esclarecen sobre esas cuestiones que son básicas. Pero lo que aquellas explican derraman con frecuencia poquísima luz y están recubiertas de superstición y fantasía. En cuanto a la ciencia y la psicología moderna, ambas tienen muchas teorías sobre el sueño y lo que se sueña; pero lo que dicen explica muy poco y reemplaza una incógnita con otra. ¿No hay modo de conseguir una explicación sencilla que, al menos como esbozo, presente un cuadro de la relación entre el estado de vigilia, la actividad consciente y la condición del sueño inconsciente?  Evidentemente, tal cuadro tendría que incluir el fenómeno de los sueños, pues de algún modo los sueños ocurren en la frontera entre la consciencia vigil y el sueño, participando de ambos estados de alguna manera peculiar. Creo que las herramientas y los símbolos que la astrología proporciona pueden servir para aclarar (de modo genérico) este problema; y sugeriré una clave sencilla que, si la usamos bien, podría aportar mucha luz sobre asuntos habitualmente envueltos en el misterio.

Ahora sabemos que algunos filósofos griegos entendían que la Tierra gira alrededor del Sol, pero fue sólo después de  Galileo, Kepler y Newton que se delineó con claridad el moderno cuadro del sistema solar. Sólo después del descubrimiento de Urano y Neptuno, y luego Plutón, los astrólogos pudieron usar este nuevo cuadro “heliocéntrico” (o sea, centrado en el Sol) del sistema solar en su significado verdadero. No me refiero aquí a la posición heliocéntrica de los planetas en el zodíaco. Estas posiciones pueden estudiarse con resultados muy válidos; pero esto exige una efemérides especial, como las tablas que por lo común emplean hoy en día los astrólogos dan las posiciones geocéntricas de los planetas –o sea, sus movimientos como se los ve desde nuestra Tierra-. Pero aunque empleemos las posiciones geocéntricas de los planetas para levantar mapas natales, podemos tener presente el moderno cuadro heliocéntrico del sistema solar y pensar en los planetas como si representasen funciones dinámicas dentro del sistema solar en conjunto.

El sistema solar, con el Sol en su centro, es una unidad cósmica y, al menos en sentido simbólico, un “organismo vivo”. Es por esta razón que, mediante el estudio de los relacionados movimientos cíclicos de los planetas, el astrólogo puede entender mejor, y hasta cierto punto prever, los periódicos flujos y reflujos de la vida y la consciencia dentro de un ser humano, o el curso que tomen las emociones, impulsos y tendencias del pensamiento durante el  lapso de vida de un individuo. Así, a todo el sistema solar se lo observa como representando a la personalidad individual en conjunto.

Para el astrólogo con información psicológica resultó claro que las complejidades de una personalidad humana moderna exigen que a todos los planetas que ahora conocemos se los describa y represente. Cuando preparaban sus horóscopos, los antiguos se detenían en Saturno; pero en realidad, la órbita de Saturno es sólo una línea divisoria entre dos tipos de planetas. Los planetas entre el Sol central y Saturno (incluído) se refieren a un aspecto de la personalidad humana en conjunto; los planetas más allá de Saturno (Urano, Neptuno y Plutón -¡y puede haber más!-) representan otro aspecto, uno que equilibra y complementa al primero. Existe una definida relación de polos entre estos dos grupos (o series) de planetas. Esta relación es la que debemos tratar de entender. Los astrólogos hablan, en su mayoría, de Urano, Neptuno y Plutón como si fueran planetas en el mismo sentido que los demás. Otros concibieron la idea de que los tres planetas “trans-saturninos” son “octavas superiores” de Mercurio, Venus y Marte –aunque sus opiniones difieran en cuanto a cuáles de la última serie corresponden a los primeros-. En mi opinión, la idea de una octava superior, aunque válida en parte, no llega a la raíz de las diferencias entre los dos grupos de planetas.

¿Cuál es la diferencia real? ¿Qué hace que una serie sea el polo opuesto de la otra? Todo sistema orgánico (o toda unidad cósmica) está sujeto a dos fuerzas contrarias.  Está la tracción que lleva cada parte del sistema hacia el centro (por ejemplo, la tracción de la gravedad); pero también está la tracción ejercida por el espacio exterior, lo cual significa realmente por el sistema mayor dentro del cual opera el primer sistema. En el caso del sistema solar, este sistema mayor se llama galaxia. Nuestro Sol es sólo una de las millones de estrellas que componen esta inmensa espiral nebulosa, la galaxia (o Vía Láctea); ésta, a su vez, es parte de un Universo finito compuesto por millones de nebulosas de varios tipos. Cada planeta de nuestro sistema solar y cada ser vivo de la Tierra es afectado, en algún grado, por las presiones y tracciones que nos llegan desde la galaxia; también somos afectados en dirección contraria por el poder de gravedad del Sol, el centro de nuestro sistema.

Sin embargo, Saturno representa una línea básica de demarcación entre estas dos fuerzas opuestas, galáctica y solar. Los planetas que están dentro de la órbita de Saturno son principalmente criaturas y vasallos del Sol; mientras que los planetas que están más allá de Saturno son lo que, hace muchos años llamé “embajadores de la galaxia”. Enfocan sobre el sistema solar la energía de esta vasta comunidad de estrellas, la galaxia. No pertenecen por completo al sistema solar. Están dentro de la esfera de influencia para realizar un trabajo particular, para vincular nuestro pequeño sistema (del cual el Sol es el centro y la órbita de Saturno la circunferencia) con un sistema mayor, la galaxia.

Al comienzo, esto puede sonar muy fantasioso; pero si aplicamos la idea a los hechos de la existencia humana, al punto veremos qué significa realmente. Una persona individual –todos estarán de acuerdo- no vive una existencia aislada. Es parte de un grupo familiar, de una comunidad. Es pues, una pequeña unidad activa dentro de una totalidad mayor. Es un individuo que tiene que representar algún papel dentro de una colectividad. Aquí está, pues, la polaridad de que hablé cuando mencioné al sistema solar y a toda la galaxia, la estrella individual y la vasta comunidad galáctiva de estrellas. En verdad, el individuo actúa sobre la vida colectiva de la comunidad dentro de la cual nació y vive; pero el pensamiento colectivo  y la conducta de la comunidad –sus tradiciones, religión, cultura, ética- moldearon a este individuo y ejercen sobre él presión, influencia (constructiva o destructiva). Si se rebela contra esta influencia, aún permanece condicionado por aquello contra lo cual se rebela.

Hay un género de polaridad más profundo todavía, en la que el individuo consciente y autodeterminado, con una finalidad propia, contrasta con el vasto océano de la vida universal, la vida que anima su cuerpo y todos los cuerpos humanos, que da energía, pero controla aún mientras puede, a los impulsos básicos, emociones y pensamientos instintivos del individuo. Es a esta polaridad muy básica a la que primordialmente deberemos referir la alternancia de consciencia vigil y sueño, y en última instancia, de la existencia corporal individual y la muerte.

El principio de tal alternancia es muy sencillo. La vida de una personalidad humana es el resultado de una relación entre dos fuerzas polares: una procura hacer de esta persona un individuo consciente, autosuficiente, autodeterminado, deliberadamente activo; la otra trata de retrotaerle dentro del océano indiferenciado, inconsciente e individualizado de la vida. Cuando la fuerza individualizadora es positiva y dominante, un ser humano está despierto y ocupado con esfuerzos conscientes y actividades planificadas de algún género. Pero cuando el poder de la vida universal obtiene el control y la fuerza individualizadora se torna negativa (lo que llamamos fatiga y su equivalente psíquico), entonces la persona se queda dormida.

En un sentido psicológico, este es también el caso de polos opuestos menos básicos entre individuo y sociedad. Cuando el individuo es fuerte y positivamente autodeterminado, está plenamente despierto en lo mental y espiritual, crea nuevos valores y se rebela contra los obsoletos; en la sociedad se destaca como una autoridad. Pero siempre que la sociedad obliga despiadadamente a sus eventuales individuos a que se adecuen a sus normas y reglas colectivas, entonces los seres humanos de esa sociedad existen en un estado mental y espiritual algo somnoliento, como ocurre en todas las sociedades totalitarias.

Cuando nos ocupamos de los polos opuestos entre individuo y sociedad, aún nos encontramos dentro del reino de la actividad consciente, vigil. El contraste, astrológicamente hablando, es entre planetas personales como Marte, Saturno y Mercurio, y la pareja social de planetas, Júpiter y Saturno. Pero cuando llegamos a la oposición polar entre la consciencia vigil y el sueño, entre el consciente y el inconsciente (para usar términos psicológicos modernos), entonces nos ocupamos astrológicamente del contraste entre todos los planetas dentro e incluída la órbita de Saturno y los planetas transpersonales (Urano, Neptuno y Plutón).

Cuando hablamos del inconsciente, consideramos al sueño y todas las manfestaciones de la vida que trascienden la consciencia como sencillamente la negación o la ausencia de la consciencia. De modo parecido, durante un largo período, científicos y filósofos pensaban en un espacio más allá de los límites de nuestro sistema solar como completamente vacío, en un sentido negativo. Pero ahora empezamos a darnos cuenta (como bien lo sabían los antiguos) que el espacio que está fuera del sistema solar no es mero vacío. Más bien es el campo de existencia activa del vasto organismo cósmico de la galaxia. ”Vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” en el cuerpo inmenso de la galaxia. No podemos pensar en sentido negativo en este espacio galáctico; es una plenitud de fuerzas, un plenum, un campo de energías electromagnéticas y tal vez de muchos otros géneros de energías trascendentes que desconocemos.

