domingo, 1 de julio de 2018

Interpretación y métodos de trabajo del astrólogo


Como ya saben los lectores de este blog,  yo no utilizo la Astrología como herramienta de predicción, tal como lo menciono frecuentemente. Fui formada en mis comienzos en las diversas técnicas predictivas que posee la Astrología, las utilicé y me fui dando cuenta de que debía de existir un enfoque mucho más profundo, que ofreciera a los consultantes la información necesaria  - sin incluir predicciones- para que fueran ellos quienes  utilizaran dicha información, en base a su propia elección y nivel de conciencia, o la descartaran.

No obstante, hoy quiero incluir  este fragmento del libro de Carol Rushman “El Arte de la Astrología Predictiva”, porque considero que cada uno debe hallar su propio método de trabajo. Y algunas veces, hay marchas y contramarchas. Se trata de experimentarlo todo y ver los resultados.

Para quienes están dando sus primeros pasos y buscando su propio estilo, a veces resulta iluminador ver cómo trabajan otros astrólogos más experimentados, en este caso, una astróloga cuyos servicios se orientan a lo predictivo. 

Por eso los invito a leer el siguiente texto pertenece al libro de la citada autora y a sacar sus propias conclusiones.

Dice Carol Rushman:

Mis estudiantes, tarde o temprano siguen progresando y, al hacerlo, deben decidir qué sistema astrológico van a utilizar. Tener un método personal es fundamental para asesorar a los consultantes, pues les otorga a los astrólogos estructura, congruencia y consistencia en su trabajo, tres características que estos aprecian. Lo más importante es que cada astrólogo se sienta cómodo con su propio sistema.

Tal vez sea porque mi Sol está en Virgo y tengo a Capricornio ascendente, que creo en las estructuras y los sistemas, más que la generalidad de las personas. Pienso que los astrólogos deben establecer una base firme antes de poder enseñar o asesorar, por eso presento este material de una manera pragmática. No importa cuál sea el sistema particular que usen los astrólogos, lo valioso es que tengan una guía que deben seguir fielmente si es que van a ayudar a sus consultantes. Eso hará que ambos se sientan seguros.

También es importante que haya un comienzo, una parte media y una conclusión en cada sesión, así, tanto el consultante como el astrólogo, se sentirán plenos cuando el primero se retira. Yo prefiero que mis clientes me consulten solo una vez al año, porque de ese modo, la sesión será completa y valdrá la pena. Solo si llega a ocurrir algún suceso trascendente durante el año, los aliento a venir más seguido. Me gustaría que la Astrología fuera como una muleta para todos, y pienso que puede ser peligroso que los astrólogos se erijan en gurúes, o se presenten ante la gente como si tuvieran todas las respuestas.

Mi sistema empieza con la carta natal y con lo que yo denomino la promesa natal. Esta es la totalidad de los componentes de la carta que, al combinarse, muestran el potencial de cada vida, aunque tal vez no todos se realicen. Por ejemplo, la promesa natal de un cliente puede mostrar el potencial para tener varios matrimonios, pero el individuo puede elegir tener solo uno. Es en ese potencial, en esa promesa natal, donde empieza la predicción astrológica. Sin la comprensión de la carta natal y de lo que promete, las predicciones no se manifestarán.

Luego, a los fines de poder realizar las predicciones de manera precisa para determinadas fechas, los astrólogos deben comprender la constitución psicológica de sus clientes, porque la gente responde a la energía en forma distinta, y sus perfiles mostrarán las diferencias. Esa diferencia, al asesorar a un cliente que predominantemente es fijo en comparación con otro que es cardinal, suele resultar decisiva.

Para las fechas, yo empleo las progresiones secundarias, poniendo énfasis adicional en la Luna de progresión y en las cúspides de las casas en progresión. Me fijo en los planetas en progresión que aspectan a planetas natales y en progresión. También trabajo mucho con los planetas en tránsito y estacionarios, haciendo hincapié en las lunaciones (Lunas Nuevas y Llenas) y los eclipses. Este es mi sistema y me ha sido muy útil durante tres décadas. Sigo un orden lógico que me ayuda a sentirme organizada y cómoda.

Una vez más, he aquí mi método:

1.- Carta natal.
Me fijo en la carta natal para determinar qué es lo que impulsa a cada consultante. Estudio su constitución psicológica que aparece indicada en la carta y evalúo lo que promete.

2.- Progresiones secundarias.
a) La Luna en progresión
b) Planetas en progresión que aspectan a planetas natales
c) Planetas en progresión que aspectan a planetas en progresión
d) Cúspides de casas en progresión que aspectan a planetas natales y en progresión

3.- Planetas en tránsito
Luego, me fijo en el movimiento de los planetas por los signos y las casas, y los aspectos o relaciones que tienen con los planetas natales y en progresión, con un especial énfasis en los planetas estacionarios.

4.- Lunaciones y eclipses
Las Lunas Nuevas y Llenas, así como los eclipses, son sumamente importantes en los acontecimientos en determinadas fechas; también sirven para evaluar aquello que está realizando la persona en el momento de la consulta.

Si bien este sistema no resulta complicado es exhaustivo y un astrólogo competente puede obtener lo que necesita para hacer una lectura correcta y precisa.

Pienso que interpretar una carta es como jugar al bridge. Hay algunos jugadores muy buenos que entienden la gran variedad de herramientas y técnicas de este juego, pero solo utilizan las mejores. Hay otros que tratan de incorporar todas las convenciones y técnicas del juego y terminan por confundirse y confundir a sus compañeros. Esto también puede aplicarse a los astrólogos. He visto cartas de astrología con tanta información escrita en ellas, que no pude leerlas. En mi mente, todo lo que se necesita es una buena comprensión básica de la Astrología y de las técnicas mencionadas precedentemente. Los buenos astrólogos las aprenden todas y luego eligen el mejor sistema que ellos han de aplicar, después de un gran trabajo de experimentación e investigación."

Sugiero a los lectores interesados buscar en el tag "interpretación" otros textos similares para comparar métodos de trabajo e interpretación.

domingo, 24 de junio de 2018

La Esperanza

Fragmento del capítulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser Generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.

