En una de las sesiones de los últimos meses, recibí a una mujer de mediana edad que habiendo construido su identidad, su independencia y su lugar en el mundo profesional, se estaba cuestionando la posibilidad de la maternidad. Lo que comparto en este artículo está inspirado en lo que fuimos descubriendo durante el encuentro.
A veces, es necesario comenzar por descifrar si el deseo de tener un hijo nace verdaderamente de lo más profundo de su ser o si está atravesado por las expectativas de un colectivo que aún asocia la realización femenina con la experiencia de ser madre.
Otras
veces, la maternidad aparece como una nueva forma de darle cauce a las propias
aspiraciones, de concebir un proyecto que exceda los límites de lo profesional
y que invite a explorar otras dimensiones de la creatividad.
Por
otra parte, imaginarse madre también supone enfrentarse a la posibilidad de
perder ciertas libertades, reconfigurar la relación con el propio tiempo y
aceptar que una parte de la vida ya no estará organizada exclusivamente
alrededor de las propias necesidades y de los propios deseos.
Hay
una identidad que, inevitablemente, tendrá que morir para dar nacimiento a
otra.
La
maternidad también conducirá a la mujer a confrontar con su vulnerabilidad, con
la responsabilidad de acompañar y nutrir la vida de otro ser y con la necesidad
de revisar sus propias estructuras de poder, autonomía y pertenencia.
No
se trata solamente de considerar la crianza, el cansancio, la rutina o las
limitaciones que podría imponer la llegada de un hijo, sino de preguntarse qué
significa traer una nueva vida a un mundo cuyas estructuras sociales,
educativas, familiares y de consumo también están siendo cuestionadas y,
algunas, en vías de extinción por obsoletas.
Si
estás leyendo este artículo y este tema te interesa, te dejo algunas preguntas
para ayudarte a reflexionar: ¿Es posible una maternidad exenta de la repetición
de los modelos heredados? ¿Puede la experiencia de la crianza convertirse en un
proyecto de transformación, en lugar de una adaptación a los mandatos y
condicionamientos del colectivo? Tener
un hijo, ¿interrumpe los proyectos profesionales y/o creativos o los expande y enriquece? ¿Y si el verdadero desafío no consistiera en
decidir entre la realización profesional y la vida familiar, sino en comprender
qué concepto de libertad, de poder y de realización personal necesita ser resignificado
en cada caso?
Porque
ser madre no necesariamente te impone renunciar a ser la mujer que has
construido hasta hoy, esa mujer que se enorgullece de sus logros y valora los objetivos alcanzados. A lo mejor solo te invita a considerar de qué
manera el hecho de tener un hijo puede modificar profundamente tu manera de ser, habitar y mejorar este mundo.
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