De modo parecido, lo que los psicólogos modernos (muy infortunadamente) llaman el inconsciente no es un reino del vacío. Cuando dormimos, no entramos en la nada. Cambiamos de polaridad. El polo individual, consciente de nuestro ser total se vuelve negativo para el polo de la vida que ahora se vuelve fuertemente positivo y activo. La vida se hace cargo de los controles. Sin embargo, llega una hora de despertar; las “aguas” de la vida omnipotente se retiran en parte de la mente del durmiente, de su sistema nervioso y de los bordes de sus actividades celulares. Saturados durante un lapso con este indiferenciado fluir biológico, su cerebro y sus nervios, todas las células y todos los órganos de su cuerpo, responden ahora a una nueva oleada de autodirigida actividad consciente, pensamiento y sentimiento. Los problemas individuales se enfrentan nuevamente bajo la luz solar de la consciencia. Pero ¿qué ocurre con los sueños?

En ocasiones, cuando la marea se retira de la playa, quedan pequeños charcos de agua, especialmente en las salientes rocosas que la contienen. Tal vez ayude al lector pensar un instante en los camaroncitos, peces o hasta pulpitos atrapados en estos charcos de las mareas como si representasen algunos sueños nuestros. A veces, una enorme ballena puede quedar en la arena, agonizante o muerta. Las mareas que se retiran dejan sobre la playa todo género de desechos y a menudo apenas podemos reconocer de qué se trataban. Las profundidades y corrientes del inconsciente los llevan a las playas del consciente.

Hay muchas clases de sueños, y esta ilustración se aplica inmejorablemente sólo a unos pocos de ellos; no deberá, pues, tomársela literalmente, o como si cubrieran todos los casos de sueños. En realidad, mejor sería pensar en los sueños, en general, como las reacciones del inconsciente a lo que ocurrió durante (o lo que resultó de) la actividad consciente de la persona individual durante la vigilia.  Tal como la sociedad reacciona ante los actos productivos o distintivos de un individuo otorgándole riqueza o fama –o mandándolo a la cárcel- así el polo inconsciente de nuestro ser total reacciona ante nuestros sentimientos, pensamientos y conducta conscientes tan pronto como las polaridades se invierten. La vida tiene la palabra cuando, durante el sueño, asume el control. Pone a trabajar la parte consciente de nuestro ser total, hasta cuando procura reparar de algún modo los perjuicios que nuestro ego consciente, terco e individualista, ha causado.

Si el ego es particularmente decidido y positivo en su desafío a las modalidades tradicionales y morales de la colectividad, la cultura y la religión o más profundo aún, en su oposición o bloqueo a los instintos y emociones naturales de la naturaleza humana (como en la ascética, por ejemplo) entonces, de noche, cuando el individuo duerme, el polo colectivo de su ser alza vigorosas protestas, advertencias de peligro, y procura grabar en la polaridad del ego cuadros de consecuencias desastrosas o una sensación de fracaso inevitable y futilidad. Cuando ocurre esto, quedan en ciertas áreas sensibilizadas del cerebro algunas impresiones de las protestas del polo positivo, inclusive en algunos de los grandes plexos nerviosos del cuerpo.  Cuando las polaridades una vez más se invierten y el polo individual (el ego) vuelve al control consciente (o sea, despertamos), la consciencia atrapa estas impresiones como sueños.

La razón de que los sueños sean tan desconcertantes es múltiple. Primero, el polo colectivo de nuestro ser (la sociedad y la vida o la naturaleza humana) no puede comunicar sus trastornos o protestas en lenguaje intelectual; del depósito del pasado, sólo puede capturar a tientas imágenes que el cerebro o la memoria contiene, de las cuales unas pocas están vinculadas por analogía, o de algún modo puestas a tono con lo que el inconsciente trata de transmitir al consciente. Estas imágenes son, por tanto, primordialmente significativas en términos de analogías y símbolos; y se presentan en una secuencia que poco tiene que ver con los principios de la lógica consciente. El sueño representa una secuencia espacial de imágenes grabadas en el cerebro u otros centros nerviosos. La sensación de secuencia en el tiempo sólo surge cuando el ego que despierta, aún apenas recuperado de su estado negativo o pasivo de sueño, trata de examinar rápidamente estas impresiones creadas sobre las porciones del organismo humano con las que este ego está asociado más estrechamente (o sea, los centros nerviosos). Esto es como si un directivo atareado que irrumpe por la mañana en su oficina viera un montón de papeles esparcidos sobre su escritorio; le están llegando ya llamados telefónicos, y todo lo que puede hacer es examinar de prisa los papeles dispersos, en la mayoría de los casos no en el orden en el que sus diversas secretarias los pusieron antes que él llegara. Ocasionalmente, se destaca alguna información importante. Estando en su casa, al directivo lo despierta alguien que le da un mensaje crucial: el presidente está enfermísimo, el mercado de valores es probable que sufra un colapso a primeras horas de la mañana; hay incendio en el depósito, etc. Empero, aunque al directivo (al ego) el mensaje le llegue de repente, puede ser muy confuso; tal vez le llegue a través de un sirviente o de su esposa, que quizá no lo recibió con exactitud por teléfono, etc.

Por supuesto, todas esas ilustraciones son muy inadecuadas; sólo pueden sugerir el carácter de un proceso que no puede traducirse exactamente sólo en términos de experiencias conscientes.

La astrología puede añadir otra dimensión a nuestro análisis de los procesos oníricos haciéndonos diferenciar los sueños en tres categorías básicas: la uraniana, la neptuniana y la plutoniana.

El tipo uraniano de sueño es un desafío directo a la mezquindad, a la inercia autosatisfecha, al egoísmo o a la crueldad del ego saturnino. El ego es esencialmente de carácter saturnino porque Saturno representa la estructura y los lindes del polo individual de nuestro ser. Cuando nos superindividualizamos de modo separado, exclusivo, estrecho y rígido, entonces este énfasis excesivo sobre la función de Saturno provoca, de la sociedad, de la vida o del Dios que está dentro de nuestro ser total, una reacción de polo complementario. Es como si la galaxia emitiera una corriente de rayos potentes dentro de un sistema solar cuyo campo electromagnético se hubiera superaislado y, de esa manera, pudiera convertirse en un “sistema canceroso” en la comunidad galáctica. La energía galáctica llega al sistema solar a través de Urano. El tipo uraniano de sueño es profético e iluminador, en su sentido más elevado. Puede ser incluso una aparición, un destello de inspiración o iluminación que llega durante la fase vigil de la actividad consciente del ego, como por ejemplo la imagen de Cristo y las palabras que se grabaran con violencia en Paulo en su trayecto hacia Damasco en respuesta a la decisión ciegamente tradicional y fanática del ego de éste, de destruir a los que creían en la nueva revelación divina.

Por lo común, los sueños uranianos son muy perturbadores. Llegan como un desafío y éste no es uno que el ego acepte con facilidad. Parte del sueño pueden ser palabras solemnes; a menudo, la luz, o un color definido, se destaca como un elemento vigoroso de la imagen onírica. Los que Carl G. Jung llamaba “arquetipos del inconsciente”aparecen habitualmente en tales sueños; se refieren a una de las experiencias más hondas y universales de la humanidad. Se relacionan con un aspecto o función básica de la vida universal, como ésta actúa en la naturaleza humana. Tienen, pues, con frecuencia, un carácter religioso; y el sueño puede tener el poder para transformar muy básicamente (conversión) al que sueña o perturbar cabalmente su autosuficiencia, su egocentrismo o sus ideas favoritas.

Sin embargo, los más frecuentes son quizá los sueños neptunianos. Son reacciones a todo lo que perturbe el equilibrio promedio, normal, de la relación del individuo con su sociedad, su salud, su digestión, o los instintos básicos del cuerpo. En este sentido, Neptuno responde mediante sueños a toda perturbación o peligro para las complicadas funciones que cumple Júpiter, tanto en el cuerpo como en la psique. Todo desafío a un principio social o moral de conducta, toda intrusión en una “dieta” segura (del cuerpo o de la mente) tiende a suscitar sueños neptunianos, y éstos son habitualmente muy fantasiosos. Si de noche el cuerpo se enfría debido a un repentino descenso de temperatura, uno puede despertarse recordando un sueño largo y dramático de caminar en medio de una tormenta de nieve, caer en agua helada, etc. Si un potente impulso induce a uno a quebrantar normas normas morales o sociales de conducta, es probable que, tarde o temprano, uno sueñe escenas dramáticas en las que quienes participen de esa situación aparezcan en entornos extraños pero simbólicos, quizá bajo disfraces que hagan que la verdad profunda de esa situación sea menos indegustable en su primer impacto para el individuo.

El sistema freudiano del análisis de los sueños acostumbró a la mente moderna a pensar en lo que Freud llamó el “censor”. Dícese que este censor representa, por así decirlo, un género de guardián particular de la seguridad personal del ego, que lo protege contra todos los desórdenes o intentos desagradables que en sus dominios están en revolución. De esta manera, el polo colectivo de nuestro ser deja perturbadoras impresiones que son censuradas, modificadas, mutiladas u obliteradas por completo antes de que el individuo consciente se dé cuenta de ellas. Es muy dudoso que tal censor exista realmente. A lo que se refiere es sencillamente a una etapa particular de la relación entre las dos polaridades de nuestro ser –individual y colectiva, consciente e inconsciente, actividad diurna y sueño- una etapa en la que lo individual está particularmente en rebelión contra lo colectivo y el ego inseguro se siente constantemente en la necesidad de protegerse de la sociedad.