En nuestro inflexible foco en el pragmatismo, la esperanza a menudo está desacreditada como un sueño o pensamiento vano. Sin embargo, la esperanza es esencial para imaginar lo que es posible. En su núcleo, toda generosidad es un acto de esperanza, porque sin esperanza no habría expectativa de que ser generosos vaya a tener algún efecto.

La esperanza:

Asume que la manera en que son las cosas no será el estado final o definitivo.
Motiva los riesgos de lograr algo mejor.
Es la razón para dar a aquellos que lo necesitan.
Es la razón para recibir lo que se nos ofrece.
Proporciona la confianza de que lo que se haga desde un corazón generoso o a través de la práctica de cualquiera de las virtudes de la generosidad hará, de hecho, una diferencia.
Niega el cinismo.
Desecha la sospecha.
Inspira la belleza.
Promete un futuro posible.
Es el optimismo practicado intencionalmente.
Alimenta el fuego del amor.
Expresa las aspiraciones básicas de todos.
Genera la agitación que fogonea el progreso.

martes, 19 de junio de 2018

Acerca del Dar

Fragmento del libro "Ser Generosos", Lucinda Vardey y John Dalla Costa.


La gente desea compartirse a sí misma y su creatividad. "Dame la habilidad para ver cosas en lugares inesperados y talentos en gente inesperada", dice una plegaria anónima del siglo XVII. 

Necesitamos la colaboración de los otros para hacer esto, no solo darnos a nosotros mismos, sino recibir los regalos de los otros en nuestras comunidades, familias y lugares de trabajo. Cualesquiera sean nuestros objetivos y metas, los resultados y la buena voluntad del grupo dependen de algún catalizador, una mezcla constructiva y creativa de dar lo mejor nuestro y recibir lo mejor de los otros.

En el trabajo, muchos individuos son presionados para trabajar en equipo. Muchos de nosotros conocemos la desilusión o alienación que sentimos cuando lo que les ofrecemos a otros, ya sea en tiempo, atención, creatividad o ideas, es ignorado o desechado. 

Lo que es generoso y se siente generativo es hacer que nuestra contribución se vea, escuche y sea bienvenida. Lo que nos mejora es que otros nos reciban. Nos volvemos confiables cuando nosotros también estamos abiertos y somos receptivos a los otros.

lunes, 7 de mayo de 2018

La Humildad

Fragmento del capitulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser Generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.


Ser humilde no significa ser un felpudo. Tampoco implica automáticamente responder a las necesidades de todos a medida que surgen caprichosamente. 

La humildad, en cambio, representa un sentido honesto de la proporción. Este sentido de escala y conexión es vital porque, sin humildad, dar puede convertirse fácilmente en un ejercicio de poder, mientras que recibir puede, a menudo, sentirse como si hubiera disminuído la dignidad propia. 

La generosidad es una interacción de potencial creativo, no un poder. Necesita de la humildad para dar libremente, sin condicionamientos ni demandas adheridas. Es necesaria la humildad para dar lo que de hecho se necesita en lugar de lo que podamos querer dar. Y para dar sin esperar reconocimiento público. Si no somos humildes, entonces el supuesto acto generoso puede decir más sobre nosotros que sobre la realidad que necesita transformación.

La humildad parece pasiva y poco enérgica. Sin embargo, es necesario fuerza y resiliencia para domesticar el ego y sus, a veces, erróneas presunciones. La sociedad da mucha importancia a la autoestima. La humildad no niega el valor del ser; de hecho, lo acentúa al colocar su valor y potencia en la red propia de interdependencia que ninguno de nosotros puede negar, aunque el ego a veces se olvide. Tenemos que ser humildes al discernir la generosidad porque, a menudo, hay en juego algo más grande que nosotros.

La humildad nos invita a ayudar a los otros sin ambición egoísta y a considerar los intereses de los otros más que los propios. Practicarla es ser, a veces, invisible al dar de modo de evitar el deseo de gratitud, aceptación o recompensa.

jueves, 3 de mayo de 2018

La Valentía

Fragmento del capítulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.

La valentía significa ser fuerte de corazón. Significa animarse, luchar por lo que valida la esperanza humana. Uno necesita ser valiente para romper las trabas del status quo, en particular cuando resulta muy familiar y cómodo no esperar nada mejor. Lleva valentía admitir la verdad y luego actual sobre ella para crear mejores posibilidades para uno y los otros. 

La valentía es generativa en el sentido de que ayuda a crear las condiciones o asegurar las circunstancias que sirven a lo que es correcto en la vida. Se entiende que todas, la dignidad, la maestría y la libertad, necesitan tomar riesgos para llegar a lograr o cumplir algo. Si bien pueden también requerir fortaleza y coraje, es la valentía la que subyace a la habilidad creativa para cambiar.

Cualquier esfuerzo en el crecimiento personal, ya sea cambiar de actitud o profundizar en el autoconocimieto, conlleva una vulnerabilidad que puede enfrentarse solo con valentía. Los asuntos que más ponen a prueba en la vida -como dejar un trabajo, terminar una amistad o relación rota, o desafiar la cultura dominante- involucran tomar riesgos y enfrentar la incertidumbre de satisfacer la inquietud de algo mejor.

Su Santidad el Dalai Lama dice en su libro "El poder de la compasión" que la gente se vuelve más valiente al ser más altruista, ya que la compasión es la que, en última instancia, alimenta nuestra fuerza interior y aumenta nuestra determinación. Con la claridad, el objetivo es a menudo compensar un problema, equilibrar una injusticia o tragedia. Con la generosidad, la convicción es más creativa, para de hecho resolver el problema y romper el riesgo de la deshumanización de modo de generar oportunidades más justas y dignas. 