Los sueños plutonianos son más raros que los neptunianos. Pueden ser muy destructivos de la integración de la personalidad total, extrañas pesadillas que dejan una horrible sensación de miedo, presagios y muerte. En individuos más espirituales, pueden ser las proyecciones y los símbolos de experiencias profundas de autorenovación y de expansión de la esencia misma del yo. Los sueños uranianos son heraldos de lo que podría ser; muestran el camino hacia delante, inspiran para continuar, excitan al alma ligada al ego hacia nuevas posibilidades. Los sueños plutonianos pueden ser el reflejo sobre la consciencia vigil de pasos reales dados en el desarrollo interior y en el crecimiento del alma o, negativamente, revelan el dolor o la desesperación del alma que (al menos temporariamente) fracasó, y tal vez muestren el abismo que hay delante y las tenebrosas presencias que llenan esas abismales profundidades. Si, como es probable, existe por lo menos un planeta más allende Plutón, tal planeta debería referirse a experiencias interiores más reales aún y más definidas en las almas que, al menos hasta cierto punto, se convirtieron en partes integrales de la vasta comunidad de almas de apariencia divina, de las que la galaxia es el símbolo astrológico.

Jung dijo que hay niveles sobre niveles del inconsciente colectivo. Esto es así, en la medida de que existe una vasta jerarquia de niveles sobre los que los individuos pueden actuar consciente y creadoramente. La galaxia también, lo repito, es tan sólo una entre las miríadas de nebulosas espirales que constituyen un universo; y los universos pueden ser partes de un cosmos mucho más vasto. No existe un fin concebible de la posibilidad de llegar a ser un individuo consciente en niveles cada vez más abarcantes, más cósmicos. Empero, todo individuo – a menos que sea la Deidad que lo abarca todo – es tan sólo un centro activo dentro de una totalidad mayor, dentro de una colectividad. Debe haber siempre una relación que actúe en fases alternadas entre este individuo y esta colectividad. Como seres humanos, conocemos tales fases alternadas como consciencia vigil y sueño, existencia encarnada y muerte. Pero estos términos tienen significado solamente en términos de nuestra experiencia humana.

Los filósofos hindúes hablaban de los Días y las Noches de Brahma, el creador de los universos en los que la consciencia se desarrolla, y de las condiciones de inexistencia absoluta en la que nada existe. Empero, para el sabio, más allá de aquellos días y noches cósmicos, más allá de la consciencia y la inconsciencia, existe lo que contiene a ambos. A eso los hindúes lo llamaban simbólicamente el “Gran Aliento”, que exhala al mundo dentro de la existencia y lo inhala dentro de la paz inmensa. Así, experimentamos nuestro ego consciente que es exhalado dentro del mundo de la actividad diaria cuando despertamos y que es inhalado dentro del sueño cuando estamos acostados descansando. En un sentido, somos ambas condiciones, consciente e inconsciente; somos también lo que incluye a ambas. Los planetas desde el Sol hasta Saturno nos conducen hacia la actividad consciente; pero los planetas que están más allá de Saturno –cuando concluyó el día- nos conducen a nuestro yo mayor, las estrellas que nosotros somos. Cuando el ritmo alternativo nos lleva de regreso a la consciencia diurna, entonces Urano, Neptuno y Plutón procuran siempre hacernos recordar que no sólo somos un yo individual, ligado a Saturno y centrado en el Sol, sino que también pertenecemos a la comunidad mayor de las estrellas.


sábado, 26 de mayo de 2012

Crear nuestra propia vida


Fragmento del libro “La misión de tu alma”, de Linda Brady y Evan St. Lifer, Ediciones Urano.

¿Crees que tienes algún grado de responsabilidad por el modo en que se despliegan las experiencias y los hechos de tu vida?

Cuando les pregunto a mis clientes si “crean su propia vida”, lo más normal es que me digan que sí. Después de todo, la responsabilidad personal es una filosofía espiritualmente correcta y que en la actualidad está en alza. Sin embargo, cuando experimentan una tragedia específica en su propia vida, como un divorcio, la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, muchos de estos mismos clientes responden diciendo: “Pero yo no he creado eso”.

Existe una errónea percepción general acerca de la teoría de la creación. Muchos creen que es una experiencia consciente e intelectual: crear objetivos y comprometerse con ellos, así como planificar estratagemas activas para organizarlos y afirmarlos. Algunos creemos –y muchos libros recientes lo corroboran- que si visualizamos un resultado positivo, si creamos un mantra y nos concentramos en él constantemente y tomamos medidas que apoyen la creación, conseguiremos lo que queremos.

Otros piensan que la creación de la vida es un proceso inconsciente cuyos rudimentos residen en nuestra psique. Jung, por ejemplo, creía que tendemos a reprimir y almacenar en el inconsciente las emociones y creencias con las que nos sentimos menos cómodos. Más tarde, en el momento en que lo considera apropiado, nuestro inconsciente trae esos sentimientos reacios a nuestra mente consciente y los crea externamente. En otras palabras, Jung afirmaba que proyectamos una parte inconsciente de nosotros mismos en la gente que nos rodea. Por ejemplo, si has reprimido toda tu agresiva cólera, luego la proyectarás en uno de tus amigos íntimos o en algún familiar, al que verás como poseedor de esa misma agresividad, de modo que puedas aprender de ella.

Si bien es cierto que el inconsciente, el intelecto y las emociones desempeñan un papel importante en la creación de nuestra vida, personalmente creo que son complementos del papel fundamental del alma. 

¿Por qué creamos nuestra vida para ser como es, con sus diferentes experiencias y relaciones? Porque nuestra alma anhela que tengamos esa vida para aprender nuevas lecciones y evolucionar hacia un orden espiritual más alto.

La creación del alma es la práctica de asumir la responsabilidad última por el modo en que nuestra vida se revela. Nuestra alma crea exactamente la vida que necesitamos.

Sin embargo, la diferencia entre nuestro intelecto, nuestras emociones y nuestra alma reside en que los primeros se relacionan solamente con nuestra personalidad y sus experiencias vitales actuales. La tarea de crear nuestra vida proviene del alma, una dimensión que trasciende esta vida y sus cambios.

“Bienvenida, oh vida! Voy a encontrar por enésima vez la realidad de la experiencia, y en la herrería de mi alma forjaré la conciencia increada de mi raza.” (James Joyce, Retrato del artista adolescente).


miércoles, 9 de mayo de 2012

De dónde provienen nuestros mitos


Extraído del libro “Astrología de las Relaciones”, de Richard Idemon, Ediciones Urano.

¿A qué me refiero al usar la palabra “mito”?

Algunas personas creen que un mito es una fábula, una fantasía o un relato ficticio, pero os aseguro que no es nada de eso. Un mito es la forma en que un individuo o grupo explica algo que observa en su universo como un fenómeno natural, y así lo convierte en una metáfora. Los mitos que recordamos y empleamos –y que aún hoy son tan poderosos para nosotros- siguen acompañándonos porque, independientemente del momento o del lugar, describen facetas universales de la naturaleza humana. Los mitos que nos hablan de Edipo, Electra, Perseo o Medea, por ejemplo, están tan vivos y son tan familiares hoy para nosotros como lo fueron para los griegos. Los mitos son algo que está vivo, y bien vivo, y lo mismo se puede decir de la carta astral, que es un mito viviente, un proceso vivo. La tarea del astrólogo o del consejero astrológico es poner de manifiesto el contenido mítico de la carta.

Cada persona ve el mundo con su propio sistema de mitos y la realidad de cada cual se fundamenta y se basa en su sistema mítico. Pero no creo que se pueda decir cuál es el sistema mítico de una persona sólo examinando su carta. La carta es la puerta que nos da acceso al sistema mítico de alguien, pero por sí sola no nos dice lo que necesitamos saber para definir el sistema mítico de esa persona. La carta es un poco como el hilo de Ariadna, nos permite acceder al corazón de un laberinto y salir de él, pero en realidad no es el hilo. El verdadero hilo es el proceso de consulta que conduce al astrólogo hasta el mito viviente simbolizado y creado por la carta de esa persona. En otras palabras, al hablar y dialogar con los clientes, vamos descubriendo cómo interpretan los mitos de su carta y de su vida.

¿De dónde provienen nuestros mitos?

Se pueden dividir los mitos en tres categorías básicas. Primero están los mitos colectivos, que son los que se refieren al nacimiento y a la muerte, al amor y al matrimonio, al dolor y a la pérdida. Nuestros grandes mitos y nuestros grandes dramas se basan en experiencias humanas muy básicas y universales, compartidas por todos los que hemos vivido o han vivido. Los grandes mitos de todas las culturas tienen temas similares; las melodías pueden ser ligeramente diferentes, pero los temas son los mismos. Por eso la primera categoría de mitos la constituyen los mitos colectivos, y todos somos sensibles a ellos, de una manera u otra.

La segunda categoría la constituyen los mitos sociales. Todos vivimos en una época y un lugar determinados, dentro de una sociedad en particular y hay mitos que se derivan de la sociedad en que vivimos y de aquella en que nos hemos criado. Jung dijo una vez una cosa interesante (la verdad es que dijo más de un cosa interesante, pero esta es la que nos interesa en este momento): que las personas que no han pasado por el proceso de individuación, las que todavía andan proyectando sin reparos su material psíquico por todas partes, tienden a sentir que los demás son como ellas, o que deberían serlo. Tened esto presente, porque es un factor clave que habrá que considerar al analizar el amplio dominio de las relaciones, específicamente en lo que se refiere a la relación entre padres e hijos. Dicho de otra manera: lo que una persona cree que es normal y habitual es lo que es normal y habitual para esa persona. Yo no creo que exista nada a lo que se pueda llamar normal. ¿Qué es lo normal? A una psicoanalista junguiana vienesa le hicieron esta pregunta mientras dabaa un conferencia. Ella insistió en que no había nada que fuera lo normal, pero el público siguió pidiéndole que les diera su definición del concepto hasta que finalmente ella dijo: “Les diré cómo defino lo normal… Si yo lo hago, es normal; si no lo hago, es anormal”. Tema archivado!