Esta valentía para cambiar lo que está mal en el mundo depende del coraje para cambiar también lo que está mal dentro del propio corazón.

domingo, 29 de abril de 2018

Interpretación de la carta natal

Texto extraído del libro El Arte de la Interpretación del Horóscopo, de Tracy Marks

Como astrólogos, ¿QUÉ debemos interpretar? En primer lugar, los factores y problemas más significativos que la carta refleje: las más fundamentales necesidades, motivaciones, debilidades, oposiciones, fuerzas y posibilidades. En segundo lugar, lo que en ese momento es, en lo emocional, más apropiado y útil para el consultante. Debe prestarse atención a dos cuestiones: CUÁNTO habrá que interpretar (para no abrumar al consultante) y QUÉ validez y certidumbre asignamos a nuestra interpretación. Si ofrecemos muchas interpretaciones inseguras o dudosas, entonces debilitamos el impacto de aquellas interpretaciones que, dentro de la experiencia de nuestro consultante, tienen una profunda resonancia. 

¿CUÁNDO debemos interpretar? En virtud de que en nuestra labor astrológica usamos preponderantemente a la interpretación, no podremos ser tan sensitivos como podrían serlo los psicoterapeutas, respecto del estado emocional del consultante. 

Algunas interpretaciones nuestras, que evidentemente no captamos en el momento, es probable que las oigamos más profundamente después, al pasar la grabación o incluso meses o años más tarde, cuando la semilla que plantamos es regada por experiencias futuras y germina. No obstante, para que una interpretación tenga lugar en tiempo y oportunidad habrá que darla: 

1.- Cuando el consultante esté distendido y sin trabas, y se haya establecido una confianza. 
2.- Cuando el consultante expresó qué es lo que siente y le interesa, y no se preocupa más o  dejar una emoción sin descargar; y 
3.- Cuando el consultante ya expresó en parte algo que él comprendió y busca a tientas una percepción más profunda de este problema. 

¿CÓMO debemos manifestar verbalmente nuestras interpretaciones? En primer lugar, necesitamos comunicar emocionalmente nuestra actitud de aceptación, valiéndonos de nuestra postura, gestos y de lo que nuestro rostro y nuestra voz expresen. En segundo lugar, a nuestro consultante le podrá resultar de muchísimo más provecho que le sugiramos en lugar de que le indiquemos, brindándole una interpretación tentativa para que sea él quien la acepte o rechace libremente, o la elabore más. Desde luego, esto exige que renunciemos a la aureola de autoridad que tal vez nos dé –y dé a nuestros consultantes- una sensación de seguridad tranquilizadora, pero que en realidad es falsa. Sin embargo, lo que a la larga resulta de valor más profundo es nuestro anhelo de comprometer a nuestro consultante en una exploración mutua, a medida que le presentamos interrogantes y afirmaciones que son de carácter interpretativo. (Por ejemplo, preguntas como éstas: “¿A veces descubre usted que está haciendo tal y tal cosa? ¿A qué se parece?”). Y afirmaciones como estas: “Este patrón planetario sugiere que usted tiende a hacer tal y tal cosa en esta zona de su vida. Me pregunto cómo experimenta usted esa tendencia”. A veces, la presentación de una interpretación general y la solicitud de antecedentes podrá permitir que usted y su consultante juntos descubran patrones específicos que puedan inducir una percepción y una acción que sean útiles. 

Debido a la gran cantidad de significados de cada posición astrológica y a los diversos niveles en los que un consultante pueda estar experimentando y expresando particulares influencias, es probable que deseemos brindar una vasta gama de posibilidades cuando describamos una posición planetaria, un aspecto o una configuración en especial. Por ejemplo, una T cuadrada con Neptuno en Libra en la casa 9 puede sugerir anhelo “de elevarse”, pero, ¿esta persona procura trascenderse valiéndose de drogas, meditación, viajes o experiencias espirituales? Podríamos decirle a este consultante: “Es probable que usted experimente ansias profundas de trascenderse y tenga ganas de elevarse de alguna manera. Eso podría hacer que usted recurra a las drogas o se abisme en fantasías, o se sienta inclinado a meditar, a participar en búsquedas espirituales, a estudiar música o enseñar música o literatura, o incluso a viajar a sitios que lo inspiren. Usted tendería a sentirse atraído por lugares espirituales o idílicos, por lugares que estén en el agua o posean una belleza natural. ¿Alguna de estas posibilidades es particularmente atractiva para usted?”. Más tarde, después que nuestro consultante confirmó varias impresiones nuestras, podemos preguntarle si él consideró algunas de las otras opciones que le presentamos. 

¿Cómo sabemos cuándo una interpretación tiene resonancias en la experiencia de nuestro consultante de modo que éste la recibe plenamente? En primer lugar, es probable que él indique con gestos o con expresiones faciales que ha sido “tocado” o afectado. En segundo lugar, es probable que responda verbalmente con asociaciones y ulteriores elaboraciones. Si no reacciona para nada, es probable que seamos inexactos en nuestra interpretación o ineficaces en el modo con que expresemos verbalmente o traduzcamos las posiciones planetarias: por otra parte, es posible que nuestra interpretación sea exacta pero que, en ese momento, no cause impacto emocional en el consultante porque tal interpretación es demasiado superficial o porque presenta algo que él ya conoce o algo que todavía no es capaz de escuchar. Son variadas las explicaciones posibles, si un consultante rechaza u ofrece resistencia a nuestras interpretaciones. Es probable que usted haya tocado un punto sensible que él no está dispuesto a encarar: en este caso, podemos dejar este tema, puesto que no somos terapeutas y posiblemente logremos poco si seguimos sondeando. Siempre existe la posibilidad de que el consultante se torne más receptivo, cuando él solo escuche la grabación de nuestra sesión. Por otra parte, podemos ser inexactos en nuestra interpretación de los símbolos astrológicos o suponer equivocadamente que el consultante está obrando desde un nivel de consciencia o de acción que es demasiado bajo o demasiado alto. El hecho de que el consultante rechace activamente nuestra interpretación no indica necesariamente que lo que le comunicamos sea la verdad; a veces las personas no oponen una ardiente resistencia a una interpretación porque ésta sea demasiado veraz, sino porque hemos pisoteado apreciables aspectos de ellas mismas, y se enojan o se sienten lastimadas como reacción, porque se las interpreta y comprende de manera equivocada. 


domingo, 8 de abril de 2018

Desarrollo Personal

Fragmento del capítulo "Un sí a lo que soy", del libro "Los cinco hechos que no podemos cambiar", de David Richo.

Decir sí a nuestro desarrollo psicológico personal es emprender el trabajo que requiere erigir un ego más sano, es decir, una manera más sana de funcionar en el mundo.

Si no hemos sucumbido a una vida de odio, desesperación o resentimiento, por el momento hemos sobrevivido victoriosamente a los golpes de la infancia y de la edad adulta. La salud psicológica es una combinación de pensamiento y acción en el mundo, que nos mantiene evolucionando. Es, en primer lugar, la clave de la autoestima que nos aporta serenidad y felicidad. Segundo, la salud psicológica significa relaciones eficaces en las que es posible amar sin miedo. 

Como parte de tu propio trabajo personal, utiliza esto como lista de verificación para evaluar tu progreso hacia la salud psicológica:

Asertividad en nuestras relaciones con los demás para poder expresar nuestras necesidades, valores y deseos más profundos sin inhibición y respetando a los demás.

Reconciliarnos con los temas pendientes de la infancia para que ya no controlen tanto nuestra vida presente o determinen nuestro estilo de relacionarnos con los demás.

Un programa para afrontar el miedo, la culpa, la ira y la adicción para que no nos dominen o nos refrenen.

Reconocer que nuestro ego puede inflarse o imponerse y, al reconocerlo, tomar decisiones no regidas por esas distorsiones.

Un programa interno fiable al que nos comprometemos para tratar con nuestras necesidades, conflictos, sufrimientos, pérdidas, retos y la toma de decisiones.

Comprometerse con atender, procesar y resolver los problemas que surgen en nosotros o entre nosotros y otras personas.

Ser conscientes de que la gente -y nosotros- tiene un lado oscuro de sombra y, por consiguiente, tener un programa para tratar con esa sombra de una manera creativa, lo que incluye reparar el daño cuando hemos hecho algo que no está bien.

Reconocer que nuestras reacciones intensas ante los demás, ya sean de aversión o de atracción, pueden ser proyecciones basadas en nuestra propia sombra, nuestro ego, o en temas no resueltos de nuestra infancia.

Un sentido creciente de auto-respeto y respeto por los demás, con todas sus virtudes y vicios diversos.

La capacidad de mantener límites personales y, no obstante, ser auténticos en nuestras relaciones con los demás.

La capacidad de intimar sin ser refrenados por el miedo o empujados por la compulsión.

Un creciente y fiable sentido intuitivo y una atención a los comentarios de los demás, sin ponernos a la defensiva.

La capacidad doble de relacionarnos con personas nuevas que entran en nuestra vida y poder decir adiós, serenamente, a las que se van.


El reconocimiento de que estas cualidades pueden requerir la ayuda de la terapia, libros de autoayuda, clases o programas de doce pasos, así como la disposición a acudir a esos recursos.

domingo, 1 de abril de 2018

Interpretación de cartas natales


Texto extraído del libro El Arte de la Interpretación del Horóscopo, de Tracy Marks.

Antes de que tratemos los usos constructivos de la interpretación, consideremos de manera más completa los inconvenientes de atenernos demasiado a ella cuando prestemos nuestro asesoramiento astrológico y cuando la usamos inadecuadamente. En primer lugar, es probable que, como astrólogos, nos relacionemos menos con el consultante que con la carta, sin considerar la capacidad de éste para usar la interpretación. En segundo lugar, es posible que usemos la interpretación para demostrar nuestra superioridad o poder, o fomentar nuestros egos, y también podemos ocultar con ella nuestra hostilidad y nuestras propias opiniones. En tercer lugar, la interpretación puede crear distancia, impidiendo el compromiso y el contacto emocionales con los que tienen lugar el impacto y la intuición reales. En cuarto lugar, la interpretación puede usarse indefinidamente para intelectualizar los problemas de aquí y ahora, en vez de encararlos activa y emocionalmente.

La interpretación puede ser un medio para ayudar a un consultante a evitar que asuma su responsabilidad y se empeñe en patrones de conducta que sean constructivos.

Sin embargo, existen otros inconvenientes. Como astrólogos que nos respaldamos en la supuesta autoridad de la carta natal, es probable que saquemos conclusiones con demasiado apresuramiento, brindando una interpretación tras otra, como si fueran una verdad evangélica, abrumando y desvalorizando al consultante al no permitirle que participe en estas autodefiniciones o que las confirme. Cuando nos atenemos demasiado a la interpretación, es probable que actuemos así porque partimos de estas ilusiones: 1.- solo el conocimiento intelectual produce crecimiento y cambio, y 2.- la información que nosotros damos es la que produce crecimiento y cambio.

Es necesario examinar estas suposiciones a la luz de las teorías psicológicas que se concentran sobre los nexos necesarios entre perceptividad, receptividad emocional y buena disposición psicológica para utilizar activamente un conocimiento. También es importante considerar el profundo impacto de un conocimiento que obtenemos desde dentro de nosotros mismos, en contraste con una interpretación intelectual que otra persona nos brinda. La interpretación de otra persona puede inducir en nosotros una percepción, pero la interpretación sola es ineficaz si el momento oportuno no es adecuadamente elegido. Es probable que los consultantes se resistan a una interpretación o a demasiadas interpretaciones cuando están muy inquietos, cuando no son satisfechas sus necesidades emocionales y cuando en el orden emocional están pasando por una crisis o un problema particularmente profundos. En estos casos, necesitamos limitar la cantidad de interpretaciones que brindemos, escoger cuidadosamente nuestras palabras y prestar atención a la capacidad de nuestro consultante para asimilar y usar la interpretación a fin de que sea él quien obtenga por sí mismo una interpretación que le sea útil.