En cualquier caso, todos vivimos en una sociedad determinada y nuestra sociedad tiene lo que llamamos “costumbres”, que vienen a ser nuestros mitos sociales. Cada persona debe encontrar una manera de convivir con los mitos universales, colectivos (los que se refieren al nacimiento, la muerte, el amor, la soledad, el espíritu de grupo, etc.) y también un modo de hacer las paces con los mitos de la sociedad en que vive, o por lo menos de adaptarse a ellos. Y cuando, en nuestra condición de astrólogos, hacemos la carta de una persona, es necesario que sepamos algo de sus mitos sociales.

¿Conocen la historia de unos estudiantes de Harvard que mandaron los datos de nacimiento de una cabra a uno de esos servicios astrológicos que hacen la interpretación de las cartas con un programa de ordenador? No aclararon que se trataba de los datos de nacimiento de una cabra, y los empleados del servicio astrológico pensaron que estaban haciendo la carta de un hombre. Los estudiantes recibieron en su momento una interpretación muy completa, algo así como: “Esta persona tiene una gran capacidad para la dirección de empresas, se graduará en la universidad, conseguirá un buen trabajo y tendrá muchas relaciones”. Tal vez esto último al menos fuera cierto. El hecho es que es esencial conocer el entorno social de la persona cuya carta hacemos. ¿Es alguien que vive en Estados Unidos, o en Sudáfrica, o es una persona que nació en el seno de una familia católica muy devota? Todo esto forma parte de los diferentes mitos sociales. Para entender realmente la carta de alguien, tenemos que saber algo de sus mitos sociales.

Por último, están los mitos familiares. Cada familia tiene su propio sistema mítico, representa su propio drama. La psicología profunda abarca la indagación en los mitos psicológicos que hemos heredado de nuestra familia. Delimitar con precisión cuáles son nuestros mitos familiares no hace que las cosas cambien automáticamente para nosotros, pero sí pone esos mitos bajo la luz de la conciencia, donde podemos verlos y examinarlos.

Estos tres tipos de mitos –los colectivos, los sociales y los familiares- se combinan para estructurar nuestros mitos personales. Cada individuo tiene unos mitos personales que se derivan de su interacción con los mitos colectivos, los mitos de la sociedad a la que pertenece y sus mitos familiares. Sobre el sistema simbólico que constituye la carta astral de cada cual, se levanta la capa superpuesta de la mitología personal. Es posible tener una idea de los mitos que configuran la vida de una persona estudiando su carta pero también dialogando con ella. “Diálogo” es una palabra maravillosa que se deriva del griego dialogos, una cominación de dos palabras: logos, que significa “mente, razón y estructura”, y dia, que significa “a través”. La astrología también es un logos, o por lo menos debería serlo; sin embargo, tal como a menudo se la practica, tiende a ser una astromancia, un arte adivinatoria, más bien que un arte del logos. El diálogo entre consejero y cliente puede darnos una visión más clara de la forma en que esa persona interpreta los mitos de su carta y de su vida en general.

Daré un ejemplo. Tomemos el caso de una mujer nacida con el Sol en conjunción con Marte y Júpiter en Aries en la casa uno. Por naturaleza debería ser una persona muy autoafirmativa, dinámica, competitiva, del tipo yang. Pero yo pregunto cómo encaja eso en el entorno social en que nació. La situación es una si proviene de una familia acomodada de la ciudad de Nueva York o de California, o de casi cualquier parte de Estados Unidos o de Europa occidental. Pero las cosas son completamente diferentes si vive en una comunidad campesina de China o en una tribu de la selva amazónica. Vemos así hasta qué punto puede ser diferente su experiencia, según la naturaleza de la cultura en la que vive. Otro ejemplo sería el caso de un hombre con gran predominio de agua, muy lunar, con fuertes características de Piscis o que tenga a Neptuno muy destacado en su carta. Alguien así es místico por naturaleza, tiene una tremenda sensibilidad y más bien quiere escribir poesía y soñar que salir al mundo a competir. Muy pronto empezarán a llegarle mensajes de su familia o de la sociedad, señalándole que hay algo que marcha muy mal en él. A mi modo de ver, este tipo de dilema entre nuestra verdadera naturaleza interior y lo que trata de imponernos la familia o la sociedad es lo que da origen a muchos de nuestros problemas y complejos personales.

¿Cuál piensan que es la necesidad más básica y fundamental en una relación?

La gran mayoría de la gente responde diciendo cosas como: el amor, la seguridad, el afecto, el compañerismo, la intimidad o la confianza, pero yo no estoy de acuerdo con ninguna de estas respuestas. Yo creo que la necesidad fundamental en las relaciones es la revalidación de nuestros mitos básicos. Y creo que, más que ninguna otra cosa, es eso lo que buscamos en una relación. ¿No es interesante? Esto explica por qué tendemos a establecer ciertas pautas en nuestras relaciones. ¿Se han fijado alguna vez en sus pautas? Y no me refiero solamente a las relaciones amorosas, íntimas o eróticas, sino también a los amigos que eligen, a los compañeros de trabajo, jefes y colaboradores que atraen, a las personas al lado de las cuales quizá cenen esta noche, o a cualquiera con quien establezcan contacto durante una conferencia. Todos queremos mantener y resguardar nuestro trasfondo básico, todos queremos estar continuamente recreando, mediante nuestra interacción con los demás, nuestros mitos, sobre nosotros mismos y sobre la vida en general.

Ilustraré lo que quiero decir con una pequeña lección de historia natural. Todos los animales tienen territorios. Por supuesto, el territorio varía de una especie a otra, pero daré como ejemplo específico el de la liebre norteamericana. Esta liebre tiene su territorio y sólo vive en ese territorio. Ahora imaginemos que un depredador, un coyote por ejemplo, persigue a la liebre hasta los límites de su territorio. La liebre volverá atrás para terminar cayendo en las garras mismas del coyote, aunque sepa que éste se la va a comer, con tal de no ir más allá de lo que ella conoce como su territorio. Astrológicamente, yo relaciono esto con el arquetipo de Tauro. Cuando hablo arquetípicamente de un signo, no quiero decir que todas las personas de ese signo sean así. En este caso me refiero a que la seguridad es la esencia del arquetipo de Tauro; seguridad en el nivel material, y protección, comodidad y un afecto que nos nutra emocionalmente son todas las necesidades primitivas que yo asocio con el signo de Tauro. Estas necesidades son básicas para todos nosotros, o más exactamente, para la parte de Tauro que todos tenemos. Tauro es el signo que yo asociaría con el Edén, con el refugio seguro donde reina la abundancia. Ahora bien, quizán piensen que el Edén es un lugar maravilloso para estar y que no querrían abandonarlo jamás, pero las cosas no son siempre así, porque mucha gente vive en edenes muy perniciosos de los que necesitan liberarse. El opuesto de Tauro es Escorpio; el opuesto de este mundo edénico y seguro es la muerte, o el miedo a la muerte. Pasemos ahora del mundo físico de la liebre al mundo psíquico del ser humano. Tal como la liebre, que se mantiene dentro de su territorio básico pase lo que pase, los humanos también vivimos dentro de un territorio psíquico básico, y abandonarlo o ir más allá de sus fronteras lleva consigo la implicación de la muerte, que es la razón por la cual nos resistimos tanto al cambio. De no ser así, estaríamos todos viviendo sin reticencia nuestro lado de Escorpio, quemando viejas cartas, desprendiéndonos de relaciones gastadas, moviéndonos y cambiando cada vez que nos apeteciera.

Daré otro ejemplo de lo que quero decir cuando hablo de trasfondo básico. Tomemos el caso de una persona que afirma: “Nunca puedo establecer una relación con alguien que me ame y me trate bien”. Como siempre digo, si piensas que en el anuncio que publicaste pedías un poeta y no se te presentan más que camioneros, mejor será que revises el anuncio, porque lo más probable es que se te esté presentando lo que pides inconscientemente, en lugar de lo que dices que quieres. Mi teoría es que el trasfondo básico es aquello que cada cual equipara con la supervivencia y, por consiguiente, lo más fundamental, aquello a lo que queremos aferrarnos. De modo que si tu mito básico (o el trasfondo básico de tu realidad) dice que nadie podrá amarte jamás porque no te lo mereces, entonces las únicas personas a quienes podrás aceptar en tu vida serán las que te garanticen que revalidarán ese mito. Si apareciera alguien ofreciéndote un amor auténtico, lo más probable sería que dijeras que es demasiado bajo o está demasiado gordo o es muy viejo, o que es rubia y tú prefieres a las que tienen el pelo castaño, porque necesitas encontrar una manera de racionalizar y explicar por qué esta no es una relación adecuada para ti, que te permita agarrarte bien a tu trasfondo básico. El intento de aferrarnos a nuestro trasfondo básico es la razón principal de que nos quedemos atascados en una repetición interminable de pautas.

La psicoterapia, la psicología profunda y el psicoanálisis se concentran en el intento de hacer aflorar a la conciencia nuestro mito básico, a fin de que podamos tomar conciencia de él y quizá cambiarlo o transformarlo de tal manera que nuestro mundo se ensanche o se abra. En este aspecto, el psicoterapeuta representa el papel de Lucifer, al tentarnos a abandonar el Paraíso: un relato arquetípico que yo asocio con el hecho de abandonar el trasfondo básico.