La interpretación es realmente valiosa cuando la damos aceptando el estado psicológico del consultante y mostrándole que uno es sensible a sus inquietudes. La interpretación puede ayudar al consultante para que convierta en conceptos, aclare y, en consecuencia, a su debido tiempo domine aquellos sentimientos y modalidades de conducta que en él son vagos e indefinidos. Mediante un incremento de los dominios del ego sobre los del id o inconsciente, una persona llega a ser más consciente de sí y, por lo tanto, más capaz de dirigir sus acciones cuando opta por esto. la interpretación puede ayudar a los consultantes a que se den cuenta de cuándo están actuando sobre la base de suposiciones anticuadas o inadecuadas, o de patrones de conducta que, cuando se los comprende, son más fáciles de abandonar.

Las interpretaciones también pueden ayudar a los consultantes a definir y reorganizar la percepción que ellos tienen acerca de sí mismos y de la realidad que los rodea, y a sentirse más sólidos y capaces. Algunas interpretaciones ayudan a los consultantes a que estén al tanto de otras perspectivas, actitudes, opciones y acciones, de modo que el alcance de sus comportamientos aumente y se amplíen las posibilidades que se les presenten. Todo esto depende, en gran medida, de si una interpretación se expresa de manera negativa o positiva, con el propósito de comunicar “esto es lo que usted es”, como si fuéramos entes inmóviles y cristalizados, determinados completamente por factores condicionantes y astrológicos del pasado, o de si una interpretación comunica “esto es lo que usted ha sido… y esto es lo que usted podrá ser”.

jueves, 22 de marzo de 2018

El odio y la ira

Fragmento del capítulo "Sí a los sentimientos", del libro "Los cinco hechos que no podemos cambiar", de David Richo.

El odio se puede confundir con la ira. El odio tiene cinco rasgos: ira intensa, una necesidad maliciosa de herir a la otra persona, un deseo insaciable de venganza, una incapacidad de perdonar, no importa lo arrepentida que pueda estar la otra persona, y perder todas las esperanzas con respecto a ella. 

El odio es una defensa contra nuestra ira, dolor e impotencia.

No podemos soportar esos sentimientos, así que los proyectamos en otros como odio. Es un cometido peligroso y frustrante que las personas evolucionadas han dejado atrás.

¿Significa esto que no existe la ira justa? La diferencia entre la ira y el odio es que la ira trata de eliminar una injusticia. El odio, en cambio, trata de destruir al injusto. La ira involucra a alguien. El odio nos distancia. La ira se expresa y se suelta. El odio nunca se puede satisfacer o consumar, sino que permanece como resentimiento. En ese sentido, el odio es una rabia impotente. 

El odio es al lado oscuro de un individuo lo que la guerra es al lado oscuro de la colectividad. La desesperación es el origen del odio, ya que el que odia ha perdido todas las esperanzas respecto al otro. La desesperación es el origen de la guerra, ya que uno o ambos bandos han perdido la esperanza de alcanzar soluciones pacíficas.

domingo, 18 de marzo de 2018

El control

Fragmento del capítulo "Todo Cambia y Acaba", del libro "Las cinco cosas que no podemos cambiar", de David Richo.

Lo opuesto al sí no es el no: es el control.

Detrás de ese impulso controlador está el miedo, el miedo a que tendremos que sentir algo doloroso. Cada hecho de la vida insulta al ego que quiere creer que tiene todo el control. El sí es aceptación; el control es repudio. Podemos aprender a aceptar el hecho de que a veces no podemos evitar un cambio que no deseamos en nuestra vida. Paradójicamente, esa aceptación nos trae serenidad. Tratar de controlar íntegramente lo que nos sucederá nos hace antagonistas a los hechos de la vida y mantiene el estrés. Nuestra vida es un vaivén titubeante entre el terror y el control mientras seguimos reacios a la palabra sí.

Dejar el control significará que no podemos protegernos de ninguno de los hechos de la vida. El control es una de las maneras favoritas de escapar de la vida tal como es. El control es una ilusión tan profundamente arraigada que incluso pensamos que podemos abandonarlo simplemente si lo deseamos. No abandonamos el control; abandonamos la creencia de que podemos controlar. El resto es cuestión de la gracia. Los hechos de la vida son las herramientas que nos provee el universo para esa lección.

¿Por qué el control es tan importante para la mayoría de nosotros? Quizá controlando estamos tratando de prevenir pérdidas. No tendremos que acongojarnos si todo sale como queremos. No controlamos porque somos egoístas o exigentes; controlamos porque le tenemos miedo al dolor. 

Mientras luchemos contra las reglas de la vida, nos asustará el contacto directo con la realidad, que constituye la esencia del verdadero crecimiento. Cuando analizamos a conciencia nuestros miedos, vemos que todo miedo es, en su base,, un miedo a no tener el control.

Puede que no advirtamos el tema del control en algunas de las experiencias que nos incomodan diariamente. El control sigue siendo el oponente de un si sano y robusto a la realidad tal como es. No es que estemos en contra de la realidad; estamos en contra de no poder controlarla. Si miramos con atención, quizá veamos una dimensión de control en contrariedades como estas:

  • Queremos ser diferentes de como somos.
  • Queremos que otros sean diferentes.
  • Queremos que alguien nos llame o nos invite.
  • No nos gustan las pruebas o esperar los resultados.
  • La casa no está tan limpia y ordenada como nos gustaría.
  • No podemos librarnos de una vez por todas de las hormigas o de las cucarachas.
  • No podemos perder peso o hacer bajar la tensión arterial.
  • Nos obsesionamos con lo que sucedió o lo que podría suceder.
  • Tenemos sentimientos, humores y hábitos que no nos gustan.
  • No dormimos tanto como quisiéramos.
  • Nuestra pareja o nuestros padres, hijos o amigos no actúan como nos gustaría que lo hicieran.
  • Nos sentimos impelidos a anticipar todas las posibilidades.
  • No conseguimos caerles bien a ciertas personas, por mucho que lo intentemos.
  • No tuvimos éxito en un trabajo, en una relación o en planes financieros.
  • Pensamos qué decir solo después de una discusión.
  • Nos falta pericia en las matemáticas, el fútbol o la jardinería.

Subyacente a cada una de estas cosas está la creencia de que deberíamos controlarlo todo en todo momento. Esta irónica esclavitud lleva a la ansiedad. Es lo opuesto a la serenidad que promete su alternativa, un sí incondicional a lo que ES y a nosotros mismos y a otros tal como somos.

Necesitar tener el control, ¿cómo nos ayuda o nos entorpece a la hora de afrontar los hechos de la vida, las condiciones de vida aquí en la tierra? En un mundo en el que las cosas cambian y acaban, tiene sentido una actitud de aceptación y confianza. Esto es imposible sin soltar el control. 

En un mundo en el que el control no es fiable, necesitamos otra cosa: la capacidad de estar satisfechos haciendo lo mejor que podemos y dejando que los dados caigan como caigan. Entonces la labor es ocuparse de lo que suceda, no importa lo confuso o indescifrable que pueda ser. Poner el foco en tener el control entorpece nuestras probabilidades de encontrar las nuevas posibilidades que surgen cuando aparecen rumbos sorprendentes en nuestro camino. La impredecibilidad se vuelve menos temible y más atractiva cuando encontramos en ella una nueva frontera.

miércoles, 14 de marzo de 2018

El Significado de los Colores

Fragmento del libro "La Misión de tu Alma", de Linda Brady

Nuestro universo contiene energía que emite un brillante espectro de colores. Cada color vibra en un nivel que corresponde a una parte del cuerpo y a la emoción que se aloja allí y, en consecuencia, se corresponde también con un signo del zodiaco. Los colores pueden provocar un cambio en nuestras emociones, proporcionarnos paz y serenidad, reconfortarnos el alma o impulsarnos a la acción. Los colores estimulan, electrizan,, relajan, alivian e incluso curan. Dadas nuestras asociaciones subjetivas, los colores pueden dar forma a nuestra experiencia. En la meditación, el color es un vehículo importante para potenciar y sanar nuestro mundo interior, mientras a nuestro alrededor nos ayuda a crear ambientes que nos resulten apropiados desde el punto de vista energético.

Los colores tienen, además de una importancia simbólica, un potencial emocional específico. En la siguiente tabla se detallan sus correspondientes signos del zodíaco y sus propiedades emocionales.

ROJO - ARIES 
Simboliza la voluntad, la autoafirmación, la fuerza, la ira.
Características: estimula, alegra, entusiasma y alienta; proporciona una rápida energía; es un antídoto contra la depresión; fomenta la ira constructiva; aumenta la fuerza física.

VERDE - TAURO
Simboliza el crecimiento, la primavera, el amor, la prosperidad.
Características: promueve la serenidad; aumenta el deseo de evolucionar; proporciona armonía y equilibrio interior; fomenta la prosperidad; incrementa la fertilidad.

AMARILLO - GÉMINIS   
Simboliza el estímulo intelectual, la claridad.
Características: estimula el potencial creativo; fomenta el enfoque cerebral; favorece la comunicación; potencia la comprensión; promueve el enriquecimiento educativo; aumenta la capacidad de estar libre de prejuicios.

AZUL PLATEADO - CÁNCER
Simboliza los sentimientos profundos, la calma, la serenidad.
Características: fomenta la relajación; estimula la expresión creativa; ayuda a acceder a las emociones; calma la ira y la agitación; protege de las influencias emocionales negativas.

DORADO - LEO
Simboliza las verdaderas relaciones desde el corazón.
Características: crea confianza en uno mismo; desarrolla el amor y el respeto por uno mismo; proporciona cálidas relaciones con los demás; estimula el coraje.

NARANJA - VIRGO
Simboliza: la curación, la energía.
Características: produce una sensación de bienestar; reduce la depresión; disminuye los miedos; aumenta la curación física cuando las emociones han creado dolor; inspira confianza en uno mismo.

ROSA - LIBRA
Simboliza el equilibrio, la armonía y la cooperación.
Características: fomenta la cooperación; favorece la comprensión en nuestras relaciones; estimula la creatividad; crea una atmósfera de refinamiento; aumenta la armonía y el equilibrio.

ROJO OSCURO - ESCORPIO
Simboliza la fuerza, la sexualidad, la pasión.
Características: libera los antiguos miedos kármicos; fomenta la intensidad; potencia la pasión sexual; aumenta la determinación y el impulso; proporciona un incremento de energía duradera.

PÚRPURA - SAGITARIO
Simboliza la experiencia trascendental.
Características: aumenta la expansión filosófica; potencia la conciencia espiritual; propicia un aumento de la intuición; aumenta la comunicación con el alma; fomenta el optimismo.

MARRÓN - CAPRICORNIO
Simboliza el pragmatismo y la fiabilidad.
Características: favorece la concentración en la realidad, fomenta la disciplina y la responsabilidad; mantiene el foco puesto en los objetivos; promueve la conexión con el cuerpo para que tenga lugar la curación.

AZUL ELÉCTRICO - ACUARIO
Simboliza la individualidad y la originalidad.
Características: fomenta la unicidad; estimula la necesidad de humanismo; favorece la innovación; potencia la capacidad de estar libre de prejuicios; fomenta la racionalidad.

LAVANDA - PISCIS
Simboliza el espíritu, la conexión con Dios.
Características: aumenta la conciencia espiritual; fomenta la armonización con niveles de conciencia superiores; limpia los canales psíquicos; favorece el perdón; promueve la comunicación con el alma; crea estados meditativos que fomentan el descanso y la curación.

sábado, 10 de marzo de 2018

Reflexión sobre los Sentimientos

Fragmento del capítulo "Sí a los sentimientos", extraído del libro "Las cinco cosas que no podemos cambiar", de David Richo.

La palabra "sentir" proviene de una raíz indoeuropea que significa "tocar". En la ciencia hay un término, "perturbación", que se refiere a la habilidad de las cosas naturales de experimentar cambio y movimiento. Esto es lo que propicia la evolución y el flujo de la vida. Sentir es activar nuestra capacidad  de ser afectados, conmovidos o cambiados por los sucesos, la naturaleza y la gente: por los hechos de nuestra existencia.