Lo primero que necesitamos, entonces, es saber cuál es nuestro trasfondo básico. Una vez que conozcamos el territorio, tendremos la posibilidad de ir más allá de él. Hay algo que siempre me ha preocupado. Conozco a muchas personas que llevan veinticinco años estudiando astrología, o que han estado quince o veinte años sometiéndose a psicoterapia o a un psicoanálisis profundo, y aunque como resultado de ello han aprendido muchísimo sobre sí mismas, todavía no han cambiado. Ahora tienen explicaciones mucho más racionalizadas de por qué hacen lo que sea que hagan, pero siguen sin cambiar. ¿Cuál es, entonces, el ingrediente que les falta y que hace que la gente cambie? En primer lugar, es un misterio. En segundo lugar, es ese momento en el tiempo en que tenemos el coraje suficiente para dar el primer paro por encima de esa frontera psíquica que, hasta ese instante, ha significado para nosotros la seguridad. Y tal vez la única manera de poder afirmar que realmente hemos empezado a cambiar sea mirar lo que está sucediendo en nuestras relaciones. Las relaciones son nuestro espejo.

Por ejemplo, si te has esforzado mucho por liberarte de tu trasfondo básico, quizás un día te encuentres con la clase de hombre por quien normalmente te sentirías atraída y ver que ya no sientes la misma poderosa atracción que solías sentir siempre en esa situación. Este tipo de experiencia indica que has cambiado y que, aunque no te hayas librado del todo de tu trasfondo básico, ya has empezado a desprenderte de él.

La carta natal puede ser un indicador tremendamente útil de la naturaleza de nuestro trasfondo básico, pero lo que no puede decirnos es de qué manera lo hemos interpretado. Y otra cosa que no puede decirnos es si todavía estamos en pleno atasco o si ya hemos dado nuestros primeros pasos para salir de él a explorar el resto del mundo. ¿Cómo puede uno descubrir estas cosas? Diálogos. Como astrólogos, es necesario conversar con los clientes para sondear cómo han interpretado el trasfondo básico que se revela en su carta y para descubrir si han dado los primeros pasos hacia el exterior. Cuando alguien les pida una lectura, deben empezar por descubrir por qué lo ha hecho. Este conocimiento unido a lo que muestra la carta, es el camino de entrada al sistema mítico del cliente.


domingo, 22 de abril de 2012

Elegir el Camino Correcto


Texto de Alice Bailey


¿Qué criterio puede aplicar el hombre para saber cuál de las distintas actividades a emprender es la correcta? En otras palabras, ¿existe un algo revelador que permite al hombre, inequívocamente, elegir la correcta actividad y seguir el camino correcto? La pregunta no se refiere a la elección entre el sendero del esfuerzo espiritual y el camino del hombre mundano, sino a la correcta acción cuando lo enfrenta la elección.

Sin duda, el hombre durante su progreso enfrenta diferenciaciones cada vez más sutiles. La cruda discriminación entre el bien y el mal, que preocupa al alma infantil, es seguida por las diferenciaciones más sutiles de lo correcto o más correcto, elevado o más elevado, y los valores morales o espirituales, deben enfrentarse con la percepción espiritual más meticulosa. En la tensión, en los afanes de la vida y en la constante presión sobre cada uno de quienes constituyen su grupo, la complejidad del problema llega a ser muy grande.

Al resolver estos problemas, ciertas amplias discriminaciones pueden preceder a las más sutiles y cuando se toman estas decisiones, entonces las más sutiles pueden reemplazarlas. La elección entre la acción egoísta y la altruista es la más fácil a seguir al elegir entre lo correcto y lo incorrecto, y fácilmente es determinada por el alma honesta. Una elección que involucra la discriminación entre el beneficio individual y la responsabilidad grupal, elimina rápidamente otros factores, y esto resulta fácil para el hombre que se hace cargo de su debida responsabilidad. Observen las palabras “debida responsabilidad”. Estamos considerando al hombre normal y sensato y no al fanático, excesivamente escrupuloso y morboso. Luego viene la diferencia entre lo conveniente, implicando los factores de las relaciones comerciales y financieras del plano físico, conducente a una consideración del máximo bien para todos. Después de haber llegado a cierta posición, debido a este triple proceso eliminativo, surgen casos donde aún hay que hacer una elección, donde ni el sentido común ni la lógica ayudan, ni tampoco la razón discriminadora. Sólo está presente el deseo de hacer lo correcto; la intención es actuar en la forma más elevada posible y tomar la línea de acción que produzca el máximo bien para el grupo, independientemente de toda consideración personal. Sin embargo, no se percibe la luz en el sendero a seguir; tampoco se reconoce la puerta que se debe atravesar, permaneciendo el hombre en un estado de constante indecisión. ¿Qué debe hacerse entonces? Una de estas dos cosas:

Primero: El aspirante puede seguir su inclinación y elegir esa línea de acción que le parece más inteligente y mejor. Esto involucra la creencia en la actuación de la ley del karma y también una demostración de esa firme decisión, que es la mejor forma en que su personalidad puede aprender a ajustarse a las decisiones de su propia alma. También implica la capacidad de seguir adelante sobre la base de la decisión tomada, y así atenerse a los resultados, sin malos presentimientos ni vanas lamentaciones.

Segundo: Basado en un sentido interno de orientación, el aspirante puede esperar, sabiendo que a su debido tiempo comprobará, al cerrar todas las puertas menos una, cuál es el camino a seguir. Existe sólo una puerte abierta por la que él pueda pasar. Es necesaria la intuición para reconocerla. En el primer caso se pueden cometer errores y, por medio de éstos, el hombre aprende y se enriquece; en el segundo son imposibles los errores y sólo puede emprenderse la correcta acción.

Es evidente que todo se reduce a una comprensión de nuestro lugar en la escala de la evolución. Sólo el hombre altamente evolucionado puede conocer los momentos y las temporadas, y discernir adecuadamente la diferencia sutil entre una tendencia síquica y la intuición.

Al considerar estas dos formas de llegar a una decisión final, el hombre, que emplea su sentido común y toma una línea de acción basada en el empleo de la mente concreta, no debe practicar el método superior de esperar a que se abra una puerta. Espera demasiadas cosas en el lugar en que se encuentra. Debe aprender a resolver sus problemas por la acertada decisión y el correcto empleo de la mente. Progresará mediante dicho método, pues las raíces del conocimiento intuitivo están arraigadas hondamente en el alma y, por consiguiente, debe establecer contacto con el alma antes de poder actuar la intuición. Sólo se dará una sugerencia: la intuición concierne siempre a la actividad grupal y no a los pequeños asuntos personales. Si usted está centrado en la personalidad debe reconocerlo y regir sus acciones con las facultades de que dispone. Si sabe que actúa como alma y se sumerge en el interés de los demás y no está obstaculizado por el deseo egoísta, entonces cumple con la obligación que le corresponde, se hará cargo de su responsabilidad, lleva a cabo su trabajo grupal y se le abre el camino mientras desempeña la tarea que tiene por delante y cumple con su deber más inmediato. Del deber cumplido esmeradamente, surgirán esos deberes mayores que llamamos trabajo mundial; de llevar la carta de la responsabilidad de la familia se fortalecerán nuestros hombros y nos permitirá soportar las del grupo mayor. ¿Cuál es, entonces, el criterio?

Para el aspirante  de grado superior, repito, la elección de la forma de actuar depende del sensato uso de la mente inferior (concreta), el empleo de un sólido sentido común y el olvido del bienestar egoísta y la ambición personal. Esto conduce al cumplimiento del deber. El discípulo (*) debe llevar a cabo, necesaria y automáticamente, todo lo antedicho y además utilizar la intuición, que le revelará el momento en que puede hacerse cargo de las responsabilidades grupales más amplias, simultáneamente con las del grupo menor. Reflexionen sobre esto: la intuición no revela la forma en que puede formentarse la ambición, ni cómo satisfacerse el deseo del progreso egoísta.

(*) ¿Qué es un discípulo?
Es quien trata de aprender un nuevo ritmo, entrar en un nuevo campo de experiencia y seguir los pasos de esa humanidad avanzada que antes que él ha hollado el sendero que conduce de la oscuridad a la luz y de lo irreal a lo real. Ha saboreado las alegrías de la vida en el mundo de la ilusión y ha aprendido que son impotentes para satisfacerlo y retenerlo. Ahora se encuentra en una etapa de transición entre los nuevos y los viejos estados del ser. Vibra entre la condición de la percepción del alma y la percepción de la forma. por lo tanto, ve “doble”.
Su percepción espiritual aumenta lenta y firmemente a medida que el cerebro se va capacitando para  recibir iluminación del alma, por intermedio de la mente. Al desarrollarse la intuición, el radio de percepción aumenta y se abren nuevos campos de conocimiento.
El primer campo de conocimiento que recibe iluminación puede describirse como aquel que abarca la totalidad de las formas que se encuentran en los tres mundos del esfuerzo humano –etérico, astral y mental-. El discípulo en cierne se hace consciente de su naturaleza inferior a través de este proceso, y comienza a darse cuenta de la amplitud de su aprisionamiento y (como lo expresa Patanjali) de “las modificaciones de la versátil naturaleza psíquica”. Le son revelados los impedimentos para la realización y los obstáculos para el progreso, y su problema se convierte en específico. Con frecuencia llega a la posición en que se encontró Arjuna, enfrentado con enemigos en su propio hogar, confundido respecto a su deber, desanimado al tratar de equilibrarse entre los pares de opuestos.
A medida que lucha y persevera, supera los problemas y controla sus deseos y pensamientos, se revela el segundo campo de conocimiento –conocimiento del yo en el cuerpo espiritual- y la percepción de esa fuente de energía espiritual, impulso motivador que reside detrás de la manifestación inferior. El sendero es descubierto y el aspirante lucha por avanzar hacia la luz cada vez más clara.
Cuando se estabiliza el conocimiento del yo y la conciencia de lo que ese yo percibe, oye, conoce y hace contacto, el discípulo encuentra al Maestro; se pone en contacto con su grupo de discípulos y comprende el plan del trabajo inmediato que le corresponde desarrollar gradualmente en el plano físico. Así disminuye la actividad de la naturaleza inferior y el hombre entra poco a poco en contacto conciente con su Maestro y su grupo. Pero esto ocurre después de “encender la lámpara” –alineamiento de lo inferior con lo superior y descenso de iluminación al cerebro-.
Es esencial que estos puntos sean comprendidos y estudiados por todos los aspirantes para poder dar los pasos necesarios y desarrollar la deseada percepción. Cada peldaño del camino debe ser preparado por el hombre mismo, y ningún camino corto o fácil conduce de la oscuridad a la luz.


jueves, 12 de abril de 2012

La Práctica de la Astrología y la Síntesis Horoscópica


Texto de  Stephen Arroyo.