Las presiones de la vida nos pueden arrastrar y aplastar o podemos volvernos testigos justos y alertas de ellas y entonces decidir qué es lo mejor que podemos hacer a continuación. Ser testigos de nuestros sentimientos acerca de las circunstancias y nuestras reacciones ante ellas significa no quedar atrapado en ellas, no tomárnoslas demasiado personal o seriamente, no ser poseídos por ellas, no quedar devastados por ellas, no ser refrenados o dominados por ellas. Nuestro propósito espiritual no es reprimir nuestras emociones ni entregarnos a ellas, sino permitirlas de una manera tan completa que pasen por nosotros hasta el suelo, es decir, que se resuelvan..., o incluso que vuelvan a la tierra, si queremos.

Cuando vivimos con un sí incondicional, desarrollamos la ecuanimidad. Pero ésta no debe interpretarse como imperturbabilidad. 

La ecuanimidad es la virtud de volver a la base, volviendo a estabilizarnos, después de sentir la perturbación incitada por nuestros sentimientos. Las personas que son sanas tanto psicológica como espiritualmente se ven afectadas por lo que les sucede a ellas mismas y a los demás. Los sucesos les hacen mella. Sienten profundamente y lo muestran. No son inamovibles o estoicas con respecto a lo que hacen los demás o respecto a lo que sucede. Son penetrables. Si fuese de otra forma, ¿cómo podría pasar la luz a través de ellas?

El carácter, la profundidad y la compasión florecen en nosotros porque nos puede afectar lo que nos sucede. Pero los sucesos no tienen que impactar en nuestra vida de maneras peligrosas.

Cuando los sucesos afectan, una persona:
  • Siente sus sentimientos a salvo, permaneciendo sólida y centrada.
  • Pasa por la experiencia conscientemente y al mismo tiempo busca apoyos sanos.
  • Se da cuenta de que su sueño y su apetito se ven afectados moderadamente.
  • Se ocupa de la dificultad, la procesa y la resuelve.
  • Se siente triste, pero en un nivel apropiado para la situación.
  • Conserva la salud física.

Cuando los sucesos impactan,, una persona:
  • Se siente abrumada por los sentimientos, quedándose desestabilizada y desolada.
  • Usa drogas o alguna adicción para escapar de la realidad o evitarla.
  • Se da cuenta de que su sueño y su apetito se ven seriamente afectados.
  • Se estanca en pensamientos sin salida y continúa sintiendo el golpe de los sucesos.
  • Se siente deprimida o desesperada.
  • Daña su salud física.
Los sentimientos son reacciones físicas que son las sanas tecnologías inherentes para afrontar las sacudidas de la vida. Nuestros sentimientos son los mecanismos sanos que nos ha dado la naturaleza para que podamos lanzarnos a resolver los problemas, creando soluciones nuevas, e inventando alternativas útiles. En otras palabras, la naturaleza nos hizo sentir para que pudiéramos evolucionar.

Frente a los hechos de la vida, el sí suena más de esta manera: "¿Cómo puedo pasar por  esto con los ojos bien abiertos? ¿Cómo puedo pasar por esto con todos mis sentimientos? Entonces estaré en la mejor posición para crecer con estos eventos". Este es el sí con el que hemos nacido. No está condicionado por tópicos o análisis mentales antiquísimos. Un sí a los sentimientos es la parada antes de llegar a las explicaciones filosóficas, los consuelos teológicos o las máximas alentadoras. En esa parada están nuestras raíces terrenales, nuestra pasión natural y nuestra cordura.

Muchos de nosotros hemos vivido durante años en nuestra cabeza o en egos resguardados, nuestras cabañas provisionales. Hacemos esto porque tenemos miedo de nuestros propios sentimientos y de la intimidad que crean cuando otros los ven y los comparten. Los sentimientos son la vía rápida a la intimidad. Nos revelan no como personas tensas contra el impacto y mordazmente en control, sino como vulnerables y suaves. Nos volvemos encantadores y atractivos. ¿Evitamos los sentimientos porque tememos la intimidad que podría resultar?

jueves, 8 de marzo de 2018

El Discernimiento

Fragmento del capitulo "Prepararse para las posibilidades", extraído del libro "Ser Generosos", de Lucinda Vardey y John Dalla Costa.

Cuanto más seriamente uno abraza la generosidad como una actitud o acercamiento a la vida, más deliberativo debe uno volverse acerca de dónde invertir el esfuerzo creativo y el compromiso generativo. El discernimiento es una forma de evaluación y juicio personal mediante el cual uno mira más allá de los factores normales de toma de decisión para considerar motivos más auténticos e implicancias más significativas.

Por ejemplo, mientras uno elige qué hacer, uno discierne el porqué, los principios subyacentes y las creencias que se expresan no simplemente en las propias acciones sino también, de forma más reveladora, en los propios hábitos.

Con discernimiento también discriminamos, de modo que nos abrimos a la verdad de una situación más que meramente evaluar sus hechos o su realidad aparente. De muchas formas, las decisiones se toman sobre las cosas exteriores, mientras que el discernimiento revela más acerca de los motivos interiores. A menudo, las decisiones incluyen sopesar y contrastar los méritos relativos de las opciones. Uno discierne al buscar una comprensión más rica de los criterios evaluativos y honestos del corazón.

La generosidad puede derrocharse muy fácilmente o ser abusada si se la practica solo en reacción a lo que se nos pida. El discernimiento es central para la capacidad de establecer prioridades. Esto significa no elegir entre lo bueno y lo malo, lo cual es todavía bastante directo, sino más bien ayudar a que uno diferencie entre aquellas elecciones más difíciles que incluyen un bien mayor o menor o entre un mal mayor o menor.

Practicar el discernimiento como virtud requiere desarrollar y confiar en la propia intuición, de modo de saber cuál es la manera correcta de ser, la cosa correcta para hacer (o no hacer). La intuición, en cambio, es la inteligencia visceral disponible para todos nosotros, que reacciona ante una situación antes que las ideas o los pensamientos impongan sus razones.  

El discernimiento se necesita no solo para la comprensión de uno mismo sino también para apreciar lo que el mundo necesita más y para dirigir efectivamente el talento particular, las habilidades y el tiempo propios. El discernimiento conecta en el momento las acciones a los principios y deseos básicos de uno. Nos induce a ser creativos, a sumergirnos en las posibilidades expansivas de la generosidad.

lunes, 5 de marzo de 2018

La Consulta Astrológica


Texto extraído del libro El Arte de la Interpretación del Horóscopo, de Tracy Marks. En el mismo, la autora describe cómo es una sesión desarrollada por ella.