Para comprender y practicar la astrología de la mejor manera posible, tenemos que poseer una clara filosofía y un sentido más claro de nuestra finalidad. Si no poseemos eso, entonces, evidentemente es muy difícil diferenciar entre ideas, teorías y técnicas. Entonces no tenemos base y, con facilidad, nos hacen salir por innumerables tangentes.

En primer lugar, tengo que recalcar que no puede sustituírse la captación intuitiva del mapa integral, lo cual equivale a decir, una captación intuitiva de la persona integral. Esto sólo puede desarrollarse con el tiempo, a partir de muchísima experiencia con muchísimas personas y mapas. Sin importar cuántos métodos o mediciones usemos, esta captación intuitiva de la totalidad de un mapa y de una persona sólo podrá provenir del tiempo y de la experiencia. Algunas personas nacen con la aptitud para desarrollar de modo comparativamente rápido esa capacidad; eso no lo negaré. Otras personas necesitan muchos años de práctica consciente y desarrollo personal antes de que (a menudo, muy repentinamente) se asiente una visión totalizadora. Pero, sin importar qué clase de persona seamos, ningún escogido enfoque analítico sobre aislados y específicos factores del mapa podrá reemplazar ni igualar una comprensión de la totalidad de la naturaleza y la pauta energética de un individuo. Y esta comprensión total por lo común puede ocurrir solamente en persona con un cliente, a menos que uno tenga muchísimas dotes psíquicas. Y aunque tuviéramos suficientes dotes psíquicas como para sintonizarnos con una persona  la que nunca vimos, tan sólo a través del mapa (como en las “lecturas” que, a vuelta de correo, muchos efectúan), para hacer eso habrá que poner en juego una tremenda cantidad de energía psíquica. Observen esto: no digo que sea imposible lograr a distancia esta comprensión total y sintética de una persona en su mapa. Sin embargo, digo que es mucho más difícil, mucho más agotador, mucho más peligroso y, con frecuencia, más engañoso e inexacto; y poquísimas personas pueden realmente hacerlo bien y con coherente precisión. Muchas personas dedicadas a la astrología son, al menos, poseedoras de cierta sensibilidad psíquica, pero, ¿por qué agotarse? ¿Qué estamos tratando de conseguir? ¿Por qué no tener físicamente presente a la persona, siempre que sea posible, para que ella pueda aportar la energía necesaria mediante un diálogo genuino y minucioso?

Mientras amontonemos un análisis sobre otro, tratando de conjeturar toda clase de minúsculos pormenores de la vida, y descuidemos la facultad intuitiva, no podremos sintetizar. Más valioso sería –y más útil- prestar atención a las raíces y a la savia del árbol de la vida, que pasarnos todo el tiempo tratando de contar y clasificar cada hoja de ese árbol, el cual es un trabajo que nunca podrá terminarse. Pero si comprendemos respecto de ese árbol sus energías fundamentales, sus necesidades nutritivas, la corriente de su savia y la estructura de sus raíces, entonces, sus hojas se cuidarán solas; las hojas estarán sanas si las raíces y la savia están sanas.

Por eso recalco siempre los cuatro elementos, que constituyen las energías de la vida, la savia del árbol. Pero la mente humana es tal que puede reunir una cantidad infinita de lindas triquiñuelas para entretenerse y permitir que la mente se felicite por ser tan perspicaz. Sin embargo, la perspicacia nada tiene que ver con la comprensión ni con el hecho de ver el gran cuadro de la vida. En el nivel arquetípico, adviertan cómo Geminis es siempre opuesto a Sagitario: la perspicacia sin contexto, contrastada con sistemas que examinen en gran escala el significado y la creencia. Si tan sólo utilizamos la perspicacia y el análisis, y la disección mental de un mapa, desde luego los métodos, hechos, correlaciones y seudo-hechos resultantes no tienen fin, como todos lo podemos apreciar por la proliferación caótica y sin dirección de “nuevas técnicas” astrológicas en años recientes. Pero proseguir con ese enfoque limitado jamás conducirá por sí solo a una comprensión ni siquiera a descubrimientos útiles.

Mientras prosigamos atribuyéndole a la astrología más de lo debido, no podremos sintetizar. Mientras sigamos atribuyéndole a la astrología un alcance más vasto de su aplicación que el que ella puede útilmente cumplir, inducimos malos entendidos, desorientamos a nuestros clientes prometiéndoles más de lo que podemos cumplir y prestamos un mal servicio a la grandeza y la potencialidad verdaderas de la astrología. Si en el mapa lo buscamos todo, no podremos sintetizar jamás. Si tratamos de explicarlo todo a través de pormenores astrológicos, olvidamos mirar la vida misma en procura de revelación e inspiración. Sencillamente, tenemos que reconocer que la astrología tiene sus límites, como cualquier herramienta, cualquier invento, cualquier sistema de pensamiento.

Con cuanta asiduidad seguiremos en nuestra interpretación el camino equivocado si no contamos con la constante prueba de la realidad, consistente en relacionar repetidamente los símbolos con las intenciones, los sentimientos, las necesidades, los temores y los ideales del individuo; en otras palabras, con la vida interior y la experiencia interior de la persona. Si carecemos de esta comprobación de la realidad, efectuaremos toda clase de conjeturas sobre la vida, los valores y las preferencias de la persona, que resultarán erróneas.

Al tratar de captar la totalidad de una persona con la herramienta astrológica, es preciso concentrarse en los temas mayores del mapa porque reflejan los temas mayores de la vida de la persona. A la hora de lograr una evaluación significativa de los principales problemas de la vida de la persona, el hecho de que en un mapa se pongan demasiados factores hace más difícil discernir entre los temas importantes y los pormenores periféricos. Puesto que, a través del mapa natal podemos racionalizarlo casi todo, y cuanto más es esto así, más puntos, métodos y planetas menores usamos, mi opinión es que deberíamos usar una mínima proporción de factores mayores y confiables a fin de ver con claridad a un cliente y su situación. De lo contrario, proyectaremos confusión sobre el cliente, y no orden.

Los astrólogos que usan demasiados factores celestes hallarán cada vez más difícil discernir entre lo que es importante y lo que no lo es, Las personas no acuden a los astrólogos para hallar confusión o recoger un millón de pormenores y especulaciones insignificantes; acuden para encontrar en sus vidas un poco de claridad y dirección. Aunque quisieran que les efectuáramos predicciones, ese es el modo que esas personas tienen de pedir claridad.

Tal como con un microscopio, todos los profesionales de la astrología usan variadas lentes. Según el campo especial de estudio que el individuo tenga, o sea, según lo que tenga que ver, elige ciertas lentes sobre otras, lo cual equivale a decir que se inclina hacia diferentes métodos y sistemas. De allí que a todos los diversos métodos, procedimientos, enfoques, técnicas y puntos de vista podríamos considerarlos meramente como diferentes lentes del macroscopio astrológico. Todos usamos ciertas lentes, y si encontramos que una lente nos ayuda sustancialmente a ver el nivel de realidad que queremos  ver, entonces, sin duda, empezamos a valorizarla y seguimos usándola.

Me parece que los principios fundamentalísimos de la astrología son lentes extremadamente pulidas, finísimas: los signos, los planetas, los significados primarios de las casas, los aspectos mayores, etc. Miles de astrólogos usaron estos factores quién sabe durante cuánto tiempo. Y, mediante observación, comprobación y equivocación, pulieron reiteradamente esas lentes hasta que podemos confiar en la claridad y agudeza que esas lentes pueden revelar.

Un astrólogo debería, en consecuencia, pulir una lente continuamente durante muchos años antes de pasar a otra. Usemos un sistema solo y quedémonos con él por un tiempo; usemos sólo lo fundamental; usemos un solo sistema de casas por largo tiempo, a menos que empiece a parecernos malo para nuestro trabajo, en cuyo caso deberíamos cambiarlo y usar entonces el nuevo sistema durante largo tiempo. Pero tenemos que pulir esa lente, porque  la astrología es un modo de ver, y por esa razón depende tanto de cada profesional y de la personalidad y del nivel de consciencia de éste.