Cada astrólogo tiene un método diferente para llevar a cabo una sesión. Cada uno de nosotros tiene una personalidad dinámica que es única, su estilo de comunicación, sus habilidades y su talento que decide emplear al máximo. Por esta razón, no es posible ofrecer pautas claras y absolutas en relación con el aspecto interpersonal del asesoramiento astrológico. Usted desarrollará con el tiempo su propio estilo que esté de acuerdo con su propia naturaleza. Las sugerencias que se ofrecen en este capítulo deben ser adaptadas a cada situación individual.

Dice Tracy Marks:

Mi propio procedimiento, cuando las personas me llaman para decirme que les interesa consultarme, consiste en preguntarles sobre su experiencia en lo que atañe a la astrología y qué propósitos específicos creen que cumple una sesión. ¿Por qué quieren una cita y por qué en ese momento? ¿Cuáles son sus asuntos y problemas del momento? ¿Qué se imaginan que la astrología puede hacer en su favor? Y también les hago unas pocas preguntas sobre el conteto de sus vidas: edad, ocupación, nivel de sus relaciones y preocupaciones principales en el presente y en el futuro inmediato.

A esta altura, les describo cuál es mi filosofía y cómo uso la astrología y, si lo considero apropiado, cuáles son mis títulos y cuál es mi experiencia. Luego les explico y pormenorizo en qué consisten las consultas que me harán, y les digo que realizo tres coases de sesiones (además de una práctica privada como consejera-terapeuta): 1.- Natal, 2.- Tránsitos y progresiones, 3.- Interés especial (un vívido enfoque, que incluye la carta natal y los tránsitos pertenecientes a un solo tema, como podría serlo el de las relaciones amorosas), y que primeramente suelo requerir una sesión natal. Aclaro cuáles son mis honorarios, indicando que deseo un depósito del 50 por ciento una semana antes de la consulta, y cómo deben saldar el resto; y solo cambio ideas sobre cuáles son mis posibilidades en cuanto a honorarios, sobre la base habitual de unos 90 minutos de sesiones grabadas magnetofónicamente. Una vez que nos ponemos de acuerdo respecto de la hora de la sesión, anoto en mi agenda de consultantes (en la que ya anoté la otra información que me habían dado) su nombre y apellido, dirección, número de teléfono y fecha de nacimiento. A fin de ser muy exacta, les repito siempre los datos de nacimiento que me dijeron, preguntándoles sobre el origen de sus datos y si están seguros de que la hora que tienen registrada es la de la luz del día o la estándar. La conversación suele terminar con una confirmación de la hora y de los honorarios, la dirección de mi consultorio y un recordatorio: que traigan una cinta magnetofónica de 90 minutos. A menudo les sugiero que si desean anticiparme algo antes de que yo efectúe el trabajo preliminar con su carta, me adjunten una esquela cuando me envíen por correo su depósito. Esta conversación inicial variará, por supuesto, y tal vez sea innecesaria si el consultante es una persona amiga o conocida, en vez de ser una extraña. Después de esta conversación telefónica que precede a la sesión, yo despacho por correo mi volante o folleto en el que describo de modo más completo mis servicios y honorarios, y confirmo la cita.

La siguiente etapa de contacto consiste en iniciar la sesión real, después que calculé y completé mi síntesis preliminar de la carta y preparé notas que me permitirán utilizar más eficazmente el material. Personalmente considero que tomar esas notas es esencial a fin de captar los problemas fundamentales de la carta y no tener que lidiar con las primeras etapas de la interpretación mientras, al mismo tiempo, estoy dialogando con el consultante.

Al llegar el consultante, suele ser necesaria una breve plática social a fin de establecer un neo entre ambos y ayudarlo a que se sienta cómodo. Después de hablar sobre el tiempo o el tránsito, o de ofrecerle café o té, puede haber temas más personales, como por ejemplo: ¿cómo se siente en mi consultorio? Muchos consultantes están inquietos y sienten temor por lo que yo les diga. ¿Tiene el consultante ciertos temores o inquietudes, y sería útil considerarlos? ¿Pensó en alguna otra cosa que le gustaría tratar en esta sesión? Si al consultante nunca se le interpretó una carta, le doy una copia de ésta, habitualmente delineada con palabras clave para describir sus factores principales y explicarle con términos rudimentarios la naturaleza y la interacción de los planetas, signos, casas y aspectos. Luego vuelvo a resumir sucintamente mi enfoque astrológico y le muestro cómo procedo a llevar a cabo la sesión: este procedimiento suele incluir breves monólogos de mi parte, un tiempo dedicado a preguntas y respuestas, otro lapso en el que esbozo el tema, preguntas y respuestas, etc. Este procedimiento es variable, pues aliento al consultante para que me interrumpa cuando no entienda lo que le estoy diciendo, o tenga preguntas para hacerme o antecedentes que pedirme. A veces, esas interrupciones hacen que se enfoque a fondo un problema en especial, o que haya lapsos en los que el consultante exprese prolijamente sus inquietudes o desfogue sus emociones. Ese tiempo en el que expresa sus emociones es esencial, especialmente si el consultante atraviesa una crisis y es incapaz de evaluar intelectualmente su situación o de captar nuevos conocimientos hasta haber descargado los sentimientos y tensiones que tenía encerrados en su interior.

Cada sesión es de distinta naturaleza, según el temperamento y las necesidades del consultante, y a menudo según mi estado de ánimo de ese día en particular. Algunos consultantes hablan continuamente y, como resultado de esto, abarco mucho menos material que el que yo tengo planeado; a veces opto por interrogarlos, con el mayor tacto posible, sobre cómo prefieren usar el tiempo de su consulta. Otros consultantes se inhiben, se muestran reservados y vacilan en brindar su información o en formular preguntas; tal vez necesiten que se les sonsaquen las cosas o que se les permite conservar su reserva.