Lo que queremos es calidad, no cantidad. Tenemos que dominar, en primer lugar, un modo de ver las cosas, y una vez que hayamos hecho eso, entonces no sólo sabremos qué podremos hacer sino también cuáles son sus límites. Tenemos que conocer para qué son adecuadas nuestras herramientas, nuestras lentes, y sobre qué clases de análisis, sobre qué clases de conocimiento y sobre qué niveles de la realidad se enfocan. En otras palabras, es útil y aconsejable definir los parámetros y el alcance dentro de los cuales nuestras lentes particulares son más eficaces y se enfocan con más nitidez y claridad. Definir esto nos ayuda a discernir y ayuda a nuestro cliente a saber si somos la clase de consultor que aquél quiere ver.

Repito: especialmente en los primeros años de estudios astrológicos, me parece que lo mejor –y sé que algunos de ustedes, que son maestros, han descubierto esto- es usar la cantidad mínima de factores mayores confiables necesarios para que nos permitan ver con claridad a un cliente y su situación. Y luego… seguir a partir de allí.

Concentrarse en lo que es importante en la naturaleza y la vida de la persona, y en qué clase de persona es ésta. Este es el camino hacia la “síntesis horoscópica”. El mapa natal está realmente sintetizado y plenamente comprendido dentro de cada individuo y dentro de la textura de su vida. Aunque evacuemos una consulta por teléfono de larga distancia, obtengamos primero algunos antecedentes. Preguntemos a la persona qué es lo que quiere, qué la confunde, qué opciones ve y qué decisiones mayores exigen su atención.

¡Si los astrólogos se concentran en lo trivial, en realidad están trivializando la astrología!


domingo, 1 de abril de 2012

El Mundo del Futuro y la Persona del Mañana


Fragmentos del libro “El Camino del Ser”, de Carl R. Rogers (Ediciones Kairós Psicología, de Editorial Troquel). Este libro fue escrito en 1980.


En la actualidad existen muchos avances que alteran por completo nuestra concepción del potencial del individuo, que cambian nuestra percepción de la “realidad”, que modifican nuestra forma de ser y de comportarnos, que alteran nuestros sistemas de creencias. Me gustaría enumerar, sin entrar en detalles, algunas de dichas direcciones, muchas de las cuales les serán familiares mientras que otras les parecerán extrañas.

En primer lugar, algunos de los avances que amplían nuestra visión del potencial de la persona. (Las categorías que utilizo, en gran parte se sobreponen, pero las separo por conveniencia mental.)

Existe un creciente interés en todas las formas de la meditación, es decir, el reconocimiento y uso de las fuentes de energía interna.

Existe un creciente respeto por la intuición y su uso como instrumento poderoso.

Multitud de personas han experimentado estados alterados de la conciencia, en muchos casos con la ayuda de drogas, pero en creciente número por medio de disciplinas psicológicas. Nuestra capacidad en este sentido abre nuevos mundos.

La investigación en biofeedback muestra que nuestra mente no-consciente es capaz de aprender en pocos momentos, sin que se le enseñe, a controlar la actividad en una sola célula. Con una imagen visual de la acción de algunos de sus grupos de músculos, una persona normal puede cambiar la acción de un grupo de músculos controlado por una célula en la médula espinal (Brown, 1980). Las inferencias de su potencial son portentosas.

Los fenónemos paranormales tales como la telepatía, la precognición y la clarividencia han sido sometidos a suficientes pruebas como para ser aceptados por la ciencia. Además, existen pruebas de que la mayoría de la gente es capaz de descubrir o desarrollar dichas habilidades por cuenta propia.

Estamos aprendiendo que con frecuencia podemos curar o aliviar muchas de nuestras enfermedades con el uso intencionado de nuestra mente consciente y no-consciente. El concepto totalitario de salud está ampliando nuestra comprensión de las capacidades internas de la persona.

Existe un interés creciente en los poderes espirituales y trascendentales del individuo.

Los más destacados científicos que estudian el cerebro comparten la opinión de que existe una potente mente, con una enorme capacidad de acción inteligente, cuya existencia es independiente de la estructura del cerebro (Brown, 1980).

Es posible que la evolución nos conduzca a un supraconsciente y una supermente, con un poder inmensamente superior al de la mente y consciente que poseemos en la actualidad (Brown, 1980).

Examinemos ahora otros avances que alteran nuestra percepción de la realidad. Algunos de ellos están relacionados con la ciencia.

Existe una convergencia entre la física teórica y el misticismo, en especial el oriental: el reconocimiento de que el universo en su conjunto, incluídos los seres humanos, es “una danza cósmica”. Desde este punto de vista, la materia, el tiempo y el espacio desaparecen como conceptos significativos; sólo existen oscilaciones. Este cambio de visión de nuestro mundo conceptual es revolucionario.

La teoría holográfica de la función del cerebro, desarrollada por el neurocientífico de Stanford, Karl Pribram, no sólo revoluciona nuestro concepto  de la operación del cerebro, sino que sugiere que el cerebro es capaz de crear nuestra “realidad”.

Las nuevas epistemologías y filosofías de la ciencia consideran nuestro concepto lineal actual de causa y efecto como una insignificante muestra de los muchos modos de saber. En la ciencia biológica en particular, ahora se considera que las relaciones recíprobas de causa y efecto constituyen las únicas bases de una ciencia racional. Los nuevos métodos científicos revolucionarán nuestra forma de estudiar y percibir el mundo, especialmente el biológico y humano.

Fuera del mundo de la ciencia, también percibimos la realidad por nuevos caminos. Esto es particularmente cierto en lo que hace referencia a la muerte y al morir. Tenemos una aceptación mucho mayor de la muerte como realidad y estamos aprendiendo muchísimo sobre el proceso de morir como culminación del de vivir.

Otros avances están relacionados con la forma en que se realiza el cambio en el individuo. Una buena parte del material de este libro se ocupa de dichos cambios, pero los enumeraré a continuación:

El movimiento feminista es tan sólo un ejemplo de los varios tipos de actividades acrecentadoras del concienciamiento. Otros ejemplos los constituyen el movimiento de los homosexuales y el de los negros, que están cambiando la conducta de la gente, llamando poderosamente la atención a los prejuicios, suposiciones y estereotipos que nos han dado forma.

“Enfocar”, o ser plenamente consciente del momento de una experiencia antes negada, en psicoterapia provoca un cambio psicológico y fisiológico, que produce como resultado un cambio de la conducta.

Existe una nueva comprensión de que la persona es un proceso, en lugar de un conjunto inamovible de hábitos. Esto evoca modos alterados de conducta, incrementa las opciones.

Hay cada vez una mayor tendencia al uso de la psicoterapia individual y un creciente número de pruebas de que dicha experiencia provoca un cambio en el sí-mismo y en la conducta.

Hay multitud de gente que ha experimentado cambios personales y colectivos duraderos, en diversas experiencias de grupos intensivos.

La tendencia a adoptar actitudes más humanas en la educación produce efectos fundamentales en el aprendizaje y en otros aspectos de la conducta.

Otro grupo de tendencias modernas está relacionado con cambios en nuestros sistemas de creencias. A continuación menciono algunas de ellas:

Hay una insistencia creciente en la libertad individual de elección y una correspondiente resistencia a la conformidad y a la aceptación de la autoridad.

Existe una creciente oposición, acompañada del consiguiente desagrado, a las grandes instituciones, las corporaciones y las burocracias, así como un enorme interés y esfuerzos para organizarse en forma reducida, de cooperativas y pequeños grupos.

Se cree cada vez menos en la ciencia reduccionista y crece el interés por la sabiduría antigua de las culturas primitivas e incluso por las “ciencias” de antaño.

EL SIGNIFICADO DE ESTAS TENDENCIAS

¿Cuál es el sentido, o significado, de todas estas tendencias en la vida moderna?

Tomadas en su conjunto, estas tendencias transforman fundamentalmente nuestro concepto de la persona y del mundo que ésta percibe. La persona cuenta con un potencial hasta ahora inimaginado. Su inteligencia no-consciente está dotada de una capacidad vastísima. Puede controlar muchas funciones corporales, curar enfermedades y crear nuevas realidades. Es capaz de penetrar en el futuro, ver en la distancia y comunicar pensamientos directamente. Está dotada de un nuevo concienciamiento de sí misma como proceso de cambio. Esta persona vive en un universo nuevo, del que han desparecido todos los conceptos familiares como el tiempo, espacio, objeto, materia, causa y efecto, quedando sólo vibraciones de energía.

A mi juicio, estas tendencias constituyen una “masa crítica” que producirá cambios sociales drásticos. Para desarrollar la bomba atómica, aumentaron gradualmente la temperatura y otras condiciones, hasta alcanzar cierta masa. Al llegar a esta masa crítica, se produce un proceso de explosión expansivo. Estas tendencias son de un género semejante, con la diferencia de que tienen lugar en las personas y en los sistemas sociales.

Otra analogía científica la constituye el “cambio de paradigma”. Nuestra visión científica del mundo, en cualquier momento dado, encaja en una pauta general. También es cierto que hay sucesos y fenómenos que no se ajustan a dicha pauta, que se dejan de lado hasta que se acumulan y resulta imposible ignorarlos. Entonces un Copérnico o un Einstein nos ofrecen una pauta enteramente nueva, una nueva visión del mundo. No se trata de una modificación del antiguo paradigma, sino de algo que lo incorpora. Es una nueva conceptualización. No se puede pasar gradualmente de la antigua a la nueva, hay que adoptar la una o la otra, he ahí el cambio de paradigma. Se ha hecho hincapié en que en el mundo de la ciencia, la mayoría de los científicos viejos mueren creyendo en el paradigma antiguo, mientras que la nueva generación se desarrolla y vive a gusto con el nuevo.

Lo que afirmo es que las numerosas tendencias convergentes que he mencionado constituyen un cambio de paradigma. Procuraremos, por supuesto, seguir viviendo en nuestro mundo familiar, al igual que lo hicieron en un mundo plano, hasta mucho después de saber que era redondo. Pero cuando vayamos digiriendo estas nuevas formas de conceptualizar la persona y el mundo, convirtiéndolas gradualmente en la base de nuestro pensamiento y de nuestras vidas, la transformación será inevitable. Ilya Prigogine (1980), químico belga ganador del premio Nobel en 1977, que ha contribuído considerablemente a los nuevos conceptos de la ciencia, dice, hablando en nombre de los científicos: “Vemos un nuevo mundo a nuestro alrededor. Tenemos la impresión de que somos la aurora de un nuevo período, con toda la emoción, la esperanza y el riesgo inherentes a todo nuevo principio”.

LA PERSONA DEL MAÑANA

¿Quién será capaz de vivir en ese mundo tan extraño? Creo que serán los que tengan una mente y un espíritu joven, que generalmente significa que también tienen un cuerpo joven. Nuestra juventud, al crecer en un mundo donde imperan las tendencias que he descrito, en su mayoría se convierten en nuevas personas, preparadas para vivir en el mundo del mañana y a ellos se unirán las personas mayores que hayan absorbido los conceptos de transformación.

Evidentemente, esto no ocurrirá con todos los jóvenes. Tengo entendido que muchos jóvenes en la actualidad, sólo se interesan por el trabajo y la seguridad, no están dispuestos a arriesgarse ni a innovar, son meros conservadores a la caza del “número uno”. Posiblemente sea cierto, pero éste no es el caso de los jóvenes con que yo entro en contacto. Sin embargo, estoy convencido de que si bien algunos seguirán viviendo en el mundo actual, muchos otros lo harán en el nuevo del mañana.

¿Cuál será su procedencia? Mi observación me indica que ya existen. ¿Dónde se encuentran? Me los encuentro entre los ejecutivos de las corporaciones, que han abandonado la lucha competitiva de su clase, el aliciente de los grandes salarios y las posibilidades de la bolsa, para practicar una nueva vida más simple; entre los jóvenes de pantalón tejano que desafían la mayor parte de los valores de la cultura actual, para hallar nuevas formas de vida; entre sacerdotes, monjas y religiosos que han dejado atrás los dogmas de sus institutiones, para vivir de un modo más significativo; entre las mujeres que se alzan vigorosamente por encima de las limitaciones que la sociedad les ha impuesto; entre negros, chicanos y otros grupos minoritarios, que abandonan la pasividad de muchas generaciones para afirmarse en una vida positiva; entre los que han participado en grupos de encuentro, que hallan lugar para los sentimientos, además de los pensamientos, en su vida; entre escolares marginados creativos que aspiran a metas más altas que las permitidas en sus estériles escuelas. También me doy cuenta de que vislumbré esta nueva persona, durante mis muchos años como psicoterapeuta, en los clientes que elegían para sí mismos un estilo de vida más libre, más rico y más autodirigido. Éstos son algunos de los lugares donde he encontrado personas capaces de vivir en este mundo transformado.

LAS CUALIDADES DE LA PERSONA DEL MAÑANA

En mi experiencia, estos individuos tienen algunas características en común. Puede que nadie posea la totalidad de estas cualidades, pero estoy convencido de que la habilidad de vivir en este mundo totalmente revolucionado del mañana se manifiesta por ciertas características. Mencionaré brevemente algunas de ellas, en la forma en que las he visto y experimentado:

  • Sinceridad. Estas personas son sinceras para con el mundo, tanto en el interior como el exterior. Se abren a la experiencia, a nuevas formas de ver, nuevos modos de ser, nuevas ideas y nuevos conceptos.
  • Deseo de autenticidad. Encuentro que estas personas valoran la comunicación como medio para expresar las cosas como son. Rechazan la hipocresía, el engaño y los dobles sentidos propios de nuestra cultura. Son abiertos, por ejemplo, en sus relaciones sexuales, en lugar de llevar una doble vida o actividades secretas.
  • Escepticismo en cuanto a la ciencia y a la tecnología. Sienten una profunda desconfianza de la ciencia y tecnología actual, utilizada para conquistar el mundo de la naturaleza y controlar a sus habitantes. Por otra parte, cuando la ciencia – como por ejemplo en el caso del biofeedback – se usa para enriquecer el autoconcienciamiento y el control de la persona por sí misma, son ardientes entusiastas de la misma.
  • Aspiración a la totalidad. Estas personas no gustan de vivir en un mundo de compartimientos: cuerpo y mente, salud y enfermedad, intelecto y sentimientos, ciencia y sentido común, individual y colectivo, cuerdo y loco, trabajo y diversión. Aspiran a alcanzar una totalidad en la vida, con pensamientos, sentimientos, energía física, energía psíquica, energía curativa, todo ello integrado en la experiencia.
  • El deseo de intimidad. Buscan nuevas formas de acercamiento, de intimidad, de fines compartidos. Desean hallar nuevas formas de comunicación en la comunidad, tanto verbal como no-verbal, sentimental como intelectual.
  • Personas-proceso. Son claramente conscientes de que lo que es cierto en la vida es el cambio, de que forman siempre parte de un proceso, siempre cambiando. Aceptan gustosos esta forma de ser arriesgada y se enfrentan al camino del cambio con vitalidad.
  • Cariño. Estas personas son cariñosas, dispuestas a ayudar a los demás si la necesidad es real. Su cariño es tierno, sutil, ni moralista ni propenso al juicio. Los que “prestan ayuda” profesionalmente les parecen sospechosos.
  • Actitud hacia la naturaleza. Sienten afinidad y cariño por los elementos de la naturaleza. su actitud es ecológica y el relacionarse con las fuerzas de la naturaleza les produce placer, en lugar de querer conquistarlas.
  • Antiinstitucionales. Estos individuos sienten antipatía por las instituciones altamente estructuradas, inflexibles y burocráticas. Creen que las instituciones deberían estar al servicio de la gente, no a la inversa.
  • La autoridad interna. Creen en su propia experiencia y desconfían fundamentalmente de la autoridad externa. Elaboran sus propios juicios morales, llegando a desobedecer abiertamente las leyes que les parecen injustas.
  • Las cosas materiales carecen de importancia. A estos individuos les son fundamentalmente indiferentes las comodidades y premios materiales. Ni el dinero ni los símbolos materiales de poder constituyen su objetivo. Pueden vivir en la abundancia, pero también pueden prescindir de ella.
  • El anhelo de lo espiritual. Las personas del mañana son inquiridoras. Intentan hallarle un significado y un sentido a la vida, más allá del individuo. Algunas se abocan a ciertos cultos, pero en su mayoría examinan todos los medios por los que la humanidad ha hallado valores y fuerzas que se extienden más allá del individuo. Quieren vivir con paz interna. Sus héroes son personajes espirituales como Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Teilhard de Chardin. Algunas veces, en estados alterados de consciencia, experimentan la unidad y armonía del universo.
Estas son algunas de las características que veo en la persona del mañana. Soy perfectamente consciente de que son pocas las personas que posean todas estas características y sé que lo que describo es una pequeña minoría del conjunto de la población.

Lo interesante es que las personas dotadas de dichas características se sentirán perfectamente a gusto en un mundo consistente sólo de energía de vibración, sin base sólida, un mundo de proceso y cambio en el que la mente, en su sentido más amplio, es al mismo tiempo consciente y creadora de la nueva realidad. Ellos lograrán hacer cambiar el paradigma.

A pesar de la oposición que habrá ante la aparición de esta nueva persona, estoy cada vez más convencido de que estas personas del mañana, no sólo sobrevivirán, sino que constituirán un fermento importantísimo en nuestra cultura.

La razón de mi optimismo se basa en el desarrollo y aparición persistentes de todos los cambios en las perspectivas científicas, sociales y personales. La física teórica no volverá a ser encajonada en ninguno de los antiguos compartimientos. El biofeedback sólo puede progresar, no retroceder, y continuar desplegando poderes insospechados de nuestra inteligencia interior y no-consciente. En otras palabras, la presion crecerá hasta forzar un cambio de paradigma.

Las personas del mañana son precisamente las que están capacitadas para comprender y absorber el cambio de paradigma. Serán las que lograrán vivir en este nuevo mundo, cuyo contorno todavía es sólo difusamente visible. Pero si no estalla el planeta, ese nuevo mundo llegará inexorablemente, transformando nuestra cultura.

Este nuevo mundo será más humano y más humanitario. Explorará y desarrollará la riqueza y capacidad de la mente y del espíritu humano. Producirá individuos más integrados en la totalidad. Será un mundo que premiará a la persona individual, el mayor de nuestros recursos. Será un mundo más natural, con un nuevo amor y respeto por la naturaleza. desarrollará una ciencia más humana, basada en conceptos de menor rigidez. El objeto de su tecnología será el de enriquecer las personas y la naturaleza, en lugar de explotarlas. Desencadenará creatividad, cuando los individuos pasen a ser conscientes de su poder, su capacidad y su libertad.

Las fuerzas del cambio en los campos científico, social y cultural arremeten con ímpetu; y acabarán por envolvernos en este nuevo mundo, el mundo del mañana, que he procurado esbozar. En el centro de este nuevo mundo estarán las personas, las personas del mañana de las que hemos hablado.

Ésta es la perspectiva personalizada del futuro. Podemos elegirla, pero tanto si lo hacemos como si no, parece que hasta cierto punto avanza inexorablemente hacia el cambio de nuestra cultura. Y los cambios serán favorables a la humanidad.